Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 18
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1989
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: marzo de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Artículo: CRITICA: ¿Un quincenario sin compromisos? (1948-1951)

Cómo conciliar esa catapulta con el loable interés por la política internacional y la historia contemporánea, es algo que el lector de hoy no puede resolver -como tampoco lo resolvería el buen lector de entonces, si lo había en aquella nación de turbamultas, más fervorosa que la nuestra-o El tono internacionalista de Crítica no parecía avenirse con las lamentables condiciones locales. También ha sido pecado del liberalismo ese aprender de los libros, de las ideas o de las experiencias ajenas, el modo universal de comportarse para garantizar el progreso. Nicolás Gómez Dávila lo expresa así: "El incorregible error político del hombre de buena voluntad es presuponer cándidamente que en todo momento cabe hacer lo que toca. Aquí, donde lo necesario suele ser lo imposible" 5. No era menor la candidez en el gobierno nacionalista de Laureano Gómez, pero es muy difícil no pasar por cándido para ser político en nuestra época y más-desde la óptica de un reaccionarismo ahistórico como el de Gómez Dávila. Pero la cultura no puede ser cándida, precisamente porque es libre.

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Núm. 19, agosto 2 de 1949. Núm. 22, septiembre 15 de 1949. Núm. 23. octubre lo. de 1949 (A.S.R.).

Primero desaparecieron las listas -"Calendario trágico", era su título-, luego "La quincena parlamentaria", posteriormente las caricaturas y, con la censura, los propios editoriales, silencio que fue el único gesto de oposición y de persistencia ante la intromisión que fue apenas una correspondencia a otra intromisión, por parte del quincenario. El 4 de mayo de 1950 comenzó la censura a ser publicada mediante una franja con letras grandes en la primera página: "Esta edición aparece bajo censura". La censura pudo mostrar, al mismo tiempo que la debilidad de una publicación de ese tipo en nuestro país, la importancia de la tarea "cultural" de Crítica. Se vuelve un quincenario casi exclusivamente difusor de "textos de cultura" (arte, letras y pensamiento), pese al gesto del silencio editorial y a los indicios de la escoba de redacción. Pero el viraje no complace nunca a Zalamea, y con ello se evidencia su verdadera intención de hacer de Crítica una publicación política, es decir, una publicación nacional

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Núm. 26, noviembre 15 de 1949. (A.S.R)

En cuanto a hablar de la generación de Crítica, hay que decir que ella es inexistente, por dos motivos básicos: la falta de coherencia en un afán cultural (me obstino en esa división viciosa de la comunicación social: arte, pensamiento y literatura) y la carencia de personalidades dedicadas exclusivamente al quincenario, con la excepción de Zalameas Jorge, Eduardo y Alberto. Pero aun el caso de Jorge y Eduardo Zalamea es el de la presencia de dos escritores con rumbo definido, que nunca pretendieron darle a Crítica la dirección de sus propias búsquedas espirituales o artísticas. Alvaro Mutis publica sus primeros poemas, o sus primeras versiones, en Crítica, pero Mutis puede ser asociado hoy más fácilmente con publicaciones como Cántico, Mito o Eco. León de Greiff pertenece a una generación anterior, esa que fue llamada Los Nuevos, y a la que pertenecía Jorge Zalamea, pero esa generación no tenía nada que decir a través de Crítica; el interés por Los Nuevos se limitaría a un par de artículos y a la columna, luego clausurada por su firmante, del "loco Legrís". Los Nuevos fueron nuevos hasta la aparición del piedracielismo, a finales de los treinta, y después se desperdigan por diversos campos y diversas simpatías. Ni Luis Vidales, ni Rafael Maya, ni Octavio Amórtegui, ni Alberto Lleras ni Germán Arciniegas fueron colaboradores permanentes- y muchos forjadores- de Crítica. Nos quedan de esa "generación " (degeneración de generaciones, como dice algún actor mexicano) algunas contribuciones esporádicas del reaccionario y lúcido Hernando Téllez y las misteriosas baladronadas del alucinado León de Greiff. Otras generaciones poéticas o literarias se dieron cita, sin ánimo de generación, en Crítica: los del círculo de Cántico y cuadernícolas, Mutis, Jaime lbáñez, Natanael Díaz o Rogelio Echavarría, poeta recién amanecido para la época, como Carlos Castro Saavedra, Osear Hernández, Fernando Arbeláez y Carlos Jiménez. La generación que sí tuvo ánimo de tal, y esto no significa más que unos cuantos nombres que coinciden en elaborar una versión del presente cultural de un país, y que gravitó en torno al núcleo de Mito (Gaitán Durán, Cote Lamus, Valencia Goelkel, Gutiérrez Girardot) no pasó por Crítica, aunque eran tan jóvenes como los últimos mencionados.

