|
Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
24-25, Volumen XXVII, 1990
Belleza y horror
Arrecifes del Caribe
Henry von Prahl
Villegas Editores, Bogotá, 1989, 206 págs.
Tengo ante mis ojos una de las últimas
obras del doctor Henry von
Prahl,
Arrecifes del Caribe, producida con el patrocino del Banco de Occidente en
noviembre de 1988 y reimpresa en marzo de 1989. El principal valor de este libro es su
calidad divulgativa, que permite que numerosas personas, incluso de capacidad decisoria,
se enteren de las inmensas riquezas encerradas por los arrecifes tropicales. Para lograr
ese objetivo, Prahl dividió el texto en ocho sesiones, precedidas por una presentación a
cargo del editor y una introducción por el profesor Werner Meinel, director del trabajo
doctoral de Prahl en Alemania.
El capítulo "El
Caribe en la formación de los mares" comprende tres páginas donde se resumen el
origen y la historia del mar de las Antillas, escenario del texto en revisión. "Los
corales arrecifales "se titula la segunda parte de ocho páginas, dividida en seis
secciones: El arte de sobrevivir, Los arquitectos del mar, La reproducción, El
crecimiento, Diversidad en el arrecife y El andamio de la vida; en ella se hace un
recuento de la biología de los corales hermatípicos (formadores de arrecifes). "La
interrelación en el arrecife" es el tercer capítulo, que ocupa cinco páginas e
incluye dos secciones tituladas La comunicación de las especies y Los peces y el entorno
arrecifal; en esta parte se pone énfasis en las relaciones ecológicas que ocurren en las
formaciones coralinas. La siguiente sección del libro, denominada "El fantástico
mundo de los invertebrados del arrecife", ocupa 16 páginas y cubre a las esponjas
(poríferos), aguamalas y corales (cnidarios), gusanos (poliquetos), caracoles, bivalvos y
pulpos (moluscos), cangrejos, camarones y langostas (crustáceos), estrellas, erizos,
pepinos y lirios (equinodermos). Para completar la discusión la obra termina en dos
capítulos, "El arrecife como reserva del futuro" y "El arrecife como
recreación" (seis y tres páginas respectivamente), que incitan al lector a apoyar o
tomar medidas que permitan que estas maravillas naturales perduren y continúen
proporcionándonos alimento y entretención para siempre. El libro remata con un Glosario
de seis páginas y una Bibliografía de 33 referencias científicas sobre arrecifes.
Sin embargo, la
intención de esta reseña no es sólo recomendar a todos los colombianos la adquisición
de esta maravillosa obra, colocada al mismo nivel que las europeas o norteamericanas de su
género, sino presentar un lamento, desde la esquina de los investigadores, por la vida en
nuestro país, por lo que significan hombres como Prahl, cuya producción profesional y
humana ha sido segada de una manera tan cruel. Prahl era un biólogo colombo-alemán,
graduado en la Universidad de los Andes y doctorado en la Universidad de Kassel en la
República Federal de Alemania; dedicado al estudio de la biología marina, se convirtió
rápidamente en una de las principales autoridades nacionales en su campo. De una inmensa
capacidad de trabajo, penetró por igual en la taxonomía y en la acuacultura, atrajo
hacia sí decenas de estudiantes en la Universidad del Valle, gestionó la presencia de
este centro universitario en el estudio de los recursos vivos del Pacífico colombiano. El
año pasado, en medio de la violencia insensata que controla nuestro país, alguien
decidió derribar un aeroplano que llevaba ciudadanos comunes y corrientes, dedicados a
sus labores: Prahl era uno de ellos. Su desaparición pasó casi inadvertida para los
medios de comunicación masiva; sólo unos pocos quedamos atontados por tan atroz
realidad, apenas una más en la cascada de horror que nos acompaña. No puedo menos que
recordar el crimen sin sentido de que fue víctima Iván Enrique Caycedo Lara, otro
mártir de la biología colombiana, dinamitado en Santa Marta por pescadores (!)
hace
doce años; obviamente, ese asunto no fue resuelto y más bien fue minimizado por los
burócratas. La obra de Henry von Prahl debe ser reconocida en toda su dimensión, y
entonces él entrará en ese círculo de sabios sacrificados que encabeza Francisco José
de Caldas.
ARTURO ACERO P.
|