Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 18
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1989
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: marzo de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Reseña filosofía: Heidegger desde la otra orilla

significado, sustituyen el concepto porla fórmula, la causa por la regla y la la probabilidad ... " 2

En la segunda parte del libro se hace aún más evidente la dependencia del autor con respecto al pensamiento de Heidegger, acaso el filósofo más controvertido de nuestro siglo. Pero esto incide precisamente en imposibilitar un diálogo con él: pues este sólo es posible allí donde el otro a su vez piensa e interroga ya desde sí mismo. Es una pena, porque creemos que a cien años de su nacimiento (en Messkirchen, una aldea del suroeste de Alemania, el 26 de septiembre de 1889, como hijo del maestro tonelero y sacristán del pueblo), una genuina controversia con la obra de Martin Heidegger resultaría  necesaria después de tantos equívocos: de sus seguidores en primer lugar,pero también de sus detractores, de sus lectores y sus no lectores, sus  imitadores y sus falsificad ores y sus plagiadores, y a cincuenta años de  acontecimientos que lo involucraron desafortunada -¿o fatalmente?-en la mayor desdicha del siglo. Necesaria, para pensar en toda su consecuencia la problemática de la crisis  contemporánea

Mencionaríamos, además, dos carencias fundamentales. En primer lugar: aunque todo el contenido de los tres primeros capítulos, comenzando por el intitulado Logos apofanticás y lógica categorial hasta Verdad y  existencia y Ser expuesto en el mundo, etc., proviene en lo esencial de Vom Wesen des Grundes -un tratadito complementario a Ser y Tiempo publicado un año después de éste 3, no se remite ni se concentra en él, ni reseña la polémica de Heidegger con lo afirmado por Leibniz en su tratado Primae veritatis, en el cual este,  remitiéndose a Aristóteles, ubica y determina en el juicio o la proposición el lugar de la verdad. Aquí se replantea lo ya dicho en Ser y Tiempo en cuanto a un darse más originario de la verdad del ente en su o desde su ser, la verdad óntico-ontológica: A -letheia, desocultamiento anterior y prepredicativo, como aprendiera el joven Heidegger de su maestro Edmund Husserl, cuyo fallecimiento en tiempos aciagos, hace cincuenta años, conmemoramos en 1988.

En segundo lugar, nos resulta lamentable que no se haya considerado  otro texto, fundamental precisamente en el contexto de la praecisio mundi: La época de la imagen del mundo, una discusión con las Meditationes De Prima Philosophia o Meditaciones Metafísicas de Descartes,que proviene de un curso del año 37 que se anunció entonces con el título "La fundamentación de la nueva imagen del mundo por la metafísica" y fue recogido en 1950 en un libro al que ya hemos aludido: Holzwege. Este ensayo sería el más pertinente para iniciar un diálogo genuino con Heidegger a propósito de la praecisio mundi, es decir de la modernidad. Tal vez en este texto se aproxima Heidegger a pensar la esencia de la época moderna en el lenguaje más secularizado posible a que pueda llega un filósofo, sin dejar de serlo. Y que se nos permita mantener frente a ello una sincera ambivalencia, por que eso de la superación de la filosofía no es cosa tan fácil, aunque inevitablemente la vivamos como pasado: que podamos pensar todavía se lo debemos a ella.

Porque Heidegger todavía piensa en el modo de la filosofía que intenta superar, muestra en el diálogo con Descartes lo que en él se anuncia y se manifiesta, en sus palabras o detrás de ellas, y delante de él mismo: la modernidad, la época moderna.  Aunque tampoco logra concretar su caracterización en el sentido del contenido material de las categorías.

Y esta misma indicación quisiéramos hacerla extensiva al presente caso, el ensayo del profesor Janke. Así, por ejemplo, cuando afirma que la filosofía "fue y es primero que todo ontología": ya el empleo de los dos tiempos verbales plantearía el primer problema, que por ello mismo se elude. ¿Porque, no es precisamente con el presente de la modernidad planetaria y la socialización casi total de la vida que se ha llegado a plantear la pregunta por el destino de la misma ontología?

