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Rodrigo Correo,
arriero informante
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Paisaje al
sur oriente de la cordillera Central, con Antioquia donde aún se conservan caminos de
arrieros.
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Por caminos de arríeros
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Adaptación: BEATRIZ HELENA ROBLEDO F.
Fotos: Germán Ferro M.
Mapas: Martha Raquel Herrera
EL SANGRERO fue el primero en
despertarse. No era su nombre ni su apodo, aunque era muy común que los arrieros llevaran
sobrenombres claros y sonoros, fáciles de memorizar, para que no se perdieran las
mercancías. Las jornadas eran muy largas, los caminos muy malos. En caso de que los
productos no llegaran a su destino, siempre había por quién preguntar. En su nombre el
arriero depositaba la honradez y calidad de su trabajo. Esto lo sabía el sangrero, pero
primero tenía que pasar la prueba, conocer bien todos los trucos del oficio, realizar un
rito de iniciación como ayudante, que lo llevaría a alcanzar ese grado de independencia,
autonomía y prestigio que tenían los buenos arrieros.
Eran las tres de la
madrugada. No había llovido pero parecía, pues la tierra seguía sudando a causa del
peor invierno de los últimos años y que aún no terminaba del todo. ¡Ave María,
hombre! No era lo mismo arriar en tiempo seco, eso sí daba gusto. Pero en invierno,
"daban ganas de encuevarse vivo, porque la arriería era en un terreno muy duro"
. . . En invierno todos los arrieros se quejaban: "Eh, hombre, yo sí soy bobo, por
qué tengo que desempeñar este destino tan duro, noooo! Habiendo tanto que hacer, y
cuando salíamos a lo seco, decíamos, dejar la arriería, no!... Me tiene que dejar ella
a mi je, je, je,..."
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PRINCIPALES
CAMINOS A FINES DEL SIGLO XIX
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El tiempo
era un factor decisivo. Los caminos de herradura se ponían intransitables, había que
dejar las mercancías en las bodegas, aumentando el costo de bodegaje, y si las
transportaban, los fletes se hacían casi imposibles de pagar, las mulas se caían con
facilidad y había peligro de que la carga se dañara.
El sangrero se vistió:
camisa, pantalón y unas abarcas, al menos para empezar el camino; después, con el
pantano, era mejor descalzo. Preparó la comida para las mulas. Desde la víspera había
dejado la panela machacada en agua para hacer una especie de agua de panela que después
arreglaba con salvado. Pasto, caña y melaza con miel. Las mulas eran las consentidas,
había que cuidarlas muy bien, pues de ellas dependía en gran parte el éxito de una
jornada.
Esta vez eran veinte
mulas, todas de un comerciante de Rionegro. Era el segundo viaje que hacía el sangrero.
El primero había sido Con contrabando de tabaco. ¡Toda una aventura! ¡Pero había
jurado no repetirlo, por la Madre de Dios! Pues eso de contrabandiar era peligroso, daba
cárcel y todo, y él no quería arriesgarse. Soñaba con tener unas mulas de su propiedad
y ser independiente, ¡que nadie le jodiera la vida!
Mientras alimentaba las
mulas recordó su primer viaje: fue con las mulas de un señor de Jericó, un hombre rico,
de muchos negocios. Metía el tabaco dentro de las guaduas con tapas a lado y lado para
que no se notara. La carga de tabaco se escondía tras la apariencia de una carga de
rastras. ¡Claro que no todo el tabaco era de contrabandol El resto de las mulas llevaban
la carga como Dios manda: en bultos redondos, envueltos en cuero de ganado y bien
apretados. Era una carga difícil, pues los bultos hacían tambalear a las mulas. Además,
el tabaco las emborrachaba: la que no se dejaba marear empezaba a hacer bulla con el
hocico y terminaba por convertirse en mula tabaquera. Las otras andaban como perdidas
hasta que se echaban. Había que pasar la carga a otras mulas y ponerlas a andar sin
viaje.
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Gerardo Osorio, arriero
informante para el trabajo de Ferro Medina.
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Empezaba a clarear. Se
escuchaba el tintineo de las ollas en las cocinas, donde las mujeres preparaban los
alimentos que sus hijos o esposos llevarían para la larga jornada. Tenían que ser
alimentos que duraran tiempo sin dañarse. Rosalba Marín, hija y nieta de arrieros,
cuenta cómo trataban el maíz, base de su alimentación: "[...] se les hacía una
cosa que llaman estacas, que consiste en uno cocinar el maíz pelao en lejía,
porque dura mucho, entonces después lo muele uno y lo revuelve con chicharrón de empella
y forma las estaquitas y las envuelve en hojas de plátano y las pone a cocinar en agua
hirviendo... Eso era la comida de ellos porque las arepas se les
dañaban [... ]"
2
.
