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Pectoral
de la cultura quimbaya en el que se observan claramente las "Campanas de
teléfono". 8,0 x 5,6 cms. 77,80 grs.
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Antiguos pectorales de oro: ¿representaciones de hongos?
RICHARD EVANS SCHULTES Y ALEC BRIGHT
Traducción de CLARA ISABEL BOTERO
UNO DE LOS OBJETOS
arqueológicos
americanos más fascinantes y enigmáticos es un tipo de pectoral antropomorfo de oro
encontrado al sur de Panamá, específicamente en Colombia. Tales ornamentos, denominados
"pectorales del Darién", no se limitan a una sola región, si bien su
existencia se concentra mayormente en la zona sinú, en el noroeste colombiano, cerca de
la frontera con la provincia panameña de Darién. Se encuentran, así mismo, más al sur,
en la zona quimbaya. Tanto el fechamiento como el estilo de estos objetos precolombinos de
oro son inciertos. Aunque los arqueólogos sitúan la orfebrería sinú y quimbaya en la
última fase del período precolombino, en el lapso comprendido entre 1000 y 1500 a.C., no
descartan la posibilidad de que dicho período se haya iniciado alrededor del año 500
a.C.
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Este grabado
de Holbein muestra una práctica de hechicería de la edad media en la que se usaban
alucinógenos.
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Es interesante anotar que
se encontró un "pectoral del Darién" en un lugar tan lejano como es Chichén
Itzá, a donde indudablemente llegó, merced al intercambio, junto con otras piezas de oro
tanto de Centroamérica como de Colombia. El centro maya de Chichén Itzá, con su afamado
cenote para sacrificios, donde se ofrendaban objetos de oro, alcanzó su apogeo entre
10047) y 1250 a.C. Sin embargo, estos datos no nos ayudan a establecer con exactitud la
fecha de fabricación de la pieza, ya que los objetos encontrados en el cenote de Chichén
ltzá se conservaron allí de generación en generación (Willey. correspondencia
personal).
Aunque con ligeras variaciones, se observa en estas piezas un estilo común, son
atropomorfas, y en muchos casos muy estilizadas. La característica más sobresaliente
consiste en el par de detalles redondeados o en forma de cúpula dispuestos a ambos lados
de la cabeza del pectoral, que por lo general se halla enmarcada por adornos laterales
como alas formadas por una doble espiral.
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Pectoral sinú. 6,5 x 5,8 cms. 173, 43 grs.
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Pectoral
sinú. 11,6 x 9,5 cms. 188,85 grs.
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Se puede
identificar una cara o una máscara plana más o menos realista, frecuentemente
ornamentada con filigrana muy compleja. Los brazos y las manos sostienen por lo común dos
varillitas o bastones en forma de V invertida. Inmediatamente debajo de la cara, es decir
en el pecho, casi siempre se presenta la figura de una rana o de un sapo, en ocasiones muy
realistas, pero en general extremadamente estilizado.
Han sido clasificados en dos tipos: "pectorales del Darién" y "pectorales
relacionados con el Darién". Los primeros son los más típicos, ya que presentan la
mayoría de las características principales de diagnóstico, mientras que en los segundos
se observan variaciones muy estilizadas, y las características principales de
diagnóstico en menor grado, diferenciándose de una o varias maneras del patrón básico
antropomorfo del tipo del Darién.
Si bien se encuentran algunos en colecciones privadas y en varios museos, la mayor parte
de estos pectorales de oro se conservan en el Museo del Oro en Bogotá. Hemos tenido la
oportunidad de examinar minuciosamente esta colección de más de 150 objetos con la
asesoría de la señora Ana María Falchetti, quien realizó una meticulosa investigación
para su tesis titulada "The Goldwork of the Sinú Region, (Northern) Colombia"
(Falchetti, 1976).
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Pectoral
sinú. 8,5 x 7,7 cms. 69 grs.
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Colgante
sinú. 7,9 x 6,4 cms. 38.50 grs.
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En razón
a los dos detalles semejantes a cúpulas situadas a lado y lado de la cabeza, estos
pectorales han sido denominados popularmente "los dioses de la campana del
teléfono". Este término se originó, al parecer, en la descripción que el doctor
José Pérez de Barradas hizo en 1954, cuando mencionó "los botones semiesféricos a
los que me he referido que me recuerdan las campanas de los teléfonos antiguos o un par
de hongos" (Pérez, 1954).
