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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
24-25, Volumen XXVII, 1990
Regular empíricamente,
flojo analíticamente
La revolución liberal y
la protesta del artesanado
Carmen Escobar Rodríguez
Fundación Universitaria Autónoma de Colombia,
Fondo de Publicaciones (Fuac) y
Ediciones Fondo
Editorial Suramérica, Bogotá, 1990, 390 págs.
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En los últimos años
tiende a acentuarse el interés por estudiar la protesta urbana desde una perspectiva
histórica. Es así como han aparecido estudios tanto teóricos como descriptivos que
empiezan a enriquecer el conocimiento de un pasado hasta ahora ignorado y de
sus agentes históricos, los sectores populares urbanos (formados por pobladores pobres,
migrantes, artesanos, etc.). Después del primer paro cívico nacional del l4de septiembre
de 1977 creció el interés por estudiar, en una amplia dinámica histórica, la protesta
urbana. Empezaron a efectuarse investigaciones concentradas principalmente en el plano de
lo ambiguamente denominado "cívico", que hacía alusión a un sinnúmero de
protestas de diversa índole (en este sentido se destacan trabajos como los de Medófilo
Medina y J. Aprille). A medida que se ha profundizado en el estudio de fuentes primarias,
se ha ido comprobando que la protesta urbana no es un fenómeno exclusivo de la época
contemporánea y no sólo concierne a lo "cívico". Hoy se sabe que desde
tempranos momentos del siglo XIX hubo protesta urbana, principalmente de los artesanos. Al
respecto ya existe un inventario preliminar de protestas artesanales, por lo menos para
Bogotá, en las que sobresalen la de mediados del siglo pasado, el motín del pan de 1875
y la insurrección de 1893. Sobre la primera versa precisamente el libro que ahora
entramos a reseñar.
El libro de Carmen
Escobar, resultado de una investigación en la maestría de historia de la universidad
Nacional, se inscribe en el ámbito de la protesta urbana y establece una estrecha
relación con el surgimiento de los partidos políticos y con el golpe del general José
María Melo en 1854. Esta doble intención, de combinar la historia social y la política
para el caso, de la coyuntura de la revolución de medio siglo, constituye un
reto, pues en los estudios hasta ahora efectuados esa relación no ha sido asumida ni
seria ni profundamente.
En el prefacio, la
introducción y las conclusiones, la autora nos comenta las hipótesis centrales que
maneja a lo largo de su investigación: 1) existe una estrecha relación entre comercio
internacional, producción artesanal y protesta social (pág. 13); 2) la característica fundamental de la
transformación de mediados de siglo apuntaba a crear las bases para un desarrollo
capitalista: "La revolución. liberal produjo profundas transformaciones económicas,
políticas y sociales en cl país, transformaciones estructurales que permitieron avanzar
en el camino de la formación capitalista"(pág. 14); 3) la revolución liberal y la
insurrección artesanal no se consolidaron porque quedaron circunscritas al plano urbano y
porque no movilizaron a las masas campesinas, soporte de la reacción (pág. 14); 4) el
poder de los artesanos no "pudo consolidarse [...] por la propia naturaleza de clase
de los artesanos, por las características estructurales económicas neogranadinas y por
la dialéctica del desarrollo mundial de esa etapa histórica" (pág. 20).
