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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
26, Volumen XXVII, 1990
"Del mundo en
general y especialmente del cielo"
Phyulca specialis et curiosa.
Nueva filosofia natural
Manunscrito colonial anónimo, 1755
Pedro Nel Ramírez R. (transcripción, traducción
e Introducción).
Universidad de Santo Tomas, Bogotá, 1988,
269 págs.
En la Nueva
Granada, como en otras colonias americanas, se inicia un proceso de transformación a
mediados del siglo XV 111. América se encuentra influida por los brotes de la
Ilustración, que va a someter a revisión en lo religioso, político y filosófico las
ideas y valores en que se apoya toda una cultura y un mundo. La rcorientación intelectual
se manifiesta aquí con dos elementos importantes. Uno es la creación de academias
(Universidad de Santo Tomás, Universidad Javeriana, Colegio Mayor de Nuestra Señora del
Rosario y Colegio Seminario de San Bartolomé); el otro, la aparición de un movimiento de
renovación filosófico, llamado Novatores, iniciado en España y basado en una ideología
renacentista que actúa críticamente frente a la escolástica y la escuela aristotélica,
dando paso favorable al planteamiento científico. Bajo esta consideración se escribió
el libro cuyo manuscrito descansa hoy en la Biblioteca Nacional de Bogotá. Es un tomo
encuadernado en pergamino, de color trigo y hermosa letra, dividido en dos partes: La
Metaphysica, escrita en 1756, y La Physica Specialis et Curiosa, en 1755. Esta
última es la que publica, como un aporte a la bibliografía de la filosofía colombiana,
la Universidad de Santo Tomás. La traducción del latín se debe a Pedro Nel Ramírez,
quien además le dedica un estudio introductorio.
Las razones de su
divulgación obedecen no sólo a su carácter de documento histórico sino también a la
consideración de que se trata de uno de los primeros trabajos de carácter
filosófico-científico producidos durante la colonia en Santafé de Bogotá y que expone
una concepción del mundo y de la naturaleza humana basada en autores como Copérnico, san
Agustín y Platón, entre otros. Uno de sus méritos es, precisamente, haberse adelantado
a Mutis en la presentación en la Nueva Granada del heliocentrismo copernicano en 1773.
El
manuscrito, como tantos de la colonia, permaneció desconocido durante 162 años, hasta
cuando lo descubrió, en 1917, J. Franco Quijano. A partir de esa fecha se comenzó a
divulgar su existencia, y muchos son los que aluden a él en distintos años (1929, 1949,
1952), pero nadie hasta ahora se había dedicado a su análisis. Ramírez ha realizado,
junto con su trabajo de traductor, una muy buena labor de investigación, que permite ver
el momento en que la obra se produjo, quién fue su autor, qué método utilizó, las
fuentes en que se fundamentó, la postura que tomó y otros tantos datos importantes para
el conocimiento, no sólo del libro sino, así mismo, del pensamiento neogranadino.
Este "tratado",
como el autor anónimo lo llamó, se propone analizar temas "deleitables a la razón
y útiles para la vida". Lo de agradable a la razón se comprende por sus guías para
la teorización a partir de la experiencia, la naturaleza y la razón. Esta última, y el
modo experimental, dan al autor cierto carácter de modernidad y veracidad: parece, de
cierto modo, querer cambiar las ciencias especulativas por las ciencias exactas. Útil
para la vida es la nueva filosofía natural o fisica que, además de referirse a
Copérnico y su sistema, trata otros contenidos importantes:
los eclipses, los meteoros, las distancias entre
los planetas, la forma de la tierra (achatada en los polos, abultada en el ecuador) y sus
componentes internos, etc.
La segunda parte
del libro consta de cuatro capítulos. El primero, "Del mundo general y especialmente
del cielo", se inicia aclarando el concepto de mundo, concebido aquí como "el
conjunto de todas las naturalezas del universo". Seguidamente el autor expone sus
conocimientos acerca del asunto mediante el recurso de pregunta y respuesta, con
objeciones al modo de Descartes en sus Meditaciones metaflsicas (1641). Acerca del
mundo señala que sólo existe uno, pues fuera del conjunto de todos los posibles no hay
nada posible y, por lo mismo, no existe otro. La idea que lo destaca en su época denuncia
el poco progreso de los antiguos astrónomos y, en cambio, recalca el de los nuevos, que
siempre corregirán y ampliarán el conocimiento de sus predecesores. La parte más
notable del capítulo trata sobre las distintas versiones de cómo se distribuyen los
planetas en un sistema: la egipcia, la pitagórica, la de Platón y la de Tycho Brahe:
todas se dan allí junto a la de
Copérnico, la más acertada.
La segunda división,
"De la tierra, el agua, el aire, el fuego y la luz", confiere predominio al tema
Tierra, cuyo nombre es ambiguo, según el sentido en que se tome (¿contrapuesto al
cielo?, ¿al mar?, como elemento); sin embargo, la realidad que connota el concepto tiene
una grata función:
"prestar a los vivientes un domicilio firme y
estable y suministrar alimento". Se nombran también los elementos aristotélicos,
constitutivos de los mixtos, y
los fluidos. Los últimos dos capítulos se
refieren a temas de tipo biológico: "De la naturaleza vegetal y de las potencias
materiales (sentidos) del ser animado". El vivir, para el autor, es tender a un
objeto; el morir es no tender a él, pero no siempre que el hombre deja de tender a la
materia muere: "la vida es un movimiento requerido por un móvil perpetuo". El
tema del alma, que trata más adelante, tiene que ver con la concepción aristotélica del
acto y la perfección primera del cuerpo. Las plantas, por su lado, tienen vida porque
poseen una facultad de crecer y aumentar; éste es el paso de una menor a una mayor
sustancia, implica la unión de una nueva materia con una anterior y con una forma
viviente.
A lo largo del texto se
alcanzan a percibir las diferencias entre las corrientes tomistas y jesuitas, entre lo
científico y lo religioso, que no dejará de lado en ningún momento; no acepta ciertas
concepciones fuera de los preceptos bíblicos. El libro termina agradeciendo a la Virgen
Madre de la sabiduríay al padre
san Ignacio. El hecho de que exista este estudio es más que suficiente para manifestar
que la época sí nos dejó una herencia, que hay huellas.
SILVIA M. CRISTANCHO
BERNAL
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