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En las
puertas del amor
La amante de Shakespeare
Rodrigo Parra Sandoval
Plaza y Janés Editores, 1989, 222 págs.
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La amante de Shakespeare comienza
contándonos la historia de Altagracia Arismendi. El primer capítulo está narrado en
tercera persona. Nos presenta a la mujer, una escritora que ese día cumple 65 años, dato
que tal
vez importe para saber que es
muy apasionada. Ella toma el sol y contempla la ciudad mientras piensa en su vida. Evoca
el pasado: su madre "se fue tras las luces del circo cuando Altagracia era todavía
muy pequeña" y "cuando cumplió diez años el padre se fue para la capital a
desempeñar su oficio de periodista y profesor universitario y la dejó a cargo del ama de
llaves". Ella lee los libros de su padre y amasa soledad, seduce al leñador, como
Constanza Chatterley, y pinta paisajes y muñecas con cara de mujer. Cuando tiene quince
años, llega Romeo Arismendi, un militar que le trae noticias del padre y además le habla
de Shakespeare. "Su palabra le resultó irresistible y se fugó con él esa misma
noche". Marchan de pueblo en pueblo, él con las tropas, ella con Shakespeare hasta
aprenderlo de memoria. Se enamora de éste y "lo imaginó besándola en desbordadas
noches de amatoria algarabía". Más tarde conoce el teatro, cuando asisten a una
función en un pueblo y quiere montar a Shakespeare, pero se da cuenta de que nadie
tendría el valor de hacerlo. Intenta ser actriz. Entonces Romeo la deja y nunca más
vuelve a saber de él, a no ser, en una imagen vista en la televisión. Han tenido dos
hijos. Altagracia recuerda las noches de amor y pasión, ella siempre recitando los
pasajes de Shakespeare, hasta que decide encontrar otro amor, "menos apasionado,
menos verdadero, pero más sereno y agradecido". Es así como se convierte, después
de leer El secreto de los amantes: modelos de correspondencia amorosa, en Corin
Tellado, y "empezó a montar el drama de las pasiones dulces y las ternuras de
plástico y las tragedias de Liliput. Sí, pensó, éste es el Shakespeare que se merece
esta ciudad. Ese día su vida dejó de ser tragedia y se convirtió en melodrama. De eso
ha vivido, con ese escenario de fingimientos se ha enriquecido. Después quiso escribir de
verdad pero ya no pudo".
Ahora quiere escribir su
biografía para dejarla a los nietos, quiere contarles su secreto, su verdadera
existencia, "su lucha personal contra la
historia, contra la pálida y divisoria noción de cultura, contra las barreras
que construyen el hombre y la naturaleza para separar al hombre del hombre, su manera
íntima de pelear contra la desnaturalizada soledad". Reflexiones, mientras su nieta
Altagracia sale al encuentro de su novio, Romeo Burgos.
Después de éste primer
capítulo vienen 24. Son breves historias que se leen con facilidad, porque la prosa
avanza rápida. Es una narrativa que cuenta, con gracia y crueldad, momentos, encuentros,
a veces tan reales que no se creen inventados; otros son pura caricatura y se enlazan con
armonía unos con otros aunque no parece, pero se siente. Cada capítulo es un círculo
que se inicia con una cita extraída de alguna de las múltiples obras de William
Shakespeare, y al final, en el capítulo 26, volvemos a Altagracia Arismendi, a quien ya
hemos retornado en ocasiones, para no perder el hilo conductor y el ritmo. Ahora es la
abuela pintora quien está en cl jardín, y piensa desde su serenidad, después de haber
vivido, escrito y pintado historias de seres que sólo llegan hasta las puertas del amor,
"sólo a las puertas porque entonces aparecen los fantasmas, la negación quemante,
las lágrimas salidas del temor y del deseo engañado y toda esa iridiscente
contradicción entre lo que se desea y lo que se desea desear".
Esta novela, sí se puede
llamar novela, pregunta que sólo interesa a la preceptiva, interroga sobre el amor:
¿será el amor así?, se pregunta el
narrador en el capítulo segundo, abrebocas a la sensualidad. Altagracia y Romeo se bañan
en el río Pance, que es la presencia del agua. Los protagonistas del texto son Altagracia
y Romeo, o él y ella, siempre cambiantes. Altagracia es la mujer, psíquica, interior,
voluntariosa, incomprensible, seductora, vengativa, apasionada, deseosa, siempre lo está
buscando y siempre se entrega. Él es el varón racional, hacia afuera y conquistador, ser
perfecto, galán, intelectual y hábil con la palabra. Él y ella siempre quedan
encadenados a la tragedia del amor, donde el amor se halla confundido con la pasión y el
deseo del acto sexual. Además están presentes la palabra, la escritura, los caminos de
la ciencia, el dejar de ser vírgenes, los ideales o amores platónicos, el desear lo
ajeno, jugar el juego o poseer lo que no se tiene, en fin, el contenido de este texto son
encuentros entre él y ella, entre Altagracia y Romeo, donde ocurren múltiples
posibilidades de encuentros llenos de risa y tragedia, de dolor y pasión, de farsa y
neblina del deseo.
El espacio de las
historias, aunque vago, es urbano; aparecen referencias a Cali, a un tiempo presente, pero
son él y ella, mujer y varón, los que importan en la relación; él y ella con sus
temores y sueños, y con lo aprendido que tiene que representarse, el tira y el afloje
donde el lector/lectora se hace cómplice. No hay dificultad en la lectura; las imágenes
son construidas cuidadosamente y están tocadas o de humor o de sensualidad. Se encuentran
tropezones con los tiempos; la mayoría de los capítulos son narrados por una tercera
persona; a veces, aparece como voz narradora la segunda, y a veces hay una primera voz, la
de Altagracia, sí, pero entra a participar y, porque es repentina y esporádica en el
capítulo, ocasiona disturbios en el orden y acercamiento o comprensión de toda la
unidad, pues, si bien la forman historias cada una completa, hay una unidad total que
sufre por causa del manejo de las voces que narran.
Estos textos son las
reflexiones de Parra Sandoval sobre el teatro de la vida, que tanto gustó a Shakespeare,
donde está el amor confundido y está él. "Un inmenso retrato de Shakespeare
preside en la pared izquierda y las observa divertido".
DORA CECILIA RAMÍREZ
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