Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 19, Volumen XXVI, 1989

Un mundo creativo propio


Noticias de un convento frente al mar
Germán Espinosa
Oveja Negra, Bogotá, 1988, 119 págs.

En el séptimo mes del año 1905, una joven de diecisiete años es recluida en un convento: de puertas para fuera, el mar; de puertas para dentro y desde el instante en que esa joven las traspasa, Noticias de un convento frente al mar. En algún otro lugar, pero lo suficientemente cercano al convento, perteneciente a la orden de las carmelitas, como para poder escuchar el eco del tañido de sus campanas, la anfitriona de un prostíbulo costero recuerda cómo, no pudiendo hacer caso omiso a su exaltada sensualidad, hacía temblar los cimientos de esa construcción lúgubre y a veces fantasmal en complicidad, primero, con la hermana Helga y, por último, con un médico inexperto que, en mal momento y debido a las nefastas circunstancias, tuvo que ingresar allí.

Esa anciana mujer vuelve, en su memoria, setenta años atrás y recrea la manera como convirtiera a ese convento, no precisamente en un templo de oración; de entrega, sí, pero no en la forma y a quien se hubiera previsto, tratándose de un grupo de novicias y hermanas con toda clase de votos e investiduras encima. Su entrega tuvo como objeto una de las hermanas del convento: Helga, una boliviana con la que lograban, a pesar de la extrema vigilancia y rigurosidad del claustro, largos encuentros nocturnos plenos de sensualidad y erotismo.

Esto se prolongó hasta que la hermana Nicolasa, encargada del aseo y pulcritud de las prendas de sus compañeras, intuyó primero y corroboró luego, el peligro que implicaban las tendencias de laj oven novicia y de su compañera Helga. Se impuso entonces la ardua tarea de velar, no sólo por la pureza de las ropas de la joven, sino por otras purezas un tanto imperceptibles. Permaneció cuatro días con sus noches vigilando la puerta del dormitorio de la novicia, para así impedir que ésta huyera corriendo al encuentro de su amada. La fatiga y el esfuerzo la llevaron finalmente a la muerte. Entre tanto, la hermana Helga no perdía su tiempo: ya se encontraba atraída por los encantos de otra novicia recién llegada y se encargaba de seducirla. Esto, por supuesto, provoca en la novicia, que ha completado cuatro días con sus noches de abstinencia, un profundo despecho cuyas consecuencias, alguien, además de ella misma, habría de sufrir: el médico, un joven médico que ha sido destinado a velar por la salud de quien se hubiera impuesto la fallida tarea de ángel guardián (la hermana Nicolasa). Este hombre, de pronto, es descubierto en un rincón del campanario del convento: sin ropa, temblando de frío y miedo, observaba cómo una monja, desnuda también, tañía con todas sus fuerzas las campanas del convento, cuyo eco, luego de setenta años, llegaría hasta un prostíbulo allende el mar para hacerla evocar su tiempo de adolescencia transcurrido entre los muros de un claustro de carmelitas.

Es precisamente esa sensualidad lo que hace tan vivo el recuerdo, la evocación y el relato de la anciana; lo que la transporta bien atrás hasta fundirse —fundirla a ella, la dueña de un prostíbulo— con una novicia de diecisiete años recién ingresada a un convento de carmelitas; es esa sensualidad la que hiciera, ya hace setenta años, de ese convento lúgubre y frío, el lugar donde cada uno de los sentidos encontrara la posibilidad de colmarse; y ahora, es la fuerte sensualidad en el recuerdo lo que provoca las Noticias de un convento frente al mar, uno de los quince relatos del autor colombiano Germán Espinosa, que Oveja Negra reúne y publica con el nombre que da su primera narración.

No es la continuidad lo que caracteriza el conjunto de relatos. Convergen por igual, en esta selección, mundos legendarios como en el que tiene lugar el relato de Los gemelos y el oráculo —con la sombra o la marca del predestinado Edipo—; o también ese otro mundo donde la única expre­sión verdadera posible (y la más castigada) es la herejía y, específicamente en El píxide, la herejía cátara; o como El gesto delprofeta, donde se funden en el tiempo y el espacio, a través del sueño, mundos remotos. Noticias de un convento frente al mar configura un espacio donde confluyen mundos y formas diversas: desde lo fantástico, hasta lo local; desde la parodia del “intelectual” bogotano de la década de los sesenta, hasta un homenaje al iniciador del modernismo: Rubén Darío; de un duelo por fáldas entre un poeta místico y un coronel del ejército en el barrio bogotano de La Candelaria, a una biografía psicoanalítica del padre del psicoanálisis.

Sin embargo, hay algo o alguien, una voz que dice o una mano que traza de tal manera, que el lector puede saberse testigo del nacimiento de un mundo con exclusividad. Quizá es la manera como han sido imaginados esos mundos diversos lo que los aúna: cada uno de los relatos surge porque hay alguien que evoca y recrea un recuerdo; el recuerdo de una instancia de sus propias vidas, o de algo que alguien les contara alguna vez. En ellos, el acto de recordar no responde a la nostalgia o al ensimismamiento: responde a la búsqueda de sentido, de comprensión. La misma comprensión que Saulo de Tarso o Paulo o san Pablo perseguía a lo largo de las páginas de El signo del pez, última novela de Espinosa publicada con anterioridad a estos relatos. En términos de búsqueda de comprensión de algo, la de Saulo de Tarso responde a la intención de acceder a la Idea, esa Idea suprema platónica de la que en el mundo se tiene, acaso tan sólo su recuerdo, o quizá representaciones de ese recuerdo. Para evitar distracciones en su búsqueda, Saulo de Tarso debe primero rechazar lo mundano y acceder a una vida fundada en el pensamiento, en las ideas; debe acceder a lo que más se acerca o, mejor, a lo que menos lejos está de esa Idea suprema que pretende alcanzar.

La palabra, la escritura, es en El signo del pez tan sólo representación: “¡La palabra no era el objeto!”; la palabra es tan sólo manifestación de algo más vasto, más complejo: es manifestación de la Idea que recuerda. El ejercicio del pensamiento es lo que permite a Saulo de Tarso recoger luces en su camino hacia la comprensión de la Idea. El ejercicio del recuerdo, por otra parte, es lo que en cada uno de los personajes-narradores de Noticias de un convento frente al mar arroja luces sobre la comprensión y sentido de sus vidas, partiendo de la significación que logran atribuirle a ciertas circunstancias, a ciertos gestos, a ciertas actitudes específicas dentro del contexto total de la existencia.

La palabra, la escritura, no son un fin en sí mismas. No son tampoco un medio o pretexto para decir de. Sin embargo son potencia, posibilidad, parece comenzar diciendo Germán Espinosa, con la creación del conjunto de relatos recogidos en Noticias de un convento frente al mar, para luego reafirmarlo en su novela El signo del pez (las narraciones que integran el texto aquí reseñado fueron escritas antes de El signo del pez —finales de la década del 70, comienzos de la del 80—, aunque publicadas posteriormente).

De ahí la alusión anterior a lo exclusivo de su mundo creativo: un mundo que, paradójicamente, se hace innovador y original respecto a la tradición narrativa colombiana inmediata en la que se inscribe y, además, frente a la narrativa colombiana contemporánea suya, precisamente por retomar y recrear las raíces del legado occidental: la tradición grecolatina. Noticias de un convento frente al mar es un primer paso afirmativo en la configuración de un mundo creativo propio.

CLAUDIA CADENA SILVA