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Vista típica
del páramo de Frontino donde se observa la reducida capacidad del aire, debida al bajo
contenido de gases dc carbono, para disipar los rayos solares.
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Frontino: trescientas especies de
flores que habitan las alturas
LOS PÁRAMOS, con su sorprendente y
singular paisaje, son exclusivos de la región ecuatorial andina: sólo se encuentran en
las altas montañas de Colombia, que posee la mayor extensión de ellos, Venezuela,
Ecuador y norte del Perú. El ecosistema páramo es un ambiente frío, con temperaturas
inferiores a 12°, que a veces bajan hasta cerca del punto de congelación, lluvias
abundantes la precipitación anual llega a cuatro mil milímetros, nieblas
densas y alta humedad relativa, que a menudo alcanza el ciento por ciento. Los rayos
solares, habitualmente filtrados por la espesa niebla, cuando ésta desaparece a causa de
los frecuentes y fuertes vientos, que sorprenden por su intensidad y violencia.
El páramo comienza
aproximadamente a una altura de tres mil metros sobre el nivel del mar y presenta tres
conformaciones características:
Subpáramo o ceja andina:
se extiende entre los 3.000 y 3.400 metros sobre el nivel del mar. En la parte anterior se
confunde y entremezcla con el bosque de niebla. La vegetación está compuesta por
matorrales entre los que aparecen dispersos algunos árboles y arbustos propios del bosque
tropical que han logrado colonizar las tierras más frías, como el aliso (Alnus
jorullensis) HBK. y el chaquiro (Podocarpus oleofolius). D. Don.
Entre los 3.400 y 4.500
metros sobre el nivel del mar se encuentra el páramo propiamente dicho, caracterizado por
la presencia de frailejón (Espeletia spp.) y amplios graminetos a los que debe su
nombre usual de pajonal. En esta fajase presenta una vegetación muy típica, con multitud
de comunidades vegetales. Crece a esta altura el Polylepis spp., árbol de seis a
ocho metros de altura, exclusivo de este ecosistema.
Este artículo se basa
en el estudio de Beatriz García y Ramiro Londoño, Estudio de la flora del
Páramo de Frontino, Municipio de Urrao, Antioquia. Medellín, 1985. 282 págs. Presentado
como
tesis de grado en la Universidad Nacional, Facultad de Agronomía.
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La especie en
extinción Polypepis sericeu.
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Por encima de 4.500
metros sobre el nivel del mar aparece el páramo desértico o superpáramo, caracterizado
por la presencia de arenas y rocas y, desde 4.800 metros, por hielos y nieves perpetuas.
Sólo pocas especies vegetales (hongos, líquenes) logran vivir por encima de los 4.500
metros sobre el nivel del mar.
Entre los páramos
colombianos se destaca el de Frontino, que constituye la mayor altura de Antioquia. Posee
una gran riqueza florística: se han relacionado aproximadamente trescientas especies,
algunas de ellas exclusivas de este páramo como Espeletiafrontinoensis. Cuatr. y Brakeu
Ion gipes. Otras, consideradas en el mundo como especies en extinción, se encuentran
ampliamente distribuidas allí, como Polylepis sericea Wede. Es importante destacar
el valor hidrográfico de este páramo. pues allí nacen el río Urrao y la quebrada
Encarnación, fuentes de aguas valiosas para la zona. No se puede pasar por alto su
extraordinaria riqueza paisajística. Por todas estas razones fue declarado por el
Inderena, en 1975, reserva natural protectora.
El páramo de Frontino se
halla situado en la cordillera Occidental de los Andes colombianos, al norte de la
cabecera del municipio antioqueño de Urrao, entre los 6°-7°
de latitud norte y
los meridianos 76°-77°
oeste de Greenwich. Para llegar a él desde Medellín, hay
que recorrer una larga y sinuosa carretera de ciento setenta kilómetros, lo cual raras
veces puede hacerse en menos de seis horas. En un punto equidistante entre Urrao y Caicedo
es preciso descender del vehículo y continuar el viaje a pie o en mula; cuatro horas de
marcha permiten llegar a las primeras formaciones de páramo. Tiene una superficie
aproximada de treinta kilómetros cuadrados, y su máxima altura alcanza 3.850 metros
sobre el nivel del mar.
