CONTINUACION - LETRAS Y GLORIAS INMARCESIBLES

 

El ilustre vate convivió con nosotros casi dos meses y regresó en abril del año siguiente. De viva voz le escuchamos la mayor parte de su repertorio; desde entonces viene nuestra admiración por el maestro". Nada que agregar. Unas segunda y tercera parte, "Su obra" —en once páginas— y "Algunas de sus poesías", constituyen el tópico crítico-antológico de esta clase de libros: antes de presentar los poemas, se hace un resumen de sus características, sobre las cuales no ha habido desarrollo alguno; si se cree o se sabe que el poeta es grandioso, las características resumidas son incuestionables. ¿Por qué? Porque es lo que las preceptivas han dicho que caracteriza la gran poesía:  "variedad de combinaciones métricas; conocimiento del idioma y de la sintaxis; compositor de rimas y ritmos; sabia utilización de los recursos retóricos; juega con la musicalidad de las palabras; su imaginación y fantasía vuelan libremente; es espontáneo, natural, franco; tiene gran entonación; es orgullosamente esplendoroso y solemne" (los subrayados son míos y la cita tomada del libro de Cacua, no de cualquier preceptiva, aunque da igual cuando se dispone de un manual de saber literario, no importa si es del 90o del 44). Queda el interrogante sobre las epopeyas de Martínez Mutis: ¿puede ser epopeya la alegoría? (la de la Epopeya del cóndor, por ejemplo, en la que, por toda respuesta a un problema económico y sociopolítico, la pérdida de Panamá, se cuenta —¿se narra?— la fábula del pequeño y honroso cóndor que logra asustar al águila asesina); ¿es epopeya que los buenos les ganen a los malos?; ¿es epopeya convertir en versos conocimientos históricos ó científicos, tomados de las enciclopedias, que no de la vida?; ¿es epopeya decir que somos lo mejor sin decir qué somos?

Belisario Peña, poeta colomboecuatoriano. Poeta de ocasiones solemnes, sólo en esas ocasiones nos encontramos con sus poemas o sus fragmentos en este libro. Por donde la sombra de Belisario pasa, allí aparece un retazo de historia colombiana o ecuatoriana de proceras dimensiones: la tesonera labor educativa de un pueblo, sus valores cristianos que nunca declinan, su amor por las leyes. Pero, por encima del prurito de hacer historia a partir de las virtudes de un "personaje histórico", está el valor didáctico de las mismas que, como otra preceptiva, la moral (que para Tisnés también informa lo literario), permiten enseñar desde el héroe: "Educar, del verbo latino educere, significa guiar, dirigir. El maestro debe en consecuencia ser un guía, un director. Porque las almas e inteligencias infantiles y juveniles necesitan como ninguna otras de esas primeras y trascendentales enseñanzas". No dudo que una obra poética se puede interpretar e incluso explicar por el elemento religioso (de hecho, la de Dante cabría aquí), pero dicha interpretación o explicación no puede partir de doctrinas, dogmas o normativas preestablecidas; mientras lo religioso no me hable primero del hombre, cualquier manifestación religiosa en el arte es artificio; ese tópico de las "vidas ejemplares" también es propio de las preceptivas de "forma y fondo":  "La estrofa bermudina, un tanto diferente de la real, parece que se amolda más fácil y bellamente a los sentimientos románticos, al dolor, al sentimiento, a los recuerdos...": es el lugar común de que el tema se va con el pie que lo lleva, y que se explicita hagiográficamente así: "Un temperamento apacible, amable y bondadoso, educado en la piedad y religiosidad cristianas y tocada su inteligencia con el numen poético, necesariamente acomodará su inspiración a esas naturales vivencias de su inteligencia y de su espíritu". Al fin y al cabo, Tisnés pertenece a la escuela "crítica" del propio Belisario Peña, que también hizo sus pinitos en el arte poniendo en el banquillo a Isaac.: "Tengo para mí que la tal María de Jorge Isaac. está muy lejos de merecer la alabanza que se le dispensa y el favor con que se le mira: mal escrita por su estilo; insufrible por sus minuciosas descripciones (en nada se parecen a las de Dicteus y Balmes) de objetos vulgares; lleno de estudiantiles pasiones que le dan tintes muy subidos de inmoral...". En cualquier caso, nadie podrá negar que, como Peña con Isaacs, Tisnés es valiente al presentarnos a Peña.