Por lo demás, la enseñanza de los de Mito fue que, a pesar de la toma inicial de partido político -conservador Cote, liberal Gaitán- jamás se dejaron exasperar por el horror trivial (y tribal) de la menuda situación nacional, y supieron guardar esa debida distancia que hace al verdadero crítico, y que no es indiferencia sino independencia. Su respuesta, su humanismo, fue la labor literaria, que hoy apreciamos en aquella revista. Sin embargo, este mismo azar de publicación de escritores y artistas jóvenes nos muestra un criterio literario y artístico bien formado, seguro de sí en lo que está promoviendo, hecho más destacable si pensamos en que la promoción es de jóvenes (e inciertos) talentos; Pound ha dicho que "el valor de crítico no se conoce por sus argumentaciones, sino por la calidad de lo que escoge" 6, y en ese sentido Crítica demostró ser crítica, y no un devocionario poético abierto a todas las colaboraciones de grillos jóvenes y con arrestos destructores que llegaran a la redacción. El18 de enero de 1951, Crítica presenta así un cuento de un joven escritor que aún no publicaba su primera novela: "De Gabriel García Márquez, el autor de La noche de los alcaravanes, que publicamos en esta página, apenas sí sabemos que tiene 23 años, que vive en Barranquilla y que, con Alfonso Fuenmayor, trabaja en la revista Crónica. Pero hay en este cuento suyo -en esta imagen de sueño- un tono, una atmósfera una profundidad espacial, que parecen indicar la mano segura y la mirada penetrante de un escritor auténtico. Para Crítica, que ha querido ser -desgraciadamente sin éxito- una puerta abierta para todos los escritores colombianos y, en especial, para los que ahora se inician en las letras, es muy grato presentar a Gabriel García Márquez, cuya obra, creemos nosotros, deberá seguirse con atención" 7. En el mismo número, para nuestro pasmo, presentaban a otro cachorro imberbe: "Grande acierto tuvo Leo Matiz al inaugurar su Galería de Arte con la exposición del joven artista antioqueño Fernando Botero. A los diecinueve años, este artista logra retener poderosamente la atención del público que sabe desde ahora que será preciso tener muy en cuenta este nombre en el desarrollo futuro de nuestras artes plásticas" 8.

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Núm. 33. marzo lo. de 1950.

La diferencia entre una publicación de espíritu y una de colaboraciones está en que esta última no puede arrogarse el derecho de encarnar ningún ideal, ninguna bandera, distintos de la simple difusión de lo que publica. La otra publicación, la que es un solo Texto, no sólo difunde lo que publica, sino que señala también sus sentido, su importancia y el lector a quien va dirigido. Es decir, integra cada texto a un mundo; en la publicación de colaboraciones, la colaboración es lo que necesita mundo, lo falto de éste, lo que expresa  simplemente una opinión personal. Por ser publicación de colaboraciones, Crítica no hace época, no hace generación (sic), mas sin embargo hace historia, porque pocas publicaciones culturales en el país han reunido en sus páginas el alto material que publicó Crítica, en principio como texto adicional y después de la censura como texto exclusivo, aunque inconexo, por la falta de una guía editorial que hiciera de Crítica un "quincenario de arte y cultura". Alguien notaba ya, en el segundo aniversario de Crítica, y durante la censura, algunos aspectos claves de su existencia: "l. El único periódico que se puede leer íntegramente con la seguridad de que no tropezamos con el insulto, la envidia y la malevolencia, tan comunes en toda nuestra prensa. 2. Es urgente que sus páginas, hasta donde sea posible, expongan y planteen los problemas nacionales: cultura y política científica en estrecha vinculación. 3. Un mayor tiraje y una mayor distribución, pues hay ciudades adonde apenas llegan dos o tres números; ejemplo: Cali ... '' 9. El segundo punto les estaba recordando un frente  ya perdido para ellos, pero simultáneamente dejaba entrever la nueva presencia del quincenario, como magacín difusor. Al mismo tiempo que se libraban involuntariamente de la saña y el combate retórico, en apariencia se mantenían en batalla, pero su ánimo cultural estaba debilitado. También les pedían sus lectores, en aquella ocasión, un mayor cuidado de la limpieza tipográfica. De cualquier modo, resulta deprimente que el lector de su época delatara su propia condición, comparándolo (al quincenario) con "nuestra prensa": si bien Zalamea intentó ubicarse en "nuestra prensa", el "quincenario cultural" y la censura no permitían tal cosa.