Estas son, a nuestro
parecer, las tesis centrales del estudio que no dejan de suscitar interrogantes. Sobre la
primera se puede indicar que, para el caso de Bogotá, la relación entre librecambio y
crisis artesanal parece ser evidente, como la misma autora lo demuestra en el segundo
capitulo. Esa conclusión no podría hacerse extensiva a todo el país, ya que existieron
zonas en donde el impacto, como en los Santanderes, si hemos de creerles a Marcos Palacios
y a David Johnson, no fue tan drástico. Es en torno a la segunda hipótesis donde se
presentan más incoherencias, pues es muy discutible seguir pensando hoy en la vieja tesis
de Nieto Arteta de que después de 1850 el país se enrumbó dentro de la órbita
capitalista, a no ser que se maneje el concepto ambiguo de capitalismo
"comercial" de José Antonio Ocampo. Y es más discutible sostener, como lo hace
Escobar, que la artesanía neogranadina podía siquiera compararse con la artesanía, que
analiza Marx para el caso europeo, que originó la manufactura. Con relación a este
último aspecto la autora es muy contradictoria: a veces insinúa correctamente la
imposibilidad histórica de la conversión de la artesanía neogranadina a la manufactura
capitalista, por el carácter disperso, el escaso desarrollo técnico, la poca
especialización productiva, etc., pero en otras ocasiones sostiene en forma mecánica la
tesis de Marx y Engels vigente para Europa Occidental y que desentrañó el origen del
capitalismo. Al plantear el problema de esta forma, tiende a representarse una concepción
lineal y evolucionista que no distingue el contexto de la Nueva Granada, como si
ineluctablemente debiera darse el paso de artesanía de manufactura desde el punto de
vista de la unidad productiva, y necesariamente los artesanos tuvieran que convertirse en
obreros o en burgueses. Tal es la situación de Europa Occidental, como aparece en las
apreciaciones de Marx y de Lukács que la autora cita, pero que no se aplican
a nuestra historia, porque aquí no marchábamos, a mediados del siglo XIX, hacia el
capitalismo industrial, y los artesanos, en lugar de transformarse en burgueses o
proletarios, se convirtieron o en sectores desclasados (lumpen) o en trabajadores
agrarios, y más si se recuerda que existía un rudimentario sector artesanal en los
espacios rurales del país. La tercera y la cuarta hipótesis parecen confirmar nuestra
crítica, dado que allí se subrayan las inconsistencias del movimiento, al no incorporar
a las masas rurales en su proyecto político, y se consideran las limitaciones históricas
de los artesanos, que les impedían impulsar un proyecto propio.
Desde el punto de vista
teórico, la autora emplea como conceptos analíticos centrales los de "clase social,
conciencia vertical, ciclo revolucionario, potencial de progreso y época histórica"
(pág. 14). Este cuerpo categorial es proporcionado por distintas vertientes del
pensamiento marxista, que no siempre es aplicado rigurosamente. Se debe reconocer que la
autora se esforzó para que su investigación poseyera una base explicativa de tipo
teórico que contribuyera a clarificar e interpretar la información empírica que maneja.
Las deficiencias en el análisis teórico se encuentran fundamentalmente en que no se
trabajaron a fondo historiadores como Rudé, Thompson y Hosbawn, que han hecho
significativos avances en el estudio de los movimientos sociales precapitalistas y,
además, por una aplicación mecánica, incoherente y anacrónica de muchas nociones del
marxismo clásico, tales como las de artesanía, manufactura, semiproletariado,
"socialismo burgués", etc.
El trabajo está
elaborado a partir de diversas fuentes primarias, entre las que se destacan periódicos,
hojas sueltas, libros de la época. Es de lamentar que no se consultara el Archivo
Histórico Nacional, en donde hay información sobre el tema de los artesanos. Entre las
fuentes secundarias sobresale el empleo de los principales pensadores liberales de la
época (los Samper, Aníbal Galindo, Camacho Roldán) así como de conservadores (José E.
Caro, Restrepo, etc.) y la consulta de la literatura moderna más representativa. Hay dos
elementos que, sin embargo, son criticables: por un lado, se abusa a ratos de la cita textual
de los pensadores liberales (principalmente de José M. Samper en su obra Apuntamientos
para la historia de la Nueva Granada), saturando el texto de párrafos entresacados de
otros autores; y por otro lado, se recarga de citas de referencia a las notas, como si se
tuviera inseguridad en las apreciaciones que se hacen en el cuerpo central del texto. Esas
notas textuales de pie de
página en la mayoría de los casos se habrían podido suprimir. Desde el punto de vista
del manejo general de la documentación se aprecia una repetición innecesaria, pues la
casi totalidad de los documentos que aparecen como anexos al final del libro son citados
en el texto. Aquí se hubieran podido ahorrar setenta páginas, bien suprimiendo el anexo
documental o dejándolo de citar tan extensamente en los capítulos.
