Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 20, Volumen XXVI, 1989

Una historia con ángel


Cristobal Colón para los niños
Amparo Angel
Editorial Printer, Bogotá, 1987, 97 págs.

 

Hacer de nuestro pasado un cuento atrayente, ahuyentando la sensación de que la historia es un compendio de fechas y nombres inertes impresos en fríos documentos, procurando, en cambio, mostrarla en todo su significado: las circunstancias de la vida de hombres, mujeres y niños de otras épocas, los grandes acontecimientos, los protagonistas y su ambiente cotidiano y extraordinario, en fin, ponerle alma a la historia, buscar la exposición animada del desarrollo de los sucesos sin serles infiel, constituye uno de los mejores esfuerzos de la moderna pedagogía infantil. 

Esto es lo que hace Amparo Angel con Cristóbal Colón para los niños. Estudiosa y admiradora del Almirante de la Mar Océana, se propone mostrar por qué este personaje jalonó con éxito una de las más grandiosas empresas en toda la historia de la humanidad. Se trata de un relato claro y ameno, en el que se muestra paso a paso el camino recorrido por Colón desde su sueño de niño de hacerse capitán de un gran navío, acrecentado después por el de descubrir extrañas latitudes partiendo por el poniente, hasta la realización de estos sueños. Queda allí claro que más que recorrido fue un camino desbrozado, en medio de grandes dificultades y escepticismo, por un hombre que no contó en su partida con los mayores privilegios de la época. Es una loa a la obstinación y tesón para realizar una ambición inmensa y temeraria, acontecimiento tan excepcional como el mismo descubrimiento de América. De Colón se cuentan su vida hogareña, sus ilusiones, sus amores, sus satisfacciones y frustraciones, su llamar ante tantas puertas, los aliados de su idea más que sus opositores, todo ello expuesto en un lenguaje sencillo. 

El libro no es un alarde de metáforas y poesía. Es, ante todo, un buen aprovechamiento de la técnica de ficción para exponer un suceso real. Se anticipan detalles que más adelante se retoman para explicarse. El pasado de Cristóbal se da a conocer por medio de las conversaciones de éste con su madre. Los diálogos de los personajes y la narración de la autora en primera persona, en donde presenta brevemente sus impresiones, van hilando la situación de manera clara, a través de secuencias por capítulos, presentados en orden cronológico lineal. 

