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CONTINUACION - LETRAS Y GLORIAS INMARCESIBLES
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En este caso, el
heroísmo de Belisario Peña está sustentado por su cristianismo y su labor pedagógica.
Ni siquiera por su poesía, a pesar de que en el titulo del libro se sugiere que el
biografiado es, ante todo, un poeta. El desarrollo de la biografía va a ir desmintiendo
esa primera impresión. La poesía de Belisario Peña será abordada y despachada en un
subcapítulo titulado "El Poeta", de quince páginas de extensión, quince
páginas inocuas. Bueno, qué importa el género "epopeyero" da por hecho que un
héroe lo es en todas las actividades en las que se desempeñe (lo cual, por otra parte,
no difiere del espíritu de la verdadera
epopeya); un héroe-pedagogo que escribe versos tiene que ser un héroe-poeta
(Ulises es tan hábil para mentir como para la guerra). ¿Dónde está el lauro de
Belisario Peña? Martínez Mutis no presentaba objeciones, es un poeta coronado; pero a
Peña, ¿cómo heroizarlo? En este caso sí encontramos un primer atisbo de atención a la
obra: Peña es poeta mariano también patriótico y familiar y parece que
allí estaba contenido, para el padre Tisnés, todo el secreto del heroísmo del poeta: un
hombre de virtud, de virtudes cristianas, de virtudes patrióticas ¿hacia cuál
patria?, y de virtudes familiares. De cualquier manera, en el trabajo de Tisnés
estamos más cerca de la epopeya que en el de Cacua Prada; su terminología épica es más
cotidiana, más humilde: "Vida hogareña, dedicada al trabajo y al culto de las
buenas letras y de la educación de niños y jóvenes, para la que al parecer estaba muy
bien dotado y preparado, fue la de Belisario... ".
Esa humildad, aunque debiera anular el cuestionamiento, que hemos hecho nuestro en este
comentado, acerca del olvido de esos nombres en los anales historio-gráficos de nuestra
literatura, aunque debiera anularlo, le permite al autor más bien hablar de la
importancia de Peña en el panorama de la poesía hispanoamericana, ya no sólo del siglo
XIX sino de todos los tiempos. Ni siquiera llega a hablarme desudes-fase respecto del
romanticismo lamentable de estas tierras en la segunda mitad del siglo pasado. Tisnés ha
hecho acopio de una notable documentación para la biografía de su héroe, en la que, sin
embargo, desconciertan importantes vacío. en extensos períodos de la vida de Peña (su
infancia, su vida de desterrado en Jamaica, su viaje a Europa, etc.). Más que en una obra
personal o en una obra sobre su vida, su biografía se apoya en interpretables documentos
como gacetas y diarios decimonónicos, cartas y obras conexas relativas a la época o los
personajes que rodearon al poeta. Por supuesto, el autor ha interpretado literalmente las
apreciaciones contenidas en publicaciones liberales posindependentistas y fervorosas, muy
en su línea de conducta. La historia, que trata de esbozar marginalmente y a veces en
primer plano en su biografía, es decir, la historia de la Nueva Granada o del Ecuador en
la segunda mitad del siglo XIX, es sin reparo, para el padre Tisnés, la historia de una
Colombia civilista, una Colombia católica, un Ecuador culto, o una Zipaquirá patriótica
y de hombres valientes. Pero sigamos adelante.
