Boletín Cultural y
Bibliográfico,
Número 21, Volumen XXVI, 1989
Un libro que
Colombia necesita leer
Crónica de dos décadas de
política
colombiana,
1968-1933 Daniel Pécaut
Siglo XXI Editores, Bogotá, 1988, 438 págs.
Hace
varios meses, un colombiano residente en París se tomó la molestia de traducir y
comentar un artículo, escrito a finales de 1987 y publicado en una revista especializada
en problemas latinoamericanos, titulado "Colombia: ¿más allá del punto de no
retorno?"
1
, sorprendente por
la puntualidad y sobriedad del análisis, por la ponderación de la información y, ante
todo, por el panorama nada halagador que presenta para el futuro del país su visión
seria y profundamente realista.
Y no
podía ser de otra manera en Daniel Pécaut, director del Centro de Estudios sobre
Movimientos Sociales, de París, y uno de los más destacados colombianistas, que llegó a
la Universidad Nacional como profesor visitante en los años sesenta, en medio del fragor
y el optimismo revolucionario de ese decenio, y que a partir de entonces se convirtió en
uno de los más acuciosos investigadores de nuestra realidad social.
Sus
trabajos anteriores, entre los que sobresalen Política y sindicalismo en Colombia (1973)
y Orden y violencia: Colombia 1930-1954 (1987), además de numerosos ensayos sobre
el período de la violencia y sobre la clase obrera colombiana, muestran una excepcional
continuidad que lo convierte en un especialista de primen orden en el análisis de
nuestros problemas contemporáneos.
Su
última publicación en español, Crónica de dos décadas de política colombiana, está
integrada por artículos publicados en francés desde 1969 y destinados a proporcionar
información sobre Colombia al lector europeo, de manera objetiva y analítica, la cual es
difícil de obtener en la prensa extranjera, que sólo registra noticias con tendencia a
lo sensacional y que suele presentar aspectos de nuestra realidad fuera de su contexto.
Los
artículos, a excepción de los dos últimos, constituyen narraciones secuenciales de los
principales hechos políticos y económicos, y su períodización, como es lógico en
estos casos, se aproxima a los cuatrienios presidenciales.
Comenzando
con el análisis del gobierno de Lleras Restrepo, desde 1966, el autor se detiene
especialmente en describir las contradicciones dentro de las elites dominantes y la
evolución de los proyectos sustitutivos de las clases populares, tanto en lo social como
en lo político. Ello permite al lector colombiano ir recordando su propia historia en un
lenguaje conciso que destaca y pondera los procesos sociopolíticos de manera fluida y
sorprendentemente ágil.
Es
saludable volver a recordar en las palabras de Pécaut, por ejemplo, las minucias de la
renuncia del presidente Lleras en 1968; las reformas y su efecto en el ordenamiento
institucional; las repercusiones del caso Vives Echeverría; el ascenso de la Anapo; los
numerosos reagrupamientos y alianzas en el interior de los partidos tradicionales; los
conflictos estudiantiles y la crisis educativa durante el gobierno de Pastrana; el clima
político y la crisis social, económica y moral a lo largo de los mandatos de López y
Turbay; la evolución de los planteamientos políticos de los "ideólogos
militares", así como las variantes en la posición de los propios y sucesivos
voceros de las fuerzas armadas; el ascenso paulatino de los factores de violencia que, en
medio de la crisis institucional, en algunos casos no pudieron ser controlados, como en el
de la guerrilla, mientras que en otros no hubo la decisión política ni la atención
necesaria para ponerlos en cintura, como en el del auge del narcotráfico.
Culmina
el libro, en los últimos dos artículos, con un balance de la política de paz de los
gobiernos de Betancur y Barco. Se destaca el artículo mencionado al comienzo de estas
notas, el cual se basa en un sopesado análisis de las principales vicisitudes del
proceso: guerrilla, narcotráfico, grupos paramilitares, fuerzas armadas, movimientos
sociales y acción estatal, para presentar un cuadro que constituye una verdadera
radiografía del viacrucis de la democracia y del sistema institucional.
La
sensación que le queda al lector colombiano, por naturaleza amnésico, propenso a
desconocer o a olvidar su propia historia, es que el país viene rodando por la pendiente
de la violencia desde hace muchos años y que los hechos sangrientos que hoy nos
aterrorizan son producto de largos procesos que la sociedad colombiana y sus autoridades
no quisieron o no pudieron enfrentar a tiempo. Igualmente, que las estrategias económicas
con un alto costo social, como desempleo y políticas salariales en detrimento de los
niveles de subsistencia, han conducido a la larga, dadas nuestras condiciones, a
situaciones explosivas que se tornan en un ingrediente cada vez más activo del conflicto
político.
