Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 19, Volumen XXVI, 1989

Un rescate del olvido


Lo mejor de Efe Gómez
Clarita Gómez
Universidad Nacional d
e Colombia,
Bogotá, 1987

Un escritor de la “Antioquia Grande” presentado y explicado al público por su hija: el caso, que podría emparentarse, con rigurosa melancolía, a tantas situaciones de favoritismo filial en nuestra vida política y hasta en la farándula, tiene, sin embargo, aquí un perfil límpido y lúcido. Hay, también, algo de apropiado en que la hija de este escritor, miembro de una cultura que privilegié la progenie hasta los desmanes aritméticos, lo rescate ahora de las márgenes del olvido relativo en que la literatura de Efe Gómez ha venido a parar.

Un escritor presentado y explicado al público por su hija: paralelo obvio es el de Mirta Arlt, compiladora y explicadora de las Obras completas de su padre. La asociación, desde luego, no es gratuita. Pues, como Clarita Gómez lo indica en el estudio que precede la antología, la obra de Efe Gómez, en cierta manera, prefigura aspectos (o es paralela a ellos) de lo que las letras del continente vendrían a producir. La compiladora establece ciertas simulitudes con la obra atormentada del atormentado Horacio Quiroga, y adjunta que, además, y como Quiroga, Efe es uno de los fundadores del género cuentístico en la literatura del continente (no olvidemos que su primera producción se remonta al ya lejanísimo año de 1896). Vistos desde otra óptica, los cuentos de Efe ofrecen semejanzas en su sentido con la obra de Onetti: constatar la ruina y la futilidad de cualquier acción humana; el autoengaño que depara toda ilusión; el continuado esplendor de la derrota en un mundo en el que no hay solidaridad, excepto la que el alcohol brinda a la desolación de los hombres en un universo de lobos. Quiroga, Arlt, Onetti: proceloso trío sureño al que podemos asociar parte de la producción de Efe, no toda. Y esto, por su sentido, no por su factura, que ya es otra cosa. Como lo percibe de manera acertada la prologuista, muchos de los giros idiomáticos propios de Efe están ahora fechados con telarañas. Clarita Gómez menciona, entre las más evidentes de estas convenciones artificiosas, aspectos como “las interpolaciones discursivas”, es decir, los comentarios editoriales en los que los narradores juzgan lo que hacen los personajes; el “manejo especial del diálogo”, según el cual los personajes de Efe —de acuerdo con su hija— hablan en forma muy culterana y elaborada, incluso a aquellos cuya condición desmiente el uso de tal lenguaje. Como ejemplo de esto, se cita el caso del cuento Colonial, en el que, al adoctrinar a un indígena, un misionero suelta un discurso donde aduce que:

si la lujuria llega a aposentarse en nuestro ser, como es monstruo insaciable que tiene sed hidrópica y hambre de chacal ayuno, beberá nuestra sangre, devorará nuestras carnes, triturará nuestros huesos, hasta ch u par su postrer médula
[pág. 34].

Además, el uso repetido de procedimientos retóricos que ya hace tiempo han llegado a ser anticuados. Ejemplo de esto es lo que la prologuista denomina “inversión del pronombre personal y el verbo”. Casos como “difundióse por el rostro divino de Isabel...”, "la alusión fuela poseyendo...", y otros muchísimos donde, en verdad, lo que se invierte es el pronombre de complemento y no el pronombre personal. El abuso del hipérbaton sería, según Clarita Gómez, otra falla del escritor antioqueño que contribuye a envejecer su escritura: “cadenas en los extremos de garrotes puestas”. No hay que olvidar, sin embargo, que todos estos cultismos y seudocultismos eran esperados de los escritores en la cultura colombiana de entonces. Un caso extremo es el de Vargas Vila, contemporáneo de Efe Gómez.

En la presentación que hace Clarita Gómez, hubiera sido muy deseable poder encontrar una elaboración más convincente de por lo menos dos cosas: lo que diferencia la literatura de Efe Gómez de la “gran” literatura antioqueña (es decir, del realismo y antimodernismo de Tomás Carrasquilla), en primer lugar. En segundo, una formulación más detallada de lo que es el “humor” en Efe, especialmente en vista del carácter trágico de la mayor parte de las narraciones que componen esta antología. Podemos no albergar dudas acerca del ingenio, del “arte mágico de conversador”, de la agudeza humorística del Efe Gómez real. Pero otra cosa es hallar esto en los cuentos presentados en este volumen.

Quedaría también por dilucidar otro aspecto importante en la obra de Efe: sus críticas a la ética antioqueña de la “verraquera”, ahora tan mordazmente puesta en entredicho en la obra de Fernando Vallejo. Los apuntes preliminares de la antologista dan algunas indicaciones respecto de la crítica de Efe a la filosofía de la vida de sus paisanos, que alguien definiera con dos preguntas: “¿cuánto vale?” y ¿cuánto me rebaja?”, aplicables a todo, menos al aguardientico de mi Dios. En el cuento titulado La tragedia del minero se narra cómo unos buscadores de oro, “embobaos con todo el amarillo que hay en ese güeco” (la mina), no se dan cuenta de que uno de sus compañeros ha quedado atrapado. La lenta y horrible muerte del minero es presentada así como la consecuencia de un pragmatismo desaforado. Que si esto es una característica genérica de la humanidad, ya es punto de discusión. Pero esta sospecha se ve peligrosamente reforzada por circunstancias como las narradas en El paisano Alvarez Gaviria, cuento en el que se ilustra la rapacidad a que puede conducir esa filosofía de la vida: con el fin de apoderarse de una fortuna ganándose el corazón de una rica heredera, Alvarez Gaviria finge un heroísmo histriónico que le alcanza el fin calculado. La endeblez moral de este personaje le tiene sin cuidado a él mismo, y aun hace alardes de ello a un ocasional interlocutor, en una inolvidable instancia de cinismo. “¡La ideología son vacas!”, dice un personaje en otro cuento, significando así lo primario de las consideraciones pragmáticas.

Por último, observamos algunos asuntos que una posible reedición de esta obra debería incluir. Al ser publicada por una editorial universitaria, una antología como ésta debería indicar las fechas de escritura de los textos, con el fin de rastrear una posible evolución en el escritor. Es un aparato editorial de muy fácil satisfacción, y que le da mayor relieve crítico a una antología: suministrar los datos editoriales o la bibliografía primaria y secundaria del autor antologizado. Con todo, éste es un volumen útil y decorosamente presentado, que contradice recientes críticas a las publicaciones de la Universidad Nacional. Un libro que, como concluye la prologuista en su estudio introductorio, ayuda de veras a aclarar las características de una obra “en parte desconocida y con frecuencia malinterpretada”, pero importante en nuestro proceso literario.


GILBERTO GÓMEZ OCAMPO