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Entrelos
zenúes, los caciques y sacerdotes eran individuos privilegiados que dominaban la unión
entre lo sagrado y lo social, y tenían derecho de llevar, aún en la tumba. numerosos
objetos de oro.
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La cultura del oro y el agua. Un
proyecto de reconstrucción
CLEMENCIA PLAZAS - ANA MARÍA FALCHETTI
FOTOGRAFÍAS: ARCHIVO MUSEO DEL ORO
MAPAS E ILUSTRACIONES: MARCELA CASTILLO
EL INTERÉS POR LA SOCIEDAD que
habitó las llanuras bajas del Caribe bañadas por los ríos Sinú y San Jorge, se
concentró durante siglos en su orfebrería. Piezas maravillosas caracterizadas por el
trabajo en filigrana y sobresalientes por la representación realista de seres humanos y
animales, sobre todo aves de vistoso plumaje, la gran cantidad de oro zenú avivó la
codicia de los conquistadores, que obsesionados con la idea de El Dorado partían desde
Cartagena en busca de la riqueza de sus tumbas, marcadas, según se decía, con árboles
adornados de campanas de oro. Esta orfebrería hizo posible una leyenda, pero más allá
de las piezas, de su oro de alto quilataje, de su excepcional factura y de algunos
testimonios aislados de los cronistas, era muy poco lo que se sabía. Además, las
crónicas hablan de los últimos habitantes de la región, pero no de quienes no solamente
trabajaron la orfebrería, sino que llegaron a dominar la hidráulica de tal manera que
supieron controlar las aguas de las partes bajas de sus territorios, azotadas por las
inundaciones, mediante un complejo sistema de canales que llegó a cubrir quinientas mil
hectáreas.
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Los zenúes,
pobladores prehispánicos de la depresión momposina, drenaron la zona con complejas
configuraciones de canales artificiales para aprovechar la riqueza de su fauna y la
fertilidad de suelos periódicamente abonados por los sedimentos
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En 1966, el geógrafo
estadounidense James Parsons llama la atención sobre la alteración del paisaje en la
región del San Jorge, indicando que sin ninguna duda la mano humana era causante de ese
rastrillado que podía observarse en las fotografías aéreas. Estudió cuidadosamente su
conformación e investigó las características físicas y geográficas de la zona, pero
se abstuvo prudentemente de sacar otras conclusiones.
¿Quiénes hacían estas
piezas de oro tan llamativas? ¿,Qué tipo de sociedad logró dominar las aguas que
periódicamente inundaron la región? ¿Cómo fue posible controlar un sistema de canales,
evidentemente difícil de mantener y manejar? Son preguntas que sólo pueden contestarse
después de un lapso de investigación. Y esta se inicia en 1976 como un trabajo de
rescate auspiciado por Cerromatoso y el Museo del Oro.
HIDRÁULICA
ZENÚ: TECNOLOGÍA ANTIGUA CON PROYECCIÓN HACIA EL FUTURO
La investigación
arqueológica tropieza, más frecuentemente de lo que cabe suponer, con una serie de
prejuicios que intentan subvalorarla, demeritarla o despreciarla. Tales prejuicios nacen
de diversas concepciones que van desde posiciones positivistas, pragmáticas, en cuanto a
la utilización o utilidad de los resultados de la arqueología como ciencia, hasta
posiciones políticas. Se dice a menudo que el ejercicio de la arqueología, como rama
derivada de la antropología, se contenta con los datos como testimonio descriptivo de lo
que pudo ser determinada cultura y que sus alcances no van más allá de estos objetivos.
Se dice también que sus resultados no son tan valiosos o que no valen más allá de la
documentación, en un país subdesarrollado que necesita que sus investigadores tengan
mayor sentido práctico y enfoquen toda su capacidad para buscar soluciones a nuestro
atraso económico, político y social, dejando entrever una peligrosa tendencia a
despreciar una disciplina que podría ser, que de hecho lo es, de gran valor precisamente
para lograr este mismo fin. Esta maraña de prejuicios impide ver con claridad que la
arqueología, en su sentido más profundo, pretende llegar más lejos que la simple
recolección de indicios y de datos fríos sobre el tiempo en que crecieron determinadas
culturas y hallar los móviles que permitieron su auge y su decadencia. Y aun más: llegar
a los núcleos de impulso social, sus logros en cuanto a organización y su sagacidad para
dominar el medio en que habitaron, no solamente como documentación histórica, sino para
encontrar y revivir sus aciertos con el fin de aplicarlos en el presente y proyectarlos
hacia el futuro.
