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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
26, Volumen XXVII, 1990
Ni el primer hervor
De la costa con sabor
Margarita Cepeda Torres
Ediciones Caminante, Barranquilla, 1989, 194
págs.
Con la cocina pasa algo
semejante que con la sexualidad... Las dos son asuntos cotidianos de las cuales todo el
mundo sabe y puede opinar sobre ellas; pero cuando se trata de hacer libros con el fin de
enseñar o informar sobre estos temas, el asunto exige especialización.
Da grima que un tema como
el de "la cocina costeña" haya sido despachado tan superficialmente. Aclaremos:
Un libro de cocina se convirtió en un pobre y mal tratado recetario departamental, y
aquí se concentró su mayor defecto. La costa colombiana es ante todo una región
cultural con un conjunto de manifestaciones en la vida diaria de sus pobladores, en
donde la frontera territorial no tiene injerencia importante en los eventuales cambios
gustativos de una receta entre un departamento y otro. La cocina costeña posee en
general un conjunto de productos tales como:
plátano, yuca, pescado, ñame y arroz, los
cuales constituyen una mínima muestra de un inventario de alimentos cuya aceptación
está absolutamente generalizada y sus variaciones
ora porque sea frito; ora porque sea
guisado no le otorgan a una receta el lugar preciso de su nacimiento.
No es osado afirmar, y
esto lo hacemos sin ánimo de discusión regionalista, que la más rica y suculenta cocina
del territorio colombiano es la cocina costeña. El libro De la costa con sabor tiene
como único reconocimiento el ser una recopilación de recetas populares; pero
desafortunadamente el acumulado de desaciertos es más contundente y merece detallarse.
Vamos por partes:
1. Un libro de cocina,
por sencillo que desee presentarse, exige un mínimo de estructuración y estandarización
en lo referente a sus datos técnicos; es decir, que la presentación de las recetas debe
otorgar claridad en lo concerniente a ingredientes, cantidades, tiempos de cocción,
número de comensales y por sobre todo en lo referente al "paso a paso" del
procedimiento para confeccionar la receta. En el libro de Margarita Cepeda Torres, esto
brilla por su ausencia y el resultado da más la sensación de un libro de "cocina
rápida"... escrito con gran rapidez.
2. En el afán de
adjudicar unas recetas para un departamento y otras para otro, el análisis cultural de la
cocina queda completamente omitido. Si bien la autora se esfuerza por hacer una
presentación de tipo socio-cultural a cada departamento, los datos culinarios que refiere
de mayor importancia en la caracterización de cada una de las cocinas departamentales
desaparecen casi por completo. Es así como de la cocina guajira nos comenta sobre cl
consumo de culebra, iguana y armadillo; pero las recetas indígenas con estos animales no
aparecen y el recetario guajiro se limita a cuatro preparaciones diferentes de chivo, una
de conejo y otras dos preparaciones más de aletas de tiburón y camarones,
respectivamente. En el caso del departamento del Magdalena, la autora advierte sobre la
"despensa de peces" (sic) de la cocina samaria; sin embargo, sólo nos entrega
tres recetas con sábalo; una de trucha y una de sierra; pero bocachico, mojarra, pargo y
tantos más van a parar a las redes del olvido. En cuanto a las cocinas de Córdoba y
Cesar, departamentos ganaderos por antonomasia, la autora destaca acertadamente estas
dos secciones como las auténticas poseedoras de "la cocina del suero"; pero las
recetas propias de la "vaquería criolla" no figuran, dando la sensación de que
los platos de criadillas, riñones, hígado, lengua y tantas otras especialidades de estas
cocinas, confeccionadas con las carnes magras del ganado, se "derrotan" igual a
como hace éste, cuando el bajo o el monte le permiten. Al tratar la cocina del Atlántico
y por ende la de Barranquilla, la autora enriquece numéricamente su inventario de
recetas, y el lector desprevenido queda convencido de que
esta región del país y su capital son la meca de
la culinaria costeña. Obviamente que la cantidad no significa calidad, pero no deja de
aparecer un poco sesgado que, mientras a su tierra de crianza le dedica veintidós
recetas, al archipiélago de San Andrés y Providencia sólo le rescata cinco; y aunque no
olvida relacionar el sabroso rondón, la exagerada simplificación de su preparación lo
convierte en algo tan sencillo como preparar una simple limonada... ¡y la cosa no es
así!
3. Todo libro de cocina
debe ser ante todo sugestivo. Por lo tanto, ante los altos costos para obtener
fotografías en color que ilustren recetas o capítulos, éstas deben y pueden
reemplazarse con recursos de creatividad en la diagramación e ilustración. En el caso de
este libro el asunto es nefasto. No nos oponemos al humor y mucho menos al género de la
caricatura, pero lo presentado en este libro es totalmente anticulinario, pues, sin
excepción, en todas las recetas la caricatura se apodera del espacio, y la receta pasa a
un plano secundario, causa por la cual la explicación de su preparación es siempre
escueta. En otras palabras, más parece un libro de caricaturas alrededor de la cocina,
que un libro de cocina apoyado en la caricatura.
Es deplorable,
entonces, el resultado de este libro, el cual pudo haber sido un verdadero "potosí
gastronómico" si se hubiese hecho al menos con un poco de rigurosidad investigativa.
Recordemos una vez más lo expuesto en reseñas anteriores sobre este mismo tema: La
cocina es historia, sociología, lingüística, medicina y en general un tema aglutinador
de las disciplinas sociales que permite considerarla uno de los más importantes agentes
de identidad regional, en el momento en que un investigador social aborda un extenso
territorio geográfico. De la costa con sabor pudo haber sido mucho más
explícito, sobre todo entendiéndose que los recetarios regionales se hacen para ser
conocidos en otras latitudes. Tal vez faltó ese condimento periodístico que la autora
posee, para contar al lector dónde, cómo y por qué consiguió tal o cual receta. En sus
primeras páginas algo se advertía de esto, pues se dice que el libro es el resultado de
andanzas y avatares periodísticos por toda la comarca costeña y, por lo tanto, se inicia
su lectura con gran expectativa... Desafortunadamente y usando un término netamente
culinario, este libro no cuajó.
Margarita Cepeda Torres
no es actriz, cantante o personaje de reconocida fama internacional. Es sencillamente una
buena periodista, conocida por sus corresponsalías en un noticiero nacional de
televisión. De un tiempo para acá, tanto en el país como en el extranjero, todo aquel
que goza de audiencia y fama popular se siente autorizado para escribir "su libro de
cocina". Moda delicada y completamente equivocada.
JULIÁN
ESTRADA
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