Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 20, Volumen XXVI, 1989

 

Desde otra óptica


Ecología y sociedad
Hernando Patiño
Tercer Mundo Editores, Bogotá,
1988, 191 págs.

 

Dentro de la discusión ecológica en Colombia es posible encontrar cuatro grandes corrientes que, aunque no comprenden necesariamente todas las formas de pensar y actuar, por decirlo de alguna forma, se han apropiado de dicha discusión, algunas veces proponiendo soluciones Concretas y otras llevando a cabo estudios desde los cuales se pueda llegar a soluciones. Es así como entre estas corrientes se puede distinguir, por un lado, el enfoque etnoecologista, cuyo objetivo principal es demostrar cómo en sistemas no capitalistas precolombinos, por ejemplo el inca, se había llegado a una racionalización del ecosistema y del modo en que se usaban los recursos naturales. A partir del análisis histórico, se pretenden estructurar estrategias de educación ambiental. Por otro lado, se podrían agrupar todos aquellos interesados en la investigación agronómica, los cuales también quieren llegar a un uso racional de los recursos naturales a través de proyectos de interés común para varias disciplinas y enfocando la investigación hacia los diferentes ecosistemas regionales. Como ejemplo de esta corriente, cabe mencionar a los participantes en la Conferencia Internacional de Investigación Agrícola y Uso de la Tierra en la Amazonia. Un tercer grupo, mucho más heterogéneo, sería aquel conformado por todas las personas que —debido, básicamente, a un interés humanista y a un proyecto de vida cuyo pilar principal es una relación directa con la naturaleza—, han hecho de la ecología uno de sus temas de preocupación. A esta corriente pertenece, entre otros, el grupo de ecologistas radicados en Villa de Leiva. Finalmente, tendríamos una cuarta corriente representada por estudios como Ecología y sociedad, en los cuales se hace un análisis de la ecología a partir de pre­supuestos sociológicos. En este caso, a pesar de que se trata de un intento interesante, se presentan varios problemas debidos, en su mayoría, a las premisas doctrinarias y unilaterales desde las cuales se inicia la discusión. 

Para analizar Ecología y sociedad de Hernando Patiño habría que entrar a discutir, en primera instancia, el enfoque materialista dialéctico del mundo y, en segundo lugar, las extrapolaciones que se pueden hacer a partir de dicho enfoque. Supongo que lo primero rebasa el objetivo de esta reseña. En cuanto a lo segundo, no cabe la menor duda de que, cuando se estira una construcción teórica y se pretende que lo explique todo, es imposible evitar caer en imprecisiones, por exceso o defecto, con respecto al objeto estudiado. Ecología y sociedades un libro en donde, si bien es cierto que hay críticas válidas a un sistema demasiado preocupado por el agronegocio y en el que lo último que importa es el hombre y la naturaleza, el paradigma materialista a partir del cual estas críticas se lanzan se convierte en un elemento perturbador que en poco o nada contribuye a estructurar los planteamientos ecológicos generales o particulares en los que el libro se ocupa. 

 

En el primer capítulo del ensayo de Hernando Patiño, el cual hace las veces de marco teórico, Engels es elevado a la categoría de ser omnisciente e infalible con derecho a opinar sobre cualquier asunto y a partir del cual se puede explicar el cosmos entero en su infinita complejidad. Entre extensas citas del mencionado filósofo, el autor trata de hacernos ver y compartir con él la idea de que la crisis ecológica actual se reduce “a la incapacidad de la burguesía para seguir rigiendo las fuerzas productivas modernas” (pág. 28). Al hacer aseveraciones de este tipo, doctrina­rias y reduccionistas, Patiño se queda corto al tratar de explicar las causas y circunstancias que hacen que la cultura contemporánea, la cual se extiende desde China hasta el continente americano, se haya dado a la tarea de destruir el medio ambiente de manera sistemática e indolente. Cuando asegura que “para los países del Tercer Mundo [...] [se] plantea la necesidad de adelantar las tareas de la liberación nacional rompiendo el yugo de los monopolios imperialistas” (pág. 34) con el fin de establecer “las garantías fundamentales para la protección del medio ambiente” (pág. 34), Patiño cae en la trampa de una retórica politiquera y decadente que bloquea la posibilidad de llegar a soluciones concretas, las cuales son, ciertamente, urgentes en el campo de la ecología. Confiriéndole tanto énfasis a lo que de lucha de clases y colonia­lismo está involucrado en el problema, no hace más que darle vueltas a la antigua paradoja que se pregunta que fue primero si el huevo o la gallina y que termina dejándonos paralizados para comernos el huevo o desplumar la gallina. Cuando se trata de un tema tan presente como la ecología, donde lo que se requieren son soluciones concretas y efectivas, no creo pertinente ni útil aferrarse a concepciones rígidas y, a partir de ellas, saltar a conclusiones apresuradas y simplistas. 