"Se les hacía
también una cosa que llaman bizcocho de arriero" también a base de maíz.
Otros lo llaman bizcocho de teja, porque se encocaba como una tejita... Ese
bizcocho puede durarles un mes o más sin dañarse [...]"
3
.
Además de estos
alimentos preparados, llevaban carne de tocino, fríjoles, panela, chocolate, arepas y
café para preparar en el camino.
Mientras el sangrero
organizaba el caballo donde iría la comida, los arrieros armaban el "catre", o
sea el fiambre, una cobija, y una muda de ropa, todo bien envuelto y amarrado con un rejo
sobre el caballo.
¡Ahora a cargar las
mulas! Llevan café hasta la bodega de Islitas, para exportación, y alimentos para surtir
los pueblos del camino. El sangrero observa y ayuda para aprender de un arriero veterano:
"Se venda el animal con la mulera, se carga por el lado derecho, se le coloca la
enjalma asegurada por la retranca para que no se corra para adelante, y asegurada por
delante por el pretal para que no se corra para atrás. Luego se le coloca la lía al
primer bulto, que es una soga de cuero bien fina, se le abre un bozal; se alza el primer
bulto con la lía, después el otro sostenido por el sangrero y se amarran juntos; luego
se amarran los dos bultos con la sobrecarga, que es una soga más larga, la cual
tiene un cinchón de cabuya que se le pasa al animal por debajo del vientre; al final del
cinchón está el garabato, que es como un gancho de madera fina, generalmente de
guayabo o de arrayán. Por medio del garabato se asegura la sobrecarga y se aprieta bien
fuerte con un nudo corredizo llamado nudo de encomienda"
4.
El sangrero pide que
repita el nudo, pues sabe muy bien que arriero que no sepa hacer este nudo no es arriero,
ni puede llegar a serlo.
El caporal pasó lista y
revisó las cargas: cinco arrieros, veinte mulas: quince con café y el resto con maíz,
fríjol y panela para las fondas del camino. Irán por el camino de Islitas y si todo sale
bien pasarán la noche en la posada de Juanita Cano.
El caporal era como el
jefe: pagaba a los arrieros, hacía la lista de la población a la que había que llevar y
traer mercancías, señalaba rutas, sitios de hospedaje y duración de las jornadas. Era
también el responsable de la entrega de la carga, con sus recibos y remisiones.
El
sangrero se fijó que todos llevaran su carriel, incluso él, que llevaba el que había
sido de su abuelo. Quería ser buen arriero, y sin carriel no se podía. Llevaba la aguja
de arria para remendar algún aparejo que se rompiera, o su ropa, pues nadie estaba libre
de accidentes. Había echado un rollito de cabuya, clavos de herrar, martillo y tenazas...
y hasta una botella de aguardiente de anís que había sacado de la tienda del tío sin
que se diera cuenta. La verdad es que uno que otro traguito en el camino no le cae mal a
nadie [...].
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MAPA
ESQUEMATICO DEL DESPLAZAMIENTO DE LA ARRIERA POR LOS DIFERENTES AUGES ECONOMICOS
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Eran las
seis de la mañana y el inicio de un viaje que duraría días, hasta meses, pues la
intención era hacer el "viaje redondo", o sea, ir y regresar con carga hasta
que las mulas no dieran más. El caballo y el sangrero adelante, detrás la recua de mulas
bien cargadas y los arrieros a pie dispuestos a todo.
"En el camino se
encontraban con los otros que iban de aquí para allá y de allá para acá y ahí era el
peligro. Cuando el muchacho que iba en el caballo veía de lejos que venía una recua de
mulas tocaba la corneta ¡ta, ta, ta! avisándoles a los que venían y a los que iban,
paque los arrieros se dieran cuenta y se alistaran por el asunto de que esos caminos
eran muy estrechos y si una mula con otra se encontraban cerquita, un bulto
le daba a otro bulto y se echaban a pelotiar y había peleas en esos caminos por
eso [...]
5
.
