Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 6,  Volumen XXIII , 1986
 

Traducción de unas traducciones con notas de segunda mano


Poemas canónicos
Constantin Cavafy,
Versiones de Eduardo Lépez Jaramillo,
Fondo Editorial, Gobernación de
Risaralda, Pereira, 1985, 310 págs.

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El volumen fichado arriba inaugura la Colección de Escritores de Risaralda y ha sido impreso en los talleres del Fondo Editorial del departamento, que dirige Silvio Pinzón Cardona (véanse el colofón y la pág. IV). Además —y no hay mención de ello en el libro—, se publica en el cincuentenario de la primera edición completa de los poemas "canónicos" del gran poeta griego: la de Alejandría, 1935, cuidada por Alecos y Rica Sengópulos. Aparecido en estas circunstancias, el libro que aquí reseñamos bien podría merecer el acogedor saludo de los cavafistas colombianos.
El libro de López Jaramillo contiene lo siguiente: a) Una introducción a dos partes, la primera de las cuales, Estas versiones (págs. 1-1V), es una explicación, del autor, acerca de su trabajo de traductor, editor y comentarista, y la segunda, Presentación de un viejo poeta (págs. VII-XVIII), es la presentación que hace López Jaramillo de Cavafis y del contenido de algunos de sus poemas "más íntimos" (pág. XI), escritos entre 1892 y 1904. b) La versión española de los 154 poemas "canónicos" de Cavafis, realizada por López jaramillo "de manera intermitente durante estos últimos años" (pág. 1) y que se extiende de la pág. 3 a la pág. 189 del libro. c) La indicación, impresa al final de cada poema traducido, de las fechas de composición y de primera impresión (o publicación) del respectivo original. d) Notas a los poemas traducidos (págs. 193-245). e) La traducción española de "otros textos" de Cavafis, a saber:
A pleno sol (págs. 249-259) —relato en prosa— y Nuestro arte (págs. 260-262): Tres escolios a Ruskin (1893- 1896) —los distinguidos con los números 57, 181 y 201—, Ars poetica (1903) e Independencia (1907).
f)Una Cronología de Constantin Cavafy (págs. 265-295), flanqueada, año por año, por datos referentes a "otros creadores". g) Una Bibliografía específica (pág. 246), con los datos bibliográficos de las cuatro traducciones, inglesas y francesas, utilizadas por el autor para realizar la suya, y una Bibliografía (págs. 296-302), general, con 80 títulos compilados por Jaime Valencia Villa (cfr. pág. II). h) Indices (págs. 303- 309). i) Cada parte del libro —aproximadamente— está separada de la siguiente por una lámina, generalmente impresa a todo color (hay cuatro en blanco y negro), en papel satinado y. además, se encuentra una ilustración en blanco y negro en la página 190 y otra en la página 259.
Este libro, pereirano por rareza, está —digámoslo de una vez— decorosamente impreso; las erratas no son muchas: viajo, por viaje (pág. 80); imapreso, por impreso (pág. 150); si, por sin (pág. 154); Naguere, por Naguere (pág. 198); poémes, por poémes (pág. 246); peemes, por poémes (pág. 246); YATS, por YEATS (pág. 275); Yhorgos, por Yorgos (pág. 276); buch, por Buch (pág. 279); Hyeres, por Hyéres (pág. 281); ZONE. por ZOE (pág. 282); trough, por through, (pág. 287); poétes, por poétes (pág. 297); CAVAFES, por CAVAFIS (pág. 300);...
Desafortunadamente, la encuadernación es de las malas de ahora: las hojas están cortadas y pegadas, no plegadas y cosidas, por lo que el libro se desarma a la primera hojeada. El ejemplar que hemos utilizado para esta reseña ha quedado convertido en un paquete de hojas sueltas, en un fichero que a cada consulta se desordena haciéndonos ingrato su manejo. Pero tenemos una compensación: el buen gusto de las láminas y su intachable impresión.