El texto continúa: "[....] Pero su más entrañable doctrina, la de las categorías, está apegada desde un principio, unilateralmente, al logos apofántico o al juicio como lugar genuino de la verdad. Desde Platón, se orienta la búsqueda de la unidad y la pluralidad del ser y de los primeros significados del ser del ente en la afirmación del ser verdadero de la conformación lingüística del enunciado proposicional. Y, desde entonces, la doctrina del ente en cuanto tal se volvió precisa, pero también pobre y carente de existencia" (pág. 63).

Cfr. nuestra reseña del breviario del Henri

Nos vuelve a parecer una formulación simple. ¿Por qué no preguntar más bien qué significó kat'agoreo, categoría? Pues ello tiene que ver con la polis, con el ágora, inmediatamente con la existencia ciudadana del animal social. Kat 'agoreo significó entonces decir algo de algo,  atribuir algo a algo, pre-dicare. Hablar sobre algo en el ágora, decir algo de algo en el espacio público de la palabra y en la sociedad civil de la razón.

Recordemos que en las primeras páginas de Ser y Tiempo trataba Heidegger de mostrar una caracterización prepredicativa de las cosas y encontraba en el término que usaban los griegos para designar los utensilio  de la vida cotidiana: ta prágmata, el más pertinente ejemplo. Recordemos también que ellos llamaron al patrimonio personal la ousia, y sabremos con qué pensar debe ser confrontado este pensar. ¿Será necesario ejemplificarlo aún más atrás y más explícitamente, ir a los orígenes de la teoría crítica misma, en un escrito redactado en Bruselas por dos jóvenes hace ya casi sus 142 años, pero que en cierto y peculiar modo es contemporáneo a los otros escritos mencionados, porque apenas en el año 1932 fue publicado en su integridad?

reseñas

"El espíritu nace ya tarado con la maldición de estar preñado de materia, que aquí se manifiesta bajo la forma de capas de aire en movimiento, de sonidos, en una palabra, bajo la forma del lenguaje. El lenguaje es tan viejo como la conciencia: el lenguaje es la conciencia práctica, la conciencia real, que existe también para los otros hombres y que, por tanto, comienza a existir para sí mismo; y el lenguaje nace, como la conciencia, de la necesidad, de los apremios del intercambio con los demás hombres ... ". Pero en el mismo escrito y unas cuantas páginas antes se decía: "Allí donde termina la especulación, en la vida real, comienza también la ciencia real y positiva, la exposición de la acción práctica, del proceso práctico del desarrollo de los hombres. Terminan allí las frases sobre la conciencia y pasa a ocupar su sitio el saber real, la filosofía independiente pierde, con la exposición de la realidad, el medio en que puede existir ... ",

Con el lenguaje tiene que ver inmediatamente el asunto de la filosofía. Ya el hecho de que el término Logos hubiese sido traducido, de una parte como Ratio (Fundamentum) y de otra como Verbum -como en el primer versículo del Evangelio según Juan, que representa un momento decisivo en la conversión onto-teológica-judeo-cristiana del filosofar original de los griegos- nos está indicando la complejidad y la sencillez que le es inherente. Janke se remite a los escritos de Aristóteles recogidos con el título De Interpretatione y a uno de los Diálogos más substanciosos de la madurez de Platón -El sofista-, aunque no se detiene suficientemente en él, a pesar de sus decisivas implicaciones: "No se pretende profundizar ahora en este punto, pero sí hay que recordar que el camino y el método de la exposición del significado categorial múltiple del ser y de su unidad tiene, desde Platón, como hilo conductor, el juicio y la verdad del juicio. Y esto se conserva así hasta los sistemas categoriales definitivos de la tabla de las categorías de Kant, de la tríada de los primeros principios de Fichte y de la estructura envolvente y totalizante del juicio especulativo de Hegel", (pág. 65). Cierto que una discusión consecuente con este Diálogo tardío de Clatón sería necesaria y pertinente en relación con Heidegger: ¿no puso éste un fragmento del mismo Diálogo como epígrafe en su libro? "Porque es evidente que estáis hace ya mucho tiempo familiarizados con lo que queréis decir propiamente cuando usáis la expresión 'ente', mientras que nosotros creíamos antes comprenderla y ahora nos encontramos perplejos" (244 a). Un año más tarde, en el tratadito a que hemos hecho alusión -La esencia del fundamento, que fue elaborado simultáneamente con la conferencia Qué es Metafísica-, afirmaba Heidegger que si ésta trataba de "la nada" aquel se refería propiamente a la "diferencia ontológica". Y de ésta trata propiamente el texto de Platón, a través de la reflexión sobre el lenguaje. Decía Heidegger: "La nada es el no del ente, y de este modo, el ser experimentado desde el ente. La diferencia ontológica es el no entre el ente y el ser. Pero así como el ser, en cuanto el no respecto del ente, no es una nada en el sentido del nihil negativum, tampoco es la diferencia, en cuanto el no entre ente y ser, sólo el producto de una distinción del entendimiento (ens rationis)".