De acuerdo con las intensas investigaciones etnomicológicas realizadas por el doctor R.
Gordon Wasson (Wasson, 1962, 1968, 1972, 1979, 1980), su esposa, la doctora Valentina P.
Wasson (Wasson y Wasson, 1957), ya fallecida, y el también fallecido profesor Roger Heim
(Heim, 1967, 1978; Heim y Wasson, 1958), quienes develaron el uso religioso, antiguo y
contemporáneo, de los hongos alucinógenos en el sur de México, Pérez de Barradas
señala: "No sería extraño reconsiderar con mucha reserva esta atribución casual.
Se debe señalar que estos botones semiesféricos no han sido fijados directamente sobre
la cabeza, están unidos mediante filamentos soldados a la parte posterior de la pieza
[...]. No sabemos nada sobre el uso ritual de hongos entre los indios del Darién en el
momento del descubrimiento, ni tampoco después, ya que no se encontró ningún rastro
dentro de la farmacopea de los catíos del golfo de Urabá, a pesar de la excelente
monografía del padre Severino de Santa Teresa. Por otra parte, el secreto con que estos
indígenas salvaguardan su conocimiento sobre las propiedades de las plantas y sus
ceremonias chamanísticas podrían haber ocultado el posible uso de hongos alucinógenos
un uso que podría datar de mucho tiempo atrás y que posiblemente existió de
formas diversas. El puente existente entre el Darién y Guatemala es difícil de
establecer pero fácil de suponer. Nuestra hipótesis sobre que estos botones
representan hongos, ha sido aceptada por A. Emmerich" (Pérez, 1954).
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| La amanita
muscaria es quizá el alucinógeno más antiguo empleado por el hombre. El propósito del
consumo es la embriaguez chamánica que tiene significados religiosos, curativos y
ceremoniales. |
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Esta referencia a
Emmerich nos conduce directamente a la segunda mención, dentro de las investigaciones
realizadas, que indica que estos detalles en forma ile cúpula representan hongos.
"Parece que los adornos semiesféricos que adornan la cabeza, no identificados y que
han producido confusión y toda suerte de hipótesis, representan de hecho un par de
hongos, probablemente con propiedades alucinógenas. Un hecho muy significativo es que
esos hongos han sido tradicionalmente usados ceremonialmente y consumidos por pares [...] estos ornamentos de adorno en la cabeza fueron martillados separadamente, unidos a
talles cortos y soldados posteriormente al cuerpo" (Emmerich, 1965). (En una nota,
Emmerich señala: "Le debo a la señora Mary A. Light el haber identificado estos
adornos como hongos").
La tercera consideración sobre la hipótesis de que los "dioses en forma de
teléfono" sean efigies con hongos, la planteó en 1974 el profesor Peter T. Furst,
quien señaló: "André Emmerich expuso la interesante teoría de que los ornamentos
pares que semejan campanas de teléfonos semiesféricas, huecas, superpuestas al tocado de
las figuras de cierta clase de pectorales de oro convencionalmente antropomorfos del
estilo Darién provenientes de Colombia ("dioses de teléfono") son en realidad
hongos. Emmerich mostró de manera convincente que, con el tiempo, estos ornamentos
cambiaron gradualmente de situación a medida que las efigies en sí mismas se tornaban
más estilizadas. En las piezas más arcaicas, más realistas, la forma del hongo se
aprecia con exactitud, las formas semiesféricas se hallan separadas del tocado por
filamentos o tallos adheridos a la porción superior de la cabeza y, subsecuentemente, los
filamentos se acortaron y las cúpulas empezaron a inclinarse hacia adelante. Finalmente,
los filamentos, hasta entonces visibles debajo de las cúpulas, desaparecieron al mismo
tiempo y las dos cúpulas se presentaron en la porción anterior como dos senos femeninos.
En ese momento, los caracteres humanos habían sido estilizados hasta el punto de la
abstracción (Furst, 1974, 1976).
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Copelandia
cyanescens,
es un hongo pequeño, originario del trópico, usado en
festividades nativas. |
Las investigaciones
realizadas por nosotros en muchos de los pectorales del Museo del Oro y nuestra
familiaridad con las complejidades sobre el uso mágico-religioso, chamánico o ceremonial
de plantas alucinógenas, así como las consideraciones sobre el rango natural del género
que contiene psilocibina en los hongos del nuevo mundo, nos lleva a pensar que esta
identificación de los tocados en forma de cúpula no sólo es acertada sino que, además,
indica el uso religioso de hongos alucinógenos en la Colombia prehispánica. Esta
interpretación referente a los pectorales de oro ha sido apoyada en dos ocasiones
(Schultes y Hofmann, 1979, 1980).