“La puerta de San Andrés” se llama el primer capítulo del Cristóbal niño, habitante de uno de los puertos marítimos más importantes de su tiempo. Aquí se habla tanto del trajinar diario de embarcaciones que llegan y parten a lugares desconocidos, como del influjo de este ambiente en el ánimo e imaginación del chiquillo que empieza a acunar su sueño. “La Gran Carabela” describe la emoción que este barco de amplias velas imprime tempranamente en el alma de Colón y que devendrá en obsesión por conocer las cosas del mar. “El pequeño grumete” cuenta su deseo cumplido de lanzarse a la mar abierta, cuando sólo contaba catorce años. Medea, el libro de Séneca, será el punto de partida para aprender latín y convertirse en hombre ilus­trado, que además posee amplios conocimientos de cosmografía, cartografía y otras disciplinas afines a la navegación, lo que le facilitará la entrada a las cortes. Este capítulo describe también el azaroso viaje, del que regresó como naufrago solitario de una gran tormenta, a las islas de Portugal. “Los médicos del rey don Juan” cuenta la vida de Colón en Lisboa como cartógrafo, su decisión de desafiar los temores y creencias de la época navegando hacia el occidente, por el Atlántico, hasta encontrar el continente asiático. Narra, igualmente, su permanente preparación para la aventura de sus sueños, su matrimonio con la noble Felipa Moniz de Perestrello, su permanencia por varios años en la isla de Puerto Santo, el nacimiento de su primer hijo, su progresivo acceso a la corte del rey don Juan. “La carta de Toscanelli” habla del regreso de Colón a Lisboa y del arriesgado hurto de los secretos de la carta de Toscanelli, famoso geógrafo, físico y matemático, quien sustentó claramente, ante la corte de Portugal, la esfericidad de la tierra y calculó la distancia aproximada al Asia navegando hacia el occidente. También refiere la fallida propuesta de su idea al rey don Juan, la muerte de la esposa, su viaje al puerto de Palos, su amistad con los frailes franciscanos, a quienes encomienda el cuidado de su hijo Diego, su propósito de plantearles la expedición a los reyes de Castilla, su encuentro en Sevilla con el adinerado duque de Medinaceli, quien apoya a Colón. “Doña Isabel y don Fernando” relata cómo, curiosamente, Colón abandona la protección y apoyo del duque de Medinaceli, quien ya había ordenado construir en sus propios astilleros las carabelas requeridas por su protegido. En este capítulo también se habla del posterior acercamiento del navegante a los reyes de Castilla por recomendación del pro­pio duque de Medinaceli, del primer encuentro con los soberanos, de la comisión real para estudiar su proyecto y de su amistad con los influyentes frailes dominicos. “La larga espera” expone los difíciles cinco años en que Colón, en medio de la pobreza, aguarda la determinación de la comisión real, su nueva propuesta al rey de Portugal, la buena acogida de éste, el escepticismo de Colón, sus amores con Beatriz Enríquez, el nacimiento de su segundo hijo, la negativa de la comisión a su proyecto, sus desesperanzas, el encuentro con Martín Alonso Pinzón, poseedor de una idea semejante a la de Colón, el desespero de éste y la posible infidencia a la reina Isabel acerca de la carta de Toscanelli y el llamado de la soberana a Colón. “Viaje a Santa Fe” cuenta el reencuentro del navegante con la reina, sus ásperas negociaciones con ella y el contenido de las capitulaciones en que Isabel acepta finalmente las condiciones de Colón. “El puerto de Palos” informa sobre los preparativos del viaje, el aporte de los hermanos Pinzón a la empresa y el reclutamiento de la tripulación. “La Mar Océana” describe el viaje; “El encuentro”, la llegada a las nuevas tierras; “Caballero de espuelas doradas”, el regreso de Colón a España con las buenas nuevas. 

Es un cuento con final feliz, pues el relato no llega a las desventuras últimas del personaje. Colón logra su título de Almirante Mayor del Mar Océano y el de “Don” para su descendencia, de importancia en aquellos días, pero que tal vez no lograrán entender hoy muchos niños. 

La fidelidad histórica del relato se encuentra avalada por el historiador Germán Arciniegas, quien expresa en el prólogo: “Cuando pase el tiempo, y quienes ahora ya oyen lo que este libro dice, verán que punto a punto resultará cierto cuando se los manden como ladrillos en volúmenes de quinientas páginas. Y entonces quedarán tranquilos sabiendo que lo bueno de la verdad está en poderla saber oyendo estas historias de donde acaba por salir la historia. Se los dice quien ha sufrido con los documentos y gozado con las canciones de cuna”. 

En muchos pasajes, la autora misma expone las incertidumbres existentes. Así ocurre cuando se refiere al accidente de su personaje. Menciona entonces que “algunas personas afirman que el naufragio de Cristóbal se debió al ataque de un barco francés, cuando se dirigía hacia Flandes. Los historiadores no han logrado ponerse de acuerdo, pero lo que sí es cierto es que fue un milagro que se salvara y que llegó nadando a Portugal”. Igual sucede con la duda sobre el conocimiento de la carta de Toscanelli por la reina Isabel. En esta parte dice:  

Los dos marinos entraron a hablar directamente del proyecto de Cristóbal, y al cabo de un rato Martín Alonso le reveló que había estado hacía algún tiempo en Roma, en viaje de negocios, y había visitado a un amigo suyo, cosmógrafo de su santidad el papa Inocencio VIII. Este amigo le había revelado que, según los estudios cosmográficos y marítimos, había todavía en el planeta tierras por descubrir. 

