Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 20, Volumen XXVI, 1989

 

La guerra de independencia rompió el aislamiento geográfico de los llanos. Durante la primera república (1810-1816), Casanare se convirtió en la prolongación de los campos de batalla tanto de las montañas neogranadinas como de los llanos venezolanos. En el período de la reconquista española (1816-1819), los patriotas criollos, huyendo de las iras del general Pablo Morillo, se refugiaban en las praderas tropicales. Cuando en otros lugares del virreinato la causa republicana yacía en estado de postración, los refugiados preparaban una nueva ofensiva. Bajo la conducción de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, criollos, voluntarios británicos y llaneros emprendieron la campaña libertadora que con la batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819, aniquiló la dominación española de la Nueva Granada. Con el apoyo de José Antonio Páez y su ejército de Apure, procedieron después a liberar a Venezuela en la batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821. Al analizar esta extraordinaria gesta, el historiador colombiano Fabio Lozano y Lozano ha dicho que en Casanare “la bandera de la independencia nunca fue arriada: ni un día, ni una hora, ni un solo minuto”. Hasta el final de la guerra, la provincia se conservó como “seguro santuario de la idea emancipadora, como auténtico semillero para los ejércitos de la república” (3) .  

Con la instalación de Santander en Bogotá como vicepresidente de la Gran Colombia el alcance del sacrificio ofrendado por Casanare en aras de la victoria patriota se puso dolorosamente de manifiesto. La prolongada guerra había diezmado tanto a la población como a la ganadería. La contienda había acabado con la frágil industria textil, provocado la ruina de las misiones y dejado tras sí una estela de anarquía, de soldados impagados y sin empleo que se convertían en bandidos y abigeos. De región medianamente autosuficiente, Casanare había pasado a ser un desierto tropical. En 1827, el gobernador Salvador Camacho, presa de la frustración, presentó renuncia, formulando la advertencia de que la provincia se movía inexorablemente hacia la ruina (4) .  

En tanto Camacho ejerció algunas veces, durante el decenio de 1820, la jefatura política de Casanare, el poder militar estuvo en las manos de Juan Nepomuceno Moreno, quien desempeñaba el cargo de comandante de armas. Al igual que Camacho, Moreno era casanareño, nacido en el sitio donde había estado asentada la antigua localidad de La Fragua. A diferencia del gobernador, en las virtudes militares residía la clave de su éxito (5) . Rudo e iletrado, en 1814 había combatido contra los realistas en Arauca, y el 31 de enero de 1815 participó en la batalla de Guasdalito. Por autodesignación ejercía el cargo de gobernador cuando, en junio de 1816, llegaron Manuel Serviez y Santander con los remanentes del ejército patriota y la noticia del derrumbe de la primera república. Aceptó la resolución de la Junta de Arauca, de 16 de julio de 1816, que confirmaba a Santander como comandante en jefe del ejército. Cuando las tropas de Morillo capturaron las poblaciones claves de Casanare, Moreno se unió al éxodo de los patriotas, que cruzaron el río Arauca con dirección a Apure. Después que Páez asumiera el mando del ejército de Santander, combatió Moreno, a órdenes del venezolano, en las batallas de Yagual y Achaguas, libradas en octubre de 1816.  

Ya para febrero de 1817 Páez se sintió lo bastante seguro para enviar de regreso a Casanare al capitán Juan Galea, con el fin de que atizara las casi extinguidas llamas de la resistencia. Al cabo de un mes, Galea no sólo había recapturado Chire y Pore, sino que había hecho retroceder a los españoles hasta las estribaciones de los Andes. En consecuencia, Páez designó a Ramón Nonato Pérez y a Moreno para que gobernaran a Casanare, como jefe militar y gobernador, respectivamente. Durante el año siguiente, Pérez, Moreno y Galea entre si, y cada uno de ellos con Páez, se disputaron el control del movimiento patriota. De modo que, cuando, en agosto de 1818, Bolívar envió a Santander a Casanare, para que preparara una nueva ofensiva contra los españoles de Nueva Granada, la primera tarea que hubo de cumplir consistió en acabar con esas mezquinas rivalidades.

 

Los llanos de Apure, dibujo de R¡ou (Tour du Monde, Librairie Hachette, París, 1888). Luis-Angel Arango).   Llanero propietario, dibujo de Torres Méndez (Colección de la Biblioteca Luis-Angel Arango).  

 

A los cinco meses de haber llegado a Guanapalo, Santander se había granjeado la lealtad de los oficiales pendencieros y había constituido un nuevo ejército, al cual se dio el nombre de División de la Vanguardia. Reconociendo que Moreno gozaba de gran prestigio entre los llaneros, Santander lo confirmó en sus funciones de gobernador, al mismo tiempo que le permitió permanecer a la cabeza de su escuadrón de caballería. 

En mayo de 1819 lo ascendió a coronel y a comandante del Primer Regimiento de Lanceros, y el 15 de junio a comandante general de la caballería. En calidad de tal, Moreno se unió a la campaña libertadora que, al mando de Bolívar y Santander, se inició en lame el 11 de junio y que, tras el cruce de los Andes y el páramo de Pisba, logró una rotunda victoria en Boyacá. 

