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Un
ambicioso texto
Elementos de finanzas públicas
en Colombia
Oscar Alviar Ramírez, Fernando Rojas Hurtado
Editorial Temis, Bogotá. 1985. 584 págs.
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Este libro constituye uno
de los ensayos más ambiciosos de sistematización de la ciencia de la hacienda pública
escritos en Colombia, después de las obras ya clásicas de los doctores Clímaco
Calderón a comienzos de este siglo y del doctor Esteban Jaramillo a mediados del mismo.
Es, si para los trabajos científicos de esta índole cabe el término, evidentemente una
obra "comprometida" con la intervención del Estado y con las tesis keynesianas.
Los autores son buenos conocedores de los escritos anglosajones sobre finanzas públicas,
en los que se da mucha importancia a los aspectos econométricos y a teorías tales como
la marginalista. Anotan cómo solamente en los últimos años ha comenzado a aparecer un
enfoque proclive hacia estas tesis marginalistas, que ha terminado por oscurecer el
análisis hacendístico colombiano y ha hecho perder el cauce tradicional trazado por
nuestros grandes tratadistas de hacienda pública. Hablando, por ejemplo, de Esteban
Jaramillo, dicen los autores:
Jaramillo poseía los
conocimientos suficientes para distinguir con claridad las ventajas y las desventajas de
cada tributo y para advertir los requerimientos de toda estructura tributaria, con los
mismos elementos conceptuales de que disponemos hoy en día. Su estilo era sencillo y su
argumentación contundente. Combinaba el razonamiento teórico de la hacienda con el
conocimiento histórico del país, todo dentro del marco profundamente realista y
pragmático del administrador. Puede decirse que Jaramillo, junto con Clímaco Calderón,
inauguraron la fase científica humanista del pensamiento de la hacienda en Colombia, que
será luego prolongada por hombres de la talla de un Lleras Restrepo y que cederá
finalmente paso en la década del 6O y 7O a una óptica estrechamente económica,
trasladada directamente de textos foráneos, sin esfuerzo de adecuación a la historia, a
la idiosincrasia o a las condiciones administrativas colombianas.
Y es quizás esta
preocupación de los autores el principal mérito de la obra. Todas las referencias
teóricas a los temas de la hacienda pública encuentran una referencia histórica a la
realiad colombiana. No es una investigación libresca. Es un trabajo en donde se ha hecho
un esfuerzo grande para cotejar la realidad del país con las tendencias históricas y con
los nuevos hallazgos de la hacienda pública contempóranea. Una prueba de ello es la
permanente preocupación que muestran los autores sobre la tendencia, muy difundida por
cierto entre nosotros, de creer que con nuevas normas se arreglan todos los problemas, aun
olvidando el condicionamiento tremendo que en un país en vía de desarrollo imponen la
falta de administración y las deficiencias estructurales en el funcionamiento del Estado.
Refiriéndose, por ejemplo, a las disposiciones del plebiscito de 1957, que estableció
una renta alada obligatoriamente al financiamiento de la educación comentan los autores:
La medida reflejaba
una actitud casi atávica, profundamente arraigada en la idiosincrasia del colombiano,
consistente en creer que las normas resuelven los problemas, sin suficiente previsión de
los medios necesarios para hacerlas cumplir ni de las consecuencias que su incumplimiento
acarreo. En la medida en que la disposición plebiscitaria consagró una apropiación
presupuestal sin prever los recursos adicionales necesarios para atenderla.
Al analizar los temas vinculados a la
tributación, los autores insisten hasta la saciedad (como ya había sido una constante en
otros escritos de Fernando Rojas sobre finanzas públicas) en que nuestras penurias
fiscales nunca podrán solucionarse simplemente a base de reformas tributarias cíclicas
en donde se cambia la ley sustantiva pero con las cuales no se modifica ni se mejora el
lento e ineficaz aparato de administración y recaudo tributario.
