Reseña filosofía: Heidegger desde la otra orilla
significado, sustituyen el concepto porla fórmula, la causa por
la regla y la la probabilidad ... " 2
En la segunda parte del libro se hace aún más evidente la
dependencia del autor con respecto al pensamiento de Heidegger,
acaso el filósofo más controvertido de nuestro siglo. Pero esto
incide precisamente en imposibilitar un diálogo con él: pues este
sólo es posible allí donde el otro a su vez piensa e interroga ya
desde sí mismo. Es una pena, porque creemos que a cien años de su
nacimiento (en Messkirchen, una aldea del suroeste de Alemania, el
26 de septiembre de 1889, como hijo del maestro tonelero y
sacristán del pueblo), una genuina controversia con la obra de
Martin Heidegger resultaría necesaria después de tantos
equívocos: de sus seguidores en primer lugar,pero también de sus
detractores, de sus lectores y sus no lectores, sus
imitadores y sus falsificad ores y sus plagiadores, y a cincuenta
años de acontecimientos que lo involucraron desafortunada
-¿o fatalmente?-en la mayor desdicha del siglo. Necesaria,
para pensar en toda su consecuencia la problemática de la
crisis contemporánea
Mencionaríamos, además, dos carencias fundamentales. En primer
lugar: aunque todo el contenido de los tres primeros capítulos,
comenzando por el intitulado Logos apofanticás y lógica categorial
hasta Verdad y existencia y Ser expuesto en el mundo, etc.,
proviene en lo esencial de Vom Wesen des Grundes -un tratadito
complementario a Ser y Tiempo publicado un año después de éste
3, no se remite ni se concentra en él,
ni reseña la polémica de Heidegger con lo afirmado por Leibniz en
su tratado Primae veritatis, en el cual este, remitiéndose a
Aristóteles, ubica y determina en el juicio o la proposición el
lugar de la verdad. Aquí se replantea lo ya dicho en Ser y Tiempo
en cuanto a un darse más originario de la verdad del ente en su o
desde su ser, la verdad óntico-ontológica: A -letheia,
desocultamiento anterior y prepredicativo, como aprendiera el joven
Heidegger de su maestro Edmund Husserl, cuyo fallecimiento en
tiempos aciagos, hace cincuenta años, conmemoramos en 1988.
En segundo lugar, nos resulta lamentable que no se haya considerado
otro texto, fundamental precisamente en el contexto de la
praecisio mundi: La época de la imagen del mundo, una discusión con
las Meditationes De Prima Philosophia o Meditaciones
Metafísicas de Descartes,que proviene de un curso del año 37 que se
anunció entonces con el título "La fundamentación de la nueva
imagen del mundo por la metafísica" y fue recogido en 1950 en
un libro al que ya hemos aludido: Holzwege. Este ensayo sería el
más pertinente para iniciar un diálogo genuino con Heidegger a
propósito de la praecisio mundi, es decir de la modernidad. Tal vez
en este texto se aproxima Heidegger a pensar la esencia de la época
moderna en el lenguaje más secularizado posible a que pueda llega
un filósofo, sin dejar de serlo. Y que se nos permita mantener
frente a ello una sincera ambivalencia, por que eso de la
superación de la filosofía no es cosa tan fácil, aunque
inevitablemente la vivamos como pasado: que podamos pensar todavía
se lo debemos a ella.
Porque Heidegger todavía piensa en el modo de la filosofía que
intenta superar, muestra en el diálogo con Descartes lo que en él
se anuncia y se manifiesta, en sus palabras o detrás de ellas, y
delante de él mismo: la modernidad, la época moderna. Aunque
tampoco logra concretar su caracterización en el sentido del
contenido material de las categorías.
Y esta misma indicación quisiéramos hacerla extensiva al
presente caso, el ensayo del profesor Janke. Así, por ejemplo,
cuando afirma que la filosofía "fue y es primero que todo
ontología": ya el empleo de los dos tiempos verbales
plantearía el primer problema, que por ello mismo se elude.
¿Porque, no es precisamente con el presente de la modernidad
planetaria y la socialización casi total de la vida que se ha
llegado a plantear la pregunta por el destino de la misma
ontología?
