Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 23, Volumen XXVII, 1990
 

Organización informal, sector popular


Sector Informal y organización popular
Varios autores
Instituto de Estudios Liberales /
Fundación Friedrich Nauniann, Bogotá, 1988,
212 págs.

Los dos temas indicados en este titulo corresponden a la recopilación de exposiciones y trabajos presentados en un seminario realizado por el Instituto de Estudios Liberales y la Fundación Friedrich Naumann. Intervinieron funcionarios del gobierno, dirigentes políticos, estudiosos de los problemas sociales, universitarios y directivos de las entidades organizadoras. Entre ellos, el senador Ernesto Samper Pizano; el entonces ministro de agricultura, Guillermo Parra Dussán; la jefa de Planeación Nacional, María Mercedes Cuéllar; el director del Instituto de Estudios Liberales, Hernando Gómez Buendía; el de la Fundación Friedrich Naumann, Herbert Fenger, y el de Fedesarrollo, José Antonio Ocampo. El seminario trató ampliamente las cuestiones relativas al origen, las características y el papel del sector informal; la política del Estado ante dicho sector y su organización popular y, especialmente, lo que debería hacerse al respecto, en opinión de los participantes.

Casi todos los conferenciantes coincidieron en que el llamado sector informal se originé en tiempos recientes, como resultante de la acentuada incapacidad del sector moderno de la economía para dar empleo a un número cada vez más creciente de personas en edad de trabajar. Una proporción progresivamente mayor de las mismas habría quedado por fuera de las actividades industriales, agropecuarias y de servicios de tipo moderno, siendo forzadas a desempeñar un sinnúmero de ocupaciones agrupadas —por contraste con la parte moderna o formal de la economía— bajo el rótulo de sector informal, y sus integrantes fueron designados corrientemente como informales. Patronos de empresas minúsculas, vendedores callejeros, domésticas, tenderos, etc., constituirían así la abigarrada masa del sector informal, que algunos de los expositores no vacilaron en destacar como el mayoritario dentro de la población. Las actividades informales, se dijo, son típicas en cuanto a bajo nivel de capital, tecnología rudimentaria, relaciones laborales inestables, mano de obra familiar, duras condiciones de trabajo, carencia de asistencia y servicios sociales, y pobreza generalizada de la población dependiente de tales labores. Hugo López, de la Universidad de Antioquia, logra un vívido cuadro de tales situaciones en su estudio sobre los tenderos y vendedores ambulantes. En cuanto a su papel, Ernesto Samper afirma que los informales serian realmente los nuevos protagonistas del cambio. Para María Mercedes Cuéllar, el sector informal vendría a ser simplemente un mecanismo de ajustes del mercado laboral. Y el titular de la cartera del agro de esa época calificó de ventaja comparativa el trabajo familiar de las pequeñas unidades productivas. Jaime Ramírez, de Corfas (Corporación Fondo de Apoyo de Empresas Asociativas), en cambio, sostiene que la economía informal no se limita a sobrevivir sino que configura un sustancial aporte al producto nacional.

El presidente Virgilio Barco, en mensaje escrito enviado al seminario, ofreció estimular el desarrollo de las organizaciones populares, proveerlas de normas jurídicas y mecanismos de participación institucional. La jefa de Planeación enfatizó en la generación de empleo mediante la construcción de obras públicas, que demandan abundante mano de obra, y en el apoyo a la microempresa; se pronunció en contra del reajuste del salario mínimo por encima de la productividad del trabajo y advirtió que tales aumentos, al igual que las cargas prestacionales que recaen sobre las empresas, reducen el empleo y conspiran contra su estabilidad. Según Ernesto Samper, el Estado ha venido subestimando al Sector informal; no se trata, dice, de caer en el asistencialismo ni en lo que llama pretensión de incorporar los informales al sector moderno. Puesto que la informalidad es también el marginamiento de los ciudadanos de los centros de decisión del poder, agrega Samper, la solución radica en fortalecer las organizaciones populares, de modo que se conviertan en escenario de la competencia democrática. Criterio similar sostiene el Instituto de Estudios Liberales, propugnando superar la ambivalencia, el promeserismo y la manipulación de las organizaciones populares por el Estado y los partidos políticos. En otro sentido, Jaime Ramírez observa que constituye una decisión política la posición del Estado ante el sector informal, la que, a su juicio, debe concentrarse en la ayuda a aquellas microempresas que él llama "desarrollables", asegurándoles acceso al mercado, asistencia técnica, impulso a la agremiación e incorporación a la legalidad, básicamente entendida como participación en la seguridad social, adopción del salario mínimo y exenciones tributarias.

El contrapunto crítico corresponde a Fernando Mires, de la universidad germanofederal de Oldenburg, al poner en cuestión la validez misma del concepto ‘sector informal’, observando cuán poco rigor científico hay al agrupar bajo tal denominación una serie muy heterogénea de relaciones sociales o económicas cuyo único rasgo en común es la supervivencia. E insistiendo en que los llamados informales no tienen- más "misión histórica" para cumplir que aquella decidida por ellos mismos. Al referirse al conocido libro de De Soto sobre el desarrollo de la economía informal en el Perú, el critico anota agudamente que no menciona en absoluto las relaciones económicas internacionales, como lo omiten también tantos otros analistas, al pretender establecer el verdadero origen del problema. Y al examinar la tesis de De Soto según la cual la solución estriba en una mayor descentralización y disminución de la intervención y regulación estatales para superar el arcaico mercantilismo del Estado peruano, y darle curso así a una economía de libre mercado, el mismo Mires evalúa tal conclusión como un verdadero parto de los montes. Por último, resulta esclarecedora la comparación entre la llamada informalidad de países semejantes a Colombia y la de países altamente industrializados. Asunto que fue tratado en el caso de la República Federal de Alemania, por el director de la Fundación Friedrich Naumann. De acuerdo con su sistemática descripción, la causa del susodicho trabajo informal en Alemania occidental residiría en el propósito de abaratar costos, para lo cual se eludiría constantemente la normatividad legal con trabajos clandestinos y jornadas incompletas. O, en otros casos, con empleo de trabajos calificados demandados por avances tecnológicos, o de trabajos corrientes hechos en casa pero cuyo coste reducido se acomoda más, en ambos casos, a las formas redivivas del trabajo a domicilio. Es decir, que en las naciones industrializadas el trabajo informal—si así puede llamarse— estaría determinado, no por la insuficiencia o subdesarrollo de la economía, como sucede en países como el nuestro, sino más bien por la búsqueda de una más intensiva explotación de la mano de obra por una base industrial de muy alto nivel.

El libro suministra, en suma, un sugestivo material de reflexión que bien puede contribuir a canalizar la atención y las energías de investigadores sociales y de políticos hacia nuevos focos de análisis y acciones.

PEDRO YUDES