Hasta donde sabemos, no se ha planteado ninguna otra explicación posible para el
significado de estos sombrerillos. Ciertamente tuvieron una significación. Nos resta,
entonces, concluir que solamente pueden representar hongos.
En muchos de los pectorales los sombrerillos están sostenidos en un piecillo. Además,
algunas de estas cúpulas o sombrerillos muestran las características mamiformes de
algunas especies del Psilocibe, y muchas tienen un trazo alrededor del sombrerillo, que
cabe interpretar como indicador del margen festoneado del sombrerillo del Panacolus
Sphinctrinus. Tenemos otros argumentos tangenciales que no han sido considerados y que
creemos dan peso a esta interpretación.
Muchos alucinógenos producen la sensación de levitación, de volar o vagar por el aire,
de visitar lugares distantes, efecto psíquico comúnmente debido a la psilocibina,
principal componente activo de las especies Panaedus, Psilocibe y Stropharia (Schultes y
Hofmann, 1979; Brown, 1972). Por ejemplo, durante la prolongada ceremonia mazateca en que
se canta y se ingieren hongos, la famosa chamana María Sabina entona repetidamente frases
descriptivas, tales como "Soy una mujer que da vueltas", "Siento como si me
estuviera yendo hacia el cielo", "Soy una mujer como la gran Águila",
"Soy una mujer del espacio" (Halifax, 1979). El doctor Albert Hofmann, el
químico que aisló por primera vez la psilocibina y la psilocina de los hongos sagrados y
analizó sus estructuras sintetizándolas, menciona la levitación como uno de los
síntomas producidos por pequeñas dosis de psilocibina:
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| Muchos de
los pectorales tienen estructura en forma de alas que posiblemente signifiquen el vuelo
mágico, característica frecuente de la intoxicación alucinógena. Pectoral sinú. 8,5 x
6.4 cms. 157,85 grs. |
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"la relajación
corporal y el aislamiento del medio ambiente [...],efectos [...] asociados a la
placentera sensación de una extraordinaria ingravidez, de un revoloteo corporal"
(Schultes y Hofmann, 1979, 1980). Wasson, quien fue el primero en proporcionar una
descripción detallada de la intoxicación por hongos con contenido de psilocibina,
señaló específicamente, entre otros efectos experimentados, el de la levitación:
"La persona que ha ingerido hongos se sitúa en el espacio, con una visión fuera del
cuerpo, invisible, incorpórea, viendo sin ser observada [...]su cuerpo yace en la
oscuridad, tan pesado como plomo, pero el espíritu parece vagar [...]con la
velocidad del pensamiento para viajar ilimitadamente, en el tiempo y en el espacio" (Schultes, 1973).
En los pectorales de oro colombianos se observan casi invariablemente dos alas formadas
por espirales que surgen en un ángulo lateral a los adornos del tocado de la figura.
Aunque con variaciones en la forma, siempre han sido trabajadas en filigrana en forma de
espiral. En ocasiones abreviadas, pero siempre alargadas, creemos que representan alas,
las alas de un pájaro mítico, y están directamente asociadas con la levitación. No es
necesario detallar con qué frecuencia y qué tan generalmente, no sólo en América sino
también en el mundo antiguo, los pájaros han sido asociados con los alucinógenos.
Bastarán unos cuantos ejemplos.
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| Pectoral
sinú. 9,1 x 6.6 cms. 89,60 grs. |
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Colgante
encontrado en el municipio de San Marcos departamento de Sucre. 8,6 x 6,8 cms. 52,40 grs.
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Entre los
koryaks de Siberia, el héroe cultural Gran Cuervo descubrió el hongo alucinógeno A
manita muscaria en la selva del dios Vihiyinin (Schultes y Hofmann, 1980). El mítico
Pájaro Trueno transmite al cielo las plegarias de los indios que consumen peyote en los
Estados Unidos (La Barre, 1938), y la levitación es importante dentro del ritual del
peyote entre los huicholes en México (Furst y Anguiano, 1977). En el este del Brasil, los
indios que consumían vinho dejurema (mimosa hostilis) viajaban durante toda la
noche en la parte posterior de un pájaro gigantesco que volaba bordeando los truenos y
les mostraba a sus pasajeros la morada de los muertos (Gonçalves de Lima, 1946).
