Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 19, Volumen XXVI, 1989

La vencedora famosa contradanza histórica del siglo XIX. Tomado de Hojas de Cultura Popular Colombiana, Núm. 6, 1951.

La música costeña en la tercera década del siglo XIX *

ADOLFO GONZÁLEZ HENRÍQUEZ

Ilustraciones: Eduardo Pradilla

LOS TIEMPOS DE LA INDEPENDENCIA

PARA EL INVESTIGADOR de la música popular, el siglo XIX resulta ser un objeto de análisis particularmente difícil. Fue una época marcada por actividades tan lejanas de las musicales como lo pueden ser las guerras independentistas y civiles que asolaron la mayor parte del territorio colombiano desde 1810 hasta la guerra de los Mil Días; es decir, prácticamente todo el siglo pasado transcurrió bajo el signo de la contienda bélica. Como es obvio, estas guerras desplazaron el centro de las grandes preocupaciones sociales hacia los temas de la mera supervivencia física, y las actividades musicales resultaron ser un poco como decía Napoleón sobre el amor: distracción para el guerrero, sobre todo en las clases altas. Para los sectores populares, en cambio, la música constituyó siempre un motivo central de la existencia. Sin un proceso de acumulación capitalista estable que proporcionara cierto nivel de excedentes económicos y bienestar social, era ilusorio pensar en un desarrollo o en una actividad musical semejante, por ejemplo, al experimentado por Cuba durante la misma época.

Otro obstáculo para la labor del investigador estriba en que semejante siglo de convulsiones perturbó la existencia y conservación de los archivos históricos, y seguramente se perdieron muchos documentos indispensables para reconstruir los pasos infantiles de nuestra cultura musical.

Aun así, si se interroga con espíritu abierto el proceso experimentado por la música costeña en el siglo XIX, serán varias las sorpresas. Al reunirse en un solo cuerpo los fragmentos dispersos de la historia, se comprueba que los distintos sectores sociales de la costa atlántica se negaron, con las limitaciones impuestas por los tiempos belicistas, a mirar la precaria acumulación de capital como un obstáculo para elaborar una cultura musical original. No tuvieron los costeños grandes escenarios o aquellos grandes intercambios con otras culturas musicales que disfrutaron otros países del Caribe, pero ello no fue obstáculo para aprender a vivir en medio de los disparos de las guerras civiles y el escaso desarrollo de la economía. Y aprender a vivir es —para los costeños y entre otras cosas— aprender a cantar. Es más: los sectores populares costeños —muy poco favorecidos por la escasa actividad empresarial a su alrededor—tuvieron la capacidad de apoyarse en sus fuertes raíces musicales como mecanismo de resistencia ante un medio agreste, como si estuvieran guardando un tesoro infinito para la posteridad, y, así germinó una flor que se desplegaría posteriormente al contacto con el desarrollo urbano de las ciudades del litoral a finales del siglo XIX y principios del XX.

La vitalidad musical de la costa atlántica fue algo tan evidente y fuerte que, aun entre plomo y plomo de la lucha contra los españoles, los costeños encontraron resquicios para manifestar su temperamento. Hoy podemos decir con certeza que la costa saludó el advenimiento de la época republicana con rumba popular. Néstor Madrid-Malo, en trabajo recientemente publicado, manifiesta que la por entonces villa de Barranquilla celebró a la manera del Caribe la noticia de la liberación de Cartagena por el ejército rebelde del general Montilla. La descripción de las fiestas, tomada de la Gaceta de Santa Marta, periódico de la época, muestra que ya en 1821 los costeños desplegaban esmerada diligencia y cuidado en la conducción de sus asuntos musicales:

A pesar de haber llegado la noticia oficial a las diez de la noche del día 12 [de octubre de 1821], por un movimiento espontáneo el pueblo la convirtió en día prorrumpiendo en vivas, danzas y todo género de diversiones hasta la mañana en que se publicó un bando muy solemne a que asistieron todas las autoridades civiles y militares, renovando el pueblo cada momento sus vivas y aclamaciones a nuestros dignos generales. El día 14 hubo función de iglesia, y salieron por las calles dos carros en contraste: el uno brillantemente adornado con damascos y espejos en que una hermosa niña ricamente vestida figuraba a Colombia triunfante, y otras jóvenes que la iban asistiendo y llevaban sus jeroglíficos; y otro carro estudiadamente ruin y maltratado, en que se veía a Fernando VII abatido y moribundo, con su cetro y corona caídos, y sus ministros y satélites en una desesperada confusión 1 .

El periódico samario se lamentó de no poder reproducir en su integridad el informe que sobre la fiesta le remitieron, y nosotros hoy lo lamentamos más todavía. De contar con ese documento tal vez podríamos saber la eventual precisión en una frase de Madrid-Malo sobre los "aires de tambores y gaitas fandangueras que ya estudiaban para cumbia". Lo cierto es que en la descripción anterior los mentados tambores y gaitas no aparecen. Sin embargo, lo más interesante es que si tuviéramos ese informe original podríamos determinar los detalles de esta inquietante sospecha: el incipiente desfile de carrozas arriba descrito comporta elementos de carnaval y tal vez sea ésta la referencia más antigua que conocemos sobre esta fiesta en Barranquilla. Ni siquiera Nina de Friedemann, autora del único trabajo extenso que se ha publicado sobre el carnaval barranquillero, detecta su presencia en estos predios urbanos en fecha tan temprana.