Tengo en mi poder —explicó Martin Alonso— un mapa de este ilustre cosmógrafo y tengo la idea de armar dos carabelas y lanzarme hacia el poniente, con el propósito de descubrir nuevas tierras. 

A Cristóbal le dio un vuelco el corazón, de pensar que alguien pudiera adelantársele descubriendo nuevas tierras o la nueva ruta a las Indias. Ese temor lo hizo, esa misma noche, hablar con Fray Juan Pérez y, para mí, que le reveló algo tan importante al fraile, que fue el motivo por el cual la Reina cambiara de opinión respecto al proyecto. No se sabe a ciencia cierta qué fue lo que le reveló a Fray Juan, pero yo, humilde admirador del navegante, me atrevería a decir que Cristóbal se decidió, por primera vez, a nombrar que tema en su poder la carta de Toscane­III. Este sí era un documento válido y una prueba que le daba respaldo a la expedición.  

En otro aparte, la autora sustenta sus aseveraciones de la siguiente manera: 

Pero... dirán ustedes, queridos niños: ¿Qué sucedió que el proyecto no siguió adelante con el Duque de Medinaceli? Pues yo lo he averiguado muy bien, leyendo todos los documentos que narran estos años de su vida y he llegado a saber, por varias fuentes, que a Cristóbal le picó el mosquito de la ambición más fuerte que de costumbre y pensó que de llegar a descubrir alguna nueva tierra, como él ambicionaba ser Gobernador y Virrey de ella, el Duque no podría nombrarlo Gobernador ni Virrey, como tampoco darle el título de Almirante de la Mar Océana, sino el propio rey.  

Este libro, de edición llamativa, ilustrado con dibujos de trazo clásico, desprovistos en su mayoría de expresión y de la fuerza que la autora procura imprimirle a la narración, presenta muchos aspectos del contexto histórico del personaje, aunque en algunos de ellos se queda corto. Tal es el caso de la influencia de anteriores expediciones, como las de Marco Polo, a quien apenas se menciona. Igual sucede con la toma de Constantinopla por los otomanos, que impedía llevar más lejos los viajes de entonces al oriente. 

Como el título del libro lo indica, se trata de la historia del Cristóbal Colón y no la del descubrimiento de América. Pero, ¿cómo separar el uno del otro? ¿Cómo podría insertarse en un cuento sobre Colón el contexto más amplio de las circunstancias particulares que hicieron posible una empresa de tanta magnitud como fue el descubrimiento de América? El auge del intercambio mercantil que conduce al acelerado desarrollo de la navegación y de las ciudades portuarias, el afán de conquistar nuevas tierras, fuentes de metales y piedras preciosas, la competencia colonial entre los diferentes reinos, son aspectos que no dementan la grandeza de Colón, pues, si bien es cierto que estas circunstancias favorecieron la expedición, también lo es que se trató de una enconada confrontación entre los nuevos conocimientos científicos y las ideas feudales imperantes. Este conflicto constituye la esencia de la brega de Colón para sacar avante su idea ante la comisión designada por los reyes de Castilla. De ahí lo definitivo de la carta de Toscanelli. Por supuesto, presentar contextos amplios supone grandes dificultades técnicas para la elaboración de tramas de relatos que procuren simplificarlas para la infancia.

El libro de Amparo Angel es un esfuerzo meritorio que se suma a otros, como el de Fernando Laverde y su película con el respectivo libro. Son ellos buen material para presentar a los niños, de manera acogedora, la historia del gran Almirante, con motivo de la próxima celebración de los quinientos años del descubrimiento de América. Representan estos trabajos una adecuada forma de asomar a los pequeños a las puertas de la historia y de animarlos a entrar por ellas.

 

AMPARO LOTERO BOTERO