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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
20, Volumen XXVI, 1989
Por un conocimiento mayor
Un plan minero para
Colombia
Instituto de Estudios Colombianos Integral,
Bogotá, s,f, 546 pág.
El trabajo que aquí se reseña resume un
conjunto de estudios efectuados por el consorcio Iec/Jntegral con el fin de formular
las bases para que el gobierno nacional trace una política de desarrollo minero que pueda
integrarse coherentemente con un plan general de desarrollo, y ponerlo a su
consideración.
La importancia de tal propósito en el momento
actual no tiene discusión Los desarrollos y proyectos mineros de carbón para
exportación, los proyectos nuevos de producción de oro en el Guainía, e incluso el
renovado interés de las multinacionales de la energía por el petróleo en Colombia
hablan muy a las claras acerca de la urgencia de que el país se dote de instrumentos
analíticos y de conocimiento sobre los recursos mineros y energéticos.
A más de la importantísima información
técnica, que por primera vez se presenta reunida, estimamos que, desde el punto de vista
de la planeación, el prólogo de Roberto Arenas Bonilla constituye el alma del documento.
Efectúa el antiguo director de Planeación Nacional propuestas de política minera y
económica que vale la pena destacar y comentar.
Salta a la vista que el problema de la balanza
de pagos se ha constituido en referencia obligada de los economistas, haciendo olvidar
quizá algunos otros elementos, incluso más relevantes que éste.
De todas maneras, es un hecho de importancia
procurar aliviar el evidente déficit que el sector minero proporciona a las cuentas del
país. La balanza comercial de minerales (sin incluir petróleo) que los consultores
reconstruyen (pág. 56) da una idea de la magnitud del déficit para el periodo 80/82:
unos US$ 450.000.000. Por lo demás, si se pudiera no sólo aliviar el déficit del
sector, sino también generar recursos adicionales, el asunto sería mejor.
Aunque analistas como Arenas indican claramente
que un plan de desarrollo minero, a más de generar divisas, debería orientarse hacia
actividades que contribuyan al fortalecimiento de una estructura productiva
nacional, el hecho práctico indica más bien que el sector minero en gran escala se
ha tomado como elemento de alivio a la crónica enfermedad de nuestra balanza de pagos. En
los documentos que los organismos oficiales esgrimen ante prestamistas internacionales
cuando buscan afanosamente créditos (¡¡para pagar otros!!) le echan mano a la balanza
petrolera, carbonífera y aurífera que, con sus ingresos futuros, aseguran
los créditos solicitados. Casi puede afirmarse que un indicador de contribución al valor
agregado interno nunca ha sido incluido en los elementos de análisis para la toma de
decisiones en el sector carbonífero, por ejemplo; ni siquiera el sector petrolero incluye
en sus estimaciones análisis de contribución al valor agregado nacional.
Una política que de hecho promueva la
producción y el empleo nacional es una carencia real en la política económica de los
últimos años.
Otro gran punto de reflexión que propone arenas
es el análisis de la inversión privada nacional y extranjera, donde el punto
candente, y hoy día muy explosivo, es la participación del capital
extranjero.
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La reciente e implacable actuación de las
multinacionales de los minerales y la energía han dejado huellas difícilmente ocultables
en América Latina, Asia y África. La reacción contra el pasado colonial y neocolonial
ha dificultado un análisis que ilumine unas relaciones en condiciones de igualdad y de
equilibrio con las multinacionales, las cuales, es preciso tenerlo presente, nunca olvidan
sus mañas, y cada vez que pueden hacen lo posible por ni siquiera pagar el impuesto de
timbre de los contratos. De todas maneras, la indispensable valoración de los recursos
minerales y naturales no renovables exige un tratamiento firme con los inversionistas
extranjeros, pero también una clara distancia con el maximalismo ahistórico. Para ello
es indispensable que las mencionadas relaciones se aproximen a las del mercado
internacional, en el cual, ciertamente, las multinacionales son actores de peso, pero se
enfrentan a otros actores para establecer las condiciones del mercado energético y minero
mundial. Estas condiciones son las que deben determinar las cambiantes condiciones de las
negociaciones y la contratación con las multinacionales de la energía y los
minerales.
Las voces de apoyo incondicional a la libre
acción del capital extranjero sobre nuestros recursos oscurecen más el ambiente para la
toma de decisiones razonables y equilibradas. No es aceptable insinuar que la parte del
león en la repartición del ponqué petrolero le queda al Estado (Martínez,
1989), y no se adicionen otros elementos de la realidad.
Es necesario decir, además, que el Estado
actúa también como inversionista y que su capital (¡que son recursos fiscales
sociales!) exige una recompensa, como la exigen el capital extranjero y el capital
nacional.
Es fácilmente demostrable que un análisis más
fino sobre la repartición del excedente petrolero real donde se examine la participación
de una multinacional, de Ecopetrol y de la nación como perceptora de impuestos y
regalías, presenta una situación diferente (al 80/20 tan cacareado). La participación
de la multinacional puede cobocarse entre un 23 y un 29%, la de Ecopetrol entre un
29 y un 40%, y la de la nación (que agota el recurso), entre un 33 y un 44%.