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Caulirrosula: Se da este
nombre a la conformacion de varias plantas, la más conocida de las cuales es el
frailejón (Expelería Jrontinoensis Cuatr.), cuyas hojas salen en rosetón o
copete de un tallo (latín cuulis) grueso. Esta conformación garantiza la
conservacion del calor y evita la excesiva transpiración.
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Hesperomles
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Plantas en
mascollas
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Ramilletes
florales
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Plantas de
espaldera
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La altura
y la situación del páramo de Frontino determinan sus características climáticas. La
circunstancia de hallarse situado en la esquina noroeste de Suramérica, en vecindad del
golfo del Darién, permite que actúen allí las corrientes de aire provenientes del mar
Caribe, por el norte, y del océano Pacífico, por el occidente, lo que tiene efectos
directos sobre la alta nubosidad, los fuertes vientos y la abundante precipitación, de
tal modo que las nieblas se extienden con densidad extraordinaria y a veces reducen la
visibilidad a pocos metros. Con frecuencia las nieblas se presentan inesperadamente y con
tan inusitada rapidez, que en escasos instantes, el día soleado y transparente se cubre
con la típica niebla del páramo. El aire "enrarecido", con poco contenido de
gases de carbono, tiene reducida capacidad para absorber y disipar los rayos solares. Por
ello la acción de éstos, cuando la niebla se disipa, es de gran intensidad. Sol y niebla
se alternan y la temperatura cambia con brusquedad; el contraste de temperatura entre el
día y la noche es fuerte, y durante esta última se alcanzan a formar cristales de nieve,
que se funden con los primeros rayos solares. En general, prevalecen las mismas
condiciones del clima durante el año, aunque se presenta un período de
"verano" de enero a marzo, y uno de "invierno" de octubre a diciembre.
UNA VEGETACION
PECULIAR
La flora de los
páramos ha resultado de un proceso milenario de adaptación y selección. Algunas de las
plantas provienen de zonas no tropicales: venían ya adaptadas a las temperaturas frías
de sus sitios de origen, pero no a la continuidad de esas temperaturas, a la falta de
estaciones y de ciclos de crecimiento y reposo. A la inversa, las plantas tropicales
sujetas a condiciones estables, con ritmos de crecimiento continuos durante todo el año,
tenían que "aprender" a resistir las bajas temperaturas para las que no estaban
adaptadas. Por eso, para colonizar la zona de páramo, fue preciso un largo proceso
evolutivo, en el que las nuevas condiciones ecológicas, en una situación de aislamiento
relativo los páramos forman conjuntos reducidos rodeados de medios muy diferentes,
que limitan las migraciones de plantas y animales seleccionaban los cambios y
mutaciones que hacen mas probable la supervivencia y reproducción de las plantas. De este
modo se conformaban nuevas especies y variedades, que fueron volviéndose propias de este
exigente y reducido medio geográfico.
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Especie Lachemilla
nivalis (HBK) donde ocurre la desaparición del limbo de la hoya.
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El proceso de adaptación
generó algunas formas y características típicas de las plantas de la región. Estos
rasgos permiten a la planta utilizar mejor los recursos del ambiente y protegerse de las
amenazas y condiciones hostiles. Ante todo, han debido adaptarse a los bajos ritmos de
absorción alimenticia asociados a la baja temperatura, y a la sequedad producida por las
altas transpiraciones provocadas por la acción solar y por los efectos de las continuas
brisas.
CAMBIOS
EN LAS FORMAS Y TEJIDOS
La anatomía de
las plantas del páramo, así como las funciones biológicas de ellas, se modifican por la
acción del medio. Para reducir el enfriamiento que resultaría de una excesiva
transpiración, algunas plantas reducen la superficie de las hojas. Por eso, una planta
como el Hvpericutn brathvs acaba simulando a algunas pequeñas coníferas, con las
que se confundiría si no fuera por sus hermosas flores amarillas. El mismo objeto lo
logran otras especies con la desaparición del limbo de la hoja, como ocurre con la Lachemilla
nivulis (HBK) Rothm con lo que acaba pareciéndose al colchón de pobre (Licopodium
sp).