Según entendimos nosotros, sólo en una reflexión sobre la verdad de esta relación que se hace manifiesta a través de la "diferencia ontológica", y a partir de considerar los modos de comportamientos prácticos del "ente preeminente" ("óntica mente señalado" por "ser ontológico", como se decía en Ser y Tiempo: quien actúa y actualiza la diferencia) podría ganarse claridad sobre el proceso de la significación, sobre el asunto del lenguaje y, en general, la expresión de los hombres. Preguntar a su vez por qué una determinada modalidad del lenguaje ha llegado a ser ella misma preeminente y excluyente remite entonces a la problemática global del ente que manipula los utensilios (ta prágmata). Es decir, al Praxein. A la praxis, y con ella al "mundo circundante" (Umwelt), la sociedad, lapolis y la historia en su devenir concreto.

Janke no avanza en esta dirección. Más bien, se limita a plantear la posibilidad de modalidades no apofánticas del lenguaje, como las que se hacen patentes en la relación con lo sagrado o las que se manifiestan en el poema: "desear, pedir, suplicar, oración, voto, maldición no son ni verdaderos ni falsos, puesto que no se miden indicativamente por lo que está allí ante nosotros. En consecuencia: tales modos de decisión se excluyen de la ontología como investigación científica del ente verdadero y real, y se los refiere a la retórica o a la poética" (pág. 66). El autor considera que hoy en día "ciertamente se ha vuelto problemática la primacía del logos apofántico como acto de lenguaje constativo", pero que para una discusión sobre el problema de las categorías "no se ha intentado hacer productivas las otras formas de actos de lenguaje (de formación del que parte de lo real considerado en la perspectiva de lo meramente presente (vor-handen, en el vocabulario de Heidegger), "no tiene ningún motivo para hacerlo": "En cambio, una ontología existencial busca integrar en sus análisis discursos prelógicos desde el punto de vista de su verdad y de su alcance categorial".

reseñas

Un ejemplo y un discurso "de esta índole" sería la frase "que la tierra sea tu alivio" en relación con la cual afirma el autor: "Esta exclamación en modo optativo se diferencia de juicios cognoscitivos (sintéticos-a posteriori) del tipo 'la tierra arcillosa es liviana'. La frase en cuestión se ubica fuera de las relaciones reales de la experiencia objetiva y renuncia a toda referencia a lo que está allí a la vista real o posiblemente. Y, sin embargo, tal deseo, súplica y oración pertenece ciertamente de manera irrevocable a las relaciones existenciales del humano ser-ahí".

