Boletín Cultural y Bibliográfico. Número5,  Volumen XXII, 1985
 

Treinta y cuatro páginas de arqueología literaria


Camilo
Jorge Jsaacs
Editorial Incunables, Bogotá 1984
34pgs.

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Esta novela inconclusa, Camilo, la empezó a escribir Jorge Isaacs en 1893, cuando se estableció en Ibagué. Su propósito era el de redactar dos novelas históricas sobre el Valle del Cauca: Fania y Camilo. Esta última tenía segundo nombre (¿o sobrenombre?): Alma negra.
En los seis capítulos, todos muy cortos, que se conocen de Camilo no puede decirse que se le encuentre la negrura del alma. Ni la blancura tampoco, ya que este personaje cuyo nombre sirve de título a la proyectada novela apenas aparece en una conversación en la página 31, para hacerse presente en la que sigue. Y el texto publicado se acaba en la 34, sin que Camilo haga nada distinto de saludar y entregar una guagua que cazó para el almuerzo de su padrino don Lubín. Y ofrecer otro regalo:
"unos azulejos chochones, porque si no se mueren de tristeza".
La inconclusa novelita, más que inconclusa apenas empezada, se inicia con este párrafo poco prometedor: "Según la opinión de muchos viajeros ilustres, el Valle del Cauca es el país más bello de Suramérica; allí tuvieron lugar los sucesos que se van a referir".
Más adelante el narrador escribe:
"Ya en el cuartito perfumado del corredor del huerto, añadió dirigiéndose a Abigáil, que le acercaba una butaquita para que se sentara:
— ¿Te ha quedado lindo el traje azul?
— Muy lindo, mi señora.
— Ahora me lo pruebas.
— Así que se refresque sumercé.
— Con bastantes boleritos, ¿no?
— ¡Con bastantes!".

Y más o menos en el mismo tono y en el mismo estilo sigue el diálogo. El diálogo y las descripciones. Y aparecen bastantes personajes, que no alcanzan a adquirir cuerpo: Gaspar, Cristóbal, Alonso, Romelia, Luis Peral, Fernando, Rosalía, Leonor de Vera, Pita, Pantaleón, el viejo Bernardo, Isidro, Mauricio, Magdalena, Manuel, Ramón. Quizá demasiados para tan pocas páginas.
La acción —la poca que alcanza a desarrollarse en estas treinta y cuatro páginas, que en realidad son apenas treinta de texto— comienza en España en 1785. Pasa por Cartagena y se interna por el Chocó al Valle del Cauca. Hay varias referencias a la isla de Cuba, a donde viajan o han viajado algunos de los personajes.
Y hay apenas tiempo para que Manuel —¿o es Ramón?— cante "con admirable voz estas estrofas de su bambuco predilecto:

Qué lejos estás de mí,
no te alcanzo a divisar:
los cerros tienen la culpa,
¡quién los pudiera tumbar!
Allá te mandé un quesito
en señas de matrimonio:
¡si no te querés casar
dáme mi queso, demonio!".

Tal vez no es mucho más lo que puede decirse de Camilo, de las escasas páginas que se conocen de esta novela no concluida.
Pero es conveniente referirse, siquiera en forma rápida, a la edición y al autor.
La primera es debida a la encomiable labor que se ha impuesto la Editorial Incunables de Bogotá, así el nombre de la empresa no sea en absoluto exacto. Su tarea de rescate de textos colombianos, si no incunables, al menos inencontrables por estar agotadas las ediciones, es merecedora de todo respaldo por los lectores que se interesan en esta clase de libros. Las cortas ediciones, de tan sólo quinientos ejemplares numerados, son buscadas por las gentes que encuentran en ellas libros de verdadero interés en casi todas las ocasiones. Camilo, por ejemplo, fue publicada como "capítulos de una novela inédita e inconclusa" en el Boletín de la Academia Colombiana (Bogotá, II, núms. 9-11, abril-junio de 1937), en las páginas 270 a 299.
Y tiene toda la razón quien escribió la nota de contraportada cuando dice: "Camilo no es, seguramente, lo mejor de la obra de Isaacs, y ello es explicable. Escrita al final de su vida, pobre, enfermo y perseguido, habiéndose retirado del cultivo de las letras hacía largos años, es un canto de cisne en el que no alienta ya el poeta vigoroso de antaño".
La misma Editórial Incunables ha publicado, también de Jorge Isaacs, reediciones de La revolución radicai y de Las tribus indígenas del Magdalena.
Dos años antes de morir, Jorge Isaacs escribe a su amigo Juan C. Arbeláez: "Dominado por estas convicciones, personificando (fácil labor) estas ideas, poniendo en relieve fatales errores, escribo a Fania, cuya acción empieza en 1822 aunque un bello episodio me hace retroceder hasta 1808, y a las campañas de José María Cabal, otros detalles. AIma negra (lo que usted denomina Camilo) debe seguir a Fania. Retocando el primitivo plan de la obra se convierte en dos libros: el último, Alma negra, aparecería fragmentario sin el otro. En este trabajo tengo puesta toda mi atención, mis facultades todas y confío ya plenamente en que el resultado satisfará a mis amigos".

Pero el autor de María, publicada en 1867, no pudo cumplir su propósito: murió en 1895 en Ibagué; el 17 de abril, en medio de la guerra civil.

GERMÁN VARGAS