En cuanto a la estructura
formal, el libro presenta una particularidad pocas veces vista: en diversas partes se
repiten párrafos de otros lugares. Por ejemplo, la página 16 de la Introducción se
repite en el capitulo primero (págs. 27-28,43,62 y 72). En varias partes del texto existe
un descuido en el manejo de la concordancia, de número entre el sujeto y el verbo, como
en los siguientes casos que constatamos: "Los sucesos de 1854 y la protesta de los
artesanos
es [son] objeto de
estudio..." (pág. 15); "Las reformas borbónicas de liberación del comercio
aceleró [aceleraron] la desaparición del obraje..." (pág. 51); "las
consecuencias para la industria artesana de la política librecambista [...] fue [fueron]
expuestas con claridad..." (pág. 99); "Nos preguntamos por qué no acometieron
[acometió] esa tarea la dingencia liberal... "(pág. 150); "La segunda sesión
solemne de la Escuela Republicana [...] reviste gran importancia porque en ella se
planteó [plantearon] con mucha claridad los presupuestos ideológicos y
políticos..." (pág. 166); "La segunda y tercera ronda de votación no definió
[definieron] la elección..." (pág. 182). En términos generales, la presentación
editorial es de buena calidad.
Ahora
haremos un breve recuento de los capítulos que componen el texto. El primer capítulo,
"antecedentes republicanos [son, en verdad, coloniales] de la industria artesanal y
el artesanado", pretende hacer una síntesis retrospectiva de la evolución del
artesanado desde la época colonial y de la manera como se mezclaron las prácticas
artesanales traídas de Europa con las de los grupos indígenas. El comienzo del capítulo
es una descripción innecesaria de toda
la estructura económica de la colonia; eso tranquilamente se hubiera podido
obviar, pues no tiene ninguna relación con el tema del artesano, lo que habría
significado el ahorro de quince páginas. La parte valiosa del capítulo son las últimas
veinte páginas, en donde, basándose en fuentes secundarias, la autora hace una
interesante reconstrucción de la evolución de la economía artesanal propiamente dicha,
poniendo de relieve las diferentes funciones del artesano en los ámbitos urbano y rural,
la aparición de los gremios y las condiciones para pertenecer a los mismos.
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El segundo capítulo,
"Evolución económico-social y artesanal de la Nueva Granada durante el período de
1820 a 1845", nuevamente introduce una primera parte sobre las características
económicas generales del período que resulta innecesaria, aunque ya es más breve. Luego
se efectúa una incursión demográfica para tratar de determinar el peso del artesanado
en la estructura social de la Nueva Granada, para finalmente considerar el caso de
Bogotá. Este es el mejor pasaje del capítulo, pues se hace una interesante descripción
de la vida cotidiana de los artesanos (especialmente págs. 92-94). Aquí se nota la
ausencia de un mapa que orientara acerca de cómo era la Bogotá de mediados del siglo
pasado y cómo estaban distribuidos los artesanos, como sise explica en el texto. El
capítulo concluye con un recuento muy rápido de la génesis de las primeras protestas
artesanales, retomándose el caso de la fundación de las primeras Sociedades
Democráticas, concretamente de la Sociedad Democrático Republicana de Artesanos y
Labradores Progresistas de Bogotá.