A propósito, ¿De dónde tomó López Jaramillo las ilustraciones de su libro? No nos lo dice. Se limita a indicarnos (pág. III) que "proceden de una localidad situada al sur del delta del Nilo (...) de El Fayum". Debemos entender, sin embargo, contra la literalidad de lo escrito por López Jaramillo, no que sus ilustraciones proceden de El Fayum, sino que reproducen determinadas fotografías, ya publicadas, de objetos procedentes de El Fayum. Y aun así esto no es del todo cierto, pues el retrato de Cavafis (entre págs. IV y VII) y las imágenes en blanco y negro de las págs. 190 y 259 no reproducen objetos procedentes de El Fayum. Dejando en claro que López Jaramillo no cita la fuente (bibliográfica) de sus ilustraciones y nos priva de elementales datos sobre ellas y. gr., el retrato de Cavafis ¿de qué época es?—, nuestro actual cuestionamiento quiere sobre todo señalar ciertas deficiencias en la redacción de López Jaramillo que sobrecargan al lector con un trabajo extra de interpretación. Otro ejemplo: en la pág. 211, nota al poema de Cavafis Escultor de Tiana (no Tyana), afirma López Jaramillo —traduciendo del francés a Paputsaquis— que "cronológicamente podemos situar este poema hacia el año 35 o 30 a.C.". El lector debe entender, empero, que lo que podemos situar hacia el año 35 o 30 a.C. no es el poema de Cavafis (escrito, según López Jaramillo (pág. 51), en junio de 1893, reescrito en noviembre de 1903 y publicado en marzo de 1911), sino su tema.
Pero la redacción de López Jaramillo falla también de otras diversas maneras, y esto tanto en las traducciones como en otros lugares de su libro(¿,que también son traducciones?). por ejemplo: 1. Hay ambigüedad en "Hoy llegan los bárbaros y el emperador quiere recibir a su jefe [¿el jefe de quién?]", pág. 14. "En soledad, se indignaba, jurando que... [¿se indignaba en soledad o juraba en soledad?]", pág. 106. 2. Hay imprecisión de vocabulario en "De no ser por los dos [jovencitos o mozos], el lugar estaría desierto [...] Cabeceando, [...] el mozo [el mesero] moría de sueño", pág. 108. "Bula de oro [el término preciso es edicto áureo, o crisóbulo]", pág. 151. "Lo habían dispuesto [el cadáver] en una habitación amplia [lo habían puesto]", pág. 170. 3. Hay uso u omisión incorrectos de preposición en "Propagaron el rumor que había muerto en Efeso [el rumor de que]", pág. 110. "Hacen grandes historias con las pequeñas cosas [de las pequeñas cosas; además, lo de "grandes historias" es puro francés, en el presente contextol", pág. 164. "Tuve el [...] presentimiento que Mires se apartaba de mi lado [presentimiento de que]", pág. 106. "Herodes [...] ordenó a ahogar a Aristóbulo [ordenó ahogar]", pág. 265. 4. Hay empleo, inusual en español moderno, del artículo masculino en "el Khi, [...] el Kappa [la khi, la kappa; en francés sí es le khi, le Keppa]", págs. 152 y 239. 5. Hay construcción inusual de verbos en "Nunca los cruzarás [te cruzarás con ellos]", pág. 30. "Sin arriesgar a verse comprometido [sin arriesgarse]", pág. 154. 6. Hay equivocado uso del aspecto verbal en "Sin que notara el dueño, que se sentaba [que estaba sentado] al fondo", pág. 179. 7. Hay anacoluto en "unos pocos pasos sobre la acera, después, hasta cuando sonrieron y asintieron", pág. 93. "Si no recuerdo dónde —olvidar significa muy poco.", pág. 98. 