Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 24-25, Volumen XXVII, 1990

Una cartilla


Mitología en América precolombina
Jesús Arango Cano
Plaza y Janés, Bogotá, 1989, 115 págs.

En breve introducción, el muy conocido escritor e investigador de temas mitológicos y arqueológicos Jesús Arango Cano enuncia el objetivo del presente libro. Mediante dicha introducción, que representa una declaración de intenciones, el autor subraya la importancia que para las culturas precolombinas tuvo la mitología, que les sirvió primordialmente para el entendimiento de fenómenos naturales. Lluvia, Sol, Luna, estrellas, terremotos, así como vida y muerte, de tal manera recibieron explicación. A través de repeticiones a menudo fatigosas, Arango indica que los mitos de América Latina no les ceden en nada, en cuanto a belleza y magnitud, a los romanos, griegos, chinos o egipcios. Desde las primeras páginas, el lector puede comprobar que el autor se esfuerza en presentar el vasto complejo de la mitología latinoamericana tan fácilmente concebible como sea posible.

La concepción estructural del pequeño volumen, que evidentemente no quiere ser más que una breve guía y trazar a grandes rasgos el contenido y el funcionamiento de la mitología en América Latina, obedece a una obvia tripartición: ejemplarmente se han escogido las mitologías de los aztecas, chibchas e incas.

El primer capítulo, que abarca apenas treinta páginas, se dedica a la mitología azteca. A la sintética reseña de la leyenda sobre la fundación de Tenochtitlan, la capital del imperio azteca, sucede un resumen sobre el significado y el funcionamiento de la mitología en la construcción social en dicho imperio, así como, finalmente, una especie de alineación del equipo del Olimpo azteca, encabezado por Coatlicue, la encarnación del Sol y madre de Huitzilopochtli, quien, por su parte, actúa como dios de la guerra y cuyos atributos —unas plumas de colibrí atadas a su pierna izquierda, la serpiente de fuego y un bastón en forma de reptil— son muy conocidos, por aparecer en numerosas reproducciones de hallazgos arqueológicos en México.

A continuación el libro se refiere a la estructura principal de la mitología (y a las insignificantes diferencias que a ese respecto existen entre las culturas europeas y las latinoamericanas), que en primera línea consiste en ilustrar los fenómenos del día y de la noche, adjudicables a determinados dioses, cuyos favores se obtienen mediante la observancia de ciertos rituales. En caso de descuido o incumplimiento de estos rituales, los dioses imponen castigos, generalmente en forma de catástrofes naturales. A su vez, estos fenómenos naturales reciben su correspondiente explicación dentro del orden social y religioso de las distintas culturas.

Arango dedica mayor atención a Quetzalcóatl, el más importante de los dioses aztecas, tras lo cual enumera algunos otros dioses mediante breves frases descriptivas.

Aunque el autor, desde un principio, no dejó duda alguna en cuanto al objetivo limitado de su opúsculo, no se puede negar cierta frustración ante la simplicidad, tanto estilística como de contenido, con la cual trata el tema. Esto tampoco cambia esencialmente en la segunda parte, que se ocupa con la mitología chibcha, a pesar de que la concepción con respecto al contenido parece más amplia. Así, por ejemplo, no se limita a una simple enumeración, sino que relata algunas leyendas, como las de Bachué, Bochica, Fura y Tena, Chibchacum y Hunzahua.

De todos modos prevalece un estilo narrativo "a grandes rasgos", y de vez en cuando no deja de experimentarse la impresión de que en tan breves párrafos el autor pasó por encima del tema.

El tercer capítulo presenta un resumen sobre la mitología incaica. Allí se señala que tanto los incas como los aztecas enriquecieron su mitología con las de los pueblos conquistados. En el imperio incaico existieron —condicionados por las distintas circunstancias geográficas— varios mitos, dependientes del fenómeno natural que correspondía a cada región. El autor escoge unas leyendas y las relata mostrando paralelos entre las mitologías de las tres culturas descritas. El texto finalmente desemboca en un sucinto glosario sobre algunos dioses incaicos.

La impresión que queda a la postre es que el tomito no constituye más que una breve y simplificada introducción al fascinante tema de la mitología de América precolombina.

Hay que reconocer que el autor—aunque en forma limitada— maneja el tema con conocimiento seguro. Sólo que lo indicado en la contraportada, en cuanto a que la obra constituye "una fuente imprescindible para todos aquellos que quieren profundizar en éste fabuloso mundo de la mitología americana" no corresponde, en manera alguna, al contenido del libro, ya que en ningún momento cabe hablar de profundización de conocimientos.

HELMUT SPREITZER