Boletín Cultural y
Bibliográfico, Número
21, Volumen XXVI, 1989
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Guía
panorámica de los caños de la ciudad de Barranquilla (Museo Romántico de Barranquilla)
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Comercio,
transporte y sociedad en Barranquilla, en la primera mitad del siglo XIX
SERGIO
PAOLO SOLANO Fotografías: Museo Romántico de Barranquilla.
Luis Eduardo Cruz
LA
HISTORIA DE BARRANQUILLA ha estado estrechamente ligada a la del comercio y el transporte
por el río Magdalena, afirmación que tiene validez para el período republicano y para
las postrimerías del colonial.
En
efecto, desde el último cuarto del siglo XVIII el sitio de San Nicolás de la
Barranquilla había alcanzado alguna importancia como puerto fluvial a lo largo del bajo
Magdalena, acaparando una fracción importante del volumen del comercio comarcano en
detrimento de otros pequeños puertos de tránsito y almacenaje de mercaderías, como la
barranca de Malambo, la de Mateo, Barrancavieja, Barrancanueva, etc. Esta creciente
importancia estuvo determinada por su ubicación geográfica cercana a un canal fluvial
que se desprendía del margen occidental del río, el cual desembocaba en la ensenada de
Sabanilla, una rada protegida por los cordones litorales que se formaban gracias a la
sedimentación que arrastraba el río, la que era depositada en ese sector por una
corriente marina litoral que corre en dirección nordeste-suroeste.
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Iglesia de Barranquilla. Acuarela sobre papel. de Edward M. Mark, 1.27 x 17.3
cms, 1844. Colección de la Biblioteca Luis-Angel Arango.
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Cuando el canal
del Dique y los canales que unían el cauce principal del río con la Ciénaga Grande de
Santa Marta presentaban dificultades a la navegación de bongos y champanes que se
dirigían a los puertos de Cartagena y Santa Marta respectivamente, se optaba por utilizar
el caño que de Barranquilla conducía a Sabanilla, ruta también utilizada cuando se
trataba de introducir mercaderías al interior del país sirviéndose de su principal arteria fluvial 1
Uno
de los factores que acrecentaron el volumen comercial a través de Barranquilla durante el
último cuarto del siglo XVIII fue la aplicación de algunas medidas de las reformas
borbónicas, especialmente aquellas que incentivaron la explotación de ciertos productos
silvícolas como la tagua, la zarzaparrilla, el palo brasil, el palo tinte, etc.; el
cultivo del algodón, que comenzó a exportarse con destino a Barcelona, donde la
industria textil había tenido un despegue, y la demanda de cueros ligada a la producción
de calzado rústico, aperos para montar bestias y para proteger las cargas de algodón. La
explotación de estos productos la llevaron a cabo principalmente las pequeñas
comunidades que habían surgido a lo largo del margen oriental del bajo Magdalena
(Sitionuevo, Remolino, El Piñón, Pedraza, Cerro de San Antonio, Guáimaro, etc.), cuyas
cosechas acaparaban pequeños y medianos traficantes que habían disgregado sus intereses
por la región y que habían establecido en algunos de los poblados de ésta sus bases de
operaciones, para luego llevar los productos acaparados al puerto de Santa Marta o para
exportarlos subrepticiamente a través del contrabando. 2
Para
los años del conflicto de la independencia, Barranquilla era un puerto fluvial de
significativa importancia, donde se concentraban intereses de comerciantes y
transportadores, dedicados éstos a usufructuar el negocio de los bongos y champanes, que
se hablan convertido en un incentivo para el desarrollo de los oficios artesanales, como
la construcción de embarcaciones, la carpintería, la herrería. A ella arribaron
núcleos de medianos comerciantes provenientes de Mompox y de Santa Marta, catalanes los
de esta última, que introdujeron, al entonces sitio de vecinos libres, máquinas de
madera para desmotar algodón, acaparando este y otros productos y produciendo una
movilidad social que después se convertiría en una de las características de la ciudad
y en factor de atracción de corrientes
migratorias. 3.
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Pescadores del río Magdalena. Acuarela sobre papel, de Edward M. Mark. 1845.