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Figura 2.
Canales cortos, a diez metros unos de otros, facilitaban la evacuación de las aguas en
una zona de suelos arcillosos de mal drenaje.
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Con este criterio se
emprende el proyecto de reconstrucción de parte del sistema precolombino de canales
artificiales, utilizado durante más de doce siglos por los antiguos zenúes en la llamada
depresión momposina.
Para la realización de
este proyecto, el Banco de la República, por intermedio de la sección técnica del Museo
del Oro, continúa las investigaciones arqueológicas cuyos resultados dieron las bases
para la reconstrucción. El Himat, con su experiencia en el manejo de aguas en diferentes
zonas del país, reconstruirá una parte del sistema hidráulico como plan piloto para la
adecuación y la recuperación de zonas bajas inundables. La Segunda Expedición Botánica
tiene a su cargo la coordinación general del proyecto. Colciencias y diferentes
universidades e instituciones oficiales vincularán a investigadores independientes para
la realización de estudios socioeconómicos, biológicos y agronómicos de la zona.
Dentro de las diez
hectáreas escogidas para la realización del proyecto en las cercanías de San Marcos
(Sucre), se pretende controlar las aguas para que la zona sea productiva durante todo el
año, tanto para cultivos mixtos sobre la parte elevada de los camellones, como para la
siembra de peces, aprovechando las zanjas de aguas permanentes que conforman el sistema de
canales. (Véase fig. 2).
Los estudios
arqueológicos han permitido elaborar mapas detallados de una zona de referencia de 15.000
hectáreas y analizar su patrón de poblamiento, la dinámica de las aguas y sus cambios a
través del tiempo, además de investigar los vestigios, aledaños a la zona que se va a
reconstruir, con excavaciones en sitios de vivienda asociados al sistema de canales.
Estudios de
paleoecología, basados en polen arqueológico y en suelos enterrados, permitirán
establecer, a largo plazo, los cambios climáticos y las fluctuaciones en el nivel de las
inundaciones a través del tiempo; determinar la influencia del hombre sobre el medio:
talas de bosques, plantas cultivadas en tiempos precolombinos, y corroborar la
información sobre el uso específico dado a los distintos sistemas de canales, obtenida
gracias a la fotointerpretación y a las excavaciones arqueológicas.
La experiencia obtenida
con este experimento en pequeña escala dará una base sólida para la implantación de
esta tecnología precolombina para el manejo de zonas inundables, no solo en el bajo San
Jorge, sino también en el bajo Sinú y otros sectores donde urgen soluciones masivas para
el aprovechamiento de las tierras.
La investigación
arqueológica aprovecha los elementos, los objetos o fragmentos de objetos que han logrado
perdurar en el transcurso de los siglos. En el caso de sociedades anteriores a la
conquista, de las que no tenemos noticias sobre lenguaje escrito, se analiza
cuidadosamente el material cerámico. Este material es durable, y tanto sus formas como su
decoración y sus técnicas de manufactura son estables. Cuando un grupo social desarrolla
un conjunto funcional de utensilios y herramientas que lo ayudarán a resolver sus
necesidades, éste prevalece a lo largo del tiempo, como su huella imborrable. Como un
mudo lenguaje, el conjunto cerámico ayuda a identificar la sociedad que lo produjo,
diferenciándola de otras, y permite. poco a poco, establecer su área de dispersión. Una
vez se conoce la cerámica de un grupo determinado son fácilmente detectables los
elementos nuevos que se le introducen, originados por cambios internos o influencias
exteriores, cambios formales, decorativos o tecnológicos, como el uso de nuevas arcillas
o pigmentos.
El lenguaje cerámico muestra
aspectos de la organización socioeconómica del grupo y sus grados de complejidad. La
cerámica procedente de asentamientos dispersos de campesinos o pescadores es generalmente
de uso doméstico, sencilla y funcional en sus formas y elaboración. Aquella proveniente
de poblados y núcleos urbanos se hace más refinada, su creación es más compleja, las
vasijas son más elaboradas y pulidas y hay una mayor variedad de formas.