Vida y obra de Eutiquio Leal. Nada más sospechoso en quien pretende pasar por crítico literario que obsesionarse con la idea de la suprema innovación, que ésta es la que hace grande a un escritor, máxime si ella no surge del juego con las tradiciones sino del desconocimiento de las mismas. "Lo que no es tradición es plagio", ha dicho Durrell, y aunque hay alguna salvedad, de la que no hablaré aquí por falta de espacio y de Lanas, esa sentencia delata el principal obstáculo de las buenas intenciones de Leal. Ea verdad que el vitalismo es valioso en literatura, pero no se puede confundir el vitalismo con los monólogos decrépitos de conciencias indigentes; la literatura es otra conciencia y ella debe suplir las miserias de un mundo que se quiere redimir. Sin embargo, Eutiquio Leal no establece esa mediación que significa narrar  —y que también es darme alo. demás— y con él Carlos Orlando Pardo, de cándidos inmediatismos. Veamos, de nuevo, nuestro tópico del "adecuacionismo" en este comentario al cuento  Tu pesadilla: "El autor correlaciona hábilmente el contenido y la forma, en [sic] esta narración todo es de verdadera pesadilla» (el subrayado es mío: como si la obra literaria consistiera en unir, "hábilmente", dos abstractos para formar un concreto); gran dogma que se sigue, sin embargo, como una fórmula-conjuro que lo explica todo: "Como se ha estudiado, en la antología ‘CAMBIO DE LUNA’ hay una bien marcada diversidad de técnicas que coinciden realmente con el mismo título. Cambio de todas y cada una de las narraciones de un modo u otro". Las mismas correlaciones se establecen en el "Nivel de personajes": "En esta mujer se refleja la bondad, la pureza, la inocencia y la ternura", virtudes que, mencionadas antes de que verdaderamente se reflejen en el lector, resultan increíblemente explicativas, como, por ejemplo: "La protagonista provoca en el lector una reacción de coraje, y los hermanos de solidaridad y dolor". Pero como este brillante libro no se agota con el estudio de personajes y temas, un "Nivel lingüístico" confirma que el autor maneja también las preceptivas: "El empleo de la METAFORA y la COMPARACION dentro de la obra de Eutiquio Leal, demuestra su intensa capacidad de persuasión, al igual que su estilo particular. Para acercarse más al meollo de sus temas, el autor se vale de tales figuras, es decir, mezcla recursos del lenguaje para producir una gran significación que conlleva un mensaje específico...". ¿Qué heroísmo nos estará reservando a nosotros, simples de la calle, que a diario "nos valemos" de metáforas y comparaciones "para producir una gran significación que conlleva un mensaje especifico"?

Raíces históricas de La vorágine. Nadie niega que desde el "aspecto sociológico" se puede hacer una interpretación globalizante de La vorágine, pero ¿dónde está la interpretación? Todo es aquí "aspecto sociológico" que quiere mostrarse como "la vorágine actual" y no es menos cierto que las fechorías de la Casa Arana se ven actualizadas en las acciones brasileñas de frontera y el abandono sistemático de esos territorios fronterizos nuestros), pero La vorágine no es  "la vorágine actual" sino La vorágine de Rivera, y eso parece reclamarlo paradójicamente el propio Pérez Silva al traer a cuento las palabras de Rafael Maya: "Defendamos la obra de Rivera". Se defiende una obra ocupándose de ella, no usándola como pretexto de inconformismo, es decir, como bandera del heroísmo del derrotado: "Los pulpos de la explotación económica multiplican sus tentáculos en todos los órdenes y sentidos, y crecen con mentalidad delincuescente [sic] como las hiedras de la selva. Nos movemos en una selva donde abundan las sanguijuelas famélicas y toda suerte de alimañas que producen escoriaciones en la corteza humana y van succionando, en proceso ascendente, la sangre de su economía.! / La vorágine colombiana de estos tiempos no puede ser más desolada y alarmante. Es preciso volver a las páginas de La vorágine de Rivera para comprender todavía más esta selva tremenda que nos asedia hasta la destrucción"; "la vorágine de la corrección monetaria", escribe Pérez Silva más adelante, defendiendo una obra que en vez de ser obra es miseria colectiva.