En varios pectorales relacionados con el estilo darién", las manos sostienen una
barra a la cual se hallan adheridos cuatro pájaros. En uno de los pectorales, los
pájaros son movibles. Opinamos que también en estos ejemplos la ornamentación
perteneciente a las aves representa la asociación con la sensación de volar
experimentada en la embriaguez producida por hongos.
Existe un argumento más sólido para apoyar la relación de los pectorales con los
alucinógenos: el sapo y la rana. Casi todos los pectorales están adornados con figuras
de estos anfibios. En algunos casos, la figura es realista; en otros, es plana pero
claramente identificable, con ojos, patas y la franja dorsal media que indica sin duda la
franja coloreada que tienen algunos de estos animales. Sin embargo, en la mayoría, es muy
estilizada: un círculo de espirales dobles representa los ojos y las patas; una
proyección triangular piana insinúa parte de la cola y una protuberancia en forma de
botón representa a veces el hocico.
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Colgante
encontrado en el municipio de Ovejas, departamento de Sucre. 7,4 x 5,9 cms. 36,20 grs.
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Esta constante y
extraordinaria asociación de la rana o del sapo con los pectorales parece entrañar un
significado muy profundo. Ningún otro animal representa el cambio o la transición tan
claramente como estos anfibios, cuya fertilización y metamorfosis son de características
tan elocuentes, que van sucesivamente de un huevo a una criatura completa que vive en el
agua respira mediante agallas, igual que un pez, y finalmente se transforma en un anfibio
de cuatro patas. Además, algunas ranas, entre las Dendrohatidae, son aterradoramente
tóxicas: producen la sustancia mas venenosa conocida (Daly y Myers, 1967; Daly y Witkop,
1971). Durante milenios y en muy diversos lugares del globo, los sapos y las ranas han
sido asociados a mitos sobre origen, misticismos, lluvia y fecundidad, luna, magia y
especialmente con intoxicación causada por agentes alucinógenos (Wasson, 1980). La
significación del motivo sapo-rana ha sido realzada por Furst (Furst, 1974, 1976), quien
sucintamente afirma: "existe más que una relación obvia con la lluvia para
considerar la importancia del motivo rana-sapo en el sistema simbólico indígena" (Furst, 1979).
Los componentes alucinógenos encontrados en las plantas utilizadas por sus propiedades
psicoactivas, han sido aislados de las ranas y sapos. El alcaloide bufotenina, conocido
por el árbol leguminoso Anadenanthera peregrina, con el cual se prepara en
América del Sur un polvo que al aspirarse produce efectos psicoactivos (Holmstedt y
Lindgren, 1967), existe en las glándulas epidérmicas del Bufo Marinus y de otros
anfibios (Schultes y Holmstedt, 1968). El alucinógeno más potente, 5-methoxy-N,
N-dimethyltryptamine, uno de los componentes activos del polvo para inhalar preparado en
América del Sur, proveniente de varias especies de los árboles de Virola (Schultes
y Holmstedt, 1968), ha sido encontrado recientemente en el sapo Bufo Alvarius, que
vive en el desierto norteamericano (Furst, 1974). Sustancias extremadamente tóxicas
existen en la piel de algunas especies de Phyllobates y Dendrobates, anfibios de variados
colores que viven en la región del noroeste de Suramérica, en la zona donde se encuentra
la mayoría de pectorales de oro. Los venenos de algunos sapos y ranas suramericanos se
emplean en contextos mágicos, produciendo algunas veces estados de éxtasis o de
alucinación. Fue el antropólogo sueco S. Henry Wassen quien, hace muchos años, al
estudiar la literatura, concluyó "que el motivo omnipresente del sapo-rana dentro de
la mitología y el arte suramericanos dentro de cuyas manifestaciones se cuentan las
numerosas efigies de oro de la Colombia y la Panamá prehispánicas", no se puede
separar del uso práctico del veneno de rana utilizado en dardos (el cual siempre tenía
un componente mágico) ni de las creencias y prácticas mágico-religiosas ampliamente
difundidas sobre las toxinas de las diferentes especies de estos anfibios (Wassen, 1934).
