Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 19, Volumen XXVI, 1989

 

¿Dónde va la pobre coja? Educación y diversión


Las rondas y los juegos infantiles:
folclor y educación
Octavio Marulanda Morales.
Gladys González Arévalo (ilustradora)

Secretaria Ejecutiva del Convenio
Andrés Bello, Bogotá, 1988

Se juega a estar vivo estando muerto, a bajar arriba o a subir bajando. El juego se enriquece con la imaginación y se instaura en el rito; la traslocación de escenarios y situaciones abre las puertas hacia dentro y hacia fuera. Las danzas circulares, los coros repetidos, los enigmáticos acertijos hablan de una historia que sucedió hace mucho tiempo yen un lugar que no se sabe y que ocurre ahora en un espacio conocido. El juego es, pues, placer, conocimiento y acción; como condición innata de la especie hay que entenderlo, como posibilidad creativa hay que utilizarlo, como vehículo de interacción es excelente.

Jugando aquí y allá, rimando, rondando o cantando, en tierra caliente o tierra fría, con niños de ruana o de camisa, Octavio Marulanda construyó este libro pintando y anotando todo aquello que oía o que veía. Y el resultado fue notable: reunió a la gallina ciega y a las cometas; al patico que va al agua porque tiene ganas de nadar y a la muñeca a quien dan jarabe con un tenedor; al señor don gato sentadito en su tejado con el materile-rilerón; al pm uno, pm dos, pm tres con aquel que es redondito redondón sin tapita ni tapón.

Porque, según dice el autor, tampoco los juegos se le escapan a la historia:

[...] las rondas infantiles no son solamente una forma de jugar, sino una síntesis de herencias culturales muy diversas que han quedado muy bien plasmadas en la memoria de los pueblos que asimilaron en América las costumbres hispánicas y que los niños han logrado conservar como un patrimonio peculiar, cuya frontera la marcan ellos mismos.

El origen de las rondas y de los juegos infantiles que se practican en Colombia hay que buscarlo en los terrenos del mestizaje [pág. 27].

Tenemos, entonces, que la muñeca vestida de azul, con camisa nueva y su canesú, en el trópico se volvió de tul; Mambrú se fue a la guerra en Inglaterra y un viento del azar lo sembró en Chiquinquirá; la princesa del "arroz con leche, me quiero casar" es una negrita llena de trencitas; las cometas llegaron de la China, el trompo incaico sí no ha viajado tanto aunque ha rodado mucho.

No es tan ingenuo el juego ni tan distraído el sabio. La vida se comienza jugando y lo que se juega es lo que se aprende:

Al gunas formas del conocimiento se exteriorizan rudimentariamente en los juegos: el uso de cifras identificativas deformas o lugares (matemáticas); los conteos enumerativos (cálculo, cábala) la implantación de reglas y prohibiciones (derecho natural); el respeto a las formas organizativas del juego y a los compañeros (ética); el uso de palabras adecuadas
(el lenguaje), etc. [pág. 16].

Como quien dice, el lazo juego-conocimiento ¡es ronda de nunca acabar!

Están aquí recopiladas las rondas, las rimas, los trabalenguas, las adivinanzas, las retahílas, las jitanjáforas, los juegos de palmoteo que juegan los niños del campo y la ciudad, yios que se jugaban antes, cuando la ciudad no existía. La intención es clara: juntar lo que está disperso, buscar lo que está perdido:

La construcción del país del futuro ha de iniciarse creando en los niños una conciencia placentera de los valores propios, basada en la identificación práctica y real de sus anhelosy vivencias con el patrimonio cultural que los rodea. El folclor infantil contiene todos los ingredientes para darle al mundo de los niños la dimensión y la riqueza que exigen los contenidos de nuestra nacionalidad, como producto que somos de un largo y accidentado mestizaje [pág. 7].

Este libro, patrocinado por la secretaría ejecutiva del Convenio Andrés Bello, no se queda sólo en la recopilación de los juegos folclóricos; propone una metodología general de trabajo que integre el juego con el folclor y la identidad cultural y una didáctica específica para cada ejercicio lúdico, incluyendo las partituras de aquellas rondas que las requieren.

Trabajos como éste intentan llenar el vacío que en la investigación educativa existe en Colombia. Celebramos, pues, la aparición de este libro y le auguramos muchos triunfos tanto en las bibliotecas escolares como en los patios de recreo y las aulas de clase.

LUZ MARINA SUAZA VARGAS