Boletín Cultural y Bibliográfico. Número16,  Volumen XXV , 1988


Escalpelo y demás


El mundo sobre la mesa
Edmundo Ferry
Universidad Nacional de Colombia, Bogotá,
1988

El título de este libro tiene, entre otras, algunas connotaciones médicas. El mundo podría ser un paciente listo para ser examinado. O para ser abierto. Al respecto: "Ahora imaginemos un carnicero/ de pueblo! que apuñala la res cuando el sol/ no existe,! que ve la sangre rodearle las manos/ con el furor viscoso de una lengua/ que se deshace,/ que despresa la res y la vuelve bocados/ antes de que la neblina de su pueblo! helado termine de irse..." (Hombre al pasar, pág. 113). Desde un punto de vista poético, son éstos los versos más gratos del libro y la vivisección revela un feliz encuentro de motivo y forma. Es decir, el verso estaría sano y la salud del poema garantizada. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo del resto del volumen. Parafraseando a T. 5. Eliot cabe alegar que este mundo de Perry, más que anestesiado, está enfriándose en la mesa. ¿Por qué?

En primer lugar, E. Perry parece no concederle la importancia del caso al trabajo en verso, lo que hace que uno sospeche que muchos poemas no son atrevimientos contra el ritmo o la cadencia, sino perezoso desliz. El ejemplo al canto es Relato de Palmo porque seprecipita (págs. 76-79), que habría resultado algo atractivo dispuesto en párrafos 1. Bastaría este solo texto para emitir un juicio sobre la poética (o ausencia de) del libro a través de esa monotonía que acusa el apuro de la ejecución. Pero hallamos también otras razones.

A la metáfora clínica podríamos juntarle una menos presumida: la praxis universitaria y las incursiones en una construcción 2 que puede ser teórica (metodológica, añadiría) o práctica (ilusoriamente manual). Así, el libro baraja de diversas maneras estas nociones (construcción, sistema, aprendizaje, estrategia) provenientes de un vocabulario analítico que se inserta en una especie de nostalgia por un "conocimiento natural". Pero en poesía el único conocimiento que vale es el de las palabras en la página. Lo demás son las suelas de otros zapateros. Los intersticios, aquello que no se dice pero se sugiere (el abanderado Verlaine, pues). Sin embargo, toda sugerencia parte de una significación más amplia que incluye el aspecto volitivo del arte. ¿O es que, como decían algunos, un mono con pincel es capaz de producir un Picasso? Bendito sea Dios y su Santo Nombre.

Algo conspira contra la poesía en este libro. Y ello es, al margen del problema verso/prosa, la falta de una economía verbal. ¿Y los versos bacanes que cité al principio? Bueno, pues, están comprimidos por varias tandas completamente prescindibles.

Hay un tono general que tiene que ver con Nicanor Parra, pero con una verborrea que espantaría al antipoeta 3. Edmundo Perry cae en circunloquios para decir algo y entonces el sentido poético se pierde y el lector pernocta en el aburrimiento. Este abuso de las palabras tiene que ver con el intento de establecer un sistema expresivo 4 Noble afán—acotaremos— pero éxito trunco. La opción de conocimientos se manifiesta en las prácticas del sujeto en diferentes contextos. Veamos la trayectoria o ubicación de ciertas nociones relativas a la enseñanza:

tú y yo que nos fijamos en mi universo 
de profesor asistente
[Casi noche, pág. 12]

... cuando nos mordíamos la lengua 
aparecen las viejas estudiantes, los
lapsus entrañables.
[Letra menuda, pág. 17]

sincero cazador de mujeres en sus nidos, 
criador de buenos estudiantes en las montañas
[Prospecto, pág. 29]

Luego, de manos de la universidad, 
me fueron llegando los dioses menores
[...]

Y después de la universidad, otro poeta, 
Samuel, geógrafo, meteorólogo.
habitante de la ciudad y de la noche.
[Teogonía, pág. 46]

...y los profesores siguieron de balde. 
O. por lo menos, así lo dijo la radio
[Lectura rápida, pág. 75]

pido la asignación de los deberes
sobre la tierra
[Desde la cárcel, pág. 82]