Colección de la Biblioteca Luis-Angel Arango
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El
de Sabanilla, hasta fines del siglo XVIII, había sido un puerto de permisión habilitado
para el comercio comarcano y para almacenar productos nativos que posteriormente eran
llevados a Cartagena y Santa Marta para exportarlos. Con el conflicto de la independencia,
Sabanilla fue abierto al comercio internacional en 1811 para la exportación de productos
del país, medida que buscaba garantizar a la recién creada junta de gobierno de
Cartagena ingresos fiscales, ante la pérdida del situado, contribución que el resto de
ciudades del virreinato le otorgaban para mantener sus fortificaciones y velar por su
defensa como principal puerto del Nuevo Reino. Después de las vicisitudes acaecidas
durante el período de la reconquista española 4, Sabanilla fue abierto al comercio de importación y exportación en junio de 1820,
mientras Cartagena estuviera en manos de los realistas, privilegio que le suprimió, en
octubre de 1821, el Congreso de Cúcuta. Conocidas las ventajas de contar con un puerto
internacional, el débil núcleo de comerciantes barranquilleros, ahora reforzado por
algunos extranjeros, comenzó a presionar ante el Congreso y persistió a lo largo de los
primeros decenios de vida republicana para que Sabanilla fuese habilitado para el comercio
mundial 5. Sin embargo, hasta 1849 conservó el
estatus de puerto de permisión para la exportación exclusivamente, donde la
administración de aduana del puerto de Cartagena tenía asignada una capitanía o
guardamayor que no cumplía función alguna, pues los barcos, antes de llegar a Sabanilla,
se dirigían a los dos puertos vecinos, donde les establecían las revisiones, el derecho
de tonelaje y el examen de sanidad 6 A pesar de estos
obstáculos, las cifras de las exportaciones por Sabanilla correspondientes a los años
1836-1847, al compararse con las de Cartagena para los mismos años, revelan una gran
actividad de exportación de productos nativos, principalmente maíz y
cueros 7.
Paralelo
al desarrollo del comercio, corrió el fortalecimiento del núcleo de traficantes de
Barranquilla, que se había favorecido con la llegada de algunos .extranjeros y de
connacionales oriundos de Cartagena y Santa Marta. Los Glenn, los Duncan y otros que
probaron suerte y luego se marcharon, llegaron con las tropas republicanas; en el
transcurso de los años treinta fueron los Cohen, Mathieu, Pardo, Pardey, Clemow,
Linderman, Danouille, Boully y otros, atraídos por las posibilidades comerciales que
brindaba este poblado, sobre el cual un viajero extranjero había escrito en 1829 que:
[...]todos
los extranjeros que han vivido aquí entre cinco y diez
años han logrado acumular bienes de fortuna considerables,
habiendo comenzado en la gran mayoría de los casos sin o con
muy poco capital; son tan grandes las ganancias que se pueden
realizar con toda suerte de mercancías extranjeras que la riqueza
es apenas consecuencia lógica de una política cautelosa de
ventas 8
Para
1845, según la lista de las personas obligadas a prestar el servicio personal
subsidiario, había en Barranquilla 31 extranjeros, de los cuales diecinueve representaban
el 40,4% de la primera clase, relación que se conserva hasta comienzos de la mitad de siglo 9. Los comerciantes nacionales como los
Palacio, Salcedo, Antigüedad, Salgado, Espinoza, Macaya, Collante, etc., habían llegado
de Cartagena, y los González Rubio y Esteban Márquez R. de Santa Marta, mientras que los
Abello, los Diazgranados y los de Mier, oriundos de esta última, ligan sus intereses a
Barranquilla, estableciendo en ella almacenes y depósitos. Al lado de estas corrientes
migratorias selectivas se fortalecen los comerciantes locales, como Ildefonso Insignares,
Ildefonso Macias, Nicolás y Ramón del Valle, Manuel Molinares y otros.
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Muelle del puerto de Barranquilla. en la primera mitad del siglo XX (Tomado de:
Barranquilla Gráfica, Enrique Rash Isla (Ed.), (1940).
