|
Algunos
perfiles guajiros
Perfiles de La Guajira
Varios autores
Edición de Vanguardia Juvenil por la
Paz Guajira. Auspiciado por la
Asociación Carbocol-lntercor,
Bogotá, 1985, 116 págs., Textos en español e inglés.
A diferencia de otras
regiones. La Guajira es de los sitios que más bibliografía tienen en su haber. Desde el
siglo pasado personajes como Jorge Isaacs o Miguel Antonio Caro o el obispo Rafael
Celedón escribían estudios sobre sus tribus, lengua o misiones en ese territorio. Tema
permanente para los antropólogos, se podría dar una larga lista de títulos. Desde los
trabajos etnológicos de Gregorio Hernández de Alba, en la década de los treinta, hasta
las múltiples tesis antropológicas, muchas de ellas escritas en inglés y que no han
sido traducidas al español.
Lo mismo podría decirse de los numerosos estudios económicos y científicos que se han
producido alrededor del carbón de El Cerrejón, a lo cual se suma la discusión de tipo
político que arroja también un vasto material de lectura. Sin embargo estos trabajos,
por su misma naturaleza, están dirigidos a un estrecho círculo de lectores, a los
entendidos en esas disciplinas, dejando a un lado al grueso público. Al parecer, la
intención de los editores de Perfiles de La Guajira es llenar ese vacío. La
pregunta que cabe hacerse es si lo lograron. El libro es ecléctico, posiblemente debido a
que sus colaboradores salen de distintas vertientes. Por eso el tono es disparejo. Se
encuentra desde la prosa lírica de Antonio Montaña, en el prólogo, hasta la hermética
de Virginia Gutiérrez de Pineda, en su estudio sobre la organización social. A todo
esto, el libro puede mostrar un amplio espectro en estilos, densos como el de los
antropólogos Adonoli y Rivera, coloquial como el de José Vicente Lafaurie en sus relatos
sobre la antigua provincia de Padilla, apasionado como el de Amílcar Acosta Medina en su
radiografía sobre la economía guajira.
"¿Cómo, de qué vive el hombre?", se pregunta Antonio Montaña, para
contestarse: "De imaginación o fortaleza. De empecinado esfuerzo. De ganas".
Tal vez porque se pensó en la poesía como la mejor forma de develar la esencia de las
cosas, se empieza el volumen con este prólogo.
Con una prosa sobria y en donde se adivina que su origen hispano le condicionó el
bilingüismo desde la infancia, el profesor de la Sorbona Tomás Gómez inicia la sección
histórica con el capítulo "Guajira bravía", escrito originalmente en
español. Explicando el título, al demostrar que los guajiros y los araucanos fueron los
indígenas que más resistencia opusieron al conquistador español, este especialista en
historia del virreinato de la Nueva Granada nos hace dar un vistazo alrededor del
acontecer de la península desde la conquista hasta nuestros días, al final de lo cual se
formula la pregunta:
"¿Hasta cuándo los indómitos y altaneros guajiros podrá resistir los insistentes
embates de la; cultura dominante, que acosan su territorio ancestral?". Un adocenado
artículo sobre el almirante Padilla, escrito por Ramiro de la Espriella, y una historia
sobre la música de la región, de Alvaro Cuello Blanchard, cierran la sección histórica
del libro.
Con la anuencia de sus autores, se incluyen dos artículos publicados anteriormente: el de
Virginia Gutiérrez de Pineda "Organización social" y el de Ambrosio Adonoli y
Alberto Rivera "Cambios en la sociedad guajira", que conforman la segunda parte
del libro, dedicada a los "Indios guajiros". Cabe preguntar si el lector medio
se interesará en este tipo de lectura tan especializada.
Al referirse a la baja Guajira, José Vicente Lafaurie, en su "Bosquejo de las
antiguas provincias de Padilla y Valledupar", nos dice: "Los primeros
automóviles llegaron en 1928, es decir cuatrocientos años después de iniciada la
conquista, por manera que con este instrumento de progreso se cierran cuatrocientos años
de soledad, de los cuales cien ya fueron biografiados por Gabriel García Márquez, pues
nadie que conozca la vida y milagros de nuestra vieja provincia puede poner en duda que
ella es Macondo". Como se ve, se pasó del rigor científico del antropólogo al
realismo mágico del cronista.
El autor lanza tesis tan discutibles como cuando dice: "Ni en España, el común
hontanar, ni en México, ni en el Caribe tan rico en melodías autóctonas, tiene nuestro
merengue, nuestro son, fuera de los nombres, parentela de ninguna
naturaleza. La Gota fría o La custodia de Badillo, verdaderos antecedentes
de nuestro folclor, no tienen antecedentes en ninguna latitud, son los frutos
espontáneos, el reflejo del entorno propio, de un valle cerrado, de un costeño sin
mar... ".
Afirmación que levantará una polvareda entre los
musicólogos, que siempre le encuentran parentesco y antecedentes a este tipo de
composiciones.
-El libro nos lleva a una serie de hallazgos. En uno de los pocos estudios sobre economía
que he conocido que hayan sido escritos en forma apasionada, Amílcar Acosta Medina nos
dice, al juzgar los efectos de la bonanza del narcotráfico en la península: "Pero
con el auge del cultivo, el tráfico y la danza de los millones, vino lo que no podía
faltar, la atmósfera deletérea inmanente al negocio:
las vendettas, el ajuste de cuentas y la pérdida e inversión de valores. Los hogares se
empezaron a enlutar, las mujeres a cerrarse de negro. Aquellos polvos tenían que traer
estos lodos. Cuando se produjo el desbordamiento, se empezó a elucubrar que el problema
delincuencial de La Guajira es un mal atávico y los comunicadores endilgaron a nuestro
gentilicio una connotación peyorativa, indentificándolo con el sicario. Hasta que por
fin le llegó su cuarto menguante al narcotráfico y entonces muchos de los que querían
vivir en jauja sin esfuerzo se quedaron en babia sin esperanza, derivando en el desafuero
delictivo. Al hablar de etiología de la violencia tenemos que acudir a este fenómeno
larvado aún, pero ya con protuberantes manifestaciones".
El volumen se cierra con un informe del departamento de relaciones públicas de Intercor
sobre la explotación en el proyecto Zona Norte de El Cerrejón.
La longitud de algunos de estos trabajos impidió que las excelentes fotografías de
Mauricio Mendoza y Guillermo Molano se destacaran más; es posible que más de un lector
lamentará que ello ocurriera. La presentación hecha por los editores, o sea los jóvenes
que configuran el grupo Vanguardia Juvenil por la Paz Guajira, da muchas explicaciones
sobre las limitaciones que se les presentaron en la realización del libro. Hay que
destacar el alto porcentaje de colaboradores guajiros, tal vez los nombres más
significativos de la intelectualidad en este momento. Las traducciones de Gillian Moss y
Frances Strachan, personas para quienes el inglés no tiene secretos, son impecables y, al
decir de algunos entendidos, en algunas ocasiones mejoraron el original. Perfiles de La
Guajira es, a pesar de sus limitaciones, un esfuerzo valioso que vale la pena tener en
el estante de nuestra biblioteca.
RAMON ILLÁN BACCA
|