El capítulo
tercero, "La Revolución del medio siglo XIX, y la protesta de los artesanos
",el más extenso de todo el trabajo, hace un balance general de las reformas que se
iniciaron desde el primer gobierno de Mosquera (1845-1849). Es en ese contexto de recambio
económico y político donde se entra a analizar el papel de los artesanos, eje analítico
del trabajo. Resalta la tesis de que el movimiento artesanal en realidad no era
independiente sino que se inscribía dentro de la política de. legitimación del naciente
liberalismo (pág. 135). Es de lamentar que esta tesis no se amplie cabalmente, incluso
superando el caso de Bogotá, para considerar la multiplicidad de sociedades Democráticas
creadas en ese momento (fueron más de 800 y no 66 como dice la autora [pág. 137], que en
verdad fueron un vehículo de presencia nacional del liberalismo para enfrentar a la
Iglesia y al conservatismo. No considerar esa diversidad le impide a la autora captar la
variedad de matices políticos e ideológicos, la composición social y el grado de
radicalidad de esas Sociedades Democráticas. Se considera, igualmente, el caso de las
denominadas Sociedades Populares, auspiciadas por el conservatismo, cuyo análisis es aún
más limitado que el de las Sociedades Democráticas. La autora cree "que la sociedad
popular se extendió por todo el país impulsada por los conservadores" (pág. 142)
sin dar pruebas empíricas de ningún tipo. Así mismo se describen otras formas de
sociabilidad de la época como los Clubes Políticos. Seguidamente se describe
detalladamente el programa liberal, la relación de éste con los artesanos y las
estrategias electorales del liberalismo. Lo mismo se hace con el partido conservador,
estableciendo una interesante base comparativa de índole programática y política. Al
referirse al caso de la Escuela Republicana, creada por liberales gólgotas, la autora cae
en un craso anacronismo al calificar cl socialismo de los miembros de esa escuela de
"socialismo burgués", tomado el calificativo del Manifiesto Comunista, en
forma mecánica y apresurada. Considerar que ese calificativo puede ajustarse a los
miembros de tal escuela es anacrónico, cuando corresponde, en la acepción de Marx y
Engels, a un proyecto que pretendía no abolir las relaciones burguesas de producción,
sino sólo introducirles reformas administrativas (citado en pág. 169). Eso es
inaplicable al caso colombiano, donde justamente existía todo menos relaciones burguesas.
Es más lógica la explicación de Robert Gilmore, en el sentido de que se presentó una
confusión, incluso simbólica y terminológica, entre los postulados de liberalismo y
socialismo y, en últimas, éste sólo era una denominación de los planteamientos
clásicos del ideario liberal.
Por otro
lado, la autora recalca que no todos los artesanos estaban con el liberalismo, pues
existían grupos minoritarios que apoyaban a los candidatos conservadores (pág. 175). El
análisis del desarrollo electoral es convincente, tal como sucede con el caso de la
prensa, aunque en esta parte Carmen Escobar no ahonda en la consideración de los diversos
influjos socialistas, románticos y cristianos sobre el pensamiento de la época, que se
captan y reproducen a través de la prensa.
El capítulo
cuarto, "El ocaso de la revolución liberal y la insurrección
artesano-militar", se centra en el estudio de los acontecimientos precedentes y
culminantes del golpe del 17 de abril de 1854. Este capítulo, retomando lo planteado en
los tres anteriores, parte del supuesto de que la protesta de los artesanos estaba
directamente relacionada con su malestar por los efectos del librecambio. Para mostrar que
la política económica adoptada por el gobierno de José Hilario López genera desengaño
en los dirigentes artesanales y en la Sociedad Democrática de Bogotá, la autora
reproduce las manifestaciones de artesanos destacados, como A. López, Miguel León y Cruz
Ballesteros, en donde se vislumbra una crítica popular a las medidas políticas de los
liberales. Es de lamentar que en esta parte no se haya profundizado en el análisis sobre
la autocrítica de los artesanos y los comienzos de su propia "interpretación
mestiza de la historia", que aporta valiosos elementos a la comprensión de cómo
entienden la democracia, la soberanía y la libertad los sectores populares; en lugar del
análisis, se acude a la cita larga y reiterada. Buena parte del capítulo se ocupa en
analizar las contradicciones internas del liberalismo, las elecciones de 1853 y sus
efectos sobre los artesanos. Como resultado tanto de la polarización de las pugnas