Ante gran número de
piezas cerámicas producidas por una sociedad compleja, se observa claramente su división
funcional. Recipientes para cocinar y almacenar alimentos o transportar líquidos
contrastan con urnas, vasijas o figurinas que se usaron para fines religiosos, rituales y
funerarios. Así sucede con el grupo cerámico procedente de la región habitada por los
antiguos zenúes.
El análisis del material
cerámico obtenido en el bajo San Jorge y el estudio de su distribución han permitido
reconstruir sus pautas de asentamientos y los períodos de ocupación de la región. La
interpretación de fotografías aéreas posibilitó la ubicación del curso seguido por
los antiguos caños, hoy desaparecidos. y la localización de sitios de importancia
arqueológica relacionados con sus márgenes. De esta manera se les estudia en un contexto
general. Por sus formas, ubicación y el material que contienen se pudo establecer su uso:
entierro, vivienda o drenaje. Las partículas de carbón que suelen acompañar los
desechos se someten a un análisis de radiocarbono, conocido como carbono 14, con el fin
de establecer la fecha de los vestigios.
LA DEPRESIÓN
MOMPOSINA Y EL MANEJO PREHISPÁNICO DE SUS INUNDACIONES
Hacia el sur de
las llanuras del Caribe, se aprecia un delta interior donde convergen las aguas de los
ríos Magdalena, Cauca y San Jorge, que lo inundan de abril a noviembre. Esta especie de
sumidero de suelos arcillosos de mal drenaje está cubierto de grandes ciénagas
estacionales. Las fallas geológicas que lo circundan, separándolo de zonas más
antiguas, situadas por encima de los veinticinco metros sobre el nivel del mar y el peso
de los sedimentos traídos por los ríos, explican su constante hundimiento (tres
milímetros por año). (Véase fig. 6).
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Figura 3. La depresión
momposina recibe anualmente
las aguas de los ríos Magdalena. Cauca y San Jorge
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Este
paisaje. que hoy se conoce como la depresión momposina, fue el medio en que se
desenvolvió una sociedad laboriosa que se ingenió un sistema de drenaje y riego mediante
canales de distintas formas y funciones que permitió su utilización productiva y el
establecimiento de una población cada vez más numerosa. Sólo controlando el agua de las
inundaciones, ello era posible.
Además del fenómeno de
subsidencia o hundimiento gradual y constante, los diques que reciben las aguas del Cauca
en su llegada a las llanuras no resisten el caudal y revientan en rompederos. Las aguas
irrumpen por el cono del Cauca y corren por una maraña de caños que le tributan sus
aguas al San Jorge. Su lecho es reducido y no aguanta los excesos de aguas que terminan
derramándose, en tanto que el Magdalena rebasa los diques sin abrir rompederos, formando
láminas acuáticas hasta de cuatro metros que inundan en chorros las depresiones
cenagosas y cierran el drenaje de las aguas que descienden del cono. De este modo la
región permanece cubierta por el agua ocho, y a veces más, meses durante el año.
La gran magnitud del
sistema de drenaje indica que en tiempos prehispánicos la región se hallaba sometida al
flagelo de las inundaciones. Su construcción estuvo encaminada a encauzar el exceso de
aguas, de modo que fluyera dejando en sus orillas los detritos que fertilizaron la tierra
de cultivo. Sin el manejo dcl agua mediante canales no habría sido posible el
establecimiento de una sociedad. Y, a su vez, sólo un grupo social impulsado por su
aumento poblacional se decidió a dominar un medio sometido a inundaciones y sequías
periódicas.
Los canales fueron
construidos a lo largo de los caños Cerate, San Matías, Rabón y Pansegüita. ejes del
sistema de drenaje, siguiendo patrones recurrentes que se integran hasta conformar la
totalidad del sistema hidráulico. (Véase fig. 7).
DOCE SIGLOS DE
USO
Al lograr
establecer el curso antiguo del caño Rabón y sus afluentes, se identificaron los
distintos tipos de canales de drenaje y los núcleos de vivienda ubicados en sus
alrededores. Esto, más los resultados del análisis del material arqueológico, permite
distinguir la ocupación gradual de la zona durante doce siglos, desde el segundo antes de
nuestra era hasta el décimo después de Cristo. Este poblamiento gradual se halla unido a
la construcción paulatina y al reacondicionamiento constante de los canales del sistema
hidráulico. (Véase fig. 8). El poblamiento más antiguo de la depresión inundable
coincide con una época de gran sequía, que, aproximadamente desde el año 800 hasta el
50 a.C. afectó esta y otras regiones del continente, según han establecido los estudios
de Thomas van der Hammen y sus colaboradores. Una época de sequía hacía más fácil la
colonización de una zona caracterizada por el exceso de aguas.