El texto continúa: "[....] Pero su más entrañable doctrina,
la de las categorías, está apegada desde un principio,
unilateralmente, al logos apofántico o al juicio como lugar genuino
de la verdad. Desde Platón, se orienta la búsqueda de la unidad y
la pluralidad del ser y de los primeros significados del ser del
ente en la afirmación del ser verdadero de la conformación
lingüística del enunciado proposicional. Y, desde entonces, la
doctrina del ente en cuanto tal se volvió precisa, pero también
pobre y carente de existencia" (pág. 63).
Nos vuelve a parecer una formulación simple. ¿Por qué no
preguntar más bien qué significó kat'agoreo, categoría? Pues ello
tiene que ver con la polis, con el ágora, inmediatamente con la
existencia ciudadana del animal social. Kat 'agoreo significó
entonces decir algo de algo, atribuir algo a algo,
pre-dicare. Hablar sobre algo en el ágora, decir algo de algo en el
espacio público de la palabra y en la sociedad civil de la
razón.
Recordemos que en las primeras páginas de Ser y Tiempo trataba
Heidegger de mostrar una caracterización prepredicativa de las
cosas y encontraba en el término que usaban los griegos para
designar los utensilio de la vida cotidiana: ta prágmata, el
más pertinente ejemplo. Recordemos también que ellos llamaron al
patrimonio personal la ousia, y sabremos con qué pensar debe ser
confrontado este pensar. ¿Será necesario ejemplificarlo aún
más atrás y más explícitamente, ir a los orígenes de la teoría
crítica misma, en un escrito redactado en Bruselas por dos jóvenes
hace ya casi sus 142 años, pero que en cierto y peculiar modo es
contemporáneo a los otros escritos mencionados, porque apenas en el
año 1932 fue publicado en su integridad?
 |
"El espíritu nace ya tarado con la maldición de estar
preñado de materia, que aquí se manifiesta bajo la forma de capas
de aire en movimiento, de sonidos, en una palabra, bajo la forma
del lenguaje. El lenguaje es tan viejo como la conciencia: el
lenguaje es la conciencia práctica, la conciencia real, que existe
también para los otros hombres y que, por tanto, comienza a existir
para sí mismo; y el lenguaje nace, como la conciencia, de la
necesidad, de los apremios del intercambio con los demás hombres
... ". Pero en el mismo escrito y unas cuantas páginas antes
se decía: "Allí donde termina la especulación, en la vida
real, comienza también la ciencia real y positiva, la exposición de
la acción práctica, del proceso práctico del desarrollo de los
hombres. Terminan allí las frases sobre la conciencia y pasa a
ocupar su sitio el saber real, la filosofía independiente pierde,
con la exposición de la realidad, el medio en que puede existir ...
",
Con el lenguaje tiene que ver inmediatamente el asunto de la
filosofía. Ya el hecho de que el término Logos hubiese sido
traducido, de una parte como Ratio (Fundamentum) y de otra como
Verbum -como en el primer versículo del Evangelio según Juan, que
representa un momento decisivo en la conversión
onto-teológica-judeo-cristiana del filosofar original de los
griegos- nos está indicando la complejidad y la sencillez que le es
inherente. Janke se remite a los escritos de Aristóteles recogidos
con el título De Interpretatione y a uno de los Diálogos más
substanciosos de la madurez de Platón -El sofista-, aunque no se
detiene suficientemente en él, a pesar de sus decisivas
implicaciones: "No se pretende profundizar ahora en este
punto, pero sí hay que recordar que el camino y el método de la
exposición del significado categorial múltiple del ser y de su
unidad tiene, desde Platón, como hilo conductor, el juicio y la
verdad del juicio. Y esto se conserva así hasta los sistemas
categoriales definitivos de la tabla de las categorías de Kant, de
la tríada de los primeros principios de Fichte y de la estructura
envolvente y totalizante del juicio especulativo de Hegel",
(pág. 65). Cierto que una discusión consecuente con este Diálogo
tardío de Clatón sería necesaria y pertinente en relación con
Heidegger: ¿no puso éste un fragmento del mismo Diálogo como
epígrafe en su libro? "Porque es evidente que estáis hace ya
mucho tiempo familiarizados con lo que queréis decir propiamente
cuando usáis la expresión 'ente', mientras que nosotros creíamos
antes comprenderla y ahora nos encontramos perplejos" (244 a).