Los arrieros, siempre
pendientes de que las mulas no se fueran a resbalar o a caer por un abismo, requintando la
carga, ajustándola cada vez que se aflojaba, cuidando celosamente de que no se fuera a
perder o a dañar, pues de la calidad de su trabajo dependía que hubiera más. Trabajaban
casi siempre en muladas grandes, de las cuales no eran propietarios, y era allí
donde aprendían el oficio, se iban perfeccionando hasta que lograban ganar algún dinero
para así comprar mulas y hacerse independientes. De sangrero pasaban a arriero y de éste
a caporal.
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Para el viaje, el arriero
necesita arreglar cada una de sus cargas.
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Continúa el viaje. El
sol empieza a bajar; las mulas y los arrieros necesitan comer y descansar. Desde la posada
se sabe que llegan, por la bulla y el griterío. Juanita Cano se sonríe al oír a lo
lejos las palabrotas. Ya se acostumbró al vocabulario de los arrieros, todos unos mal
hablados. Se acordó de la anécdota del cura, que le había contado un arriero una
noche: "Yo me acuerdo, en un camino que iba para el pueblo un sábado y así en
la mitad del camino se había quedado un sacerdote diciendo misa, pero no, muy lejos,
bastante lejos iba yo, se me cayó una mula por allá y me alcé la bata a decir lo
que no debía decir, pero yo contando que iba solo, pues cierto en una vuelta me destapé
y dije doscientas mil cosas y groserías, cuando de pronto el padre detrás de mí y me
dijo: ¿yo con mi hijo bravo? Padre, sí, muy bravo, es que esos animales hacen dar mucha
rabia. Y entonces el domingo en misa se destapó y dice: Yo no conozco boca más sucia que
la de los arrieros, y se destapa tirándoles a los arrieros
[...]"
6.
Si no es mentándoles la
madre, las mulas no andan.
El caporal había
escogido esa posada, no tanto por las delicias que preparaba Juanita Cano, sino porque
allí había buenos potreros para las mulas. Eso era lo importante: que las mulas comieran
hasta que se hartaran; así les rendiría más el resto del camino. Era bueno llegar donde
les sirvieran, pero muchas veces les había cogido la noche lejos de una posada. Entonces
buscaban potreros y armaban una tolda [...] "poníamos el lienzo en una manga a la
orilla del camino, hacíamos un dormitorio más bueno que el berriondo y dormíamos y
hacíamos de comer [...]"
7
.
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ANTIOQUIA.
CAMINO DE ISLITAS.
TOMADO DE: ARCHIVO HISTORICO NACIONAL. Mapoteca 6. ref. 13. 1904.
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Una vez en
la posada, descargan las mulas, las llevan a pastar, y ellos a comer y a tomarse unos
tragos bien conversados. Es el encuentro con los demás arrieros que vienen de otros
pueblos, el espacio nocturno de la tertulia, la charla, la anécdota. La tradición oral
de los caminos se recrea en estas noches de reposo y esparcimiento, donde se hacen amigos
y enemigos [...] "muy buenos amigos todos, nos conocíamos todos, gente de arriba y
del valle, arrieros que nos juntábamos, salíamos con carga y todo eso, por todas partes
andábamos bueno. Muchas veces nos largábamos a tomar trago, bastante, porque eso daba
mucha brega emborracharse, y entonces de pronto, peleábamos, nos sacábamos hasta sangre,
y todo por cualquier pendejada de borrachera, y después, hombre, pero vea, nosotros
anoche con ese pereque, hombre! ¡Ah brutos que somos, no, no! Vamos a ayudarnos a
trabajar, muchachos, camine a ver, es lo mismo. ."
8.
Luego a dormir en los
corredores de la casa como siempre "[...]. Poníamos la carga y dormíamos en el
corredor y todos nos organizábamos: usted aquí con su tolda, sus diez o veinte cargas de
aquí para allí, y yo de aquí para allá e íbamos repartiendo todo ahí. Todo lo
respetábamos, la plata de los gastos de la mula, nadie tocaba nada, ahí amanecía la
plata y amanecía de todo y eso en la orilla del camino [...]"
9.
El sangrero no resistía
los pies. Sacó la vela de cebo que traía en el carriel, la calentó y se la untó, luego
les restregó un limón. ¡Qué alivio! Había aprendido que era la mejor forma de
cuidarse los pies para que no se pelaran, sobre todo en invierno.
Con el primer canto del
gallo, los arrieros "independientes" organizaron las mulas y continuaron el
cámino. Para ellos no había mucho problema, pues con sus mulas propias se dedicaban a
abastecer los pueblos con mercancías y productos alimenticios.
Para los no
independientes "la cosa era más jodida", pues manejaban recuas de mulas muy
grandes, de treinta a cincuenta, al servicio de algún acaudalado comerciante, a quien
tenían que responder por todo: por las mulas y la carga.