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Los caños
principales son ejes de sistemas mayores de drenaje compuestos por gran número de canales
perpendiculares que van de los diques naturales a las zonas cenagosas más bajas. Su
longitud varia entre 20 metros y 4 kilómetros, pero predominan los de un kilometro.
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Camellones
cortos, de 30 a 70 metros de largo, conforman un sistema irregular de gran eficacia para
controlar el agua en grandes extensiones Frenaban el agua aumentando el depósito de
sedimento en las zanjas, y mantenían una reserva de humedad para el verano.
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Los canales
perpendiculares al curso del agua se adaptan a la curva interna de los meandros formando
una especie de abanicos.
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Canales
cortos que tambien fueron utilizados en las viviendas como huertas domésticas.
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Fig. 9
Proceso de poblamiento en Caño Rabón
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Sabemos que hacia el año
130 a.C. los antepasados de los zenúes se encontraban establecidos en pequeños caseríos
dispersos. Los cortos espacios que separaban las plataformas de vivienda estuvieron
cubiertos de canales pequeños que los ponían al abrigo de las inundaciones. Detrás de
las viviendas existieron canales cortos utilizados como huertas. Tanto las viviendas, como
los canales de protección y las huertas, pertenecieron a un sistema de drenaje compuesto
por canales anchos situados a veinte metros unos de otros. Hoy estos canales están
semicubiertos por los cenagales y, en algunos sectores, por canales construidos en épocas
posteriores. (Véase fig. 9).
Los
depósitos de basura muestran restos de vasijas de una cerámica que se distingue por el
predominio de una decoración a base de incisiones y estampados y vasijas homogéneas y
sencillas: ollas globulares de cocina, botellas de cuello estrecho y cuencos sostenidos
sobre una base amplia con tres ventanas laterales. Los restos de bagre, bocachico,
caimán, babilla, hicotea, tortuga de agua, morrocoy, venado y aves, nos muestran sus
hábitos alimentarios y el aprovechamiento de la variada fauna de la región. (Véase fig.
10).
La cerámica encontrada
presenta marcada similitud con las tradiciones de Momil y Ciénaga de Oro, en el curso
bajo del río Sinú, estudiadas por Gerardo Rcichel-Dolmatoff. Esta zona estuvo habitada
en los siglos inmediatamente anteriores a la era cristiana, por grupos emparentados que
combinaban la explotación de la pesca y la caza con la agricultura intensiva de
tubérculos. Poseyeron un sistema económico variado, estable y productivo y fueron
herederos de largos procesos de evolución cultural de la costa caribe.
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Figura 10.
La población se estableció sobre plataformas artificiales alineadas sobre la margen de
las vías acuáticas.
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Fig. 11 Localización
del sistema hidraulico prehispanico en el bajo San Jorge y Sinú
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FUENTES
CUS-CIAP, Plan de ocupaciónn del espacio en la cuenca del Sinú, 1985. (Planchas 1 y 2).
PLAZAS. C. y FALCHETTI, A. M.., Asentamientos prehisptinicos en el baje río San Jorge,
Finarco, Bogotá. 1981. (Mapas 3 y 5).
PROYECTO COLOMBO.HOLANDES HIMAT, Cartografía de la cuenca de los ríos Magdalena y Cauca,
abril de 1974. Bogotá. (Zonas 5, 8, 9).
CANALES
TAMBIÉN EN EL SINÚ
Recientes
interpretaciones de fotografías aéreas de los valles medio y bajo del río Sinú,
realizadas por el Ciaf, muestran la existencia de canales artificiales con los mismos
patrones del sistema de la depresión momposina. Esta prueba, unida a las similitudes de
la cerámica y la facilidad de comunicación entre las dos regiones, indica la identidad
entre los pobladores precolombinos de las dos zonas y la utilización no casual de un
mismo sistema de drenaje para aprovechar al máximo el potencial económico tanto de la
tierra como del agua. El caño de Aguasprietas, que atraviesa las tonas cenagosas del bajo
Sinú desde el occidente de Ciénaga de Oro hasta Ciénaga Grande de Momil, constituye con
sus tributarios uno de los ejes del sistema. En las cercanías de Ciénaga de Oro,
precisamente hay una interrupción de las estribaciones de la cordillera Occidental,
quedando así separado el ramal de San Jerónimo de la serranía de San Jacinto, lo que
facilita el paso entre las ciénagas del Sinú y del San Jorge. (Véase fig. 11).