Frente a la polémica entre intervencionismo, y monetarismo el libro toma claro partido a
favor de la primera vertiente del pensamiento económico moderno, que en cierta manera
asimila al keynesianismo. El intervencionismo preconizado por Alviar y Rojas es aquel que
implica movilizar todas las palancas de la acción económica del Estado para lograr fines
de distribución y de crecimiento económico, frente al quietismo preconizado por el
pensamiento monetarista según el cual el Estado carece de capacidad de operancia efectiva
al utilizar mecanismos fiscales o de crédito. Miradas así las cosas, podríamos hacer
dos reflexiones: en rigor, en Colombia nunca hemos aplicado las teorías monetaristas con
el dogmatismo con que las aplicaron en algún momento en Chile, ni con el rigor con que la
formulación teórica de las mismas significaría. El libro de Rojas y Alviar. en sus
múltiples referencias a la historia fiscal colombiana, demuestra cómo siempre hemos
recurrido a la política fiscal como un instrumento que se ha creído idóneo en el
trazado de la actuación económica del Estado. Quizás los autores son demasiado
optimistas sobre lo que en el lenguaje anglosajón se llama las posibilidades del fine
tuning fiscal, o sea, intervenir sobre el ciclo económico ya sea estimulando la
recuperación o sustrayendo capacidad de ahorro a la economía cuando se presenten fuerzas
inflacionarias, a través de los medios fiscales. En realidad el marco administrativo
colombiano es tan precario (fraude fiscal, administración deficiente, déficit fiscal
involuntario, o sea sin propósitos anticíclicos explícitos, poca capacidad de la
orientación fiscal del gobierno, casuismo en las reformas tributarias, inelasticidad de
la tributación directa, etc.), que se hace difícil utilizar la política fiscal como un
instrumento vigoroso en el manejo económico. Nuestra política económica siempre ha
tenido una dosis de política fiscal pragmática que se ha ido amoldando a los tiempos,
pero sin que ese manejo fiscal haya tenido nunca la capacidad, por las restricciones
institucionales del Estado colombiano, de ejercer influencia en el comportamiento del
ciclo económico. De allí el inmediatismo con que muchas veces se ha tenido que
desenvolver la política económica y en especial la fiscal. A menudo las reformas
tributarias no se proponen ni se votan porque se busque tal o cual gran objetivo de
política, sino simplemente porque es necesario llenar tal o cual "hueco"
presupuestal, como se dice coloquialmente; con lo cual se ha ido creando un
distanciamiento grande entre la concepción de la fiscalidad y la praxis de la misma. Esta
limitación del la política fiscal colombiana la resumen bien los autores, de la
siguiente manera:
Ocurre que las más de
las veces los gobiernos se ven forzados a expedir o a impulsar las reformas fiscales,
presionados por la urgencia de subsanar una situación deficitaria que se ha presentado de
manera más o menos repentina. En tales condiciones, no pueden ocuparse de los objetivos,
de los principios o de los preceptos ideales de la hacienda. La imperiosa necesidad de
arbitrar nuevos recursos fiscales demanda una solución inmediata, incompatible con una
cuidadosa planeación de las premisas teóricas de las finanzas públicas. En este
sentido, las doctrinas y ¡as políticas fiscales participan de la distancia que separa al
teórico del hombre de Estado.
Creo que uno de los
méritos principales de esta obra, acaso el mayor de todos, es la inclusión, con una
pespectiva nueva, de la financiación de los servicios públicos en la sociedad moderna.
En la hacienda pública tradicional la financiación de los servicios públicos había
tenido siempre un tratamiento secundario. Se consideraba que tanto en el estudio del gasto
público como en el de los grandes ingresos fiscales los servicios públicos eran un
capítulo menor. Esto era explicable cuando Colombia no había empezado a vivir el proceso
de urbanización acelerada que les ha exigido a nuestras municipalidades gastos crecientes
y cada vez más importantes para la financiación de los servicios públicos. La crisis de
los servicios públicos en Colombia en este momento, los paros cívicos que muchas veces
la reflejan, y el gran reto que al país se le plantea hacia adelante sobre cómo va a
encontrar mecanismos sanos para la financiación de los servicios públicos de sus grandes
ciudades, es quizás el tema medular de la hacienda pública contemporánea . Y este tema,
con lujo de detalles, con abundantes referencias bibliográficas, y con opiniones muy
personales e interesantemente sustentadas, constituye uno de los capítulos centrales en
la obra de Alviar y Rojas.