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Sobre las
actividades comerciales de extranjeros y connacionales, la información, a pesar de ser
fragmentaria, permite observar en un comienzo una especialización, dedicados los primeros
a introducir efectos foráneos y los segundos productos nativos. Aunque la documentación
notarial señala que algunos comerciantes colombianos radicados aquí se aventuraron a
buscar vínculos con Jamaica (tal es el caso de Pedro y Gregorio Palacio, Nicolás del
Valle, quien para los años treinta poseía un bergantín, Ildefonso Macías y Esteban
Márquez R., según un ensayo de Francisco Carbonell González inserto en la obra Lecturas
locales de Miguel Goenaga), la documentación del concejo municipal muestra que estos
traficaban especialmente con productos lugareños. En efecto, de nueve almacenes que
existían en la ciudad en 1847 (por almacén se entendía el expendio de mercaderías
avaluado por encima de los
$ 1.500.00), cinco eran de propiedad de extranjeros y los otros cuatro de comerciantes
samarios; y de dieciséis tiendas (avaluadas entre los $ 800.oo y los $ 1500.oo), nueve
eran de extranjeros y el resto de los barranquilleros 10.
Otro indicativo de esta especialización son las relaciones de ingresos por concepto de
introducción de efectos extranjeros y nacionales a la ciudad en 1847, pues de 665 cargas
(equivalentes a 149,6 toneladas) de mercadería foránea el 83,4% fue traída por los
extranjeros, mientras quede 174 cargas de productos nacionales (43,5 toneladas) el 88,8%
fue introducida por los traficantes locales 11; las razones
de esta especialización son apenas obvias en una población que apenas comenzaba a
establecer contactos con el mundo allende el mar.
El
procedimiento de acumulación de capital mercantil antes del boom tabacalero consistía en
entregar mercancías importadas (los comerciantes locales, la mayoría de las veces,
recibían los productos en consignación, con un interés semestral del 6% de algunas
casas comerciales radicadas en Cartagena, como la de Pedro Maciá, y de algunas
extranjeras, como la de Grice, Gordon, Molivoiré-Ugarte, Cotten y Charles y Bunch, entre
otras), a distribuidores menores, quienes se comprometían, hipotecando sus bienes, a
colocar en el puerto de Sabanilla productos como algodón, palo tinte, maíz y
cueros.
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Vapor Jiménez de Quesada de la Naviera Colombia en el siglo XX. entrando al
puerto fluvial de Barranquilla (Tomado de: Barranquilla Gráfica, Enrique Rash Isla (Ed.).
(1940).
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El río Magdalena fue la única vía de comunicación entre las provincias del
interior y los puertos del Caribe. (Mapa de la costa colombiana tomado de Resa i Colombia,
aren 1825 och 1526, Carl August Gosselman, Stockholm, 1830).
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El desarrollo del comercio trajo como corolario la concentración de la
navegación fluvial efectuada por botes y champanes en manos de los comerciantes, con los
que tuvo que competir fuertemente en un comienzo la navegación a vapor. Así, mientras
que en 1847 navegaban por el Magdalena dos vapores con una capacidad de cuatrocientas
toneladas, del puerto fluvial de esta ciudad (llamado Puerto Real) salieron ese mismo año
un promedio mensual de 170 embarcaciones, entre champanes de cincuenta cargas (medida
española equivalente a un cuarto de tonelada) y botes de sesenta cargas, para una
movilización mensual de 3.230 cargas u 808 toneladas, duplicando la capacidad
de los vapores 12, El 36% de las embarcaciones eran propiedad de diez
miembros de la elite local (Manuel Molinares, Ildefonso Insignares, Eduardo Glenn, Esteban
Márquez R,, José María Palacio, Edward Steel Geisle, Santiago Wilson, José Manuel
Pérez, Diego de Castro Audiver y Nicolás Salcedo) 13, quienes habían organizado, ante la amenaza de competencia de los vapores, un
sistema de trasbordo en los distintos puertos fluviales del bajo Magdalena, que les
permitía mantener tarifas más bajas. Sus embarcaciones se movilizaban con destino a
Sabanilla, Santa Marta, Cerro de San Antonio, Pedraza, El Banco, Mompox, Remolino,
Cartagena, Nare, Pajaral, El Paso, El Dique, Ponedera y algunas veces
Honda 14, ciudad a la que transportaban "aguardiente, miel, panela,
maíz en tuza [sic] y desgranado, cueros, suelas, azúcar, café, tagua, madera, cacao,
manteca, millo, cocos, sal, zarza, borraja violeta y rosa, dulces, esteras, jabón, ñame,
casabe, etc." 15.
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En postrimerías de la Independencia, Barranquilla era un puerto de importancia.
Une rue de Barranquilla (Tomado de. Voyages dans lAmérique du Sud, Jules
Nicólas Crevaux, Hachette e Cie, Paris. 1883).
