Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 4,  Volumen XXII , 1985
 

Gerente e investigador: dos oficios, dos enfoques


Historia de una gran empresa
Carlos Sanz de Santamaría
Ediciones Gaudí, Barcelona, 1983

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La historia empresarial como modalidad testimonial y como disciplina investigativa es reciente en nuestro medio. En las universidades de los Andes y Nacional en Bogotá se han realizado las investigaciones más sobresalientes sobre historia empresarial. Dentro de la modalidad testimonial se destaca la de Francisco Javier Cisneros, donde da cuenta de las peripecias que vivió durante el trazado y construcción del ferrocarril de Antioquia; igualmente la amplia biografía de Phanor Eder sobre El fundador Santiago Eder, pionero de la industria azucarera en el Valle del Cauca e impulsor de innovaciones tecnológicas en distintos campos. Deben mencionarse también los cuidados diarios que llevaron algunos de los primeros industriales, muchos de ellos hoy perdidos o inéditos, donde pueden seguirse sus anhelos y aprehensiones así como conocerse sus observaciones sobre el país, su región de origen y las costumbres, creencias y valores en los que se formaron. Parte de la historia de las empresas se encuentra también desperdigada en folletos conmemorativos de aniversarios de fundación, en las páginas de algunos estados financieros, donde, además de las estadísticas, se consignan los informes del gerente a la junta directiva o se incluyen reseñas históricas salpicadas de nostalgia y compasiva admiración por el pasado.
Sin embargo, un gran acervo documental sobre las empresas y el trabajo se encuentra aún sin conservar ni elaborar, pues yace en la memoria de los protagonistas, sean obreros, técnicos, gerentes o propietarios.
La historia de una gran empresa forma parte del género de los testimonios empresariales y refiere la evolución de la fábrica de Cementos Samper. Como antecedente inmediato de historia de una empresa cementera, puede citarse la obra de E. Libardo Ospina, conmemorativa de los cuarenta años de Cementos Argos, publicada en Medellín en 1974.
El autor de la obra que reseñamos fue gerente y miembro de la junta directiva de la empresa; para la redacción del texto utilizó entrevistas realizadas a distintas personas "e interpretadas" por Mauricio Acero.
La publicación obedece al deseo de "mostrarle al país (...) lo que una empresa puede hacer por él cuando quienes la integran están conscientes de sus deberes para con la comunidad". El texto sigue dos directrices básicas: busca mostrar que los empresarios están libres de motivaciones económicas y utilitaristas y que su racionalidad económica básica es el bien común. La otra es la idea de que la historia de una gran empresa simboliza y equivale a la historia de un gran país en patriótica lucha por alcanzar el progreso. No obstante, en la narración la historia del país aparece sólo en ocasiones y como tenue telón de fondo: es una historia desde adentro con muy pocas ojeadas por fuera de la propia ventana.
Lujosamente editado en España, el libro se inicia con el capítulo "A comienzos del siglo XX", cuando los hermanos Samper, hijos de Miguel Samper Agudelo, fundaron en 1909 la primera fábrica para producir cemento en Colombia, localizada cerca de Bogotá. Los hermanos Samper fueron, como el resto de su clan familiar, empresarios avisados e innovadores.
Los hermanos Samper estudiaron en Europa al amparo de los ideales liberales. Defensores del libre cambio, de la libertad de los esclavos, "del derecho legítimo a la propiedad, de los beneficios del trabajo, de los fueros del capital, a todos los cuales no dudaban en asignarles el carácter de derechos naturales del hombre".
Su espíritu innovador se ejerció en el caso de la producción de cemento, si se tiene en cuenta que sólo sesenta años antes se estableció en Alemania la primera fábrica cementera en el mundo. Este material era poco conocido a principios de siglo en Colombia. Se importaba en sólidos toneles de madera y muy lentamente sustituyó al barro y a la arcilla, usadas para elaborar los adobes y las tapias pisadas. Una de las mayores novedades presentes en la conmemoración del centenario de la independencia fue el Quiosco Samper, construido al estilo griego, en cemento armado.
Sin embargo, los empresarios no sólo enfrentaron un mercado escaso y las dificultades propias de la elaboración de un producto desconocido. Tuvieron que combatir la inestabilidad política resultante del inmediato pasado bélico y procurar la fundación de una ideología empresarial y laboral, tal como lo expresó Alberto Samper el día de la inauguración del quiosco: "La muestra de lo que somos capaces es tan grande que a todos nos ha sorprendido; y el asombro que nos causa y que vemos reflejado en todos los semblantes, redoblará el anhelo que nos domina porque las lides bárbaras de las guerras civiles se sustituyan por las de la competencia en el trabajo libre de monopolios, bajo el imperio de leyes que garanticen la igualdad para todos".
Siguen en su orden los capítulos "Transformaciones en la década de los cincuenta" y "Los ensanches que se adelantan en 1979-82". El recuento culmina, por lo tanto, en 1982 y no da cuenta de la grave crisis financiera suscitada por el alto endeudamiento externo de la compañía que la tuvo al borde de la quiebra durante 1984.
La publicación cuenta con numerosas fotografías provenientes de diversos archivos. Estas son en ocasiones más dicientes que el texto, demasiado frío, demasiado aferrado a contar la historia desde adentro y desde la perspectiva del administrador preocupado en el manejo de dificultades coyunturales de capital de trabajo, materias primas, aranceles, crédito y comercio exterior. Así pues, la narración termina siendo, en contra de los augurios del primer capítulo, una enumeración cronológica de las diversas barreras que la empresa tiene que sortear desde sus inicios hasta su constitución en holding y de las formas como sus administradores las resuelven en cada período.
Los problemas de una historia empresarial contada desde la silla del gerente son múltiples: encuentra pocos lectores, no sólo por tratarse de una edición de circulación cerrada, sino porque es de interés sólo para los accionistas, los acreedores y financistas, algún vicepresidente o subgerente —que en sentido estricto preferirían leer el estado de pérdidas y ganancias o el balance general— y pare de contar. Tiene defectos bibliográficos, como que carece de un índice analítico y onomástico que facilite la consulta de la obra. Así mismo, para el historiador la publicación es ciertamente de interés, pero incompleta. A diferencia del empresario fundador que se expresó en discursos e informes, que buscó crear una actividad económica de la nada contra viento y marea, el gerente de los años cincuenta que nos cuenta la historia es un observador desapasionado del pretérito, comprometido en mantener un liderazgo oligopólico, y por ello ofrece una mirada parcial de la historia que pretende abarcar y reconstruir. Esto la hace incompleta: deja en el cajón documentos de interés, presumiblemente existentes, enfatiza demasiado en los nuevos proyectos de la empresa, no da los indicios necesarios para entender la época a lo largo de la cual opera la compañía y paia entender la mentalidad empresarial y laboral sobre la que se ha sustentado su desenvolvimiento. Este libro es una valiosa y lujosa constatación de que de la silla del gerente al pupitre del investigador hay mucho trecho, y de que, no obstante, cada uno puede valerse del otro para hacer lo suyo.

SANTIAGO LONDOÑO