El veneno de rana probablemente de una especie de Phillobates o Dendrobates lo
utilizan los cazadores amahuacas del Amazonas peruano, por sus efectos alucinatorios: se
frota el veneno sobre incisiones autoinfligidas, lo que produce un violento malestar
caracterizado por vómito, diarrea, convulsiones e inconciencia. La destreza sobrenatural
lograda en la caza mediante las alucinaciones, se interpreta como una comunicación con
los espíritus de la selva (Furst, 1974).
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| Colgante
sinú. 9.1 7.7 cms. 62 grs. |
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No cabe duda acerca del
lugar de privilegio que ocupan sapos y ranas en las esferas mágico-religiosas, atribuible
en gran parte a las propiedades tóxicas de algunas especies. A pesar de que a las
especies suramericanas, extremadamente venenosas, no es dable denominarlas alucinógenas,
en el sentido genérico de la palabra, sus toxinas actúan sobre el sistema nervioso
central produciendo efectos de tanta irrealidad que inducen a los indios a conferirle
poderes sobrenaturales al animal. Y aunque, alucinaciones visuales y de otro tipo
posiblemente acompañen las violentas intoxicaciones, de ninguna manera se pueden
considerar como verdaderos alucinógenos (Furst, 1974, 1976). A este respecto Furst ha
precisado acertadamente que "el ataque masivo que produce en el sistema nervioso el
veneno Bufo que contiene bufotenina es de un orden diferente a la transición de un
estado de conciencia a otro producido por el polvo que contiene bufotenina" (Furst,
1974). Tal vez no sea coincidencial que con tanta frecuencia se agregaran sapos como
ingrediente en las pócimas alucinógenas preparadas por las brujas en la Europa medieval.
Ya sea como causantes de alucinaciones, o como animales venenosos que producen lo que
pudiera denominarse síndrome de seudoalucinación, estos anfibios por estas y otras
peculiaridades adquirieron significación dentro de la magia y la mitología
aborigen y ocuparon un lugar de privilegio entre los pueblos que crearon la orfebrería
del oro en Colombia.
En casi todas las culturas que allí trabajaron el oro, existen numerosos ejemplos del
motivo sapo-rana. En el Museo del Oro en Bogotá, se conservan cientos de estos
especímenes. Abundan particularmente en la zona tairona de la Sierra Nevada de Santa
Marta. Entre las comunidades indígenas de la región, a la rana, considerada como ser
mitológico, se la sitúa en el centro del cosmos (Reichel Dolmatoff, 1963).
Creemos que, sobre todo si se tienen en cuenta otras características de los pectorales de
oro alas, pájaros, hongos, la presencia constante del motivo rana-sapo en
estas piezas ha de interpretarse necesariamente como indicadora de la función que
cumplían los anfibios dentro del sistema mágico-religioso basado en la experiencia
alucinatoria. El hecho de que en las crónicas de la conquista española no se aluda al
uso de los hongos alucinógenos entre los indígenas de Colombia no es óbice para pensar
en la posibilidad de su utilización: el uso de los hongos y el culto con ellos
relacionado, podrían haber desaparecido durante el lapso comprendido entre la
época de fabricación de los últimos pectorales de oro y el siglo XVI.
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Colgante sinú. 5,6 x 4,1
cms.
37.70 grs.
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Sería, por supuesto,
absurdo suponer que los consabidos pectorales de oro, o cualquier otro ornamento
semejante, representen el uso de hongos alucinógenos, a menos que los hongos con
componentes psicotomiméticos existan en la región donde se fabricaron y se utilizaron
dichos pectorales.
Aunque la recolección y el estudio de hongos en Colombia se halla en la etapa preliminar,
se han encontrado especies que contienen psilocibina. Se sabe que las especies de Psilocíbe se encuentran en diversos lugares del mundo. Los estudios de campo realizados por el
doctor Gastón Guzmán en 1964 y 1971 indicaron que en Colombia existen especies
alucinógenas del Psilocibe (Guzmán y Varela, 1978). Los lugares donde se han
localizado se hallan diseminados en todo el territorio nacional y van desde las cálidas
sabanas hasta los elevados páramos.
Guzmán afirma en una carta: "Estoy de acuerdo con usted en que los indígenas
suramericanos utilizaban las especies alucinógenas del Psilocibe. Encontré
treinta especies en Suramérica. Creo que hay muchas más, pero necesitamos una mayor
investigación. Pienso que también los indígenas de la zona atlántica, y no solamente
los que habitaban la región andina, usaron hongos alucinógenos. El trabajo de campo
realizado recientemente por el doctor Kenneth Dumont dio como resultado el hallazgo en
Colombia de otras especies de Psilocibe, algunas de las cuales contienen
psilocibina (Dumont, correspondencia personal).