Lo primero que llama la
atención del libro Vida y obra de Eutiquio Leal, de Carlos Orlando Pardo, es su
indecencia editorial, que contrasta con el solemne propósito épico de rescate del nombre
de un importante personaje de las letras de nuestro país. Hay que insistir en que ello no
tiene nada que ver con la modestia de los recursos económicos de que dispone una
editorial. Una modesta edición no es sinónimo de una indecente edición, Y mi comentario
atañe tan directamente al contenido del libro como lo puede suponer el hecho de que el
autor sea el mismo editor: Carlos Orlando y Pijao Editores son un mismo ente, lo cual
implica, en este caso, que once de los 37 libros publicados por la editorial y que son
relacionados al final justo antes de los avisos publicitarios sean de la
autoría de Pardo. Faltas de ortografía, falta de criterios tipográficos de
unificación, pésima redacción, falta de pautas de diagramación, fotomecánica e
impresión mediocres. Un bosquejo biográfico, contradictorio y vacío a fuerza de querer
ser idílico, de Eutiquio Leal, y un "análisis" de su obra, conforman
hipotéticamente el libro. Pero la intención es clara desde un primer capitulo titulado
"Antecedentes históricos de Chaparral", escrito por Dado Ortiz Vidales. El
esquema se repite: el principio "epopeyero" regional preside la obra. Como puede
comprobarse por los títulos publicados, Pijao Editores cumple funciones paralelas, en el
campo editorial, a las del Instituto Tolimense de Cultura, vínculo también verificable
en Pardo, con lo cual la intención regional queda justificada. Ese primer capítulo,
después de las "palabras iniciales" que bastan para decir lo que dijo el
libro, es una especie de himno a Chaparral y, como en el caso
de la "cultura zipaquireña" del libro de
Tisnés, se trata de mostrar cómo un gran héroe de las letras procede de un
gran pueblo, orgullo de la patria. Eutiquio Leal es un ilustre entre ilustres: Simón
Bernate, José María Dionisio Melo y Ortos, Manuel Murillo Toro, el generalísimo José
María Melo (!), Alfonso Reyes Echan-día, etc., todos ellos héroes chaparralunos.
El movimiento guerrillero que allí se origina a partir de los hechos del 9 de abril del
48 también es idilizado, y con él la figura de ese guerrillero con sensibilidad que
encarna Eutiquio Leal, primero hombre rebelde y hombre tocado por la violencia;
después..., escritor de la violencia y de la rebeldía. Heroísmo: el de no
resignarse ante la violencia, el de luchar por unos ideales que nunca son claros,
dentro del bosquejo biográfico, el de ser chaparraluno cojonudo, por lo
tanto, el de ser un hombre del campo y un escritor de la vida, no un ratón de
biblioteca, no un letrado sino un escritor de combate, en el sentido estricto de la
palabra, y, en fin, el heroísmo de un hombre que debe ser ejemplo y debe conmover a
todos, como el modelo del guerrillero Trifón cuando fue asesinado: "La noticia
corrió por todas partes y su madre, con el llanto que tienen esas madres de hijos que
están peleando en la montaña, se sintió desgarrada y dolorida, triste como si le
metieran puñaladas por dentro y revolcaran su ser más delicado" (el subrayado
es nuestro): una nota mortuoria de interés colectivo, que apela al sentido universal de
la maternidad, signo inequívoco del afán de hacer epopeya. Nota mortuoria: una vez más,
¿no estamos ante el olvido del héroe? ¿Quién ha leído a Eutiquio Leal? ¿Por qué no
leer a un escritor de la talla de Gabo? Bueno, esta vez la invitación a hacerlo no ha
sido muy afortunada. La obra del tolimense sería valiosa en la medida en que su autor es
un representante de las luchas populares: la mutua iluminación falla nuevamente: ¿qué
luchas y qué obra? La lucha y la obra deben ser una sola en la dimensión estética
que implica también lo humano. Esa dimensión estética aquí no se percibe,
como veremos más tarde.
Un libro más
útil, pero ante todo porque la obra del estudiado no ha caído, ni caerá, como la de los
anteriores, en el olvido, es la Breve historia de José Eustasio Rivera, de Isaías
Peña, pero también porque el editor, como su nombre lo indica, se especia-liza en obras
de interés didáctico, especialmente destinadas a la educación secundaria. Ese
didáctismo, irremediablemente superficial, no nos parece, sin embargo, tan justificado si
atendemos a los créditos del libro, donde nos enteramos de que la primera publicación de
la "breve historia" fue realizada, también en el 88, por la Empresa de
Publicaciones del Huila, y que su texto no presenta mayores variantes respecto de aquél
de los "clásicos" de Procultura sobre José Eustasio Rivera,
"encomendado" al mismo autor. Por tanto, si justificamos la ligereza por la
pedagogía, no podemos justificar, en cambio, que, en homenaje a un autor que
supuestamente se admira, no se haga un estudio más minucioso y responsable de su obra.
Como en este caso no hay que rescatar a nadie del olvido, pero sí instruir a los infantes
(función colectiva o épica), el discurso "epopeyero" se configura en ingenuos
tópicos del procerismo sagrado: se hace familiar la figura de un niño, Tacho; es el
niño poeta y, como buen presagio, empieza a ser incomprendido, diferente; esa diferencia
se acentúa, pero en el sentido de que se hace más virtuoso, en un medio de frívolos y
criminales: "Vendió su caballo para comprarle zapatos a su madre y otros regalos a
sus hermanas".
