Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 26, Volumen XXVII, 1990

La pulga y el elefante


La diplomacia de la modernizadón.
Relaciones colombo-norteamericanas 1920-1940
Stephen J. Randall
Banco Popular, Bogotá, 1990, 241 págs.

La accidentada evolución de las relaciones económicas de Colombia con los Estados Unidos parece haber entrado en una nueva fase de dificultades, luego de las negociaciones emprendidas en los últimos meses de la Administración Barco. En ella incidirán también las condiciones en las que se plantea la apertura de Colombia hacia la economía mundial, la cual tiene antecedentes históricos que deben ser tenidos en cuenta para aproximarse a una comprensión de las fuerzas actuantes y de sus expresiones en la política y en la política económica. Esta es una de las perspectivas en las que se inscribe el libro de Stephen J. Randall, dirigido a examinar las interacciones entre el gobierno de los Estados Unidos y las empresas privadas de ese país, en torno a la definición de políticas y decisiones sobre las relaciones en Colombia, las posiciones y respuestas del gobierno colombiano y sus elementos sociales más destacados, desentrañando los objetivos de fondo presentes en tales interacciones.

El estudio examina los contenidos de la política del Buen Vecino, partiendo de una aproximación crítica a las apreciaciones ideologizadas de esta etapa de la política exterior norteamericana. Desde esta perspectiva, Randall analiza el desarrollo de las relaciones bilaterales, expresadas en torno al comercio entre los dos países, a las políticas financieras, al desarrollo de las explotaciones petroleras y a la industria bananera, con énfasis en el nivel de las relaciones laborales y por último, a las políticas aeronáuticas. La exposición de esta temática se realiza a partir de la idea de la "continuidad" de la política exterior norteamericana, de su evolución sin modificaciones radicales mediante la aplicación flexible de instrumentos adecuados al cambio de las circunstancias.

Dentro de esta visión, el análisis de Randall da cabida a distintos componentes político-ideológicos, referidos fundamentalmente a las concepciones del desarrollo presentes en los hacedores de la política. Como se aprecia en la exposición, ellas no han constituido objeto de consenso y se definen alrededor de cómo configurar un entorno favorable al "interés nacional" de los Estados Unidos: de una parte, se identifica la vertiente según la cual los países vecinos habrían de buscar su desarrollo persistiendo en la extracción y exportación de materias primas; de otra, la propuesta de la modernización a través de la diversificación económica y la industrialización, viabilizadas por la inversión externa bajo la hegemonía norteamericana.

Sobre estas bases, el autor propone una explicación al sentido de la política del Buen Vecino, la cual no consistiría en un cambio radical de las concepciones orientadoras de la acción del gobierno norteamericano en sus relaciones internacionales, sino en la escongencia y aplicación de otros medios —en este caso diferentes de los armados— para el logro de objetivos estables de largo alcance.

Además de los señalados, entran otros componentes ideológicos en el análisis: luego de establecer cómo "la defensa del interés nacional", identificado como la búsqueda de la estabilidad y la prosperidad domésticas se constituye en el principio rector de la política exterior, se proponen como ideas correlacionadas la defensa incondicional de la libre empresa, el rechazo al socialismo, al capitalismo de Estado y al nacionalismo en el exterior. En otro nivel se fijan los medios utilizados en la aplicación de estos propósitos centrales, los cuales pueden ser políticos, diplomáticos, militares, económicos y cuyo empleo depende más que nada, de las circunstancias propias de una determinada coyuntura.

En consecuencia, el paso de "la política de las cañoneras" y de las intervenciones militares a la acción diplomática, a las misiones técnicas y a otros medios civiles, representaría la escogencia (reversible) de una opción, más que un cambio en las concepciones políticas y estratégicas. La decisión de no aplicar la intervención armada reflejaría en este análisis, no el abandono de los propósitos hegemónicos hemisféricos, sino la aplicación de otros métodos e instrumentos más idóneos para lograr estos objetivos, dadas las condiciones del contexto mundial y regional. El balance final sobre los logros de esta política hace evidente su éxito en términos de los objetivos de mediano y largo plazo del estado norteamericano, según se verá más adelante.

En efecto, el resultado de numerosas intervenciones militares norteamericanas en el hemisferio estaba muy lejos de afianzar un clima promisorio para la ampliación de las relaciones políticas y la expansión de las inversiones estadounidenses. Por el contrario, los analistas políticos advirtieron cómo la continuidad de dichas acciones solamente acentuaría la desconfianza y aún provocaría eventuales represalias contra la presencia norteamericana. A este respecto, el autor considera que la polémica en cuanto a las opciones políticas de la diplomacia norteamericana no se dirimía entre una línea "dura" y una "blanda", sino entre una militarista y otra no militarista, pero identificadas en los propósitos básicos.

El examen de las áreas críticas de las relaciones económicas colombo-norteamericanas se adentra inicialmente en la diplomacia financiera desarrollada en un contexto de crisis que conduce, en últimas, a las decisiones sobre el manejo del endeudamiento externo. Frente a ellas se exponen las iniciativas norteamericanas y las respuestas colombianas, dentro de las cuales se resalta, de una parte, la presión de la opinión nacional a favor de la moratoria y de otra, la actitud y decisiones de los mandatarios. Se destaca la gestión del Presidente Enrique Olaya Herrera, incondicional defensor de los intereses norteamericanos, y su disposición a obrar, por tanto, aún en contra de la opinión pública colombiana. Estas actitudes contrastan con las de su sucesor, Alfonso López Pumarejo, quien frente al manejo de las empresas petroleras y de la United Fruit Company expresó criterios notablemente distanciados de los de Olaya, sustentados en concepciones diferentes de la sociedad y del "interés nacional".