internas del liberalismo como de los enfrentamientos directos de los gólgotas y los
artesanos, la autora concluye que los "artesanos se sintieron desengañados y sin
otra salida que la insurrección" (pág. 255). Desde antes del golpe de Melo era
evidente que se presentaba un acercamiento entre los liberales gólgotas y los
conservadores, en contra de los artesanos. El golpe simplemente polarizó aún más las
fuerzas. Un hecho que profundizó ese distanciamiento fue el certamen electoral de
septiembre de 1853, cuando triunfaron los conservadores. A partir de esa circunstancia se
inicia una dualidad de poderes, pues mientras un bloque de artesanos, militares y
draconianos (agrupados en torno a Obando) controlan el poder central, los conservadores y
radicales dominan el poder legislativo y judicial, la mayor parte de las cámaras
provinciales y la procuraduría general. Para resolver la dualidad de poderes no existe
otra salida que la insurrección (pág. 259). Las últimas cuarenta páginas de la obra se
dedican al análisis de la insurrección artesano-militarhaciendo alusión,
sintéticamente, a la preparación, desarrollo y triunfo provisorio de las fuerzas
populares, así como del reagrupamiento bipartidista que conduce a la derrota del
fugaz intento artes anal de 1854. En esta parte existe un desigual tratamiento de los
temas; mientras que las consideraciones sobre el programa del gobierno de Melo y el
estudio de la dualidad de poderes (o sea la existencia de dos gobiernos, uno en Bogotá y
otro en Ibagué) son afortunadas, la extensión regional del conflicto, que abriría
posibilidades para explotan la tesis sobre cuál fue la dimensión nacional del suceso, es
muy breve.
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El debate sobre este
capítulo se centra, finalmente, en la parte conclusiva del mismo; es decir, la
relacionada con la caracterización del golpe de gobierno de Melo. Para Carmen Escobar es
indudable que ese suceso fue "la primera revolución política eminentemente popular,
cuya dirección y hegemonía estaba en manos de la clase de los artesanos, de los
militares y de la intelectualidad democrática pequeño burgues a" (pág. 268). La
pregunta de fondo es: ¿fue revolución por su intencionalidad o por su carácter? Aunque
al respecto la autora no es suficientemente enfática ni explícita, parece ser que apunta
a señalar, justamente, que el movimiento se puede catalogar como revolucionario antes que
por sus características programáticas, que en una visión moderna definirían una
revolución, por la intencionalidad y decisión de lucha de los agentes históricos. Así
los artesanos colombianos estuvieron luchando contra las fuerzas "progresistas"
del capitalismo comercial para reivindicar el retorno a una época "próspera" y
a un "pasado feliz", lo cual suponía la defensa de la pequeña propiedad, la
lucha contra la usura y los monopolios, como acción ese proceder era revolucionario.
Efectivamente, en el caso de los artesanos lo fundamental para definir su papel histórico
en la coyuntura de medio siglo no es descalificar olímpicamente su acción como
"retrógrada", por oponerse a la rueda de la historia, sino tener en cuenta que
para defender sus formas de existencia acudieron a la acción directa e intentaron
controlar los dispositivos del Estado. Que hayan fracasado en ese intento o que ésta
fuera histórica y estructuralmente imposible, eso es otra cosa. Lo importante es que su
acción política fue resultado de la defensa de sus intereses de clase, hecho que hace a
esa lucha representativa; así la acción de los artesanos se basará en una utopía, al
fin y al cabo fue acción. Y eso es lo importante para el historiador. A esta conclusión
llega finalmente Carmen Escobar, aunque no la haga tan claramente como fuera deseable
(págs. 30 1-302).
En resumen podemos decir
que el libro reseñado es desigual e innecesariamente extenso. Se habrían podido evitar
algo así como cien páginas, citando menos, trabajando más el anexo documental y
suprimiendo algunos temas poco importantes. El tratamiento teórico del tema es ambiguo,
porque en unos casos existen análisis bastante lúcidos mientras que en otras se nota una
fácil y apresurada interpretación. Si, en el paso de tesis a libro, la autora se hubiera
apresurado menos, revisando el texto, afinando el análisis conceptual y teórico,
suprimiendo la sobrecarga de erudición y acortándolo, se habría publicado un buen
estudio sobre la lucha artesanal de mediados del decimonono colombiano.
RENÁN VEGA CANTOR
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