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Boletín Cultural y Bibliográfico
, Número 19, Volumen
XXVI, 1989
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Saxofonista del grupo Bassingo.
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Green moon Festival de San Andrés:
El regreso del Muntu
ANGEL PEREA ESCOBAR
Fotografías: María Raquel
Herrera
Una visión sobre
los factores que conformaron la música del afrocaribe inglés (calipso y mento), su
reflejo en la sociocultura de San Andrés y Providencia y la proyección de nuevos
fenómenos a través de un joven festival.
ISLAS EN EL SOL
SAN ANDRES Y PROVIDENCIA comparten
con el complejo afrocaribe los fantásticos aterradores sucesos históricos antillanos.
En la antigüedad
constituían una especie de "despensa natural", inhabitada pero hospitalaria, de
los indígenas misquitos, cuyo territorio comprendían la vastedad de las costas de
Nicaragua y regiones aledañas. La "despensa", además, era compartida por
quienes dominaban el escenario antes del asombro de Colón: los arawaks.
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Grupo de
bailes populares contemporáneos.
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El
Festival de Luna Verde intenta rescatar la cultura antillana de la cual forman parte San
Andrés y Providencia.
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Los
arawaks, que se desplazaban libremente desde las costas continentales de América Central
y habían establecido sus centros en Xaymaca (hoy Jamaica), realizaban un extendido
periplo de intercambios durante ciertas épocas del año. Mientras duraba el seco verano
septentrional, navegaban hasta las húmedas playas coralinas de San Andrés, cuyo nombre
original es Abacoa, con el fin de recolectar alimentos y pesca, así como materiales para
la artesanía funcional. Arawaks y misquitos sostenían un modo de vida opuesto, pero
respetaban a Abacoa como fuente de abastecimiento para todos.
Mil quinientos
veintisiete es la fecha señalada oficialmente como la del primer desembarco de españoles
en Abacoa. A este hecho seguirían doscientos años de conflictos por su posesión, entre
las potencias de la época: Inglaterra, con un sistema más y más poderoso; España, el
más grande imperio de esos tiempos; Holanda, el desafío de una nueva fuerza naval
y comercial; Francia y Portugal.
Pero fue al iniciarse la
"gran diáspora" de puritanos ingleses patrocinados por la famosa Compañía
Providencia, constituida por nobles, ciudadanos notables y burgueses aventureros, que
desde las frías intrigas de Londres, inventaban el sueño de una "Nueva
Inglaterra" pía, puritana, cuando se dio comienzo a la colonización.
Fue un momento en el que
el tráfico de esclavos cobró sustancial valor para el proyecto colonial. Inglaterra
derroté a España en Jamaica, y hacia 1625 se iniciaría un extenso dominio
inglés en las Indias Occidentales.
Los primeros
esclavizados, adquiridos en los mercados negreros de Kingston, llegaron a las islas en
1629.
En cuanto al origen
étnico, los esclavos, escrupulosamente seleccionados por los compradores, fueron
inicialmente un lote compacto de africanos occidentales, más concretamente de orgullosos
pobladores de Ghana, y específicamente de guerreros coromantés, vencidos en batalla o
embaucados por reyezuelos menores y sometidos a esclavitud.
Mucho más tarde, en
1792, bajo la gobernación de España, San Andrés es declarada puerto menor, con
exención de impuestos; ya en 1803, con una nutrida historia, sin abandonar su herencia
inglesa, los habitantes blancos de la isla deciden anexarse al virreinato de la Nueva
Granada, provocando que, en 1808, Inglaterra por fin reconociera la soberanía de España
sobre el archipiélago.
En 1822, año de la
proclamación de la Constitución de Cúcuta, los isleños se adhirieron a ese conjunto de
normas.
Pero es en 1847, dada ya
una larga trayectoria y una fusión de valores angloafricanos desde un punto vista muy
problemático, por los "modos culturales" diferenciados de los nativos blancos y
negros a punto tal que estos últimos desarrollaron una lengua propia excluyente y
de claves cerradas a las que los otros grupos no pudiesen acceder cuando algunos
sectores, un poco más "asimilados" y recuperados por las prácticas religiosas
anglizantes de la Iglesia bautista, dinamizan una relación y provocan un abrazo
genético.
Muchos señalan a 1847
como el año en que se inicia una "edad de oro" con la ya mencionada
"fusión de valores angloafricanos" que refulgirá hasta principios de
este siglo, cuando se producen las más altas cuotas de interacción cultural de una
manera menos subrayada por el despotismo y la imposición.
Hasta unos veinte años
atrás las comunidades establecidas alrededor de la barraca de esclavos, eran
inexpugnables nichos de rebelión, donde hasta el lenguaje era diferente. Los
asentamientos disputados y arrebatados en los alzamientos cruentos y heroicos, a partir de
la primera semana de 1641, también ayudaron a conservar y proteger aun en medio del
desconcierto una intuitiva identidad de grupo.
Aquel impresionante melting-pot
no concluyó ahí; en 1902 y en la coyuntura de la construcción del canal de Panamá
a donde concurrieron también miles de antillanos negros para trabajar, una
importante migración china llegó. a las islas, alimentando esa fusión de rasgos que se
deslizarían a lo largo del siglo.
Si bien "la gran
familia caribeña" puede resultar siendo una frase hecha, ésta contiene la
investidura de una verdad insoslayable, entendiendo el Caribe como un complejo cultural
subdividido en las zonas de influencia ejercida por las potencias del siglo XVII en la
región, todas con un elemento común que subyace en su historia y que les presta un
carácter definitivamente compacto y complejo, y es el de la presencia de los africanos.
Desde luego, "los
africanos" no fueron un denominádor común caracterizado por una cultura homogénea,
pues la multitud de esclavizados provenía de un amplio número de naciones, cada una con
sus propias características: religión, lengua, etc. Este aspecto plantea otras
ecuaciones en donde las variantes son múltiples y no se resuelven desde un solo punto de
mira.
El resultado, mirando
hacia América, de aquella convulsión de forzada confluencia es la regeneración de otro
factor de valores. Todos aquellos africanos mezclados son lo que impele una fuerza
cultural nueva que se reconstruye a partir de los pedazos de un espejo común: Africa,
siendo ésta misma tan disímil y heterogénea, en una amalgama que provee al nuevo mundo
de otro nuevo mundo: Afroamérica.
CONTINUAR
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