Una y otra vez salta el contraste entre estos dos dirigentes políticos, inspirado el primero, en una íntima convicción sobre "la capacidad de los Estados Unidos para curar los males de la economía colombiana" y el segundo en la necesidad de impulsar un desarrollo independiente de la interferencia del Departamento de Estado norteamericano.

El examen de otras áreas de las relaciones bilaterales permite ver la consistencia de la propuesta analítica de Randall. Este es el caso de las políticas aeronáuticas, frente a las cuales los Estados Unidos logran la "desalemanización" de la aviación comercial colombiana, no como objetivo surgido del contexto pre-bélico, sino como requerimiento de su estrategia de hegemonía hemisférica, hostil, por tanto a la interferencia de cualesquiera otros intereses, los alemanes inclusive.

En todos estos frentes se hace evidente cómo los norteamericanos preservaron sus objetivos fundamentales en tanto que Colombia oscilaba en sus posiciones negociadoras, como resultado de sus contradicciones internas, de las motivaciones de sus mandatarios y de las capacidades políticas de los grupos interesados. Ello no excluyó la existencia de contraposiciones entre determinados empresarios y el Departamento de Estado norteamericano; por el contrario, frente a ellas se puso en evidencia la capacidad de la dirección política estadounidense para amoldar las posiciones de las empresas a los objetivos de corto y mediano plazo del "interés nacional". Así ocurrió con el difícil manejo de la United Fruit Company, cuya intransigencia llegó en determinado momento a ser vista por los funcionarios del Departamento de Estado como peligrosa para la nueva imagen de la diplomacia norteameri cana y, de hecho, para sus intereses estratégicos, apreciación que fue enfáticamente manifestada por el gobierno a la empresa bananera (pág. 173).

Al iniciar estos comentarios se llamó la atención sobre la pertinencia del análisisde Randall sobre la diplomacia norteamericana, en la coyuntura de una nueva etapa de las relaciones comerciales y políticas entre los dos países. Dicha pertinencia se proyecta como resultado de la "desideologización" del análisis, el cual no parte de calificar la política exterior sino de identificar los objetivos que la guían. Luego de ello es posible entonces establecer cómo ellos no se corresponden con los intereses colombianos, son naturalmente diferentes de ellos.

De otra parte, el examen de las relaciones entre el Estado norteamericano y las empresas de ese país ilustra otro campo problemático para los analistas colombianos y para quienes definen su política diplomática. Según se señaló, éste no ha sido un espacio libre de contradicciones en el caso estadounidense pero ha encontrado —al menos durante el período de estudio— soluciones favorables al "interés nacional". En cuanto a la experiencia colombiana se hacen evidentes, en primer término, la propia incapacidad del Estado para construir una doctrina consistente, adecuada para guiar las decisiones coyunturales y específicas con respecto al manejo de sus recursos estratégicos. De otra parte se aprecia, igualmente, la capacidad de determinados sectores particulares para imponer sus intereses —de alcance inmediato— y su visión, igualmente estrecha en las definiciones de la política interna y externa, con efectos nocivos para el conjunto de la sociedad.

En desarrollo del análisis, Randall muestra como balance final, el éxito logrado por los Estados Unidos en el logro de sus objetivos, expresado en cada uno de los frentes específicos de sus relaciones diplomático-comerciales con Colombia. Ellos fueron: la estabilización de la política colombiana como condición favorable para los intereses norteamericanos; el aplazamiento de la moratoria de la deuda externa colombiana; la modificación de la adhesión de los sectores decisorios en la política colombiana a una actitud nacionalista frente al manejo de los recursos y a la inversión extranjera y, finalmente, el haber socavado la competencia de los inversionistas no norteamericanos, en pro de la hegemonía hemisférica de los Estados Unidos.

Dentro de esta misma perspectiva se destaca cómo "la otra cara de la moneda", esto es el condicionamiento de la política económica, comercial, laboral, aeronáutica, etc. de Colombia con respecto a los intereses norteamericanos, dependió en el período estudiado no solamente de la consistencia política de la diplomacia estadounidense y de su capacidad de presión en todos los órdenes, sino de las características de las estructuras colombianas del poder, muchos de cuyos representantes se han distinguido por su disposición a plegarse ante intereses ajenos al país, ya por convicción ideológica, ya por el poder igualmente convincente de los sobornos y presiones similares. Ello lo sintetiza así el autor: "La discusión central sobre las relaciones colombo-norteamericanas radica en si Colombia habría de seguir un camino hacia el desarrollo independiente de los Estados Unidos. El que no lo hubiera hecho fue, en parte, consecuencia de las relaciones del poder internacional, en parte resultado de una diplomacia muy exitosa de los Estados Unidos y en parte, expresión de la falta de apoyo a esa directriz por parte de los sectores políticos colombianos".

Finalmente merece destacarse el comprehensivo ensayo bibliográfico anexo al estudio. Se referencian en él fuentes de archivo poco trabajadas por los investigadores, libros, ensayos y artículos cuya consulta y disposición en las bibliotecas y centros de documentación se hace indispensable para iniciar el estudio sistemático de las relaciones colombo-norteamericanas. En esta tarea, que ha de ser asumida de una vez, para superar las aproximaciones ideologizadas y avanzar efectivamente en la comprensión real de una de las facetas más decisivas de la historia nacional, el estudio de Stephen J. Randall constituye toda una nueva etapa y se hace, por tanto, obra de consulta obligatoria para los analistas y políticos interesados en la realidad colombiana y en sus futuros desenvolvimientos.

DARÍO FAJARDO M.