Los análisis que pretenden mostrar a las
multinacionales de la energía como compañías de beneficencia y no como empresas que
buscan la rentabilidad, le prestan un flaco servicio al país (Martínez, 1989). El
reconocimiento de las condiciones de oferta y producción de minerales (y de
energéticos, entre éstos) que tienen ciertas e importantes restricciones, a más del
análisis permanente de las condiciones de negociación con las multinacionales, no se
presenta con la misma amplitud o ni siquiera se presenta. La gran voracidad de la
fiscalidad estadounidense o inglesa nunca se menciona cuando se habla, por ejemplo, del
mercado mundial petrolero.
Ahora bien: las muy primarias reacciones
políticas que se basan en el uso de explosivos para aceptar paradójicamente la
construcción de oleoductos o impedir su funcionamiento, poco hacen para analizar el
estado actual del mercado mundial de minerales o energéticos, las negociaciones que se
efectúan en el momento actual por todo el mundo con las multinacionales, etc. El
conocimiento de tales condiciones haría más en beneficio del desarrollo económico y social
del país que un atentado semanal contra un oleoducto.
El análisis profundo y detallado de los
diversos procesos de negociación con las multinacionales debe ser un propósito
nacional.
No sólo los contratos de asociación con
riesgos como los que ahora ensaya Ecopetrol son posibilidades. Un contrato de concesión
como los que se efectúan en el Mar del Norte es una posibilidad que ha de examinarse;
contratos como la asociación optativa de Indonesia con Inco en niquel (véanse detalles
en Giraud, 1989), donde el Estado se reserva un derecho de asociarse hasta un 5,1% y se
garantiza una fiscalidad fuerte, una limitación en la depreciación anual (que no se hizo
en Cerrejón y se dejó la puerta abierta para que las pérdidas iniciales fueran mayores
contra los intereses del país) es otra posibilidad para examinar. Incluso contratos de
prestación de servicios y asesoría técnica son formas distintas de relación con el
capital extranjero y que merecen cierta discusión.
Para que una política de nuevas relaciones con
el capital extranjero sea en verdad productiva, es necesario que se complemente con una
política de formación de recursos humanos capacitados en análisis y negociación con el
capital extranjero y no sólo en formación de cuadros técnicos, como en ocasiones parece
sugerirlo Arenas en el prólogo y en cierta forma el trabajo comentado. De todas maneras,
el estudio recomienda que se debe crear una escuela de negociadores colombianos, no
sólo para la explotación sino para industrialización y comercialización de los
minerales y los productos derivados (pág. 482), pero en fin de cuentas no parece
reconocerse como una necesidad estratégica la formación especifica de negociadores con
el capital extranjero. Lo que sí se reconoce expresamente es la formación de expertos en
la evaluación económica de grandes proyectos mineros (pág. 411).
Ahora, si nos
referimos al cuerpo del Estudio, hay varios elementos que deben destacarse.
Es, en primer lugar, un trabajo pionero entre
nosotros para promover el estudio del mercado mundial de minerales, en una nación que ha
sido por siglos exportadora de recursos minerales y en la cual, paradójicamente, los
economistas, se puede decir, sólo estudian la agricultura y la industria. El primer
intento es exitoso, ciertamente, y debería constituirse en base de análisis sobre
la economía mundial de minerales. El problema de la formación de los precios no es
examinado (véase Alvarez 1988, Giraud 1989), lo mismo que no se examina el decisivo
elemento de la negociación con el capital extranjero.
El apartado IV, Perspectivas y posibilidades,
concluye en consonancia con el análisis establecido anteriormente y plantea, desde el
punto de vista metodológico, una opción distinta de la tradicional econometría: la
presentación de escenarios posibles y futuros como herramientas de
planeación económica. El catálogo de proyectos presentado (págs. 332-339)
da una idea del estilo de desarrollo minero del país: oro, carbón, calizas... Realmente
un importante énfasis en el mercado externo, lo que dice muy a las claras sobre la
importancia de estudiar el mercado mundial de minerales.
Otro gran punto realzado por el análisis,
aunque ya había sido señalado por los ingenieros de minas, es la necesidad de emprender
estudios de exploración minera, especialmente en hierro, pues los recursos conocidos en
el país son insuficientes para satisfacer las necesidades de desarrollo industrial.
Para terminar, vale la pena señalar una
limitación del estudio como elemento de investigación: el trabajo de edición final del
texto no incluye un anexo bibliográfico, ni tampoco los nombres de los investigadores que
elaboraron las diferentes monografías, lo que hubiera sido de interés para quienes nos
ocupamos en la investigación sobre el tema y, ciertamente, para el público en
general.
CARLOS G. ALVAREZ
Referencias
Alvarez. C.
G., Renta, y geopolítica de la energía, EdicionEs Autores Antioqueños,
Medellín, 1988.
Giraud, J. P., Geografla y política
internacional de los recursos minerales, Universidad Nacional, Facultad de Minas,
Medellín, 1989.
Martínez,
L.A., La repartición del ponqué petrolero. El Tiempo 21 de mayo de 1989, pág. 28.
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