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Figura 12.
Maqueta de un poblado de 600 habitantes en el año 150 d.c., formado por canales
amplios unidos en forma de Y.
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EXPANSIÓN
DE POBLACIÓN EN EL SAN JORGE
En el bajo San
Jorge, los antecesores de los zenúes habitaban, hacia el año 150 d.C., asentamientos
nucleados que albergaban unas seiscientas personas. En uno
de estos poblados, al
que se distingue en arqueología con el nombre de Marusa, se advierte la introducción de
una nueva influencia cultural que los arqueólogos detectan por una cerámica diferente,
de color crema con líneas, rombos y triángulos de pintura roja. Ésta representa los
primeros exponentes de una tradición que se popularizaría en amplias regiones de la hoya
del San Jorge, caracterizando la ocupación zenú. Tenemos indicios de un largo período
de transición entre los dos conjuntos cerámicos. (Véase fig. 12).
Paulatinamente, los
zenúes se fueron imponiendo hasta alcanzar una gran densidad de población que ocupó los
antiguos poblados y habitó a lo largo de los caños naturales. Éstos estaban unidos en
ocasiones por canales artificiales hasta de cinco kilómetros de largo.
Uno de ellos, eje de
numerosas viviendas, fue habitado hacia el 950 d.C. Por los hallazgos de piezas de oro en
los túmulos funerarios, sabemos que existió una importante producción metalúrgica en
el período de expansión zenú.
Al realizar una
aproximación tentativa al número de habitantes, en esta época, sobre una superficie de
mil quinientas hectáreas, estudiadas en detalle, obtuvimos una cifra de 2.400 habitantes,
o sea una densidad aproximada de ciento sesenta habitantes por kilómetro cuadrado.
Resulta interesante observar que hoy la densidad de población en la zona no sobrepasa la
cifra de un habitante por kilómetro cuadrado.
DESOCUPACIÓN
DE LA ZONA INUNDABLE
Del siglo XI d.C.
en adelante, se efectúa una desocupación gradual de la zona inundable, quedando, en el
siglo XVI de nuestra era, herederos de esa cultura sólo en sitios altos, protegidos de
las inundaciones, como Ayapel y Montelíbano en el curso medio del río San Jorge. La
desocupación de la zona coincide con una época de intensa sequía, entre los 1200 y 1300
de nuestra era, detectada por Thomas van der Hammen y otros.
El alto número de
pobladores que existía para esta época en la depresión momposina necesitaba los canales
y ciénagas como vías de comunicación y fuentes de alimento. Factores climáticos, como
la desecación de la zona, sumados a factores socio-económicos, como las crecientes
demandas de una población en aumento, pudieron muy bien ser la causa del colapso del
sistema que controlé durante más de doce siglos esta región.
Del siglo XIV al siglo
XVII de nuestra era, la depresión fue ocupada por otro grupo étnico, los malibúes,
establecidos en el río Magdalena a la llegada de los españoles. A diferencia de los
habitantes anteriores, que controlaron política, social y económicamente extensas zonas,
los últimos pobladores ocuparon los espacios elevados disponibles, aprovechando solamente
el área circundante. Sus huellas se encuentran a todo lo largo del caño San Matías,
desde Jegua hasta San Marcos, en sitios de habitación dispersos sobre las orillas de los
caños, incluyendo meandros recientes sin correspondencia alguna con sistemas
hidráulicos. Depositaban sus muertos en urnas funerarias enterradas en el interior de las
viviendas. La cerámica hallada en los depósitos de basura y en los entierros es de buena
calidad y formas sobrias, sin distinción entre vasijas para uso doméstico y ritual. Las
actividades de subsistencia se concentraban en la pesca, la caza, la agricultura y la
recolección de alimentos vegetales.