Breve historia de José Eustasio Rivera. Curiosamente, el opúsculo de Isaías Peña concluye con la misma cita con la cual concluye el de Pérez Silva: las palabras de Rafael Maya en el aniversario 25 de la muerte de Rivera, que ambos citan bajo el título de "Defendamos la obra de Rivera". ¿Por qué no defenderla dedicándole un ensayo extenso y minucioso? Nunca se termina de hablar acerca de una gran obra.

Todavía hay mucho que decir de Homero o del Quijote. ¿Por qué escribir "breves" y superficiales historias de un autor fundamental? En la obra de Rivera está aquello que él esperaba que nos revelara a nosotros mismos ante el mundo, pero esa esperanza no se cumple en una breve, regional y nacional historia (que, por lo tanto, no es historia sino "epopeyismo") de alguien que alguna vez dijo (y cito del libro de Peña):

"Ligarse a la patria es vincularse al universo y a la vida’ [...], ‘Poco o nada se sabe de nuestra historia... Casi todo lo que al alma de nuestra América se refiere está oculto y silencioso, como los lagos que reposan sobre la espalda de las cordilleras; pero cuando lleguen allá los zapadores de su porvenir y provoquen el milagroso desbordamiento, se derramará sobre todas las civilizaciones una onda inagotable y fecunda que circulará en el poema, en el libro, en la palabra del escritor, en la prédica del apóstol, en el diapasón de la música, en la paleta del artista. Y entonces nacerá el concepto justo de lo que significamos en la cultura universal’ ".

Elisa Mújica en sus escritos. Según la cubierta de este libro, Sonia Nadhezda Truque es su autora. Así presentado el libro, incluso para el lector de esta reseña, resulta obvio que Sonia Truque haya escrito un trabajo especializado sobre la obra de Elisa Mújica. Una vez hojeado el libro y habiendo sido desconcertados por su contenido, sacamos la rápida conclusión de que Sonia Nadhezda es la recopiladora y no la autora; ahora bien, ¿recopiladora de qué? De los "escritos" de Elisa Mújica. ¿Todos los escritos? Pregunta vana; si el foliador no me engaña —que podría engañarme—, el libro tiene apenas 148 páginas y en ese espacio no cabría toda la obra de la bumanguesa. Veamos entonces cuáles "escritos": no hay índice —primer paso—; hay una "Presentación" de Luis Alvaro Mejía, hay una "Semblanza de Elisa Mújica" —tres páginas— de Sonia Nadhezda Truque: aquí tampoco se dice cuál es el contenido del libro, pero hay un dato interesante:

"...textos que por estar sujetos a la inmediatez de la publicación en periódicos o revistas sólo será posible conocerlos cuando el interés de alguna institución o editorial los rescate [...]. El presente volumen se propone hacer una muestra de algunos textos sujetos a la eventualidad antes señalada. Una muestra de artículos y discursos de la escritora". Sin entrar a discutir si el ensayo o el artículo periodístico son géneros literarios —lo son en casos excepcionales, y creo que en el de Elisa Mújica también—, uno espera medir la coherencia y altura de un escritor en sus obras de ficción, y más si ello es lo que aparentemente se promete. En todo caso, después de haberse hecho a la idea de que dicha coherencia se puede percibir también en los géneros informales, se lleva uno otra sorpresa: los "escritos" también son de otros autores sobre Elisa Mújica, lo que modifica en algo aquello de "sus" escritos, y hasta una entrevista con la escritora. ¿Qué criterio literario ha posibilitado semejante bodrio editorial que ni siquiera destaca la importancia del autor que presenta? Parece responderme el presentador: "Consideramos que el presente volumen será tenido en cuenta como referencia biobibliográfica de la importante escritora". Es decir, que un apéndice de 145 páginas no debe ser tenido en cuenta. ¿Y la "Carta de Jairo Aníbal Niño" que viene a continuación de la "Semblanza de Elisa Mújica"? Aunque tampoco dice nada, supongo que la intención era ponerla de catcher del texto de Sonia Nadhezda, para que dijera lo que ella no dijo. Sobraría decir que todo texto de Ernesto Volkening o de Hernando Téllez —sobre  Elisa Mújica o sobre Perico de los Palotes— resulta encantador por sus lucideces mesuradas, y también resultan encantadores casi todos los textos de Elisa Mújica porque... pero no voy a decir ahora lo que el libro que reseño no dijo.

OSCAR TORRES DUQUE