Además,
los textos de Pécaut muestran que el tratamiento de las manifestaciones de descontento
social como un fenómeno insurreccional produjo un desgaste de los mecanismos
institucionales. Al respecto, el autor nos recuerda que por un paro estrictamente laboral
de los médicos, en el gobierno de López, el país duró varios años en estado de sitio
permanente, en virtud del cual se dictaron medidas como el Estatuto de Seguridad, ya bajo
la presidencia de Turbay. Cuando aparecen las noticias acerca de los niveles de violencia
armada en las manifestaciones estudiantiles de hoy, nos viene a la memoria la orden de
disparar en la Universidad Nacional, que impartió en 1976 el entonces comandante del
ejército, general Luis Carlos Camacho Leyva, cuando aparte de la piedra, lo más potente
que utilizaban los estudiantes eran las "caucheras". O el caso de la
investigación sobre el Mas, que produjo tantos mentises, desgarraduras y recriminaciones
desde la prensa democrática contra el procurador, Carlos Jiménez Gómez, que pretendía,
según algunos, "desprestigiar a las instituciones democráticas". Sin embargo,
las numerosas masacres, cinco años después, han demostrado cómo la versión de Jiménez
Gómez, con algunos matices, no se alejaba de la realidad.
Así
mismo, la sensación que puede quedar en el lector colombiano es que el país se aleja
cada vez más de la posibilidad de solucionar política y civilizadamente sus conflictos,
no sólo de la vida partidaria sino de la vida civil y cotidiana, y que los demócratas
colombianos no hemos sido capaces de defender nuestra democracia, sino por el contrario,
cada vez que se trata de defenderla con medidas autoritarias o pragmáticamente por fuera
de los mecanismos legales, el remedio ha sido peor que la enfermedad. Y concluirá el
lector dándole la razón al profesor Pécaut, cuando afirma:
la
mezcla de cálculos políticos y actos delictivos, la promiscuidad de "paramilitares
elites tradicionales, y nuevos ricos de la droga, la complicidad entre miembros de las
Fuerzas del Orden y sicarios, no pueden tener otro resultado que gangrenar las
instituciones políticas. Argentina y El Salvador han hecho la experiencia: es más fácil
entrar en este desorden, que salir de él. Lo menos que puede decirse es que el gobierno
no ha logrado detener este deslizamiento [pág. 417].
Queda
también, por otra parte, la idea de que la ilusión de los grupos de izquierda, y en
especial de lo que el autor llama "la constelación Farc, Unión Patriótica y
Partido Comunista", de que Colombia atraviesa por una situación preinsurreccional,
hizo que la participación en el proceso de paz no estuviera motivada por una
desactivación de los mecanismos de la guerra, sino por una "acumulación de
fuerzas", pensando ingenuamente que Colombia se encamina a una "guerra
formal" con bandos delimitados, y no hacia una "beirutización"de los
múltiples conflictos, como lo están demostrando Medellín o la zona esmeraldífera, el
Magdalena medio y Urabá, escenarios en donde se superponen violencias de diverso origen y
naturaleza, verdaderos "laboratorios" e imagen futura del tipo de guerra que se
generalizarla en Colombia, en caso de que la actual situación de crisis no logre ser
superada.
|
|
|
|
|
En uno
de sus recientes viajes a Colombia, el profesor Pécaut, tras recorrer algunas zonas de
violenciapues es de aquellos investigadores que no se conforman con versiones de
segunda mano, nos decía en tono profético, en una conversación informal, que
"Colombia es un gigante que se acerca al abismo con los ojos abiertos". Y aunque
a nadie le cabe afirmar que la situación del país no sea grave, la visión de Pécaut es
una invitación esperanzadora a ensayar la única posibilidad civilizada que nos queda: el
camino de una democracia renovada, amplia y participativa.
Sólo
restan dos observaciones críticas: aunque el autor pone énfasis en que la "guerra
sucia" ha afectado tanto a miembros de la Unión Patriótica como a personalidades de
los partidos tradicionales, y que el aniquilamiento sistemático ha tocado a dirigentes
sindicales y no sólo a políticos de "ultraizquierda", ciertos pasajes dejan la
idea de que el conflicto
está afectando únicamente a quienes se hallan comprometidos directamente
en él. Lo cierto es que la "guerra sucia" en Colombia también ha adoptado la
forma de terror colectivo con oscuros nexos políticos. Así, cualquier ciudadano es
susceptible de ser colocado bajo sospecha sin ser vencido enjuicio y sin defensa alguna, y
sin siquiera saberlo, lo cual le puede costar, en el mejor de los casos, el exilio, cuando
no la pena de muerte, como les ha sucedido a numerosos intelectuales y profesores
universitarios, ni siquiera militantes de la izquierda moderada, sino simplemente
pensadores críticos. Es también el caso de la nueva modalidad del magnicidio, que busca
desviar la acción del Estado, como ocurrió con el ministro de Justicia Rodrigo Lara
Bonilla, con el procurador Carlos Mauro Hoyos o, más recientemente, con el gobernador de
Antioquia Antonio Roldán Betancurt, para no mencionar a innumerables jueces y
magistrados.
Colombia
necesita urgentemente leer este libro como terapia y como ejercicio contra la amnesia
colectiva, para iniciar un exorcismo que nos ayude en la búsqueda de salidas de la
encrucijada, para que el colombiano medio entienda el proceso en que se encuentra
sumergido y para que ese gigante descrito por Pécaut abandone el camino hacia el abismo.
JAVIER GUERRERO BARÓN
1 Título original:
"Colombie: au delá du point de non-retour?". Traducción al español de José
Suárez Garzón, septiembre de 1988. Copia mecanografiada. (regresar1)
|