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Núm. 34. marzo 15. de 1950.

Dentro del sano y escindido cosmopolitismo, el periódico de Zalamea exaltó entre sus personajes internacionales, a Emmanuel Mounier, a André Gide, a Ernst Wiechert y a Chiang Kai Chek, como muestra, exaltación que por ella misma es un decir, dando así un paso importante contra el anquilosamiento de la inteligencia colombiana. Más destacable aún es su labor en materia de traducciones, base imprescindible del proceso anteriormente mencionado (y que llevaría a su mejor y mayor expresión la generación de Mito). Crítica o sus colaboradores tradujeron ensayos de Artaud (sobre los tarahumaras), de Norman Mailer (sobre Woodrow Wilson), de Nicolás Berdiaeff (sobre el Estado), de Karl Jaspers (sobre la "culpabilidad alemana", tras la guerra), de Paul Valéry (sobre Descartes), de Papini (sobre la crítica), en el momento en que éstos construían parte del rostro "cultural" del siglo xx. Esto aparte de tres muy importantes artículos -importantes para la cohesión del quincenario, especialmente después de la censura, cuando realmente le urge una cohesión-, traducidos para Crítica y aparecidos por entregas: "La supresión de los partidos", de Simone Weil, "La autoridad y el individuo", de Bertrand Russell y "Carta del papa Celestino VI al pueblo que se dice cristiano", por Giovanni Papini. También es importante el trabajo de traducciones de poetas y escritores universales o contemporáneos, escogidos con criterio: La peste, de Albert Camus, cuando era obra de teatro y el francés un menudo existencialista de la última cochada; algún texto de William Faulkner, a propósito de su premio Nobel; la versión de Pájaros de Saint-John Perse, también premio Nobel años más tarde, que hiciera el propio Jorge Zalamea y que es insuperable; el Prometeo de Goethe, traducido por Eduardo Zalamea; poema de Rilke, por Otto de Greiff, poesía japonesa en versiones -¿quizá del francés?- de Luis Vidales, o La comandante, de Ernst Wichert. Así mismo, y sigo insistiendo en el clima cosmopolita creado -revolucionario en un país pacato e hispánico-, encontramos colaboradores extranjeros de la talla de Arthur Miller, Servan-Schreiber, Roger Caillois, Truman Capote, Salomón de la Selva o Guillermo de Torre, jóvenes de la época. El 19 de septiembre de 1950 se logró un número maravilloso, apartado de los espinosos asuntos nacionales y llevado a los espinosos pero trascendentes asuntos de la decadente Europa. Así presentaba Crítica su número monográfico: "Este número ha sido realizado por Alberto Zalamea. La dirección de Crítica agradece a sus colegas L'Observateur y Le Monde de París, a la Agencia Francesa de Información, a los señores Paul Rivet, Claude Bourdet, Jean-Paul Sartre, Mervyn Jones, Mario Cesari, Dany Benusiglio, Francisco Fejto, J. Gordon, Charles Delasniere, Jacques Armel, J. Servan-Schreiber y René Maurier, por la valiosa ayuda, artículos e informaciones que quisieron prestarle para la realización de este número consagrado exclusivamente al continente europeo. (La dirección señala, igualmente, que la responsabilidad de los artículos publicados es estrictamente personal y recae sólo sobre el autor)" 10. También el quincenario publicó en diversos números noticia de lo que se hacía en ese momento en literatura, en Francia, Inglaterra, Alemania o Estados Unidos. La red de contactos de Crítica o de Jorge Zalamea era excelente: tan frívola como fundamental puede ser la "gaceta de actualidad mundial literaria" en un ambiente muy dado al enclaustramiento y la retórica sin tradición y, por tanto, sin presente. En ese sentido, es también importante ese "noticiario" que incluye, además, a las artes, música, plástica, teatro y, algo insólito pero reconfortante, la moda, que ocupa, al principio, toda la última página de Crítica (¿era "gancho" para frívolos o rescate de la moda como indicador social y, acaso, cultural?).

