Boletín Cultural y Bibliográfico Número 21, Volumen XXVI, 1989

"El amor no es efímero: es efímero el tiempo"


Vana stanza
Amílcar Osorio
Fundación Simón y Lola Guberek,
Bogotá, 1989

Una referencia obligada a un documento innecesario de citar, para encauzar los pasos hacia esta Vana stanza, de Amílcar Osorio: "Pretendió ser en todo sentido la versión tropical de Jean Genet. Un error de perspectiva. De espaldas a su generación, se hundió en un silencio de dos años, solo como un remordimiento. Ahora se ha reintegrado al grupo abandonando su seudónimo de Amílcar U, por su verdadero nombre Amílcar Osorio. Escribe sus ‘naderías’ en inglés, francés, y un espagnol sofisticado". Estas líneas que, salidas de mano de Gonzalo Arango, dibujaban la estampa de cada uno de los integrantes del movimiento nadaísta, cuando vivía el apogeo de su escándalo, iluminan ahora especialmente.

Y a un libro como el aquí glosado hay que situarlo en el marco de su época, pues los movimientos literarios (con manifiestos, proclamas, pensamientos) exigen de las obras que los plasman cierta manera de ser. Hay que mirarlo en forma relativa, si verdad es que los autores (pongamos el caso de Breton), llegan a obras de valor intemporal cuando abandonan los movimientos que los han hecho posibles. En este caso es el nadaísmo, nuestro extemporáneo movimiento de vanguardia, con una postura y un lenguaje que a Colombia llegaron más o menos con cuarenta años de retraso en relación con las vanguardias de Europa, España e Hispanoamérica.

El nadaísmo existió, y no acertamos a entender por qué quienes a él pertenecieron se empeñan en empobrecerlo (y empobrecerse) al intentar continuarlo. Acaso ello sea semejante al acto de quien debe regresar al hogar en cenizas. Existió, decimos, y hay un puñado de obras quede él dan fe, entre ellas la especialmente lúcida de Amílcar Osorio, pues, no obstante la extemporaneidad, supo hacer suyo, como necesario, el auténtico espíritu del vanguardismo, dando un sentido a la experimentación y la exploración.

¿Qué hizo o qué deshizo el nadaísmo, hay un legado real o un aporte cierto? Durante mucho tiempo he pensado que ninguno de nuestros nadaístas avanzó un paso más allá de la línea que en 1918 trazara al lenguaje poético Vicente Huidobro en Altazor. Pero hay otros rumbos y hay con ellos que ir a estas páginas que son algo como una antología total, así explicada en la presentación: "Esta selección recoge poemas que han sido compuestos desde 1962 hasta 1984. No están ordenados cronológicamente, ni los libros a los cuales corresponden están completos:  algunos de ellos pertenecen a trabajos en proceso. Varios de ellos han sido publicados, ninguno de manera definitiva". Añadimos que las fechas de Osorio señalan una vida breve:  1840-1985, en distancia de la cual es ya posible fijar su obra en el curso de la poesía escrita en Colombia.

Hay en sus versos un punto de partida: la creencia en la poesía, así como, en inicio, hay dos epígrafes que, por el marco arriba aludido (la unión a cierta tradición), extrañan:  uno es de T. S. Eliot acerca de la experiencia poética, y el otro de L. Wittgenstein acerca de la existencia de lo místico. En acuerdo con ellos, la lectura revela un intelectualismo casi exacerbado, en distancia de la vida, que lleva los poemas hasta lo críptico o lo hermético:

Sin cuerpos flotan alas, de las vigas caen. a tres cámaras se dan las puertas:
de la que fuera dormitorio, caminante la claridad adviene por el tablado, pero no llega; de la que fuera laudatorio proviene el viento que se va por la que fuera para conciertos hasta el patio.
huecos de clavos en las paredes al estuco, e inquieta la cadena de una lámpara
que alumbrara los cristales, porque aquí se bebía. botellas en un rincón y sellos violados.

Sobresale, por ejemplo, un sentimiento de las palabras que, más que a las vanguardias, señalaría en el caso de Osorio una adhesión al pasado simbolismo, por los ambientes, los climas que calificaríamos de desasimiento y lejanía, con un hombre especial: S. Mallarmé. En el documento transcrito hay otras líneas: "Injertó a su obra, en una aventura fecunda, todos los experimentos y estilos de vanguardia desde el surrealismo al objetalismo. Educado en latín de sacristía y en otras disciplinas esotéricas. . ." Casi lacónico, el lenguaje de los poemas todos de Vana stanza devuelve algo como los reflejos mentales que van de la experiencia de la lectura a la experiencia del mundo, de la iniciación en la poesía al desarraigo de la vida, involucrada cierta nostalgia lírica cultivada por los poetas de estirpe oriental:

Termina la fiesta si apenas empieza. Y ya se van
los amados que no llegan. Faltan tanto.
Apenas mana el vino vacías ya las copas, vacías las botellas.
Los labios se entreabren y ya se ha ido el beso.
El amor no es efímero, es efímero el tiempo.

Una ausencia es notable, tras el subtítulo del libro Diván selecto, ausencia de dos rasgos primeros de los escritores nadaístas (con la excepción de quien se empeña en calificarse como tal sin haberlo sido: Armando Romero); el humor y la desdignificación. Tampoco en Amílcar Osorio el juego verbal forma parte del ingenio, siendo éste el enemigo primero de toda poesía.

Nuestro intento, acaso vano, sería separar a Osorio del nadaísmo o señalar en él una superación de la postura que tal vez en un comienzo le diera alas. Pero la conciencia del poema y de las vetas que de la visión llevan al lenguaje poético; la urgencia al tiempo de expresión y de no comunicación; la voluntad estética; el sentido de la vigencia de todo acto creador frente a la nada, aun la fiesta de escribir poesía y saberse poeta, lo distancian tanto de la facilidad como de la fragilidad del nadaísmo.

JAIME GARCIA MAFFLA