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Aguadora del Magdalena, Acuarela sobre papel, de Edward M. Mark, 17.4 x 7.2 cms.
s.f Colección de la Biblioteca Luis-Angel Arango.
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Consecuencia
de este desarrollo comercial durante la primera mitad del siglo XIX fue el surgimiento de
una estructura social de tipo piramidal, como se puede comprobar en el cuadro de la
página siguiente.
La
amplia base, catalogada como "los menos acomodados" y pertenecientes a la
tercera clase, estaba constituida por agricultores, bogas, patrones de embarcaciones,
pescadores, artesanos (carpinteros, sastres, herreros y calafates) y por personas de
disímiles ocupaciones premodernas. El vértice de la pirámide lo conformaba la primera
clase, definida como "la más pudiente", que representaba el 5,7% y la
integraban los comerciantes y transportadores, mientras que en la mitad se hallaba la
segunda clase, que representaba el 10,4% del total.
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Pequeña plaza del Teatro Municipal, rincón donde según los historiadores
comenzó a poblarse el caserío de las Barrancas en el siglo XVIII (Museo Romántico de
Barranquilla).
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CUADRO 1
Prestación del
servicio personal subsidiario
(o tributación en dinero), correspondiente al período 1843-1849 16
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Clases
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Personas
en total
|
% del
total
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Total
Jornadas de trabajo
|
Tributación
en reales
|
% del
total
|
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Primera
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338
|
5,7
|
2.366
|
7.098
|
11,5
|
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Segunda
|
622
|
10,4
|
3.110
|
9.330
|
15,1
|
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Tercera
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5018
|
83,9
|
15.054
|
45162
|
73,3
|
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TOTAL
|
5.978
|
|
20.530
|
61.590
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FUENTES:
A.C.M.B., libros de 1843 y 1844, Actas del concejo municipal y del cabildo parroquial
(comprenden los años 1843-1849).
y
estaba integrada por tenderos, abastecedores de carnes, pulperos, propietarios de
talleres, etc. Si estudiamos la contribución de cada clase, según las cifras del cuadro,
observaremos que la relación de jornadas de trabajo de la tercera clase respecto a la
primera y segunda es de 15: 1 y de 8:1, en su orden. Al traducirse la contribución de
jornadas de trabajo a tributo en dinero, los términos de la relación se invierten, pues
la proporción de la primera clase respecto de las dos restantes es de 1:1, 4 y 1:2, 3, lo
que manifiesta una concentración de la riqueza en aquella, dado que sus 48 integrantes
promediados en el período tributaban el 47% del total, mientras que las dos restantes
tributaban el 57%.
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La Casa de la esquina fue la residencia de don Bartolomé Molinares, allí se
hospedó Simón Bolívar, en noviembre de 1830 (Museo Romántico de Barranquilla).
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Las
actividades económicas y la estructura social señalada garantizan afirmar que la de
Barranquilla, para la mitad del siglo XIX, era fundamentalmente una comunidad
caracterizada por las actividades comerciales y por el transporte fluvial por el bajo
Magdalena, sobre la cual el auge de exportación del tabaco incidirá favorablemente,
produciendo nueva movilidad social al ascender los sectores que se ligaron a su
comercialización y fortaleciendo la navegación a vapor, al existir un volumen de carga
de gran demanda internacional que hará rentables las empresas de transporte moderno.
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1 Véase Sergio Paolo Solano. "El puerto de Sabanilla durante el periodo
coloníal" en revista Huellas, Barranquilla. 1986. núms. 16-17.
(regresar1)
2 Véase Sergio Paolo Solano. "Barranquilla a finales del siglo XVIII y
comienzos del XIX en revista Amauta, Barranquilla, 1987, núm. 4. Reproducido por el
suplemento Intermedio, del Diario del Caribe, octubre de 1988. (regresar2)
3 Ibíd
(regresar3)
4 Sobre la reconquista española en esta ciudad, véase Sergio Paolo Solano.
"Barranquilla durante la reconquista española", en el suplemento Intermedio,
del Diario del Caribe. Barranquilla, 9 de abril de 1988. (regresar4)
5 El mejor estudio sobre las continuas disputas entre los comerciantes de
Cartagena. Santa Marta y Barranquilla por acaparar el mayor volumen del comercio
internacional durante los tres primero cuartos del siglo XIX es el del estadounidense
Theodore Nichols, Tres puertos de Colombia. Estudio sobre el desarrollo de Cartagena.