Estas celebraciones de triunfos republicanos seguramente constituyeron fuente de oportunidades rumberas en todo el litoral. Por lo pronto, conocemos el testimonio de un anónimo súbdito británico que llegó a Santa Marta en 1823 para calificarla con esta frase crítica: "es la ciudad más aburrida de todas las que he conocido". Tal vez este mismo aburrimiento pudo haber llevado al prevenido inglés a buscar distracciones en la observación de los hechos locales, y es así como ha llegado hasta nosotros una narración de lo ocurrido ese 14 de julio, cuando en Santa Marta se tuvieron noticias sobre las victorias logradas en Maracaibo por las fuerzas republicanas mandadas por José Prudencio Padilla:

Cuando a la una de la mañana la gente supo la noticia, comenzó a festejaren la forma más estrepitosa [...] grupos de personas desfilaban cantando por las calles y tocando en todas las puertas [...] La banda desfiló por las calles, se encendieron fogatas y se lanzó pólvora por todas partes. En mi vida había oído ruidos tan disonantes y ensordecedores 15 de julio. Hoy todos los almacenes están cerrados y el regocijo general continúa en todo su furor 16 de julio. El pueblo expresó su alborozo en la forma más increíble. Por la noche en la guarnición de oficiales se ofreció un baile que me dio la oportunidad de conocer algunas de las principales familias de Santa María. Las mujeres son muy morenas y, en general, bastante feas, descuidadas en el vestido y en su persona y de maneras muy poco atractivas. Les gustan muchísimo los bailes populares españoles y el vals; bailan con gran animación y cierta elegancia, especialmente las danzas españolas que son tan variadas y bonitas. Una cosa curiosa en estas fiestas es que están abiertas al público; cuando la gente oye música en cualquier parle, no tiene inconvenientes en ir entrando a mirar la fiesta y lo raro es que, en vez de despedir al intruso, se le permite estar entre los invitados 2 .

Lógicamente, esta afabilidad comunitaria de los pueblos costeños que retienen el ideal medieval de la vecinería puede resultar extraña a los, ojos de la formalidad británica, como evidentemente ocurre con el autor de las anteriores líneas. Pero también un destacado investigador británico de la historia colombiana como Malcolm Deas propone la anterior escena como uno de "los aspectos más chabacanos de las costumbres republicanas" 3 , lo cual significa,en el fondo, introducir la desdeñosa mirada aristocrática sobre las costumbres plebeyas de los republicanos franceses o ingleses de las épocas revolucionarias, criterio totalmente fuera de contexto en una sociedad naciente que estaba inaugurando patrones culturales radicalmente distintos de los occidentales. No es que no pudiera existir chabacanería entre los republicanos, pero el dejar eíitrar indiscriminadamente a los vecinos en una fiesta no es ejemplo de ello. Más bien es la expresión de una ventaja histórica que todavía hoy, mal que bien, retiene la costa atlántica sobre las sociedades industriales avanzadas. Es una manera de afirmar cierta tendencia presente en la cultura popular costeña que no quiere ver al hombre convertido en lobo de sus semejantes, una especie de ethos no agresivo sino hedonista.

En todo caso, ya en este momento de nuestro recorrido se nota la presencia de la música popular españolajunto con el vals, baile de origen vienés que llegó a España, de allí saltó a Venezuela y, posteriormente, a Colombia 4 , lo cual hace suponer que cuando alcanzó esta tierras granadinas ya estaba aclimatado. Posiblemente el baile en cuestión era de gente "bien", porque no consta la presencia de ritmos vernáculos y, aunque nuestro informante no es precisamente de los que brillan por su agudeza, semejante acaecimiento, tan exótico a sus ojos, no habría pasado inadvertido. Como iremos constatando a lo largo de este ensayo, las preferencias musicales de las clases altas costeñas en el siglo XIX estaban situadas de aquel lado del Océano.

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* La elaboración de este ensayo contó con el apoyo institucional del Centro de Investigaciones de la Universidad del Norte (Ciun), Barranquilla. Agradezco especialmente la colaboración del historiador Gustavo Bell Lemus, de Ramón Illán Bacca, así como de Francia Pretelt de Hcilbron. Asistente de investigación: Hernando Parra. (regresar*)

1 Néstor Madrid-Malo, De la reconquista a la libertad, Barranquilla, Diario del Caribe, 1987, pág. 16A.  (regresar1)

2 Anónimo, Cartas escritas desde Colombia durante un viaje de Caracas a Bogotá  y desde allí a Santa Marta en 1823. Bogotá, Banco de la República, 1975, págs. 123- 124. (regresar2)

3  Ibíd. Pág. 9. (regresar3)

4 Johannes Riedel, "The Ecuadorean Pasillo:  Música popular música nacional, por música folklorica"", en Latin American Music Review, vol. VIII, núm. 1, págs. 1.25, Austin, University of Texas Press, 1986, págs. 4, 6, 19 n. 30. (regresar4)