Un año más tarde, en el tratadito a que hemos hecho alusión -La
esencia del fundamento, que fue elaborado simultáneamente con la
conferencia Qué es Metafísica-, afirmaba Heidegger que si ésta
trataba de "la nada" aquel se refería propiamente a la
"diferencia ontológica". Y de ésta trata propiamente el
texto de Platón, a través de la reflexión sobre el lenguaje. Decía
Heidegger: "La nada es el no del ente, y de este modo, el ser
experimentado desde el ente. La diferencia ontológica es el no
entre el ente y el ser. Pero así como el ser, en cuanto el no
respecto del ente, no es una nada en el sentido del nihil
negativum, tampoco es la diferencia, en cuanto el no entre ente y
ser, sólo el producto de una distinción del entendimiento (ens
rationis)".
Según entendimos nosotros, sólo en una reflexión sobre la verdad
de esta relación que se hace manifiesta a través de la
"diferencia ontológica", y a partir de considerar los
modos de comportamientos prácticos del "ente preeminente"
("óntica mente señalado" por "ser ontológico",
como se decía en Ser y Tiempo: quien actúa y actualiza la
diferencia) podría ganarse claridad sobre el proceso de la
significación, sobre el asunto del lenguaje y, en general, la
expresión de los hombres. Preguntar a su vez por qué una
determinada modalidad del lenguaje ha llegado a ser ella misma
preeminente y excluyente remite entonces a la problemática global
del ente que manipula los utensilios (ta prágmata). Es decir, al
Praxein. A la praxis, y con ella al "mundo circundante"
(Umwelt), la sociedad, lapolis y la historia en su devenir
concreto.
Janke no avanza en esta dirección. Más bien, se limita a
plantear la posibilidad de modalidades no apofánticas del lenguaje,
como las que se hacen patentes en la relación con lo sagrado o las
que se manifiestan en el poema: "desear, pedir, suplicar,
oración, voto, maldición no son ni verdaderos ni falsos, puesto que
no se miden indicativamente por lo que está allí ante nosotros. En
consecuencia: tales modos de decisión se excluyen de la ontología
como investigación científica del ente verdadero y real, y se los
refiere a la retórica o a la poética" (pág. 66). El autor
considera que hoy en día "ciertamente se ha vuelto
problemática la primacía del logos apofántico como acto de lenguaje
constativo", pero que para una discusión sobre el problema de
las categorías "no se ha intentado hacer productivas las otras
formas de actos de lenguaje (de formación del que parte de lo real
considerado en la perspectiva de lo meramente presente (vor-handen,
en el vocabulario de Heidegger), "no tiene ningún motivo para
hacerlo": "En cambio, una ontología existencial busca
integrar en sus análisis discursos prelógicos desde el punto de
vista de su verdad y de su alcance categorial".
 |
Un ejemplo y un discurso "de esta índole" sería la
frase "que la tierra sea tu alivio" en relación con la
cual afirma el autor: "Esta exclamación en modo optativo se
diferencia de juicios cognoscitivos (sintéticos-a posteriori) del
tipo 'la tierra arcillosa es liviana'. La frase en cuestión se
ubica fuera de las relaciones reales de la experiencia objetiva y
renuncia a toda referencia a lo que está allí a la vista real o
posiblemente. Y, sin embargo, tal deseo, súplica y oración
pertenece ciertamente de manera irrevocable a las relaciones
existenciales del humano ser-ahí".
En seguida pasa a explicar en qué sentido esta frase es
verdadera, si bien no expresa apofánticamente el ser de algo como
algo. Nos recuerda, en el estilo, pasajes de Heidegger, como el
frecuentemente citado fragmento sobre los zapatos de Van Gogh en El
origen de la obra de arte. publicado igualmente en Holzwege y que,
a nuestro modo de ver, explica muy precariamente el fenómeno del
arte y, en particular, se queda bastante corto en relación con el
arte de nuestro tiempo. Dice Janke: "La expresión habla de
muertos que pertenecen a un mundo compartido, de la tierra como
elemento de sacralidad arcaica, del ser como vida perdurable, de
los dioses que alivian el peso de la culpa. Este discurso expresa
algo verdadero, ya que lo dicho no es sin más nada y por cuanto
verdadero significa el decir que el ente es y que el ente no es ...