Santa Marta y Barran quilla, Bogotá, Banco Popular. 1973. Existen algunas fuentes
documentales, aún no explotadas. que ilustran el esfuerzo de la elite barranquillera en
procura de la habilitación de Sabanilla para el comercio de importación; véase Archivo
de la Notada Primera de Barranquilla(A.N.P.B.), libro de protocolo 1823-1827, tomo único,
escritura
núm. 35: "Poder para exigir en el Congreso la habilitación del puerto de Sabanilla
al comercio de importación concedido por la Ilustre Municipalidad de la villa de
Barranquilla al senador y coronel Juan Salvador de Narváez", fechada en febrero de
1824. En 1844 existía una sociedad, integrada por los comerciantes, interesada en la
habilitación de Sabanila para las importaciones, que elevaba solicitudes al Congreso y
emprendía mejoras en las comunicaciones con ese puerto abriendo el llamado "camino
del Rebellín"; al respecto, véase Archivo del Concejo Municipal de Barranquilla
(A.C.M.B.), libro de 1844, Actas. También, este mismo libro, que comprende los años de
1844 a 1849, nos informa que durante todo este período los jefes políticos del cantón
de Barranquilla convocaban a los padres de familias a asambleas generales, para debatir el
tema del puerto, y empleaban la mayor parte del servicio personal subsidiario, que
prestaban anualmente los varones mayores de 18 años, en el mantenimiento de los canales
que comunicaban a la ciudad con el puerto. (regresar5)
6 Véase Archivo Histórico de Cartagena, Documentos de la gobernación,
1842. Carta del administrador principal de aduana de Cartagena al gobernador de la
provincia, fechada en diciembre de ese año. (regresar6)
7 Véase Eduardo Posada Carbó, Una invitación a la historia de
Barranquilla. Bogotá. Cerec, Cámara de Comercio de Barranquilla, 1987, pág. 17. (regresar7)
8 Citado por Theodore Nichols, Op. cit. pág. 175. (regresar8)
9 Sobre la prestación del servicio personal subsidiario, véase
Codificación Nacional, ley de 19 de marzo de 1834, "Sobre la organización y
régimen de las provincias, cantones y distritos parroquiales", ley de 21 de junio de
1842, "Sobre administración parroquial", y decreto de 3 de septiembre de 1842,
sobre la misma materia, (regresar9)
10
A.C.M.B., libro de 1847, Industria y comercio, folios 137- 153.
(regresar10)
11 Ibíd.,
folios 170-178. (regresar11)
12 Ibíd., folios 154-156. La importancia de este tipo de transporte en la
estructura social de Barranquilla la podemos deducir por un simple ejercicio: cada una de
las 170 embarcaciones contaba con un patrón y. según las relaciones de los viajeros
extranjeros, cada champán contaba con un mínimo de diez bogas para un total de 1940
personas ocupadas en esta actividad, equivalente al 31.7% del total de la población que
arrojó el censo de 1851 (6.114 habitantes). Según el censo de 1866, de 4.611 personas
económicamente activas, la boga ocupaba cl 8.3% de ese total; véase A.C.M.B., libros de
1866, censo, 3 tomos. (regresar12)
13 A.C.M.B., libro de 1847, Industria y comercio. Sobre los patrones de
estas embarcaciones, véase libro de 1847, Cuentas. (regresar13)
14 Ibíd. (regresar14)
15 A.C.M.B., libro de 1848, Varios, Oficio de José González Rubio,
rematador de las rentas comunales del distrito de Barranquilla al cabildo parroquial, de 2
de febrero de 1848. (regresar15)
16 Véase la nota 9 de pie de página, del presente trabajo. La
estratificación social era tan manifiesta, que en enero de 1846 José Francisco Escorcia,
carpintero, renunció al cargo de juez parroquial segundo, aduciendo: "No debo,
porque DIVIDIDA LA SOCIEDAD EN CLASES y puesto que nada es más justo sino que entre más
se guarde la más arreglada correspondencia para conservar su equilibrio. Cada uno debe
prestar su servicio en aquello para que es a propósito (A.C.M.B., libro de 1846. Varios).
(regresar16)
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