En seguida pasa a explicar en qué sentido esta frase es verdadera, si bien no expresa apofánticamente el ser de algo como algo. Nos recuerda, en el estilo, pasajes de Heidegger, como el frecuentemente citado fragmento sobre los zapatos de Van Gogh en El origen de la obra de arte. publicado igualmente en Holzwege y que, a nuestro modo de ver, explica muy precariamente el fenómeno del arte y, en particular, se queda bastante corto en relación con el arte de nuestro tiempo. Dice Janke: "La expresión habla de muertos que pertenecen a un mundo compartido, de la tierra como elemento de sacralidad arcaica, del ser como vida perdurable, de los dioses que alivian el peso de la culpa. Este discurso expresa algo verdadero, ya que lo dicho no es sin más nada y por cuanto verdadero significa el decir que el ente es y que el ente no es ... ". Cierto que -agrega "tal manera de hablar sólo obtiene eco en un mundo mítico-nurninoso " y que en el mundo "noético", en el mundo "desacralizado de las ciencias", esa modalidad de lenguaje "pierde significado y cae en la sospecha peligrosa del sinsentido ". "Pero quizá conserva tal modalidad del discurso dimensiones categoriales más profundas y ricas de lugar y espacio, tiempo y eternidad, elemento, base y fundamento, muerte y vida, estar reunido y estar-separado, culpa y reconciliación, que las dimensiones que se dan en las categorías universalizadas de la conjugación del ser en 'algo es (fue, será) algo' ''. La conclusión que se extrae es consecuentemente lírica: "Esta presunción tendría que ser acertada, si se supone que existir también quiere decir siempre vivir en un mundo mítico nurninoso" (pág. 67).

Debemos dejar aquí esta reseña crítica ya suficientemente sesgada, no sólo por razones de espacio, sino porque a partir de este momento la argumentación "existencial" del autor se apoya decisivamente en la obra de Soren Kierkegaard, y nuestro muy precario conocimiento de sus escritos nos impide entrar de lleno en el asunto. Por lo demás, creemos que una genuina discusión con el teólogo y pensador danés sólo sería factible a partir de un profundo conocimiento de la teología protestante, contra la cual éste se rebeló, si es que se desea evitar una recepción puramente retórica, como lo ha sido, en este caso y en otros, tan característica en el mundo hispanoamericano.Sin embargo, creemos que lo anotado hasta ahora puede hacerse extensivo también a las páginas finales del ensayo: lo existencial se convierte en un recurso poético-literario para eludir el problema del contenido material de las categorías y la crítica al racionalismo no plantea una alternativa. No se llega a formular lo decisivo, ni a un nuevo intento de fundamentación de las tareas del pensar que permitiera superar las encrucijadas de la razón: de la razón instrumental burguesa, de la ilustración y la modernidad, cuyo vehículo lingüístico y configurador (del mundo) ha sido el decir apofántico-lógico categorial.

En el Festschrift, o tomo congratulatorio en homenaje a Heidegger con motivo de sus ochenta años (Durchblick e, Martin Heidegger zum 80 Geburtstag, Klosterrnann-Verlag, Frankfurt, 1970, en el cual también se hizo presente W. J anke con un escrito sobre Leibniz), el filósofo checo Jan Patocka publicó un ensayo intitulado Heidegger desde la otra orilla. Nosotros también lo hemos considerado así, con mucho respeto y verdadera emocinó allí donde este gran pensador -acaso el último de los grandes filósofos de Occidente- se enfrenta radicalmente a los problemas fundamentales de la filosofía, pero también con las armas de la crítica allí donde su pensar nos ha parecido inconsecuente e insuficiente para comprender la circunstancia contemporánea. Lo mismo ha de valer frente al caso de Wolfgang Janke, cuyo trabajo, como decíamos al comienzo, nos parece por completo tributario de este pensamiento. Desde la otra orilla también frente al pulcro trabajo del traductor, con quien hemos tenido la fortuna de mantener una genuina controversia, de más de dos lustros ya, sobre el asunto de la filosofía, que nos ha permitido avanzar, revisar nuestras propias ideas y evitar el torpe anquilosamiento dogmático que con tanta frecuencia impide mantenerse abierto al preguntar, del cual decía Heidegger que es "la piedad del pensar".

RÚBEN JARAMILLO VÉLEZ

2
Th. Adorno y M. Horckheimer, Dialéctica del Iluminismo, tradución de H. A. Murena, Buenos Aires, Editorial Sur, 1971. Colección Estudios Alemanes dirigida por Victoria Ocampo, H. Arndt, H. Bayer, E. Garzón Valdés, R. Gutiérrez Girardot y H. A. Murena, págs. 16 y 17.
3
Versión castellana de Eduardo García Belsunce en M. Heidegger, Ser, verdad y fundamento, Caracas, Monte Avila Editores, 1968.