Era un oficio duro, pero
por fortuna bien sabido. Los arrieros más viejos llevaban en la sangre la tradición de
cuatro siglos de transitar por los caminos de Antioquia. Antes las rutas eran otras.
Ahora, al finalizar el siglo XIX y comenzar el XX,
casi todos se dirigían al sur y
al suroeste, porque era allí donde "estaba la movida", debido al desarrollo de
la producción cafetera.
Eran jornadas muy largas,
que se fueron disminuyendo a medida que se fue construyendo el ferrocarril y
posteriormente las carreteras.
Con el contrato de la
carga, los arrieros recibían el pago, que consistía en un flete por carga de cada mula.
Como casi nunca compraban la carga directamente sino que la llevaban por encargo,
conseguir buenos fletes se convirtió en aspiración y reto para los arrieros:
"[...] Llegué allá
una vez. Me dijo: te tengo un viaje pero está maluquito. Y le dije: con tal que tenga
flete, no liace. Y me dijo: la planta eléctrica para el Carmen de Atrato. ¡ Ay
señor y señora bendita! ¡ Nos tocó llegar un domingo y se vino todo ese Carmen con
garrafones de aguardiente, y nosotros que éramos más piperos, ave María! ¡ Pero era
muy bueno y había mucha plata y vivía uno muy bueno!"
l0.
El aprendizaje del
sangrero aún no terminaba. Antes de hacer su tercer viaje tuvo que aprender que los
bultos debían pesar cerca de 75 kilos cada uno y que debían ir cubiertos por el encerado,
un lienzo que los protegía de la lluvia. Que de acuerdo con la mercancía la carga
podía ser redonda, cuadrada, angarillada, de rastra y tureguiada. De esta última no
había visto nunca, pero sabía que se trataba de varias mulas en fila india, de dos en
adelante, llevando la carga como en forma de camilla, provistas de unas varas de guadua
muy largas. Se usaba para cargas excesivamente grandes y pesadas.
Pronto llegarían a la
fonda donde debían descargar las primeras mulas. Lo más seguro es que allí consiguieran
más mercancía, pues en las fondas siempre había mucho movimiento. Con el tiempo se
fueron convirtiendo en el centro de reactivación del mercado, donde se dinamizaba la
compra y venta de los productos, y hasta se otorgaban créditos para nuevas cosechas.
Así, durante todo el
movimiento comercial antioqueño, desde mediados del siglo XVI hasta el XIX, la arriería
se convierte en el soporte de una gran circulación de productos. Abastece con mercancías
a los pueblos, lleva productos de exportación a los centros de acopio o distribución,
transporta mercancía importada, abastece los pueblos mineros, surte a fondas y tiendas.
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Atuendo tradicional del
arriero: machete, poncho, delantal y sombrero.
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Por fuera de esta red
comercial, la arriería participó en el contrabando de mercancías y productos, con un
movimiento intenso y riesgoso, pero muy utilizado, en especial con el oro, los licores, el
tabaco, y más tarde el café. Se contrabandeaban también los productos de prohibida
importación, como las telas, los tabacos habanos y aquellos productos que se estaban
comenzando a fabricar localmente. El contrabando resultó siempre muy rentable por el alto
costo de los fletes. Legalmente se transportaba de todo. Desde "delicados huevos,
hasta las pesadas mesas de billar
11
. Todo tipo de productos
alimenticios para abastecer el mercado interno y hasta los más refinados artículos de
lujo importados de Europa.
Sin embargo, dos
productos mantuvieron un transporte continuo por parte de los arrieros: el oro y el café,
porque lograron superar la razón valor/peso y fueron los dos grandes productos de
exportación que tuvo Antioquía.
También se transportaron
personas, que viajaban en mula de silla, con un alquiler más costoso que el de la mula de
carga. No sólo se usaron mulas para cargar; también se utilizó el buey. Se usó primero
por su gran resistencia y capacidad de andar por caminos muy malos. Con el tiempo, fue
reemplazado por la mula, que era más rápida.
"[...] A mí me
tocó arriar bueyes, y la diferencia del buey con la mula es que en la arriería de bueyes
hay que madrugar, porque el buey casi desde que está haciendo sol no trabaja, se cansa
[...] "Lo que tiene el buey de malo es que le rinde menos el camino, el buey anda muy despacio [...] "
12.