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De ahí que los autores
dediquen parte muy especial de su análisis al estudio de las tarifas de los servicios
públicos. Ellos son escépticos de que los simples aumentos de tarifas puedan ser un
mecanismo fiscal suficiente para financiar el crecimiento de los servicios públicos
requeridos por la sociedad moderna, y denuncian cómo el abusar del instrumento de las
tarifas puede convenirse en una práctica que acentúe aún más la ya deficiente
distribución del ingreso en Colombia.
Llaman también la
atención los autores sobre el hecho, cada vez más evidente en Colombia, de que las
entidades descentralizadas son menos autosuficientes flnancieramente de lo que se supuso
que lo fueran cuando se inició la gran ola de la descentralización por servicios en los
años sesenta. Hoy en día el déficit de los institutos descentralizados golpea con
fuerza y repercute sobre las finanzas centrales que finalmente, de una u otra manera,
tienen que salir a rescatar de la bancarrota a las entidades descentralizadas. La crisis
de las finanzas públicas colombianas es ante todo la crisis de las entidades
descentralizadas. El gobierno central, como lo ha demostrado el programa de ajuste de
estos dos últimos años, cuenta con capacidad de reacción. Las ruedas sueltas que están
dejando de obedecer al timón central son las de la administración descentralizada. De
allí que los autores comenten acertadamente lo siguiente:
El gobierno central ha
tenido que atender el clamor popular y conceder vebadamente subsidios a las entidades
descentralizadas secularmente deficitarias como consecuencia de la imposibilidad de
imponer tarifas costeables o rentables a los usuarios. Esta circunstancia ha devuelto en
la práctica el país a la situación previa al surgimiento de las empresas industriales y
comerciales del Estado, encargadas de prestar servicios públicos mediante el instrumento
de las tasas. En efecto, las transferencias del gobierno central a los institutos
deficitarios equivale a decir que al menos parte de la financiación de los servicios
públicos es atendida con fondos comunes captados por el Estado por medio de sus
instrumentos propiamente tributarios, es decir, no ha sido posible imponer las tasas en
toda su plenitud sino que ha sido necesario combinarlas con los tributos generales del
sector público.
Otro aspecto
interesante de este trabajo es la refutación de ciertos mitos históricos que han
influido siempre en las ideas tradicionales sobre finanzas públicas. Por ejemplo, aquella
de que el partido liberal ha sido siempre amigo de la tributación directa y el
conservador de la indirecta. De acuerdo con Rojas y Alviar, este prejuicio fiscal no tiene
ningún fundamento:
En el siglo XX, como
ya lo habíamos dicho para el siglo XIX, son pocas las diferencias de polltica fiscal
entre los partidos. Si durante la centuaria anterior ambos partidos coincidieron en su
leseferismo fundamental, en ésta se encuentran en su intervencionismo moderado, realizado
por medio de todos los recursos fiscales que les permiten las condiciones políticas y
sociales. Poco importa que se trate de impuestos directos o indirectos.
Y, naturalmente, los
autores no adhieren a este falso maniqueísmo entre tributación directa e indirecta que a
menudo se formula en nuestra país:
su línea es mucho más pragmática y más realista. Consideran que una sociedad como la
colombiana requiere indefectiblemente de una dosis de tributación directa y otra de
tributación indirecta; e inclusive tienen reflexiones bien interesantes demostrando cómo
el impuesto al valor agregado no necesariamente conduce a desequilibrios o a
regresividades en la estructura tributaria. Donde la regresividad se está generando es en
los mismos impuestos directos, en los que, por deficiencias en la administración
tributaria, existe un bache cada vez mayor entre los objetivos de la tributación directa
y su melancólica aplicación.
Elementos de finanzas
públicas en Colombia, que en cierta manera fue un libro póstumo, puesto que el
doctor Óscar Alviar habla fallecido en el momento de su publicación, ocupará sin lugar
a dudas punto de obligada referencia en los estudios fiscales y en la bibliografía
fundamental de la hacienda pública en nuestro país. Este trabajo pertenece, como los
mismos autores señalaron de la obra de Esteban Jaramillo, al linaje científico-humanista
de los estudios de finanzas públicas colombianas: linaje propio de los trabajos llamados
a mantener actualidad.
JUAN CAMILO RESTREPO S.
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