Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 23, Volumen XXVII, 1990
 Argumentos:  educación para la mayoría 
de edad (continuación)
 

De temas "germanófilos" tratan varios números de Argumentos. Los números 2 y 3, por ejemplo, están dedicados a la Presentación de la Teoría crítica de la sociedad (el segundo) ya la traducción directa del alemán de un extenso ensayo de Max Horkheimer, El Estado autoritario (el tercero). El primero de los trabajos es el resultado, según informa el propio editor, de la revisión a sus propios cursos y seminarios sobre el tema. Este número 2 de Argumentos puede ser considerado, sin pretensiones de ningún tipo, como el más sistemático de los trabajos que se han elaborado en Colombia en procura de presentar histórico-políticamente, al estudiante universitario interesado, una visión inicial sobre las tesis de la llamada "Escuela de Fráncfort". El número, de cincuenta páginas, está dividido en dos partes. La primera se ocupa en explicar los antecedentes del Institut für Sozialforschung (Instituto para la Investigación Social), el cual, a partir de los años treinta, sería denominado en el exilio popularmente como Escuela de Fráncfort. Para ello, Jaramillo Vélez hace un prólogo biográfico-anecdótico del grupo con base en un libro de Martín Jay sobre el asunto. Se sitúa históricamente el nacimiento del Instituto dentro de la decidida respuesta de un grupo de intelectuales comunistas, que ante el fracaso de la revolución socialista alemana, en noviembre del 18, y el consiguiente proceso contrarrevolucionario que siguió a la presidencia del socialdemócrata Ebert, propusieron la creación de una entidad marxista extrauniversitaria, en 1923, y que llegaría, a contar con el pensamiento revolucionario más valioso de Europa occidental: Pollock, el economista, Horkheimer y Theodor Adorno, más conocidos, y posteriormente con la vinculación de los jóvenes Erich Fromm y Herbert Marcuse. Hasta pocos meses antes del ascenso de Hitler, en marzo de 1933, el grupo permaneció unido en Alemania. Pero el hecho de ser marxistas —y algunos de ellos judíos— los obligó a partir rápidamente, primero a Francia y finalmente a los Estados Unidos, donde, en la Universidad de Columbia, encontrarían asiento provisional. La Zeitschrift (revista) del Instituto llegaría, en el exilio, a editar trabajos fundamentales del materialismo histórico y de las modernas ciencias sociales. Baste citar los ensayos sobre Cultura y sociedad de Marcuse, los Estudios sobre autoridad y familia y La personalidad autoritaria dirigidos por Horkheimer. A ninguno de ellos los alcanzó a tocar ningún SS o un asesino de la Gestapo, pero un colaborador cercano a la Escuela no tendría tanta suerte: Walter Benjamin se suicidaba cerca a la frontera franco-española, en 1940, ante el temor de ser aprehendido. Una frase suya, un Leivmotiv que se halla al final de su ensayo sobre Las afinidades electivas de Goethe, podría sintetizar la reflexión última sobre su trabajo, su destino, sobre el hombre mismo: "No se nos ha dado la esperanza sino por favor de los desesperanzados".

La muy útil traducción sobre El Estado autoritario (1940) de Max Horkheimer realizada por Jaramillo Vélez y publicada en el número 3 de Argumentos, en enero de 1983, ampliaba evidentemente el marco conceptual sobre el que se deben estudiar, ya no sólo el Estado autoritario o el "capitalismo de Estado" (Engels) en la Alemania del 33 al 45, sino la estructura política y militar de las sociedades latinoamericanas que por esos años soportaban dictaduras fascistas (Chile, Argentina, Uruguay, Guatemala). Frente a las cómodas y reaccionarias dicotomías del politólogo francés Jean-Francois Revel, "comunismo o democracia", diariamente explotadas en nuestro medio por un periodista-novelista, el ensayo de Horkheimer plantea consecuencias filosófico-históricas que no tienen nada que ver con estos dilemas: "La competencia de los asalariados había garantizado la prosperidad de los empresarios privados. Esa era la libertad de los pobres [...] No podía haber suficientes pobres, su número era una bendición para el capital. Pero en la misma medida en que el capital concentra a los trabajadores en la gran empresa, entra en crisis y hace de su existencia un callejón sin salida. Ni siquiera pueden ya venderse. Su interés los conduce al socialismo. Si por una vez la clase dominante ‘ha de alimentar a los trabajadores en lugar de ser alimentada por ellos’, es la horade la revolución" (Argumentos 3, pág. 17)

"LA VERDAD ES TAN POCO DISCRETA COMO LA LUZ"

 El siguiente número doble de Argumentos, el 4-5, está íntegramente dedicado a conmemorar el primer centenario de la muerte de Karl Marx (1818-1883). Es posible que, dentro de la inmensa y babélica bibliografía de diverso orden —desde la antimarxista hasta la apologética— que circuló en 1983, pasara inadvertido este excelente número monográfico. Seguramente no fue así para los auténticos estudiosos del marxismo en Colombia y aun para aquellos que empiezan a iniciarse en el exigente, problemático y difícil camino del materialismo histórico. Un muy didáctico prólogo de Rubén Jaramillo explica los rasgos esenciales de la vida de Marx y sus tempranos intereses filosóficos que desembocarían después en el estudio (el enfrentamiento) de la economía política burguesa. El interés de la presentación es señalar al lector el tránsito histórico que siguió el joven Marx, el Marx que a los 25 años escribe su primer artículo periodístico, atacando la censura de prensa discretamente impuesta por el emperador prusiano Federico Guillermo IV, hasta la elaboración de varios ensayos escritos en 1843 y 1844, es decir, los correspondientes al denominado período del Marx hegeliano o el Marx demócrata-revolucionario anterior a su definición comunista. Bien recuerda Jaramillo Vélez, al terminar uno de los capítulos de su prólogo —trayendo a cuento las memorias de Paul Lafargue, yerno de Marx—, que al revolucionario alemán se le podrían otorgar las palabras que su amado Shakespeare pusiera en boca de Hamlet:   "Hombre en todo y por todo: tal lo juzgo. Jamás veré quien llegue a igualarlo".