La
historia de los arrieros no es una rueda suelta. Con su oficio cumplieron un papel
esencial en el desarrollo económico antioqueño. De allí que el autor enmarque su
investigación en la historia económica de Antioquia, la cual reconstruye a partir de
tres elementos básicos, estrechamente articulados: la minería, la agricultura y el
comercio, para concluir en los comienzos del desarrollo industrial. El hilo conductor es
el transporte, el cual se realizó en la Gran Antioquia, durante más de trescientos
años, a lomo de mula.
La minería. El
territorio antioqueño se construye y se puebla a partir de pequeños distritos dispersos,
cuya actividad es la explotación de pequeños yacimientos auríferos. Con base en la
minería ocurren las primeras ocupaciones y el desarrollo y florecimiento de los primeros
asentamientos antioqueños. Se establece una vida económica sustentada en el laboreo de
las minas, especialmente en el norte y nordeste de Antioquia. Santa Fe de Antioquia se
convierte en la villa capital y centro de todas las operaciones.
La minería, actividad
predominante hasta fines de la colonia, crea una alternativa de trabajo libre e
independiente y con una alta movilidad. El oro como tal no generó riqueza; lo hizo sólo
en la medida en que pudo ser exportado y comercializado; es decir, transportado a lomo de
mula. Es así como surge una clase mercantil que se encarga de comercializar el oro y a la
vez de abastecer el mercado de consumidores. O sea, surge un comercio inscrito en la economía
minera que determinará y fijará las vías de comunicación, estableciendo caminos y
rutas que se irán desenvolviendo en torno a la actividad aurífera y a la arriería. Un
ejemplo de esto es Cancán, que se convirtió en centro importante por ser estación en el
camino, zona de abastecimiento hacia los centros mineros de Zaragoza y Remedios, y lugar
con buenos potreros para los animales de carga.
Como este comercio lo
realizaron los arrieros, terminaron por confundirse en un solo concepto arriero y pequeño
comerciante. "Por donde se desplazaban los centros mineros, detrás llegaban los
arrieros, transportando todo tipo de mercancías, proveyendo las fondas o tiendas y el comercio [...]"
13.
Un segundo momento es
el comercio. A finales del siglo XVIII, con la construcción de bodegas en Puerto Nare,
Rionegro pasó a ser centro de las actividades comerciales, desplazando a Santa Fe de
Antioquía, cuya actividad minera había entrado en decadencia. La extensión de nuevas
rutas del Magdalena o hacia el interior convierten a Medellín y Rionegro en los primeros
centros de comercialización. El comercio exterior fue fundamentalmente de importación,
ya que el oro continuó siendo casi el único artículo posible de exportar. Durante el
siglo XVIII y mediados del XIX, la actividad comercial en Antioquia se centra
específicamente en el transporte de artículos de importación, creándose un movimiento
tan dinámico, que fueron los antioqueños quienes controlaron básicamente estas
transacciones.
Es en esta época cuando
surgen las bodegas, situadas en los puertos del Magdalena, o de un afluente hacia
el interior, en donde se guardaban las mercancías en espera de una recua de mulas para
ser transportadas al centro del país. Las bodegas tuvieron gran importancia, porque de su
ubicación dependió la creación de nuevos caminos. Se demuestra aquí cómo este
desenvolvimiento comercial fue, no sólo la escuela para que los arrieros perfeccionaran
su oficio, y se consolidaran como soporte de toda la actividad comercial, sino que
permitió, además, desmontar la cerrada economía colonial y la acumulación de capital
por una elite comercial.
"La actividad
llamada a perturbarlo todo fue el comercio. El desarrollo
del comercio produjo las mayores transformaciones [...] rompió la base
económica natural y cerrada en que seguarecía la quietud, profanó la
abulia colonial, integró regiones, y pueblos, alentó la construcción de
caminos y la navegación, consolidó ciudades comerciales, puertos,
bancos y casas mercantiles y unió a Colombia con el mundo"
14.
Como una tercera etapa en la
diversificación económica de los comerciantes, surge la agricultura de exportación.
A raíz del crecimiento de la población
y de la necesidad de encontrar tierras cultivables, los antioqueños se desplazaron hacia
el sur y el suroeste. Ocurre la llamada colonización antioqueña.
"Esta colonización no es
espontánea, es fruto de unas necesidades concretas de presión por la tierra, donde la
elite comercial no va a estar ausente. Es más, va a impulsar este fenómeno colonizador
[...] "La búsqueda de un cultivo de exportación fue el mayor interés de esta elite comercial [...]"
15.
Este producto fue el café.
