Boletín Cultural y Bibliográfico. Número7,  Volumen XXIII , 1986
 

Tres bolas, dos strikes


El cuarto bate
Roberto Montes Mathieu
Plaza y Janés, Bogotá, 1985, 138 págs.

Montes Mathieu toma, con este su primer libro, el lugar que le corresponde dentro de la nueva nárrativa colombiana. Estos catorce cuentos son muy representativos de la tendencia actual: el propósito incesante de radiografiar la realidad nacional con la mirada puesta en el ámbito particular de cada narrador, en este caso específico la costa, su gente, sus maneras de pensar y de actuar, la influencia del entorno físico en el delineamiento del ser interior.
El libro está dividido en dos secciones: una la integran aquellos cuentos escritos entre 1972 y 1978; la otra, los creados en 1979 y 1980. Si se tuviese que escoger entre las dos partes, los primeros son más atractivos, seducen más al lector, tienen más maquillaje.
Entre los relatos más logrados, está el que da nombre al libro, El cuarto bate. En él encanta la fluidez del relato en primera persona, la recreación perfecta del medio donde se mueve el personaje, y la caída finál, el cierre de la narración, la ironía amarga de la derrota presentada con la suficiente dosis de humor para hacerla más dura, más duradera.
Es también muy destacable el cuento La noche memorable. En él hay un acercamiento directo a la infancia, a los sueños del cine, las primeras manifestaciones de la sexualidad. Y, por encima de todo ello, el retrato de la identificación de los espectadores con los personajes de las ‘cintas cinematográficas, el artificio sobreponiéndose a lo real.

[...] y yo le dije que no me gustó la película no me lleves más al cine porque
no quiero verte llorar
y me abrazó fuerte y me besó y sentí sus lágrimas
calientes en mi cara y le dije mamá mamá y se me empañaron los ojos y
lloramos juntos porque comprendí que ella iba a seguir llorando aunque no
volviéramos a cine (pág. 20).

Los personajes de Montes Mathieu se adhieren a las particularidades de su región, rechazan lo extraño nacional, la gente andina, la música del interior. Quienes no pertenecen a su medio son mirados con desprecio, con soma. En varios de sus cuentos, los malos de la película no son costeños, como si el subconsciente colectivo se manifestase también en el mundo ficticio.
El narrador demuestra madurez en el manejo del idioma; una prosa ágil, viva, sin baches que entorpezcan el estilo o disminuyan la claridad. Pero, simultáneamente, en algunos cuentos, la técnica narrativa se resiente ante desarrollos demasiado obvios, historias sin atractivo, anodinas: La guaca, A veces la vida me hace sentir como un muerto, Y verás lo que nunca has visto. Narraciones que se resienten por falta de elaboración artística, pues cuando el relato deviene crónica se pierde el horizonte estético.
El libro El cuarto bate muestra un narrador maduro de quien puede esperarle, con mucha seguridad, que aportará obras sustantivas a la literatura nacional. Estas narraciones son revelación de sus posibilidades y hacen aguardar con confianza y expectativa sus próximas obras.

CLIMACO PÉREZ