". Cierto que -agrega "tal manera de hablar sólo obtiene
eco en un mundo mítico-nurninoso " y que en el mundo
"noético", en el mundo "desacralizado de las
ciencias", esa modalidad de lenguaje "pierde significado
y cae en la sospecha peligrosa del sinsentido ". "Pero
quizá conserva tal modalidad del discurso dimensiones categoriales
más profundas y ricas de lugar y espacio, tiempo y eternidad,
elemento, base y fundamento, muerte y vida, estar reunido y
estar-separado, culpa y reconciliación, que las dimensiones que se
dan en las categorías universalizadas de la conjugación del ser en
'algo es (fue, será) algo' ''. La conclusión que se extrae es
consecuentemente lírica: "Esta presunción tendría que ser
acertada, si se supone que existir también quiere decir siempre
vivir en un mundo mítico nurninoso" (pág. 67).
Debemos dejar aquí esta reseña crítica ya suficientemente
sesgada, no sólo por razones de espacio, sino porque a partir de
este momento la argumentación "existencial" del autor se
apoya decisivamente en la obra de Soren Kierkegaard, y nuestro muy
precario conocimiento de sus escritos nos impide entrar de lleno en
el asunto. Por lo demás, creemos que una genuina discusión con el
teólogo y pensador danés sólo sería factible a partir de un
profundo conocimiento de la teología protestante, contra la cual
éste se rebeló, si es que se desea evitar una recepción puramente
retórica, como lo ha sido, en este caso y en otros, tan
característica en el mundo hispanoamericano.Sin embargo, creemos
que lo anotado hasta ahora puede hacerse extensivo también a las
páginas finales del ensayo: lo existencial se convierte en un
recurso poético-literario para eludir el problema del contenido
material de las categorías y la crítica al racionalismo no plantea
una alternativa. No se llega a formular lo decisivo, ni a un nuevo
intento de fundamentación de las tareas del pensar que permitiera
superar las encrucijadas de la razón: de la razón instrumental
burguesa, de la ilustración y la modernidad, cuyo vehículo
lingüístico y configurador (del mundo) ha sido el decir
apofántico-lógico categorial.
En el Festschrift, o tomo congratulatorio en homenaje a
Heidegger con motivo de sus ochenta años (Durchblick e, Martin
Heidegger zum 80 Geburtstag, Klosterrnann-Verlag, Frankfurt, 1970,
en el cual también se hizo presente W. J anke con un escrito sobre
Leibniz), el filósofo checo Jan Patocka publicó un ensayo
intitulado Heidegger desde la otra orilla. Nosotros también lo
hemos considerado así, con mucho respeto y verdadera emocinó allí
donde este gran pensador -acaso el último de los grandes filósofos
de Occidente- se enfrenta radicalmente a los problemas
fundamentales de la filosofía, pero también con las armas de la
crítica allí donde su pensar nos ha parecido inconsecuente e
insuficiente para comprender la circunstancia contemporánea. Lo
mismo ha de valer frente al caso de Wolfgang Janke, cuyo trabajo,
como decíamos al comienzo, nos parece por completo tributario de
este pensamiento. Desde la otra orilla también frente al pulcro
trabajo del traductor, con quien hemos tenido la fortuna de
mantener una genuina controversia, de más de dos lustros ya, sobre
el asunto de la filosofía, que nos ha permitido avanzar, revisar
nuestras propias ideas y evitar el torpe anquilosamiento dogmático
que con tanta frecuencia impide mantenerse abierto al preguntar,
del cual decía Heidegger que es "la piedad del
pensar".
RÚBEN JARAMILLO VÉLEZ
2
|
Th. Adorno y M. Horckheimer, Dialéctica del Iluminismo,
tradución de H. A. Murena, Buenos Aires, Editorial Sur, 1971.
Colección Estudios Alemanes dirigida por Victoria Ocampo, H. Arndt,
H. Bayer, E. Garzón Valdés, R. Gutiérrez Girardot y H. A. Murena,
págs. 16 y 17.
|
3
|
Versión castellana de Eduardo García Belsunce en M. Heidegger,
Ser, verdad y fundamento, Caracas, Monte Avila Editores, 1968.
|