Con el desplazamiento del comercio hacia
el sur y el suroeste, el camino que atraviesa oriente empieza a prolongarse en una red
infinita de caminos de herradura. La arriería se concentra entonces en esta zona,
transportando café hacia Medellín y el Magdalena y abasteciendo estos nuevos pueblos,
que empiezan a tener un elevado nivel de ingresos, comprando toda clase de artículos
importados y producidos en el país.
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Las
cargas, según su contenido y tamaño, se amarraban de esta manera a los caballos para
recorrer los largos caminos de herradura.
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Con la
aparición del ferrocarril, los arrieros empiezan a ver limitado su trabajo, pero, sin
embargo, continúan siendo útiles, sobre todo para conectar el ferrocarril con los
pueblos donde éste no llegaba.
Con el procesamiento del
café, se empieza a generar una industria cafetera, la cual produjo una demanda de
maquinarias relacionadas con la elaboración del grano. Se importaron trilladoras,
despulpadoras, ruedas pelton, lavadoras, plantas eléctricas, etc. Aquí también
estuvieron presentes los arrieros haciendo la conexión desde donde terminaba el
ferrocarril hasta los pueblos y parcelas.
Hacia 1930, con la
extensión de las carreteras, los arrieros divisan el final de su camino: el transporte a
lomo de mula empieza a ser cosa del pasado.
"No
hay progreso porque no hay caminos,
no hay caminos porque no hay progreso"
16.
Durante más de trescientos años las
vías de comunicación en Antioquia, y en general en Colombia, fueron los caminos.
A partir de las crónicas de los viajeros
que durante siglos recorrieron el país, es posible reconstruir un panorama vial, que
resulta bastante desalentador hasta finales del siglo XIX, y que contribuyó a entorpecer
el desarrollo y el adelanto del país.
En Antioquía, específicamente, la
abrupta topografía y los ríos poco navegables hicieron que se dificultaran aún más el
acceso a los centros productivos y el movimiento comercial.
[...] Desde el principio un hilo
conductor agrupa los intereses del mundo comercial, eje de la historia antioqueña: la
construcción de caminos para abastecer las minas, para desarrollar el comercio, para
expandir la frontera agrícola, para comunicarse con nuevas vías por el
exterior"
17.
Antioquia no tuvo una política central
de gobierno respecto a la creación, extensión y mantenimiento de los caminos. Estos
fueron surgiendo a partir de las necesidades económicas, generalmente construidos por los
mismos comerciantes interesados en abrir nuevas rutas.
Para mayor comprensión del lector,
exponemos los mapas que muestran los principales caminos con que contó Antioquia, ya para
el siglo XIX, y por los que transitaron los arrieros. Se destaca el camino de Islitas, el
más antiguo e importante, y donde Ferro Medina recopiló los testimonios de los arrieros.
"Los
arrieros, paulatinamente convertidos en los portadores de
una cultura, cuyos elementos definen contenidos vitales de lo
que es el hombre de esta región"
18.
Dos elementos conforman
el proceso de aprendizaje del arriero: el trabajo y la familia.
"[...] Yo me retiré
muy temprano de la escuela, dejé de estudiar para dedicarme a trabajar, porque en ese
tiempo no se pensaba tanto en el estudio, sino en una mediana preparación, y vamos a
trabajar, y a uno eso no se lo impedía el papá, ni ninguno [...]"
19.
Las posibilidades de
trabajo para el antioqueño eran reducidas: la minería, la agricultura o hacerse
comerciante. En el comercio se daba la posibilidad de una mayor adquisición económica y
de un ascenso social. "El arriero es el pequeño comerciante donde el pueblo
encuentra una primera referencia, un primer escalón en la adquisición
de riqueza"
20.
En el ejercicio del
oficio, el arriero se fue perfeccionando y aprendiendo todos los trucos necesarios para
hacer un trabajo práctico y eficaz. Este oficio se transmitió de generación en
generación. El abuelo le enseñaba al hijo, y éste a su hijo. Pero no le enseñaba sólo
un saber técnico. A través del trabajo y la institución familiar se fue transmitiendo
una forma de ser y hacer las cosas que con el tiempo se transformó en unos valores, unas
costumbres, una mentalidad y unas actitudes específicas.
Aunque sólo queden unos
pocos arrieros, narradores orales de su historia, el arriero no podrá ser olvidado. Al
conformar una identidad tan definida y a lo largo de tantos siglos, su presencia se hace
sentir en el hombre antioqueño de hoy.