Y, por lo tanto, se establece un circuito entre aprendizaje y enseñanza 5. Se amplían los límites y ese mundo excede al de los libros y las aulas. Pero el corolario poético yace atado a una problemática que no le compete: los criterios de verdad y falsedad. Y el libro proclama su propia duda: "Como puede verse, no se trata/ de hallar la ceniza de la paz/ en la mejor mentira,/ porque Bogotá no deja,/ ni el verde amaneciendo entre un montón,/ de papeles que pueden o no ser poemas (Ciudad sin sumergirse, págs. 33-34). ¿Por qué esta insistençia en la mentira y en la veracidad? Son parte de las disyuntivas del autor con las palabras que manipula. Pero la elección no se lleva a cabo y por ello El mundo sobre la mesa es también eso: el fardo de alternativas abigarradas en cada página, ya sobrepoblada a pesar de las intenciones del autor de sistematizar. Hagamos este recorrido:

y una palabra que muere sin estrategia 
mientras todos los otros aman su única
verdad,

su mitad...
[Casi noche, pág. 12]

Yademás de lo hundido, está la muerte; 
esa si que es cierta.
[Hora de verdad, pág. 28]

Soy mentiroso de poca monta
y por eso me he acostumbrado a fingir
accesos de tos
[Hombre al agua, pág. 42]

Salgo por mi avenida, la de árboles
mentirosos.
[Las colegialas, pág. 50]
[Otro lunes de la verdad, pág. 52]

Sabemos que nuestra verdadera mitad 
es una andanada de fotografías
y que ninguna emergencia tendrá razon.
[Sirenas, pág. 56]

y el arma de verdad, el martillo 
anónimo anochece en mi boca.
[Desde la cárcel, pág. 82]

...y porque los caballos verdaderos 
le desobedecen...
[Autorretrato, 1955, pág. 88]

Su poco interés en decir la verdad 
lo hace menor entre ustedes;
hay partes de él escondidas
y otras desaparecidas
[...]

Ahora que, como son sus cantos 
os que aciertan con las entrañas 
de verdad perdurables.
[Autorretrato, 1955, págs. 95-96]

El remanso se produce, como la descripción del carnicero, en un arrebato inesperado. En medio del fárrago de voces que se jalonean de aquí para allá (dudo mucho que la dicción del libro sea el fruto de un meditado esfuerzo) salta de pronto la llaneza de una simple suposición elaborada con intuiciones y consideración por el lector: "La muchacha obesa mira desde una mancha! bajo la cual no parece tener rostro! y el enano casi pordiosero no se detiene/ ni un segundo; si lo hubiera/hecho/ hubieran tenido un hijo que! trabajaría de día y estudiaría de noche,/ nunca lozano y con el vestido desteñido/ y cuyo único regocijo sería/ no deteriorarse más/ madrugando sin encrucijadas;/ menos mal que el hombre no se detuvo/ y la muchacha entró a una droguería/ seguramente a esconder su único pétalo,/ y ningún futuro de los que abundan/ en los recovecos bogotanos /le fue deparado a este/ niño sobre el humo" (Jiménez con séptima, pág. 74). Al poema, en verdad, le siguen sobrando palabras y versos, pero lo considero un triunfo al divisarlo entre las marañas sintáctico-conceptuales.

El libro de E. Perry, sobre la mesa del lector, pide a gritos una trepanáción craneana. Extirparle el mal del embrollo y adaptarle las pilas de la reticencia.

EDGAR O’HARA

 

1 Publicado en la revista Eco hace algunos años. ¿Nadie le aconsejó que lo pusiera en prosa? Otros ejemplos: Teogonía (págs. 45-47); Poema de abandono (págs. 54-55); Un cementerio
(págs. 99-100); El fundador del viaje (págs. 1O1-l03). (regresar1)

2 La palabra ("construcción") se repite en contextos que van de las descripciones entre fisiológicas y venatorias (la presa, pág. 22; Teogonía, pág. 45) al estudio (Incendio en el laboratorio, pág. 23).
O rodean el tabú familiar (Detrás de la huerta, pág. 120). (regresar2)

3 Cf. Hombre al agua (pág. 42) recuerda ciertos poemas de Canciones rusas(1967)de N. Parra, pero sin seguir la concisión de los antipoemas. (regresar3)

4 Leyendo una reseña de J. G. Cobo Borda a un libro anterior de Perry, Circuito cerrado (1984), me entero de que usó los mismos títulos de la división del libro: "Diario en limpio", "Salidas al mar", "Población flotante" y "Cuaderno de campo". Esta vez intercala entre las dos últimas una que se titula "Cinco autorretratos". (regresar4)

5 Cf. Letra menuda (pág. 16); Poema de abandono (pág. 54); Desde la cárcel (pág. 82); Autorretrato 1975 (pág. 91); El fundador del viaje (págs. 102-103); Los chorritos (pág. 107); Verano claro
(pág. 115). (regresar5)