Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 19, Volumen XXVI, 1989

 

Continuación

 

Pero no sólo el negro concurre a darle nuevo sentido a la fiesta; támbién el misionero deja su huella. En 1926, el cura Medrano compone los gozos al santo y crea la banda de san Francisco. Los primeros son la máximá expresión religiosa, y los coros no cesan de repetirlos en el último día de fiesta. La segunda es la institución que durante medio siglo ha reunido a los mejores músicos del Chocó, y sin ella la fiesta sería incompleta.

A comienzos de la década del treinta, otras tres unidades territoriales se integran a la fiesta. Los barrios Belén, Roma y Pandeyuca inician su participación. Es en este período cuando se consolida el proceso político que cohesiona a la etnia, aparece el Comité de Acción Democrática dirigido por Diego Luis Córdoba y se definen las fórmulas de participación, que aún siguen vigentes, en la política nacional. El ascenso de la etnia negra en términos de controlar la política regional y la posibilidad de asumir nuevos papeles en la economia, se convierten en la circunstancia apropiada para hacerse cargo de la dirección de la fiesta.

En el transcurso del siglo, con el ensanchamiento de la urbe, nuevos barrios se integran a la fiesta. En el momento en que su número amenaza volverse infinito, se limita la participación a doce barrios. Desde entonces, cuando un nuevo barrio ha querido participar, se ha anexado a uno de los doce ya instituidos.

Ahora el código que rige la festividad ha sido enunciado, el círculo de banderas se pone lo más alto posible, en el centro está la bandera de fiesta. Es el momento de rendir honores al pendón franciscano. El encuentro de los barrios en el círculo de banderas parece precario y los abanderados se van por toda la ciudad, llegan hasta cada uno de los doce barrios, se detienen en las esquinas tradicionales, allí donde vivieron los primeros organizadores de la fiesta, la mayoría de ellos ya muertos. En la esquina del barrio, espacio de referencia para todos los actos de la fiesta, las banderas ondean en verdadera comunión de la totalidad de los habitantes. La ciudad lentamente va siendo poseída por la risa colectiva, que no deja rincón sin penetrar. En los días siguientes, eclosión de alegría será la que se producirá cuando cada barrio vaya asumiendo la fiesta en el momento que le corresponde.

 

EL TEATRO DE CARNAVAL O UNA LECTURA DE LO POLITICO

Las fiestas de san Francisco de Asís se inscriben en un ciclo de carnaval del cual participan los poblados de la región conocida como alto Chocó. Es la época en la cual las puertas de las iglesias se abren, y los santos, engalanados con sus mejores joyas, salen a recorrer ríos y poblados. En Tadó, a orillas del río San Juan, la Virgen de la Pobreza instaura un nuevo orden, en el cual todas las teatralizaciones pueden ocurrir. En Istmina, el pueblo entero ha salido a esperarla; ya llega por el río San Juan, balsas multicolores la acompañan; es la Virgen de las Mercedes, que viene adornada de flores y frutos.

Todo el San Juan de Santos se va llenando, y la celebración no quiere acabar. En Nóvita, san Jerónimo invita a que los niños se pongan sus mejores trájes y a que la tambora despierte a las gentes para la fiesta. En Condoto, como en las demás poblaciones las comparsas salen día tras día a representar su obra teatral; en el último día de fiesta sale Nuestra Señora del Rosario. La acompaña todo el pueblo, y la danza da paso a la oración.

Para todos los poblados del interior del Chocó se descubre la misma tendencia en el modo como se asume la festividad, tanto en la estrategia adoptada para la organización como en el conjunto de actos que la configuran. Es el barrio el segmento básico para la organización de la fiesta y es la marca que les da identidad a los individuos cuando participan. La organización por barrios tiene en su origen la práctica religiosa del novenario. En el pasado era la novena al santo la que reunía a las gentes y en la familia recaía la función de organización. La relación entre barrio y familia es claramente perceptible en los poblados que reúnen pocos habitantes. El crecimiento de los pueblos lleva a que sean las juntas de fiesta, elegidas en el barrio para tal fin, las encargadas de darle direccionalidad al proceso y recolectar los dineros necesarios para un buen desarrollo del evento. En estas juntas siguen un papel preponderante las familias que fundaron la tradición. La labor de organización de la fiesta ocupa varios meses y el dinero se recolecta mediante bingos bailables, colecta en las casas del barrio, retenes en las calles del barrio, venta de comidas y todos los eventos que los organizadores imaginen.

Ya se inicia la marcha del barrio Pandeyuca, el abanderado va al frente, danza yjuega sin conocer el cansancio. Suenan los voladores y la chirimía no cesa en su toque. Rumbo a la Yesca Grande se van los del Pandeyuca, al lado del abanderado vienen los grupos de niños que danzan, corren y no dejan de corear el nombre del barrio. Después, alrededor de la chirimía, se disponen los jóvenes, solista y coro alternan de continuo, todo lo que ocurre en la calle se convierte en motivo para el canto. El teatro que los del barrio quieren enseñar al resto de la ciudad y al cual se le nomina como disfraz, se coloca en el centro de la marcha. Tras el disfraz va la mayoría de la gente, y es la banda de san Francisco la que allí, con sus sones, impone un dominio absoluto.

Llega el disfraz con su gente al primer barrio. El abanderado de la Yesca Grande se dispone a recibirlos. En la esquina instituida para realizar el saludo, la bandera ondea de forma lenta y su cuerpo fluye a la expectativa. Llega el abanderado del barrio visitante y todo es movimiento; se forma el círculo donde el público, convertido en juez, crea el espacio para que los abanderados se enfrenten. Ya se cansan, ya agotan su repertorio, proceden a intercambiar sus banderas como fórmula que borra todas las diferencias entre sí y retornan ajugar cada una con la del otro. Cuando el saludo termina, llega el disfraz, y las figuras, nacidas del ingenio del artesano, se ponen en movimiento. Cuando la representación finaliza, las juntas de los dos barrios se encuentran; el presidente de la junta del barrio Pandeyuca, con su bastón de fiesta que lo identifica, hace el saludo correspondiente y toma el aguardiente que le ofrecen.

Al artesano se le proporciona el texto de la obra que el barrio quiere representar. El artista toma la madera, el cartón, las telas, el papel, las pinturas y despliega su imaginación para construir los personajes y escenarios. El logro final está condicionado por la capacidad creadora, pero también por los recursos económicos de que dispone el barrio.

Y va cayendo la noche


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