El análisis
antropológico de la investigación se orienta precisamente a la concreción de unos
elementos que conforman la identidad del arriero, para luego ser proyectados al hombre
actual de esta región. Así, la idiosincrasia del antioqueño no es gratuita ni
espontánea, sino producto de ese proceso histórico, donde el arriero es una presencia
permanente e importante en la conformación de dicha identidad.
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Recua de
mulas cargadas entrando a Medellín.
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El primer elemento es el
trabajo, considerado como algo constitutivo de la vida del arriero. La arriería no era un
oficio esporádico que se hiciera por capricho; era una vida entera entregada a ésta.
Trabajo constante, esencial para la supervivencia, duro y agotador, que exigía un
esfuerzo físico, habilidad manual y sentido práctico. Trabajo ejercido con dignidad y
orgullo:
"[...] arriero fui
desde que pude con el bulto, ¡carajo!, hasta que tuve que largarlo ya
[...]"
21
.
"Yo andé mucho con
las mulas, yo dije, hombre, destino que si yo hoy pudiera, estaba pegado a las mulas, a yo
me encantó"
22.
Este trabajo ejercido
con actitud casi religiosa tenía una motivación fundamental: la adquisición de riqueza.
Se trabajaba para conseguir dinero. El trabajo garantizaba una estabilidad y la
posibilidad de un ascenso social, hasta alcanzar independencia económica. Esta
independencia es otro elemento básico de la identidad del arriero. Aunque muy pocos se
hicieron ricos, sí lograron realizar su trabajo con libertad. Como se dijo antes, el
mayor anhelo de un arriero era conseguir sus propias mulas, trabajar por su propia cuenta.
Para lograr esta meta había que moverse. Aquí aparece un tercer elemento: la movilidad.
"La riqueza hay que buscarla y está en el movimiento, en el espacio de la
circulación, en el comercio, en la especulación de precios con los productos, en las
tarifas de transporte, en el abastecimiento de minas, fondas y pueblos, en la compra y
venta de mercancías, en un ir y venir incesantes"
23.
El arriero es un
caminante, y era en el camino donde realizaba su trabajo. Esta movilidad, este dinamismo
es propio además de la economía antioqueña. Antioquia se creó a partir de un continuo
movimiento. Movimiento durante la época minera, movimiento durante el comercio de
importación, desplazamientos durante la colonización agrícola. Una imagen podría
sintetizar este proceso histórico: una recua de mulas cargadas con toda clase de
mercancías un arriero caminando a su lado y un infinito laberinto de caminos.
A raíz de este
permanente ir y venir, el arriero va reforzando otros dos elementos que complementan los
caracteres de su identidad: pragmatismo y dualismo.
El arriero tiene un
sentido práctico de la vida en todas sus actitudes. La inmediatez, la improvisación, la
agilidad que adquiere para resolver los problemas en el camino, lo hacen práctico. No se
detiene a reflexionar, ni a teorizar; va haciendo lo que tiene que hacer, lo que le
signifique utilidad o beneficio. Esta noción de pragmatismo es ampliada a la elite
antioqueña: pragmatismo expresado en su posición política de conveniencia, y a
las clases populares, más directamente descendientes del arriero, compuestas por personas
simples y trabajadoras.
Finalmente se entra a
analizar el dualismo. Dos espacios culturales claramente diferenciados: el camino, donde
el hombre se mueve, en plena libertad, trabaja, hace dinero, se divierte, consigue mujeres
y bebida. Por otro lado, la casa: allí está la mujer, siempre al cuidado de los hijos,
sostén del vínculo matrimonial, la mujer que permanece, que siempre está ahí.
Este dualismo conforma
una cultura esencialmente machista, donde la mujer está mirada y valorada a partir de
este espacio masculino. La imagen de la mujer termina proyectada en el único elemento
femenino de ese espacio masculino: la mula.
Continuando la
estructura dual, el arriero ve en la mujer la imagen que tiene de la mula. Para el arriero
la mula es maldita, tiene pacto con el diablo. Existe la creencia de que toda mula es una
mujer metamorfoseada por haber tenido relaciones con un sacerdote, difundida en el
occidente y suroeste de Antioquia, por el contacto cercano que tiene esta zona con el
Pacífico y el occidente colombianos.