Los estudios que hemos realizado sobre los pectorales del Darién y los pectorales
relacionados con el Darién, han afianzado nuestra hipótesis de que la función
mágico-religiosa de los hongos se hallaba ampliamente difundida en las culturas
aborígenes de México y Centroamérica, así como a lo largo de los Andes hasta el Perú.
Muchas piezas apoyan firmemente esta hipótesis. Un ejemplo del rasgo cultural que hemos
analizado se manifiesta en las numerosas "piedras hongos" encontradas en
México, Guatemala y el Salvador, minuciosamente estudiadas y documentadas (Bochegyi,
1957, 1961; Wasson, 1957; Rose, 1977). En la base de cuatro de estas figuras de piedra se
observa la figura de una rana (Wasson, 1980). Desde el sur de México y, con dirección al
sudeste, hasta El Salvador, existen varias figuras cerámicas que se han interpretado como
relacionadas con los hongos. De la región colombiana en la cual se concentra el mayor
número de pectorales de oro del Darién, procede una pieza de cerámica que cabe
interpretar como representación de un hongo si bien menos convincente que en la
orfebrería por el "sombrerillo" ondulado semejante al de algunas especies
de Psilocibe. Existen, además, numerosos objetos de arcilla encontrados en México
que representan hongos, en contextos que indican su relevancia en ritos mágico-religiosos
(Borhegyi, 1963; Furst, 1974).
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Colgante
encontrado en Sucre. 7,2 x 5,4 cms. 67,40 grs.
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Podemos mencionar en este
punto que en excavaciones realizadas en Araracuara, en la Amazonia colombiana, se han
encontrado piezas de cerámica semejantes a hongos, de estilo poco común.
Más al sur, en los Andes, entre los mochicas, es frecuente encontrar vasijas cerámicas
en forma de cabeza humana con una protuberancia, parecida a un hongo, en la frente. Esta
protuberancia no cumple la función de asidero, ya que si la vasija se llenara con
líquido, sería demasiado pesada para que manija tan endeble resistiera el peso. Hasta
donde sabemos, no se ha dado ninguna explicación lógica funcional acerca de este tipo de
protuberancia. Su forma, como se indicó, sugiere la de los hongos. Una de las vasijas
presenta incluso rayas pintadas en el sombrerillo, lo que nos lleva a pensar que
representa una A manita muscaria, aunque se cree que esta especie no existió en
esta región meridional durante el período precolombino. En el hallazgo de estas y otras
piezas de cerámica, estudiadas en detalle por Furst (Furst, 1974), se apoya la hipótesis
de que los hongos tuvieron importancia central dentro del arte precolombino en más de un
lugar de los Andes.
Apenas recientemente se descubrió que la Amanita muscaria entraña un profundo
sentido religioso, y que este alucinógeno aún lo utilizan en sus ceremonias los indios
ojibuayes, que habitan a orillas del lago Superior, en los Estados Unidos (Wasson, 1979),
como también los que viven en las riberas del río Mackenzie, en la provincia canadiense
de Columbia Británica (Halifax, comunicación personal).
Es interesante señalar que la región del río Mackenzie, en la cual durante el
pleistoceno no se depositaron glaciares, tal vez constituyó una de las principales rutas
por las que desde Siberia llegaron los primitivos habitantes de América.
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Colgante
sinú. 5,6 x 4,1 cms. 21 grs. |
Para concluir, no sobra
anotar que la mitología del Asia antigua, derivada del uso de hongos alucinógenos y sus
asociaciones concomitantes, puede rastrearse en la brujería europea, en el culto a Soma
en el subcontinente indio, en el uso de la A manita muscaria en Siberia y por lo
menos en dos grupos contemporáneos desvinculados entre sí y distanciados
geográficamente.
Considerando la difusión
del uso mágico-religioso de los hongos en el nuevo mundo, creemos que la interpretación
de que los "dioses de la campana del teléfono" colombianos son piezas
relacionadas con los hongos, constituye hasta ahora la explicación más probable. Ella
puede ser de gran importancia dentro de nuestros estudios sobre la función de los
alucinógenos en las sociedades primitivas americanas.
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| Pectoral
sinú.8.5 x 6.4 cms. 157,35 grs. |
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