Aparte del interés particular que puedan suscitar la bella carta de Marx a su padre, por su carácter inédito en lengua castellana, y sus extensos artículos periodísticos y cartas publicados en los Anales Franco-Alemanes, La Gaceta Renana y el periódico parisino en lengua alemana Vorwarts, durante los años 1843-1844, el interés central del número de Argumentos, indiscutiblemente, se encuentra en la nueva revisión hecha a la traducción de la Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Es en este ensayo donde Marx se propone elaborar una crítica sistemática a la concepción del Estado y del derecho de Hegel, la cual escasamente apenas quedó como una "introducción", según informaba en sus Manuscritos de 1844, recién descubiertos al comenzar la tercera década de este siglo. Bajo la tesis feúerbachiana de que en Alemania la "crítica a la religión se convierte en la premisa de cualquier crítica" y que "la misión de la filosofía que se halla al servicio de la historia consiste en asumir la crítica de la religión y de la teología como crítica del derecho y la política", Marx directamente se enfrenta a los despolitizados hegelianos de izquierda y los desenmascara en un párrafo extraordinario que por su extensión y profundidad (nada desactualizado hoy) supone una interpretación radical, política y cultural, que debe hacer hablar al texto, "llevarlo casi a gritar por sí mismo", como diría con excelente prosa Walter Benjamin:

"¡Guerra a la situación alemana! Es cierto que se halla por debajo del nivel de la historia, por debajo de toda crítica [...] En lucha contra ello, la crítica no es una pasión de la cabeza sino la cabeza de la pasión [...] Esa crítica no se comporta como un fin en sí mismo sino simplemente como un medio. Su sentimiento esencial es el de la indignación, su tarea esencial la denuncia [...] La crítica que se ocupa de este asunto es la crítica en la pelea, y en la pelea no se trata de saber si el enemigo es un enemigo noble y del mismo rango, un enemigo interesante, sino que se trata de darle. Se trata de no concederle a los alemanes ni un solo instante de ilusión y de resignación. Hay que hacer la opresión real todavía más opresiva, añadiendo a aquélla la conciencia de la opresión, haciendo la infamia todavía más infamante, al hacerla pública. Hay que pintar todas y cada una de las esferas de la sociedad como la ‘partie honteuse’ (parte vergonzosa) de la sociedad alemana, obligar a estas relaciones anquilosadas a danzar, cantándoles su propia melodía. Hay que enseñar al pueblo a aterrarse de sí mismo, para infundirle coraje. Se satisface con ello una insoslayable necesidad del pueblo alemán, y las necesidades de los pueblos son en su propia persona los últimos fundamentos de su satisfacción" (Argumentos 4-5, págs. 122-124).

"A SI HABLO ZARATUSTRA — Y ABANDONO SU CAVERNA, ARDIENTE Y FUERTE COMO UN SOL MATINAL QUE VIENE DE OSCURAS MONTAÑAS"

Quizás el más descuidado de los veintiún números de Argumentos aparecidos hasta ahora, es éste, el 6-7, dedicado a los cien años del Zaratustra de Nietzsche. Salvo las acostumbradas traducciones, que incluyen en este ejemplar cuatro cartas y cinco poemas del solitario de Sils-María y la versión de tres ensayos cortos, desconocidos en castellano, sobre Nietzsche —escritos por Thomas Mann y su hijo Golo— y una breve rememoración evocativa del citado balneario de la Engadina, por Th. W. Adorno, el resto del número carece de la unidad que presidía a los anteriores. El largo y tedioso trabajo de Rubén Jaramillo V., Nietzsche: el nihilismo consciente, apenas sugiere su atención personal por discutir la relación Kant-Nietzsche, sin que logre siquiera dejar esa preocupación claramente esbozada. Menos ánimo de lectura provoca el confuso trabajo "metaliterario" de Julio Villalba, primer invitado, fuera del editor de la revista, a escribir en Argumentos.

De cualquier modo, se cumplió. con el requisito de no dejar pasar por alto la importante fecha. Con todo lo problemática que es la lectura de Nietzsche en Colombia, afectada peculiarmente por una estupidez astuta (basta recordar a Guillermo Valencia, a Fernando González y a los nadaístas) este número incita a superar, por ejemplo, el rencor antinietzscheano que expusiera

G. Lukács en su La destrucción de la razón (1954), culpándolo de ser el responsable ideológico que preparaba el ascenso de Hitler y de su camarilla vil. Pues, como explica con más certitud Golo Mann, "no se debe tomar nunca literalmente su enseñanza", ya que "Nietzsche no poseía ningún sentido de la mesura, tampoco en sus mejores tiempos. Por ello fue gravemente castigado, por la utilización que se hizo de sus obras" (Argumentos 6-7, pág. 22). 0 como lo deseara el propio Nietzsche en el Zaratustra: "Quiero poner cercas alrededor de mis pensamientos y también alrededor de mis palabras, para que no invadan mis jardines los cochinos y los exaltados". En la sección de reseñas de la revista (págs. 186-190), se comenta brevemente el único libro latinoamericano habitualmente citado dentro de la bibliografía internacional sobre Nietzsche como filólogo: Nietzsche y la filología clásica (1966) de Rafael Gutiérrez Girardot. Sobra insinuar que este trabajo es desconocido en Colombia.


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