8. Hay gerundios equivocados en "No se contentaron privándolo [con privarlo] de la realeza", pág. 122. "Recibe una carta indicándole [que le indica] que se trasladara [traslade] a Alejandría", pág. 265.9. Hayoscuridad sintática en "Dejadme estar aquí, convencerme de que no veo estas cosas [...]; y no de que también miro mis fantasías", pág. 61. "Escasamente leyó diez minutos, cuando los hizo a un lado [los libros]", pág. 137. 10. Hay oraciones subordinadas finales inhábilmente construidas en "Ofrece [Demetrio] a Ptolomeo trajes, [...] una diadema, [...] joyas, [...] esclavos [...], para que pudiese [pueda] entrar [...] en Roma", pág. 39. "Se le envió a crecer en Jonia para olvidar [para que olvidara] [...] sus orígenes", pág. 40. "Los griegos lo siguen [...] para seguirlo (por seguirlo; ¿aquí el pour francés despistó a nuestro traductor?)", pág. 49. 11. Hay increíbles faltas de concordancia en "¡Dioses poderosos [...] ayúdanos!", pág. 115. "Poco importa que una rueda [...] está rota y deba renunciar a una victoria sin importancia", pág. 120. "Distinguido sofista que ahora dej Siria [...]" bien vale que menciones a Mebes en tu obra", pag. 150. 12. Hay galicismos de aprendiz en "ve allá [voilá]", pág 50, y "ve aquí [voici]", pág. 51. "La pieza era [estaba] escondida sobre la taberna", pág. 63. "Botaniates siempre me consultó el primero [de primeras]", pág. 118.13. Hay cacofonía desagradable en "¡Qué gloria magnífica, la de Herodes del Atica!", pág. 48. Y basta.
López Jaramillo llama "versiones" (?) a sus traducciones, "porque han sido realizadas sobre traducciones del griego al inglés y al francés" (pág. 1); es decir, sus "versiones", en cuanto tales, son traducciones de segunda mano cuya materia prima parece ser (pág. II) el texto inglés de Rae Dalven (The Complete Poems of Cavafy, Nueva York, 1961), compulsado con el texto francés de Paputsaquis (Poémes de Consantin Cavafy, París, 1958) y sometido al control de Marguerite Yourcenar —y, forzosamente, al de Constantino Dimarás— de cuyo texto francés (Présentation critique de Cavafy, suivie d’une traduction des poèmes, París, 1978) se ha servido el traductor "cuando se trataba de escoger el matiz de significación adecuado" (!), pág. II. El texto griego original ha quedado reducido en estas "versiones" —como es apenas obvio— a un papel prácticamente inútil: el de "definir la división de los poemas en estrofas (cosa hecha ya en las traducciones utilizadas por López Jaramillo para realizar la suya), y el número respectivo de sus versos", pág. II.
Ahora bien: porque siempre hemos considerado muy poco gratificador el arduo trabajo de revisar la traducción de la traducción de un texto poético y, por otra parte, espontáneamente tendemos a establecer el grado de exactitud que, respecto del auténtico original, ha conseguido una traducción dada, vamos a limitarnos en esta parte de nuestra reseña a presentar, en términos de exactitud/inexactitud (o fidelidad/infidelidad), el resultado de la comparación que hemos hecho entre la "versión" de López Jaramillo y el texto griego de Cavafis (según la edición de Savvidis, Atenas, 1968). La unidad elegida para este recuento ha sido el verso de la "versión", que, en casi la totalidad de los casos, coincide con el verso del original, y hemos considerado inexactos (o infieles) todos los versos de López Jaramillo que difieren semánticamente —así sea en detalles— del respectivo original. Desde luego que hay versos en la "versión" de López Jaramillo que sólo se apartan de los correspondientes de Cavafis por, v. gr., el tiempo o la persona gramaticales; pero también los hay de contenido total notoriamente diferente del que tienen en el texto griego. Unos y otros —repito- han sido tenidos por inexactos o infieles. He aquí una síntesis cuantitativa de los resultados obtenidos:

a) En todo el libro traducido, Poemas canónicos, los versos inexactos (568) representan el 22% del total de versos (2.633).

b) La proporción de versos inexactos por poema fluctúa entre el 0% y el 80%.

c) Hay 7 poemas (5% del total) con una proporción de versos inexactos igual a cero.

d) Hay 131 poemas (85 del total) con una proporción de versos inexactos menos que el 50%, pero mayor que cero.

e) Hay 16 poemas (10% del total) con una proporción de versos inexactos igual o mayor que el 50%.

f) El título de un poema, aunque no sea uno de sus versos, hace parte también de su texto. Por ello hemos incluido aquí el resultado de nuestra comparación al respecto. En la "versión" de López Jaramillo el 13% de los títulos son inexactos.

Permítasenos ampliar un poco nuestro dato f. De los veinte títulos inexactos de la "versión", trece son traducciones equivocadas: "Un hombre viejo (Un viejo)", "Almas de viejos [Las almas de los viejos]", "Si te es posible [Cuanto puedas]", "Es el hombre [Ese es aquel]", "Cuando surjan [Cuando despierten]", "Tanto me regocijé [Tan intensamente atendí]", "Pasaje [Tránsito]", "¿De veras, habría muerto? [Si es que murió]", "Para que vengan [Que vengan]", "No comprendió [No comprendiste]", "En el mismo espacio [En el mismo lugar]", "Preguntó [Preguntaba] por la calidad", "Han debido tomarse el trabajo [Ojalá se hubieran preocupado]".  Los restantes títulos inexactos son creaciones libres de López Jaramillo: "Juegos peligrosos [Los peligros]", "Sobre pintura [Pintura]", "Canción jónica [Jónico]", "Juramentos [Jura]", "Orfebre [Artífice de crateras], "El triunfo de Juan Cantacuzeno [Juan Cantacuzeno prevalece]", "Bellas y blancas flores [Hermosas flores, blancas, que le iban muy bien]".
Regresemos ahora a nuestros datos sobre los versos inexactos. Ellos muestran, entre otras cosas, que quien haya leído uno cualquiera de los 154 breves poemas "vertidos", al español por López Jaramillo, tuvo ante sus ojos -con una probabilidad muy grande, de 0,95— por lo menos un verso que traiciona el pensamiento expresado en análogo lugar por Constantino Cavafis. ¿Y a quién culpar? ¿Al propio López Jaramillo o a sus intermediarios (los señores Paputsaquis y Dimarás, Miss Dalven y Madame Yourcenar)? Evidentemente no es fácil fijar responsabilidades en este caso, por lo que nos reduciremos a advertir al lector de esta reseña acerca de la irresponsabilidad que se arroga, y de la cual resulta víctima, en general, quien traduce de una traducción. Y hacer precisamente esto ¿en qué beneficia al público lector? En muy poco. Ese público quedará más o menos enterado de lo que ha dicho un poeta, pero no de cómo lo ha dicho. La emoción del creador y su arte, así —a través de la traducción de otra traducción—, es prácticamente imposible que puedan ser comunicados al lector. Y este es también el caso, a nuestro modo de sentir y ver, de la "versión" de López Jaramillo que estamos reseñando.
Pero la irresponsabilidad a que antes nos referíamos cobija también, en el libro de López Jaramillo, la adjudicación arbitraria de títulos a las partes que suelen distinguirse en el conjunto de los poemas "canónicos" de Cavafis. Ya es cosa resabida que el poeta griego formó dos cuadernos con sus versos: 1905-1915 y 1916-1918, en los que los poemas escritos durante esos años fueron ordenados temáticamente —sin rótulo alguno que sintetizara los temas—; que, además, dejó una colección de hojas sueltas impresas con sus poemas de los años 1919-1933, ordenados cronológicamente — sin título global— y, finalmente que se conservaron, por fuera de dichas colecciones, dieciséis poemas más —también sin título global— que no fueron "proscritos" por su autor y que datan de 1896 (no 1892, como imprime López Jaramillo, pág. II, y Contenido)-1904. Esta es la producción "canónica" de Cavafis que ha venido reeditando en forma íntegra Savvidis, a partir de 1963, para la editorial ateniense Icaro, la cual es desde 1948 su propietaria. López Jaramillo, sin embargo, titula Prisiones, Años fugaces a los poemas de 1896-1904; Días antiguos a los de 1905- 1915;  Sombras de amor a los de 1916-1918, y Pasiones a los de 1919-1933, sin fijarse —irresponsablemente— en que tales rótulos (conservados en forma privada y provisional en un temprano y tentativo catálogo de Cavafis, nunca utilizado públicamente por éste) son del todo inadecuados para sintetizar la diversidad temática de cada serie. Ítem más: esos mismos rótulos aparecen en el libro de López Jaramillo como subtítulos de cuatro poemas, sin justificación filológica ninguna (veánse págs. 5, 13, 20 y 47), y, por el contrario, López Jaramillo suprime, en el texto de su "versión" (págs. 25, 34 y 152), los epígrafes puestos por Cavafis a tres de sus poemas, y hace de ellos simples datos perdidos entre las Notas a los poemas canónicos (págs. 202, 204 y 239): otro caso de arbitrariedad irresponsable.