Según Gerardo
Reichel-Dolmatoff, los malibúes del bajo Magdalena eran cultivadores de maíz, yuca dulce
y yuca brava. Su régimen agrícola debió de estar sujeto al ritmo de las crecientes y
sequías de las vías fluviales, por la ausencia de obras para el control de aguas. Este
modo de vida es semejante al de los actuales pobladores de la zona, la cultura anfibia
descrita por Fals Borda, con poblamiento lineal y relativamente disperso sobre los bancos
de las vías fluviales.
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Figura 13. La
variedad en la calidad y cantidad de ofrendas de oro y los tamaños de los túmulos, es
señal de una clara diferenciación social.
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SUPERVIVENCIA EN
LAS SABANAS
Al incursionar por la
depresión inundable del bajo San Jorge en el siglo XVI, los conquistadores españoles la
hallaron prácticamente deshabitada. Pero en las cercanías de la ciénaga de Ayapel
encontraron grupos organizados en poblados, que habían transformado su ambiente
circundante. El principal era el pueblo de Ayapel, "disperso en calles, plazas y
casas bien trazadas y limpias, gran copia de huertas cultivadas maravillosamente..."
(fray Pedro Simón, 1625).
Estos descendientes de
los zenúes se mantuvieron en las sabanas más altas que rodean la depresión inundable.
En Ayapel y Montelíbano, curso medio del San Jorge, existen plataformas de vivienda y
túmulos funerarios agrupados en extensos cementerios que conservan el mismo patrón de la
depresión, aunque en estas tierras libres de inundaciones no se requería la
construcción de elevaciones artificiales para proteger las viviendas (ver fig. 13). Estas
comunidades, que habitaban la zona de Montelíbano hacia el año 900 d.C., muestran
palpables relaciones con los grupos que ocuparon la hoya del río Sinú en tiempos de la
Conquista, estudiados por Reichel-Dolmatoff. (véase fig. 14).
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Figura14.
Complejas vasijas en forma de canastas y figurinas representando hombres y mujeres
adornadas, músicos y otros personajes en diferentes actitudes. Teníais usos funerarios y
religiosos.
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LA
TRADICIÓN DE LOS TRES ZENUES
Los datos arqueológicos
y la tradición recogida por los cronistas españoles muestran la existencia de una alta
población establecida en una gran zona relacionada cultural, económica y políticamente:
las provincias de Finzenú, Panzenú y Zenufana que involucraban las hoyas de los ríos
Sinú, San Jorge, Bajo Cauca y Nechí. Según las crónicas, estas zonas estaban
gobernadas por tres caciques emparentados y jerarquizados, y cumplían funciones
económicas complementarias: la depresión inundable del bajo San Jorge, o Panzenú, era
zona de producción masiva de alimentos; el Zenufana, era tierra de mineros que explotaban
para el comercio los ricos aluviones del Cauca y el Nechí; y el Finzenú, era tierra de
especialistas, orfebres y tejedores. El control político y económico estaba a cargo de
caciques, quienes junto con los mohanes o sacerdotes, conformaban una elite gobernante con
grandes privilegios, encargada de mantener la cohesión social y la estabilidad económica
del Gran Zenú, un territorio particular donde el agua fue base del progreso y motivo de
creación.
REFERENFIAS BIBLIOGRÁFICAS
CVS-CIAF, Plan de ocupación del
espacio en la cuenca del río Sinú (mapa geomorfológico, planchas 1 y 2). 1985.
HIMAT Ed., Cartografía morfológica, Proyecto
cuenca Magdalena-Cauca, Convenio Colombo-Holandés, informe final, Bogotá, 1977.
PARSONS, JAMES J.yW.A. BOWEN,
"Ancient Ridged Fields of the San Jorge River Floodplain, Colombia". Geographical
Review 56, págs. 317-343, 1966.
PLAZAS. CLEMENCIA
y ANA
MARIA FALCHETTI.
Asentamientos prehispónicos en el bajo río San Jorge, Fundación
de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República. Bogotá. 1961.
_____________, Poblamiento y
adecuación hidrdulica en el bajo río San .Jorge, costa atlóntica colombiana, XLV
Congreso de Americanistas, inédito, 1985.
REICHEL-DOLMATOFF, GERARDO, "Momil.
Excavaciones en el Sinü". Revista Colombiana de Antropología, vol. 5, págs.
111-333. Bogotá, 1956.
REICHEL DOLMATOFF. GERARDO y ALICIA,
"Reconocimiento arqueológico de la hoya del río Sinú", Revista colombiana de
Antropología, vol. VI, Bogotá, 1958.
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