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Conjunto de
fraylejones o caulirrosula (Espeletia frontinoensis).
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Almohadones y
cojines: Algunas plantas adquieren la apariencia de estos objetos durante su desarrollo.
por la aparición de múltiples ramificaciones de la raíz, que surgen del cuello de ésta
y se extienden a veces por varios metros cuadrados de terreno, como en el caso de la Plantago
rigida HBK. Esta planta, que crece usualmente sobre terrenos húmedos, forma un
acolchonado tan consistente sobre las lagunas, que sirve para caminar sobre las aguas, a
manera de puente. Estos brotes amplían la capacidad de absorción de nutrientes y agua y
evitan el secamiento durante los períodos muy soleados. La brisa es refrenada por la
trama compacta de esta planta, lo que reduce el excesivo enfriamiento y la desecación
intensa de la planta.
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Algunas
plantas muestran una coloración roja debido al pigmento llamado antocianina. El cual
permite absorber el calor mejor que otros colores y crea un mecanismo de calentamiento.
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Plantas
geófitas, que son las que logran superar los períodos desfavorables del año mediante
órganos subterráneos en los que acumulan carbohidratos.
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La
presencia de lana en las hojas, bien conocida en el frailejón, y el desarrollo de
abundantes y fuertes raíces permiten controlar las bajas temperaturas, protegerse de los
fuertes vientos y reducir la evapotranspiración. En cuencas y suelos helados, algunas
plantas aumentan su contenido de azúcar, con lo cual baja el punto de congelación y
pueden conservar las hojas blandas y flexibles. Otras presentan un pigmento rojo
(antocianina) que cobra las hojas: esto puede interpretarse como algo destinado a proteger
la clorofila, pero también como un mecanismo de calentamiento, pues los cuerpos rojos
absorben el calor mejor que los verdes o blancos.
PLANTAS Y
HOMBRES
Adaptaciones tan
notables y precisas reducen, de algún modo, la flexibilidad de las plantas para
enfrentarse a variadas condiciones. Son especies que corren el riesgo de desaparecer
fácilmente: su especialización es, al mismo tiempo, su fuerza y su fragilidad.
En la zona del páramo se
presenta una amplia actividad humana, que se manifiesta en la tala de árboles como el
aliso (Alnus jorullensis HBK) y el chaquiro (Podocarpus oleifolius D. don),
buscados por su madera; con ello los bosques se van convirtiendo en desolados potreros.
Además, se remueven musgos, orquídeas, frailejones y otras especies, con lo que se va
deteriorando esta valiosa zona.
Durante el verano se
presentan periódicamente incendios, que a veces se originan en descargas eléctricas,
pero con mucho mayor frecuencia por obra de los visitantes. El frailejón es víctima
especial de estas quemas, pues tiene una resma que aviva el fuego y además sus hojas
secas se quedan adheridas al vástago, lo que las hace especialmente combustibles.
La tala y la quema
aceleran los procesos de erosión del suelo, el cual, desprotegido, no resiste los fuertes
vientos propios de la región.
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Alnus
jorullensis en su hábito.
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Plantas
arrosetadas: Estas plantas presentan sus hojas extendidas, como para mantener alejadas a
las plantas vecinas, que compiten por alimentos escasos. En la especie denominada puya los
brotes fertilcs se desarrollan en el interior de la roseta, lo que los protege del
enfriamiento.
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La
subsistencia del páramo, con su riqueza y su variedad, es posible únicamente mediante un
manejo racional de los recursos paramunos, que permita su goce y su utilización no sólo
ahora sino en el futuro. Para ello, ya que las plantas no tendrán tiempo para adaptarse a
la depredación de los hombres, es necesario que la actividad humana se adapte a las
condiciones del páramo, lo que sólo se logrará mediante un conocimiento serio y
profundo de sus características.
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