Los enunciados principales sobre los cuales se sustentan las conclusiones a que se llega en el libro, se encuentran en este primer capítulo, el cual, al hallarse enmarcado dentro de un perfil ideológico rígido, afecta toda la estructura y contenido de la obra, confiriéndole un carácter estrecho que se interpone entre los objetivos de concientización a que el autor quiere hacernos llegar y el manejo que para esto hace del discurso. 

El libro está lleno de extrapolaciones ideológicas. Un ejemplo típico de esto es el análisis que el autor hace del cultivo de caña de azúcar en el Valle del Cauca. En este estudio denuncia cómo dicho cultivo “reduce el conte­nido de nutrientes del suelo [...] contribuye a incrementar la escasez de agua [...] genera compactación de la estructura del suelo y [debido al uso de herbicidas] desata cambios profundos en la microbiología del suelo” (pág. 124), y a partir de dicho planteamiento salta a conclusiones que, más que a un desarrollo lógico, obedecen a la aplicación estricta de fórmulas de pensamiento. Es así como Patiño concluye que el problema antes mencionado se debe “al carácter monopolista de las relaciones de producción”
(pág. 124) y al “despojo de la pequeña propiedad campesina” (pág. 124), ignorando con esto que los problemas ecológicos están muy relacionados con la educación a ese nivel y que también se dan en regiones donde prima el minifundio. 

Con lo anterior no quiero decir, sin embargo, que en el libro no haya cosas que merezcan la pena de ser rescatadas. Entre éstas, tenemos la exposición sobre el control natural de plagas a partir de feronomas y el lenguaje bioquímico de los insectos y terpenos aleloquímicos (págs. 59-71), o la toma de conciencia sobre la importancia del Amazonas a que nos insta en el capítulo dedicado al “laboratorio genético más rico del mundo” (pág. 71). No obstante, capítulos interesantes como éstos naufragan en el mar de la doctrina dialéctico-materialista y no pasan de ser curiosidades botánicas aisladas dentro del libro y útiles sólo para aquellos a quienes puedan interesar.  

La segunda parte de Ecología y sociedad es una recopilación de escritos del mismo autor aparecidos básicamente en Cultura y debate y que versan sobre diferentes temas que van desde la deposición del dictador haitiano Duvalier hasta la lucha de Hernando Patiño con un cáncer de estómago, pasando por una apología del “mamagallismo como cabal expresión del ingenio humano”. Entendemos que la circunstancia de que al maestro Patiño se le haya querido rendir un homenaje póstumo seguramente pesó bastante en la decisión de incluir estos escritos en el libro pero, en la medida en que estos nada tienen que ver con el tema central, se hace improcedentes dentro del contexto general, convirtiéndose en un elemento que en nada contribuye a honrar la memoria del apreciado maestro. El hecho de que noblesse obligue no quiere decir que haya que recurrir a la técnica de colcha de retazos, la cual, en este caso, proyecta una imagen bastante incoherente de Hernando Patiño, pues, al brincar de la ecología a lo trivial, el lector queda sin asidero y sin saber si preocuparse por lo que de desastre inminente tiene el manejo que se hace de los recursos naturales o las aventuras picarescas del personaje en cuestión.  

MIRIAM COTES BENÍTEZ