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Núm. 64. julio 5 de 1951.
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León de Greiff aparece en esta propaganda que publicaba Crítica.

En el ámbito literario, muchos son los nombres (con sus respectivos hombres; porque suele suceder, en las revistas de colaboración, que el nombre es usado y el texto hurtado de cualquier parte) que dieron sombra a Crítica. Tanto extranjeros como nacionales, aunque, como hemos dicho, sin "compromisos" con Crítica, escritores cada uno en lo suyo. De los colombianos, los más publicados -algunos, colaboradores- fueron León de Greiff, quien tenía su columna y también publicó poemas; Alvaro Mutis, quien publicó unas primeras versiones de poemas, como Angela Gambitzi y Los elementos del desastre bajo otro título; Carlos Castro Saavedra, otro poeta joven que protestaba contra la violencia en tono idílico y de cándida afirmación de la libertad personal; el propio Jorge Zalamea, con traducciones, cuentos y ensayos; Eduardo Zalamea, de quien se ensalzaba ya una de las más grandes novelas escritas en Colombia, Cuatro años a bordo de mí mismo; Hernando Téllez, con sus agudos artículos; Jaime Tello, poeta infortunado y traductor; Fernando Arbeláez, joven poeta, el segundo nombre importante de la juventud lírica de la época, al lado de Castro Saavedra (un poeta como Mutis tenía que poseer menor eco en aquel ambiente); Luis Vidales, el nunca olvidado compadre de Los Nuevos; Gerardo Valencia, piedracielista fugado por un momento (aunque Crítica nunca representó la tentación de un movimiento); Ciro Mendía, Marta Traba, García Márquez, Juan Lozano y Lozano y hasta algún artículo del precoz Gonzalo Arango; todos ellos, insisto, sin ningún compromiso con el quincenario.

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Un cuento de Gabriel García Márquez especial para Crítica, núm. 54, enero 18 de 1951.

En una antología de Crítica incluiríamos excelentes escritos que hoy son prestigio de bibliotecas selectas: La hora veinticinco, de Gheorghiu; La tumba de Palinuro, de Cyril Connolly; El laberinto de la soledad, de Octavio Paz; La piel (aquella vez excelentemente traducido como El pellejo), de Curzio Malaparte, o Crónica de los pobres amantes, de Vasco Pratolini. Publicaciones que hablan de la verdadera crítica de Crítica. Si el quincenario no hubiese tenido otro propósito que el de mostrar, con todas sus implicaciones sociales y políticas, sus juicios humanos en el campo de la cultura, no dudaríamos en colocarlo entre las revistas literarias que forjan una tradición para los que estamos llamad os a hacer uso de ella.

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Núm. 31 febrero lo. de 1950.

 

5
Nicolás Gómez Dávila,Escolios a un texto implícito, Bogotá, Colcultura, 1977,vol. II, pág. 122.
6
Ezra Pound, Antología.Madrid, Visor, 1979, pág. 201.
7
Crítica, 18 de enero de 1951.
8
Ibíd.
9
Crítica, 18 de octubre de 1950.
10
Crítica, 19 de septiembre de 1950.