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Desafinando
Música, región y pedagogía: el caso
de la
mágica popular en Boyacá
Pablo Mora Calderón y Amado
Guerrero
Rincón (comps.)
Instituto de Cultura y Bellas Artes de Boyacá,
Tunja, 1989, 106 págs.
Esta publicación agrupa
varios artículos que fueron presentados en el I Foro-Taller Nacional de Música y Danzas
de Boyacá y zonas de influencia, celebrado en Tunja en jumo de 1985, al igual que otros
que han sido resultado de la actividad del Centro de Investigación de Cultura Popular
adscrito al mencionado instituto. La parte musical es abordada por Carlos Rojas en sus
contribuciones sobre metodología y el merengue; al igual que por Jorge Sossa en "El
torbellino, la guabina y el joropo"
1
.Lo que podría considerarse la base teórica
está expuesta por Samuel Bedoya y Luis Horacio López, y la sección de música y
pedagogía por Carlos Rojas
2
.
Desde la perspectiva
teórica, se hace evidente la dificultad de situar dichos artículos dentro de una
disciplina específica; en consecuencia, me limitaré a observaciones de índole general.
En primer lugar, no pueden considerarse estudios musicológicos, pues ponen de manifiesto
un total desconocimiento de la bibliografía musicológica, confusión en el uso de la
terminología, y no presentan parámetros claros de análisis del material musical y de
sus contextos. Por otra parte, también están lejos de ser trabajos de geografía humana
o de sociología regional e infortunadamente ninguno de ellos contiene suficiente
información y elementos de análisis de carácter histórico, ingredientes esenciales en
los métodos de trabajo de las disciplinas citadas.
En el plano de lo
regional, López (pág. 19) retorna información de Otros autores para plantear la
existencia de una continua comunicación entre la región llanera y el altiplano
cundiboyacense, hipótesis que parece ser, a su vez, la espina dorsal de los artículos de
Bedoya y Sossa. Sin embargo, esta no es una propuesta nueva y toda la problemática de
nuestra conocida regionalización había sido abordada ya por los estudios de Pablo Vila y
Ernesto Guhl en los años cuarenta y cincuenta y hoy es replanteada y discutida por
investigadores corno Jaramillo Uribe y Fals Borda. Ahora bien: si las discusiones
regionales en el aspecto cultural no han sido todavía desarrolladas, tampoco resulta
convincente la forma mecánica como Bedoya pretende confirmar algunas hipótesis en el
plano musical partiendo de presupuestos geográficos y sociales (págs. 28-29). Además,
resulta inquietante que después de haber planteado la inoperancia de fronteras
artificiales y de las delimitaciones regionales demarcadas externamente, el único
parámetro espacial de análisis concreto presente en la obra es el "departamento de
Boyacá", que obviamente no constituye una entidad cultural homogénea.
En el plano de lo musical
el trabajo más convincente por sus resultados es el de Rojas sobre el merengue en
Boyacá, en el que describe aspectos relativos a su estructura y armonía y transcribe
interesantes ejemplos musicales de las melodías utilizadas. Sossa intenta explicar con la
teoría de la intercomunicación la presencia de similitudes armónicas entre músicas
como la llanera y la de la región de Vélez; sin embargo, es necesario anotar que
similitudes en elementos culturales que provienen dedos fuentes diferentes no siempre se
explican por el contacto, ya que también son explicables por desarrollos separados con
base en una matriz común y, en casos extremos, por desarrollos independientes que llegan
a un mismo resultado. Tanto Sossa como Bedoya (pág. 21) hablan de los problemas de la
incipiente musicología en nuestro país, pero infortunadamente no precisan a cuáles
trabajos se refieren. La única referencia bibliográfica de Sossa es el Manual de
folklore de Guillermo Abadía (pág. 53), y las obras consultadas por Bedoya
pertenecen al ámbito de la geografía humana y de la historia; en esas condiciones, nos
parece irresponsable que dichos autores hablen de "problemas" inherentes a una
disciplina sin haber consultado sus textos y, además, sin disponer de ninguna base
teórica (en lo que a la musicología se refiere) para sustentar sus objeciones.
En todos los artículos
es común la falta de rigor terminológico. Es difícil entender a qué se refiere Bedoya
cuando utiliza la palabra koiné para
definir los lenguajes musicales regionales (pág. 42) o cuando Sossa
opone lo autóctono a lo estructurado (pág. 51). Sin embargo, la
mencionada dificultad llega a su extremo al intentar descifrar el significado del
siguiente pasaje de Bedoya (pág. 37):
se escucha en este corredor cultural, la grabación entre el discurso
íntimo-cómplice, al oído, del torbellino bailado, casi inmaterial, y la
plastificación del espacio en la pareja joropera, nueva apología del
aislamiento...
La compilación que
tratamos está relacionada con otra, aparecida este mismo año bajo el título de Historia
y culturas populares: los estudios regionales en Boyacá, que agrupa las ponencias
presentadas en la I Jornada de la Investigación y la Cultura en Boyacá (Tunja, 1984) y
el Seminario de Historia Regional y Culturas Populares en Boyacá (Tunja, 1988). Esta
última se concentra en los aspectos históricos, sociológicos y antropológicos, aunque
incluye colaboraciones acerca de la investigación sobre cultura popular, música,
dialectología y arquitectura. En una de las mesas redondas
registradas en dicha publicación, Jorge Orlando Melo anota lo siguiente
3
:
Pienso que nuestro poder como
analistas de incidir en las
dinámicas de las culturas populares no es tan grande;
es decir, que independientemente de lo que hagamos
algunas culturas se revitalizan y otras se ven arrasadas
y quedan en posiciones muy débiles. De todas maneras
hay algún poder de la comprensión, el poder del conocimiento.
Los análisis que se han hecho sobre la música pueden
probablemente revertirse a los grupos para que los tomen o
los dejen, pero esto no significa que uno deba convertirse en
guía espiritual de la gente que está haciendo esta música.
Y en efecto, la
observación de Melo toca el elemento central de la argumentación de algunos artículos
orientados hacia el aspecto teórico e incluidos en la primera publicación. López (pág.
19) propone "consolidar la vía hacia una auténtica integración sociocultural,
hacia una identidad cultural sólida...". Rojas, por su parte, en su artículo sobre
músicas populares y pedagogía (pág. 80), plantea el "desarrollo de una pedagogía
ligada a la continuidad de nuestra música en términos de reactivación y
desarrollo". Compartiendo la posición de Melo, no vemos cómo, con la base teórica
y los resultados ya expuestos, se puedan cumplir tan altos objetivos.
EGBERTO
BERMUDEZ
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1 Carlos
Rojas, "Propuesta metodológica para el estudio de las formas populares", op.
cit.. págs. 55-60, y "El merengue en la práctica musical boyacense: descripción de
aspectos morfológico-estructurales", op. cit., págs. 61-76, y Jorge Sossa, art.
cit., op. cit.. págs. 48-55. (regresar1)
2 Luis H.
López, "Región andina llanera: la diversidad regional y sus dimensiones
culturales", op. cit., págs. 13-19; Samuel Bedoya, "Regiones, músicas y danzas
campesinas", op. cit.. págs. 21-24, y Carlos Rojas, "Músicas populares y
pedagogía", op. cit., págs. 77-106. (regresar2)
3
Mesa redonda II, en Historia y culturas populares: los estudios regionales en Boyacá.
Tunja, ICBA, 1989, pág. 198. (regresar3)