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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
24-25, Volumen XXVII, 1990
Algo singular en medio
de tanto plural
Corazón plural
José Luis Garcés González
Ediciones El Túnel, Montería, 1989, 65 págs.
Desde la primera lectura
de este libro, se tiene la impresión de una pluralidad, pero de una pluralidad que no es
sinónimo de riqueza.
En líneas generales el
libro está compuesto de la siguiente manera:
empieza con un texto a los poetas y termina con un
relato titulado Fin de exposición, dedicado a la poesía; entre los dos
conformarían el arte poética del autor. En medio de ellos hay poemas y relatos breves en
donde predominan los dedicados a la noche, a la mujer y a lo social, pero también algunos
que tratan el tema del doble y el espejo, el hastío de lo cotidiano y el paso destructor
del tiempo.
Lo social en este libro
está contemplado y sentido desde el punto de vista de la violencia, de sus funestas
consecuencias sobre sectores de la sociedad de cuya inocencia no hay duda, como son la
juventud y la niñez. De esta situación injusta se responsabiliza, sin decirlo
abiertamente, a los hombres de Estado que viven en una culpable prosperidad, manejando
países de los que son los propietarios y sin arriesgar, a la hora de la violencia, su
propia sangre. Estas denuncias y reclamos se pueden observar en los siguientes versos
tomados de diferentes poemas:
¿Se acuerdan los
humanos de Kim Phuc?
¿De su cuerpecito desnudo
cercado de napalm?
¿De su inocencia de arroz incendiada por hombres
que besan y santiguan a sus niños antes de acostarse?
[...]
¿De qué país hablan
ustedes? Seguramente del país de ustedes.
[...]
Señor de la
Colonia Acepto la guerra Si es usted y no mi hijo,
El que le pone el pecho a la metralla
Y me conmueve con su singular ejemplo.
Estos poemas de denuncia
no tienen nada nuevo ni en cuanto al contenido de la denuncia ni en cuanto a la forma como
se hace.
De la mujer se observan
también distintas imágenes. Dos que se contraponen radicalmente son la de la mujer como
amante y la de la mujer como esposa. Sobre la pareja institucionalizada en el matrimonio
se marca, como es de esperarse, un acento negativo. El amor de la amante, en cambio, que
tiene el gusto de siempre por lo prohibido y lo clandestino, está completamente valorado.
También se observa una
idealización de la mujer, en este caso convertida en antídoto contra la agresión del
mundo, en refugio de plenitud erótica:
Habitación, reino,
pedestal, laberinto
dulce consérvale su furia, déjale intacta
su ala de ternura, no permitas que ojos
hostiles perforen su carne de sombra y
arena, pero acepta que mi mano dispuesta
acaricie eternamente las profundidades
de sus frutos.
Al lado de esta mujer que se
invoca para alejarla de las fuerzas destructoras del tiempo y se conserve dispuesta a
ofrecer sus frutos, hay otra física y prosaica de la que el poeta dice:
Después,
suena el agua del inodoro
y yo recuerdo
que las mujeres bellas
también tienen excrementos.
Entre
otras imágenes que se encuentran en el libro, hay dos que corresponden a mujeres
concretas: la muchacha del servicio y la vendedora de bollos. En ambos casos se insiste en
el aspecto erótico, claro que al final del texto dedicado a las muchachas del servicio la
importancia aparece repentinamente en los futuros hijos nacidos de los encuentros casuales
que tienen estas mujeres con sus amantes. Se insiste de nuevo sobre los niños inocentes.
En fin, estos textos no
son completamente ni crudeza erótico-social ni idealización sensual, ni crítica a la
relación institucionalizada ni entrega total a la posibilidad del adulterio. No hay
profundidad en el tratamiento de estos temas, por lo cual no enriquecen ni mucho menos
superan a lo ya conocido.
El tema de mayor relieve
en el libro es la contraposición noche-día. La noche y el día están (como siempre que
se pretende lograr un efecto supuestamente interesante) en oposición de valores. La luz
de las estrellas es aquella "que en otros días hizo estallar la alegría". El
sol es el espejismo de la juventud: "el pretérito era sol y lozanía hirviendo, hoy
es humo de cansancio, fruta acongojada". El sol también es la plenitud del cuerpo
cuyo final resultado es el acabamiento. La niebla, la sombra, el anochecer, la noche
tienen que ver con lo verdadero, resultado del paso del tiempo:
Vamos, amigo, al
país de la niebla.
Es ese nuestro reino sin polémica
[...]
En la medida en
que anochece
Solo nos queda la tierra resignada.
El amante, el poeta, el
dolor sentido, el adulterio tienen su lugar en
las sombras. El matrimonio cristiano, la fidelidad, el éxito, la esposa, lo
oficial tienen su lugar a pleno sol.
Este claroscuro cobija la
mayor parte de los textos del libro, pero se presenta de forma convencional. Lo prohibido
debe estar en la oscuridad y lo oficial en la luz. Este encasillamiento descubre una falta
de imaginación en el manejo de la luz.
Dentro de los poemas
dedicados a lo claroscuro, hay dos que quiero destacar. Uno hace alusión a los vampiros,
el otro es el siguiente:
Las estacas de la cerca
caen al suelo
impulsadas por la luna.
Allí reposan sin miedo a la noche o al viento.
Las que están de pie, solitarias,
¡son las verdaderas sombras!
Estos
poemas son como dos agradables fantasmas dentro del contexto del libro. El poema
transcrito, al igual que el otro, no están limitados por el fácil esquematismo. Al decir
que las estacas caen al suelo impulsadas por la luna, le da a la sombra de las estacas el
peso material de la estaca misma. A esto colabora que no se habla de la luz de la luna
sino de un impulso que proviene de ella. Luego se dice que allí reposan sin miedo,
agregándole de esta forma al peso material una característica propia de un ser vivo y no
de un objeto. A un mismo tiempo reposan pero, paradójicamente, se sienten más vivas.
Aquí el contraste no es esquemático sino desconcertante, sorprendente.
La noche y el viento
ofrecen el ambiente para la imaginación, a la vez que pueden representar la muerte y el
tiempo. Luego de haberles dado realidad y vida a las sombras en los cinco versos
anteriores, se dice que las estacas reales son las que están de pie, solitarias, lo cual
es muy importante, porque poner "solitarias" en un solo verso les da a las
estacas verdadera apariencia de fantasmas, y finaliza diciendo que las estacas de verdad
son las verdaderas sombras. Se une de esta manera lo verdadero con lo inmaterial, pero en
la estaca misma. Otra vez, el contraste permite establecer múltiples significaciones. Los
límites entre luz y oscuridad, entre realidad y fantasía, no se pueden definir con
seguridad, es decir: no hay cabida al esquematismo.
Por esta línea
debería seguir el autor del libro, para que así realmente se rebelen y revelen las
palabras como se quiere que lo hagan en el último texto, Fin de exposición, y
para que la pluralidad no sea sinónimo de cantidad sino de densidad.
DIEGO
CERÓN
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