En el párrafo anterior dijimos cómo están ordenados los poemas "canónicos" de Cavafis en los manuscritos e impresos del autor, y aludimos a cómo su editor, Yorgos Savvidis, ha respetado ese orden en todas sus ediciones. Atenidos a este hecho, ya de nosotros conocido, esperábamos que las "versiones" de López Jaramillo se ajustaran consecuentemente a tal ordenamiento. Pero no fue así. Para comparar, con el mínimo posible de incomodidad, los versos de las "versiones" con los versos originales, nos vimos obligados a establecer por nuestra propia cuenta la imprescindible correspondencia entre el orden que los poemas tienen en el texto griego y el que tienen en el de López Jaramillo; y pudimos constatar —por supuesto, con sorpresa y disgusto— el "desorden" de nuestro traductor, injustificable, por lo demás, mediante las razones aducidas (págs. II-III): "una tradición instaurada por Georges Savidis" (!), "el orden temático preferido por el propio Cavafy" y "un propósito editorial" (?). Pero aún hay más:  las Notas a los poemas canónicos tienen también su propio "desorden" y’ así, a la secuencia arbitraria de poemas corresponde una secuencia, no igual sino diferente —y arbitraria también—, de notas explicativas. En verdad que este proceder sólo consigue desanimar al lector en el uso del libro y desfigurar las intenciones del autor y del editor de los poemas "canónicos". En efecto, ¿en qué queda, v. gr., la invocada (pág. 202) observación de Savvidis de que La ciudad y Satrapía son los portales de la madurez poética de Cavafis, al menos hasta 1916, si dichas poesías, en lugar de encabezar las "versiones" de López Jaramillo —como de hecho encabezan la edición griega y la de las mejores traducciones—, sólo aparecen, después de muchas otras, en las páginas 23 y 24 de su libro?
Pasemos ahora a la parte erudita del libro de López Jaramillo. Las Notas a los poemas canónicos son básicamente ajenas, pues proceden de paciente trabajo investigativo de Savvidis, el pionero, de Paputsaquis, de Yourcenar, de Dalven, cuyos comentarios a los poemas "canónicos" de Cavafis han sido traducidos, fragmentariamente, por López Jaramillo, quien procuró —según nos dice (pág. III)— verificarlos, y algunas veces esclarecerlos, "acudiendo a las fuentes". ¿A las fuentes griegas, clásicas y bizantinas, por ejemplo? Inverosímil, puesto que nuestro traductor no sabe griego. Por otra parte, esa ignorancia lo hace víctima, aquí también, de las traducciones de otros, como puede testificarlo, v. gr., el Epitafio de Esquilo, apenas lejanamente parecido al original, que López Jaramillo nos exhibe en la pág. 226. Además, no obstante la expresa declaración suya (pág. III) de que las notas han sido "traducidas de Savidis, Papoutzakis, Dalven y Yourcenar", hay dos que proceden de Bádenas de la Peña (C.P. Cavafis, Poesía completa. Introducción y notas de Pedro Bádenas de la Peña, Madrid, Alianza Editorial, 1983) y diecinueve más que, por no tener indicada su fuente, podrían atribuirse al propio López Jaramillo, si no fuera tan fácil comprobar la inconsistencia de esta hipótesis. Sin embargo, es curioso que, precisamente en algunas de estas ilotas, se hallen cosas tan inusitadas como llamar Encuesta a las Historias de Heródoto, pág. 196; citar el pasaje 383a-b de La república de Platón con los números 11, 83, pág. 199, y afirmar que el verso 204 del segundo canto de La Iliada , es "No es conveniente tener demasiados Césares" (!), pág. 217.
Las notas que en el libro de López Jaramillo aparecen debajo de la "versión" de cada poema, y que registran la fecha de su composición, su reelaboración (si es el caso) y su impresión y publicación, son también trabajo ajeno, puesto que provienen —como lo manifiesta nuestro traductor, pág. II- de G. Savvidis (ed.), C. P. Cavafy, Collected poems, translated by Edmund Keely & Philip Sherrad, Sixth Edition, New Jersey, Princeton University Press, 1980; y dígase lo mismo de la Bibliografía general, que ha sido compilada por Jaime Valencia Villa (cfr. pág. II). De la parte erudita del libro quedaría, como cosa de López Jaramillo, únicamente la Cronología de Constantin Cavafy que ocupa las treinta y una páginas que van de la 265 a la 295.
A propósito de esta "proyección cronológica de la vida y de la creatividad de Cavafy, en la cual hago referencia — dice el autor (pág. III)— a los momentos estelares de la poesía occidental que le fueron contemporáneos" —y cuyos datos fueron verificados en detalle sobre la biografía de Cavafis escrita por Robert Liddell (traducción española de