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Hasta aquí, ninguna
diferencia con las hagiografías para uso de los colegios (recuerdo, por ejemplo, las
"Vidas ejemplares"). Después la epopeya adquiere un cariz más romántico: el
niño incomprendido, creador y generoso, se vuelve hombre, un hombre enfermo, tuberculoso
o epiléptico, qué más da, si la anécdota indudablemente hace más meritoria su lucha
vital (pero no necesariamente su obra: no se ha desarrollado, por ejemplo, la idea de la presencia de la enfermedad en La
vorágine: naturaleza, instinto, alucinación, etc.). Entre la enfermedad y la
poesía, José Eustasio el abogado entra en las luchas políticas por las reivindicaciones
de su pueblo y empieza a vislumbrar el mundo que ha de ser su destino, como vida y como
obra: la inexistencia de la soberanía nacional y la explotación en los hoy llamados
"territorios nacionales". En el fondo, este último aspecto, el de la inquietud
nacionalista, por lo menos como punto de partida, es el único tópico de la epopeya que
no es sofisma de distracción, no para comprobar qué tan patriota era, sino qué tan
hombre, qué tan poeta, qué tan escritor. Peña, huilense como el autor de Tierra de
promisión (vuelve y juega la autoridad regional), inclina la balanza del lado del
patriotismo, tal vez con la excusa de que se trata de una "breve historia" y no
de un estudio literario, pero ¿a qué vienen las "breves historias" de un
escritor universal que requiere un estudio minucioso? ¿Incluso una minuciosa historia? el
homenaje de Peña se limita a constatar que las tesis públicas de Rivera han sido
proféticas y poseen aún actualidad; pero el heroísmo público de Rivera está
supeditado a la creación de su obra literaria, y es allí donde el crítico o el
historiador deben poner su atención.
Otro tipo de realización
épica es el que representan los libros Elisa Mújica en sus escritos y Raíces
históricas de La vorágine. El primero, en cuya cubierta aparece como autora Soma
Nadhezda Truque, es una publicación de Fusader (Fundación Santandereana para el
Desarrollo Regional), lo cual evoca los nombres de Pijao Editores-Instituto Tolimense de
Cultura o Empresa de Publicaciones del Huila. El departamento, como es natural, quiere
exaltar sus valores literarios más representativos. "Si esos son los homenajes,
cómo serán las venganzas", escribía recientemente un colega. Habría que decir lo
mismo que del libro de Pijao: una
indecencia editorial, si bien disimulada por una aceptable cubierta, la ausencia de un
índice nos deja en ascuas acerca de esa cuestión inquietante que nos asalta
inicialmente: ¿cuáles son los escritos? Por la "Semblanza de Elisa Mújica"
sabremos, al menos, que no todos son "sus" escritos, que también se incluyen
escritos de otros sobre ella, valiosa escritora santandereana que seguramente no tiene tan
mala ortografía y que mecanografía mejor que la composicionista o fotocomposicionista
que levantó los textos de su libro, en el que bien podemos pasar atribulados de la
página 111 a la l2O o de la 118 ala 117, buscándole. pies, cabeza y autor a unos ensayos
sobre las primeras obras de la escritora bumanguesa. ¿Por qué este auténtico desprecio
y desconocimiento de aquel de quien nos queremos enorgullecer? Por lo general, el
propósito que anima a los actuales "hacedores de epopeyas" es envanecerse con
las glorias ajenas, que ni siquiera valoran porque son miopes para entenderlas. Epopeya y
"desarrollo regional" ...Lo más triste es que el director ejecutivo de
Fausader, en su "Presentación", afirma, con toda razón y poca vergüenza, que
"la obra de Elisa Mújica todavía espera estudios totalizadores". Mientras
tanto, hagamos refrito... Ya les contaré qué contiene el libro en mención.
Vicente Pérez Silva es
un abogado y juicioso investigador nariñense, que también saltó a la vorágine del
centenario de Rivera con un opúsculo titulado Raíces históricas de La vorágine.
Por lo menos aquí la temática es concreta y explícitamente deja de lado el esbozo
biográfico. Pero La vorágine tampoco aparece como lo que es: una obra literaria.