Son varias las
comparaciones entre la mujer y la mula que se encuentran en los testimonios de los
arrieros:
"La mujer es muy
rebelde, entonces por eso la compara uno con las
mulas, que hay mulas muy rebeldes, y conozco muchas mujeres que
llegan ahí a hablarles y tiene que ser a los gritos y dándoles madera,
por cierto, y entonces la mula por eso la comparan así, porque la mula
es grítele y grítele y nada, tiene que decirle feo, mentarle la vieja, y corra
a darle madera, por eso es que muchos comparan las mujeres con las
mulas"
24.
Es, pues, una cultura
esencialmente dualista: hombre-mujer, camino-casa, trabajo-ocio, donde los valores se
mueven de extremo a extremo, logrando equilibrarse en la movilidad. Se hace extensivo este
dualismo al antioqueño actual, el cual se mueve entre polos extremos: un juego permanente
entre lo tradicional y lo moderno, lo viejo y lo nuevo, el caos social y las formas más
depuradas del civismo etc., en el que al final hay una constante: el trabajo permanente,
laborioso y honrado.
Como una especie en
extinción, al arriero lo fue desplazando el progreso, lo fue haciendo a un lado del
camino, implacable como siempre; primero los rieles borrando las huellas de los cascos y
las herraduras, al final las carreteras. Pero a pesar de esa usurpación que les hizo el
tiempo, aún se oye el repicar de una mula en el eco legendario de la historia.
Los caminos de Antioquia,
borrados ya del mapa, son hoy escenario de una tradición recreada oralmente que, en su
retorno hacia el origen, recupera al hombre que los recorrió en su andar anónimo,
construyendo una identidad.
* El arriero: una
identidad y un eslabón en el desarrollo económico nacional es el título del trabajo
realizado por Germán Ferro Medina para optar al grado de antropólogo en la Universidad
de los Andes. Trabajo de donde parte esta versión que intenta entregar al lector la
síntesis de una completo y extensa investigación. (regresar*)
1 Testimonio de Pedro
Diosa (nacido en Envigado en 1894 y entrevistado en Bolívar [Antioquia] en noviembre de
1983), en Germán Ferro Medina, El arriero: una identidad y un eslabón en el
desarrollo económico nacional, pág. 148. (regresar1)
2 Testimonio de
Rosalba Marín (hija y nieta de arriero, nacida en El Peñol y entrevistada en Medellín
en abril de 1984), en op. cit., pág. 143. (regresar2)
3 Ibid. (regresar3)
4 Germán Ferro Medina, op.
cit., pág. 138. (regresar4)
5 Testimonio de Juan Ciro
(trabajador en los caminos. Nacido en Bolívar en 1907 y entrevistado en Medellín en
noviembre de 1983), op. cit., pág. 136. (regresar5)
6 Testimonio de Hernán
Galeano (nacido en Sansón en 1923 y entrevistado en Nariño [Antioquia] en septiembre de
1984), en op. cit., pág. 152. (regresar6)
7 Testimonio deGerardo
Osorio (alias "Primo", nacido en Jericó en 1897 y entrevistado en Fredonia en
agosto de 1984), en op.cit., pág. 157. (regresar7)
8. Testomonio de Gerardo
Osorio en op.cit., pág. 159 (regresar8)
9. Testimonio de Gerardo
Osorio en op.cit., pág 161 (regresar9)
10 Testimonio de Pedro Diosa,
op. cti., pág 185.. (regresat10)
11 Germán Ferro
Medina, op. cit., pág. 199. (regresar11)
12 Testimonio de Hernán
Galeano, en op. cit., págs. 223-224. (regresar12)
13 Germán Ferro Medina,
op. cit.. pág. 31. (regresar13)
14 Gonzalo España, Los
radicales del siglo XIX. Escritos políticos, El Ancora Editores, 1984. Citado
por Germán Ferro Medina. (regresar14)
15 Germán Ferro Medina,
op. cit., págs. 57-58. (regresar15)
16 Ibid., pág. 79. (regresar16)
17 Ibid., pág. 81. (regresar17)
18 Ibid., pág. 292. (regresar18)
19
Testimonio de
Jesús Velásquez (arriero de Amagá). en op. cit., pág. 228.
(regresar19)
20 Germán Forero
Medina, op. (regresar20)
21 Testimonio de
Alberto Martínez (nacido en El Peñol en 1899 y entrevistado en la vereda de El
Peñolcito, en el municipio del Peñol en abril de 1984), en op. cit.. pág. 252. (regresar21)
22 Testimonio de Gerardo
Osorio, en op. cit., pág. 254. (regresar22)
23 Germán Ferro Medina,
op. cit.. pág. 264. (regresar23)
24 Testimonio de Hernán
Galeano, en op. cit.. pág. 279. (regresar24)
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