C. Miralles, Madrid, Ultramar, 1980)— nos limitaremos a señalar aquí un par de cuestiones. En primer lugar, la escasa cabida que en el registro de dichos "momentos estelares" tienen los poetas colombianos, lo cual quita a la labor de López Jaramillo cierto interés nacional que, de poseerlo, constituiría benéfica ilustración para los lectores de su patria. En efecto, salvo León de Greiff (Tergiversaciones, 1925; Cuadernillo poético, 1929; Libro de signos, 1930) y Luis Vidales (Suenan timbres, 1926), ninguna otra obra de nuestra poesía y ningún acontecimiento nuestro son puestos en coincidencia con lo que ocurría en la opaca y trivial existencia de Cavafis. José Asunción Silva (1865-1896), su suicidio y su Libro de versos (la. ed. 1908); Rafael Pombo (1833-1912 y sus Obras (la. ed. completa 1916); Julio Flórez (1867-1923), su apoteósica coronación y sus populares libros (Cardos y lirios, Fronda lírica, Gotas de ajenjo); Guillermo Valencia (1873-1943) y sus Ritos (la. cd. 1899); José Eustasio Rivera (1889-1928). su Tiera de promisión (la. cd. 1921) y La vorágine (la. cd. 1926), v. gr., ¿no jalonan acaso, entre nosotros, la época literaria contemporánea del gran poeta griego? En segundo lugar, es de señalarse que, a manera de compensación por estas omisiones, el público colombiano deberá leer la consignación, anodina, de por lo menos veinte poco o nada "estelares momentos" que López Jaramillo pone en paralelo con sucesos corrientes de la vida de Cavafis, a saber: el ingreso de Baudelaire al colegio Louis le Grand y el de Proust al liceo Condorcet; la licenciatura en letras de Proust, el grado en el Hamilton College de Ezra Pound y el doctorado en filosofía y letras de Salinas; el viaje de Nerval a Bélgica (con Gautier); el regreso a Francia de Rimbaud luego de visitar Chipre y Alejandría (mientras Cavafis, de dieciséis años y, naturalmente, desconocido, andaba por Inglaterra y Marsella); una vista de Sefens a Londres (1924); la presencia de italianos en Eritrea (1882), etc.
Por lo demás, el libro todo de López Jaramillo (que practicamente es sólo una compilación de traducciones) se proyecta neto en nuestra mente como un foráneo muestrario, expuesto sin nacionalizar sobre la peana de una cultura —la del autor, por supuesto— en la que es patente la ausencia de conocimiento directo de lo griego y la falta de familiaridad con los estudios clásicos en lengua española, cuya hoy ya larga trayectoria constituye, como es natural, para cualquier helenista hispanoparlante su propia y autorizada tradición. No es nuestra efectivamente, sino foránea, la identificación del tálero con el dólar que hace López Jaramillo en la página 186, como no son nuestras las acentuaciones Péloplaton, estáteres, niké, Sínope, Antioco, Filostrato, etc., ni las latinizaciones de nombres propios, como Parus, Latrnus, Pydna, Tyana, Rhea, Serapeum, Balius, Aratus, Mummius, Fa vorinus, Propertius, etc., que campean sin cédula de naturalización en el libro de López Jaramillo. La ignorancia del griego moderno y, por ende, un deficiente conocimiento de la Grecia de nuestros días han impedido también a nuestro traductor presentarnos un escrito exento de las transcripciones extranjerizantes de nombres y apellidos, tan criticadas a propósito de nuestros periódicos y que, esto no obstante, continúan empeñándose en hacer creer a la gente que toda persona, no importa dónde haya nacido en lo vasto y variado de nuestro planeta, tiene nombre inglés o francés, anglicizado o afrancesado. Es útil, pues, que el lector sepa que el Constantin Cavafy de López Jaramillo se llamaba Constandinos (en español Constantino) Cavafis; que el primer editor de sus poemas "canónicos era Alecos (esp. Alejandro) Sengópulos, y no Alexander Singopoulos, o Sengopoulos; que el editor griego más autorizado de la obra de Cavafis sigue siendo Yorgos (esp. Jorge) Savvidis, y no Georges Savidis; que quien presentó por vez primera la poesía de Cavafis al público de Grecia fue Grigorios (esp. Gregorio) Xenópulos, y no Gregory Xenopoulos; que la revista griega que cita López Jaramillo en la página 201 es Nea Zoí, y no Nea Zoe, y, en fin, otras cosas para las cuales ya no nos queda espacio.
Bajo esta luz, ¿será verdad -como nos lo asegura López Jaramillo (pág. III)— que "el lector estudioso puede tener la seguridad de encontrar reunido en este libro el más autorizado corpus erudito que existe actualmente en español sobre estos poemas"? Nuestra opinión, bajo esta luz, se inclina más bien a reconocer la verdad en las palabras de Jorge Zalamea citadas por el autor (pág. VIII) y que aquí nos permitimos parafrasear ligeramente: el conocimiento de la Hélade continúa siendo "nuestra más secreta vergüenza".

 

JORGE PÁRAMO POMAREDA