Con más criterio histórico que Peña, Pérez Silva consigue algo similar: la exaltación
épica de un héroe solitario ante el crimen. Pero aquí, y es algo que muestra cierta
madurez del investigador, la dimensión colectiva se ha degradado, el nacionalismo y el
regionalismo son instancias conscientemente inexistentes. Lo que hace más maduro el
discurso: de la representatividad del héroe, propia de la epopeya el héroe encarna
los valores del pueblo, se pasa a la disidencia del héroe histórico, y con ello
Pérez Silva sí está entrando que no Isaías Peña en el terreno de la
historia, más exactamente en el de la crítica social, y esa restricción es responsable
del ausentismo del fenómeno literatura: "Con razón, alguno de sus críticos tuvo el
gran acierto de señalar que el mejor aspecto de La vorágine es su trascendencia
sociológica". Con lo cual anuncia que, irremediablemente, su libro es un estudio
sobre la novela del huilense. Sin embargo, relacionado con la obra y no con los elementos
constitutivos de su denuncia sociopolítica (esto último es realmente el libro de Pérez
Silva), Raíces históricas de La vorágine no es más que otra exaltación
"epopeyera" de la especie de esta parrafada: "No en vano José Eustasio
Rivera convicto de talentovivió, amó, luchó y soñó como cualquier mortal;
no en vano acusó, navegó, padeció y resistió los embates de la adversidad, para luego
entregamos el fruto deslumbrante de su genio y la condensación de sus vivencias en la
noche de la injusticia y en días aciagos para nuestra patria en la selva
fronteriza". Exaltación que se hace explícita en los capítulos finales del libro,
especialmente los textos idílicos de "Exaltación poética de los caucheros" y
"La voz del príncipe Alpichaque". El príncipe Alpichaque
-que a su vez se constituye en razón
editorial del libro es la
encamación romántica de esos territorios y esos hombres que hacen de Rivera el
héroe-cantor de sus miserias y al mismo tiempo el héroe-profeta de la condena de todo lo
que signifique civilización; eso es lo que pregona la voz del príncipe Alpichaque, el
absurdo de la civilización (v.gr.: "Estadistas: el único objeto de la sociedad es
la seguridad mutua y todos los gobiernos se han salido de ese fin, so pretexto de utilidad
pública".). Si Rivera fue más allá que Gallegos al superar la esquemática
oposición civilización-barbarie, ahora se ve nuevamente interpretado bajo esos
parámetros.
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La pobreza de las
interpretaciones de los autores estudiados en estos seis libros nace de la concepción de
un análisis literario "de forma y de fondo", según el cual un autor de
"fondo epopéyico"nacional, regional escribe en "formas"
literarias igualmente grandiosas y épicas. Algunos el de Cacua, el de Tisnés y el
de Pardo resuelven el problema separando los aspectos biográficos y la
presentación de la obra (en el de Pardo se polariza también la presentación de la obra:
"forma y fondo", si bien no explícitamente, evidente en subdivisiones como
"Nivel técnico", "Nivel de personajes", "Nivel temático",
etc.). Otros
-el de Peña y el de Pérez Silva quieren concretarse en el "fondo", bien
en los aspectos biográficos, como lo hace el primero, bien en la significación
histórica de la obra, que es el caso del segundo. Finalmente, el libro de Sonia Truque (?)
pretende sí la unidad de la obra de Elisa Mújica "forma y fondo"
simultáneos, entendida la obra domo "sus escritos", inexistente, si
pensamos en la precaria muestra que senos ofrece. Por supuesto que he esquematizado aquí
un modo de mirar la literatura, pero, para que se vea que el asunto no es más complejo,
presento a continuación e individualmente ejemplos de una buena serie de lugares comunes
propios del análisis literario "de forma y de fondo": Aurelio
Martínez Mutis, el poeta de las epopeyas. Biografía y antología. Una biografía
bien recortada, basada, como ya se dijo, en una vida pletórica de éxito en concursos de
poesía, lo que garantiza la importancia
nacional del poeta. Pero ello, claro está, se remonta en el tiempo a las admiraciones
provincianas y "epopeyeramente" regionales del autor del libro:
"A finales de agosto del año 44 tuvimos el agrado de conocer al maestro en el
Instituto Apostólico de los Sagrados Corazones, dirigido por los Padres
Eudistas, en San José de Miranda, Provincia de García Rovira, departamento de Santander.
Eramos estudiantes de primer año de bachillerato.
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