Después de esta batalla decisiva, Santander envió a Moreno de regreso a Casanare, como comandante general, con órdenes de trabajar en armonía con el gobernador civil y de unificar las tropas de Arauca. En febrero de 1821, el llanero renunció al cargo, para unirse a Páez en Venezuela. Combatió en Carabobo y en el sitio de Puerto Cabello, en noviembre de 1823. Habiendo logrado llenar una brillante hoja de servicios, regresó a Casanare, donde permaneció, salvo por breves períodos, hasta su fallecimiento, acaecido en 1839.  

Llanero militar, dibujo de Torres Méndez (Colección de la Biblioteca Luis- Angel Arango). Suatá, municipio de Boyacá (Travels through the interior provinces of Columbia. London, John Murray, 1827).

En la época durante la cual rigió Santander a la Gran Colombia, entre 1819 y 1828, el comandante Moreno apoyó al gobernador Camacho en sus peticiones de que se impulsaran programas de ayuda a la provincia para recuperarse de los estragos causados por la guerra. En vano instó a que se concediera una subvención al tabaco, a que se auxiliara a los misioneros en su tarea de convertir a los indios y a los médicos en la de asistir a los enfermos. Protestó por la desacertada política de confiscar ganado para el ejército, mientras que, por otra parte, se prohibía a los hacendados vender sus animales en Venezuela (6) . Sin embargo, cuando Páez se rebeló en 1826, Moreno permaneció fiel al vicepresidente y, mediante una carta firmada por “Juan N., El Sostenedor”, denunció las actividades de los rebeldes en Arauca (7) .

Después que Bolívar desterrara a Santander por su complicidad en la conspiración del 25 de septiembre de 1828, y que estableciera una dictadura, en Moreno empezó a germinar el descontento. Se resintió amargamente por el hecho de que el Libertador adjudicase a su ministro de Guerra, Rafael Urdaneta, de vieja data enemigo personal de Moreno, las haciendas incautadas a las misiones del Meta (8) . Dolido por el permanente abandono en que Bogotá mantenía a Casanare, Moreno creía que, teniendo en cuenta que Páez ya había sancionado leyes favorables a los ganaderos, el trato que Venezuela daría a esa comarca seria mejor. En diciembre de 1829, un congreso reunido en Caracas se pronunció en favor de que Venezuela se separara de la Gran Colombia. Entre tanto, en Bogotá los delegados al Congreso Admirable procuraban desesperadamente lograr una nueva estructura federal. Venezuela se proclamó independiente. Con la muerte en el alma, Bolívar dimitió el lo. de marzo de 1830 y se preparó a marchar al exilio. El 4 de marzo, el Congreso Admirable eligió a Joaquín Mosquera y Domingo Caicedo para que ocuparan, respectivamente, la presidencia y la vicepresidencia (9) .

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(3)   Fabio Lozano y Lozano, “De Casanare a Boyacá”, en Curso superior de historia de Colombia (1781-1830), 6 vols., Bogotá, ¡951-1953, t. II, pág. 130. (Regresar a 3)

(4)   Salvador Camacho a Santander, Nunchía, 25 de enero de 1827, Archivo Santander (en adelante citado como AS), Bogotá 1913-1932, t. XVI, pág. 189. Camacho fue amigo intimo de Santander. Ejerció en el Senado de la República entre 1843 y 1852. Su hijo Salvador Camacho Roldán fue prominente estadista liberal, economista y escritor. (Regresar a 4)

(5)   Existen estudios no académicos sobre Moreno. Breves esbozos biográficos se encuentran en Joaquín Ospina, Diccionario biográfico y bibliográfico de Colombia, 3 vols., Bogotá, 1937, t. II, págs. 828-829; M. Leonidas Scarpetta y Saturnino Vergara, Diccionario biográfico de los campeones de la libertad, Bogotá, 1879, págs. 359-360; Cayo Leonidas Peñuela, Album de Boyacá, 2 vols., 2a. edic., Tunja 1969, t. II, págs. 310-311. (Regresar a 5)

(6)   J.N. Moreno a Santander, Pore, 19 de enero de 1820, AS, t. IV, págs. 63-66; Gaceta de Colombia, 29 de enero de 1826. (Regresar a 6)

(7)   J.N. Moreno a Santander, Pore, 1o. de diciembre de 1826, AS, t. XVI, págs. 30-31. La misma carta, pero con la firma “Juan N. Moreno”, se halla reproducida en Roberto Cortázar (comp.), Correspondencia dirigida al general Santander (en adelante se cita como Corresp.). 14 vols.; Bogotá, 1964-1967, t. VIII, págs. 266-267. (Regresar a 7)

(8)    José M. Restrepo, Historia de la revolución de la República de Colombia en la América Meridional, 6 vals., Medellín, 1974, t. VI, pág. 317. La animosidad de Moreno contra el ministro de Guerra se remontaba a 1816, cuando, en calidad de gobernador de Casanare, rehusara reconocer a Urdaneta, que desde Bogotá había sido designado dictador de Casanare y jefe del ejército por el presidente José Fernández Madrid. (Regresar a 8)

(9)   Jesús María Henao y Gerardo Arrub[a, Historia de Colombia, Sa. edic., Bogotá, 1929,
págs. 560-563. El Congreso Admirable, reunido del 20 de enero al 10 de mayo, promulgó la Constitución de 1830, que Urdaneta suprimió en septiembre siguiente. (Regresar a 9)