Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 27, Volumen XXVIII, 1991

Continuación - Isidoro Laverde y la Revista Literaria

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Portada correspondiente al núm. 10 de febrero de 1891. Diseño de la portada del mes de mayo de 1892.

Como complementación a los Apuntes, en la misma obra, se encuentra un apartado dedicado a las "Muestras de literatura colombiana", selección que pretende iniciar al lector en los textos presentados en la Bibliografía: "Debo añadir también que con la mira de complementarlo y de que responda mejor a la idea principal que me he propuesto, cual es la que se conozcan en mi país, y fuera de él, los trabajos intelectuales de colombianos, he reunido muestras en prosa y verso, de algunos escritores, colección que de conformidad con el resto de la obra, ha sido formada también sin atender a otro orden que el de la amenidad o diversidad de asuntos en los materiales que se inserten, y procurando en lo posible que en el trozo citado resalten las condiciones de estilo o de ingenio respectivo del autor" (Apuntes..., pág. II). En él se encuentran discursos, como el de Santiago Pérez con motivo de la muerte de Manuel Murillo Toro; la introducción a las poesías de Gregorio Gutiérrez González elaborada por Salvador Camacho Roldán; poesías de José Fernández Madrid, Rafael Núñez, José Eusebio Caro, Miguel A. Caro y otros; apartes de obras de teatro como Las convulsiones de Luis Vargas Tejada, El espíritu del siglo de Juan Manuel Lleras; cuadros de costumbres de José Caicedo Rojas, Josefa Acevedo de Gómez, Ricardo Carrasquilla, entre otros; fragmentos de novelas como María de Jorge Isaacs; apartes de artículos escritos por Rufino J. Cuervo, etc. Esta enumeración, aunque larga, sirve para mostrar la importancia de la selección de Laverde. No sólo por la diversidad de los géneros seleccionados, sino porque aporta los elementos que posibilitan la conformación de un lector de época y, por qué no decirlo, la moda que imponían este tipo de trabajos, que, como el de la selección de José Joaquín Ortiz, se desprendían del ambiente meramente escolar y se destinaban a la lectura en voz alta para la "recreación de la juventud", selecciones homologadas hoy a las tan usuales antologías.

Los Apuntes sobre bibliografía colombiana van a ser corregidos y reeditados por la Imprenta de Medardo Rivas en 1895. Las correcciones realizadas desde la primera publicación van a ser presentadas por Laverde, a manera de fragmentos independientes o Boletines Bibliográficos, en la Revista Literaria.

Aunque es clara la importancia que los Apuntes revisten para la elaboración de una historia, es en el material que aparece por entregas en la Revista Literaria donde se ve la propuesta de Laverde con relación a la historia de la literatura. Dicho material es la Ojeada histórico—crítica de los orígenes de la literatura colombiana.

La obra se desarrolla de manera bien curiosa: parte de la presentación del trabajo de escritura de Gonzalo Jiménez de Quesada, Juan de Castellanos, Rodríguez Fresle y otros autores de la Colonia, continuando así con lo que a primera vista podría pensarse como un desarrollo cronológico. Seguidamente, y lo que es necesario hacer resaltar, comienza a insertar en su exposición sobre los autores temas como los círculos literarios, el periodismo, los conventos, el ambiente social, las causas y orígenes de la cultura colombiana, el periodismo literario, el desarrollo del teatro El Coliseo, la instrucción pública, colegios, bibliotecas, textos, etc.

Su prologuista, Rafael Maya, en la compilación publicada por el Banco de la República (1963), juzga esta actitud con dureza: "Laverde Amaya, a quien debemos considerar como a un crítico de la antigua escuela literaria, demasiado empeñado en sujetar a ciertos cánones exteriores la producción intelectual" (pág. XI). Pero es precisamente esta contextualización de las obras lo que sorprende y valida aún más el esfuerzo del autor. Su búsqueda está en armonizar la presencia de los textos literarios con el periodismo y el ambiente social de origen. Tal es, pues, su necesidad de presentar un breve bosquejo biográfico del autor, una ubicación de su papel social, una cercanía a su ambiente y por último la enumeración de sus obras y el comentario sobre ellas. Vale la pena aclarar que no en todos los casos el proceso es completo y que en algunas oportunidades el autor se queda en la anécdota o definitivamente se desvía de su propósito inicial.

Ya con anterioridad, al mismo propósito de Laverde se había dedicado José María Vergara y Vergara en su Historia de la literatura de la Nueva Granada desde la Conquista hasta la Independencia (1538—1820), escrita en 1867, en la que presenta una historia de los "grandes hombres". Un escritor surge como el representante de una generación que lo produce. La historia de la literatura debe dedicarse a la explicación de las síntesis generacionales expresadas en ese hombre.

Tanto Vergara y Vergara como Laverde Amaya van a usar la biografía como materia prima de su trabajo. El papel de destacar los valores de un hombre que avanza con la historia y que es su hacedor, es quizá el papel que en nuestro país se le dio a las biografías. Hacer una historia, así fuera de la literatura, requería ir inicialmente al hombre, situarlo en un espacio social y darle el lugar que le correspondía como intelectual y generalmente como hombre público; luego se podía ir a las obras, a su análisis y, por qué no, a su ubicación como producto social.

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Portada correspondiente al núm. 34 de febrero de 1893. Ultima portada y último diseño de la Revista Literaria (núm. 55 y 56 de diciembre de 1894).

La muestra más clara de esta perspectiva de análisis son las Fisonomías literarias de Colombia publicadas por L.averde en 1890 (A. Bethencourt e Hijos Editores, Curazao). Siempre buscando elaborar trabajos cortos, analiza el ambiente propicio eñ el que debían fecundar las ambiciones de los poetas, y las impresiones que la lectura de una u otra obra produjeron en los lectores. Este texto, al igual que los anteriores, da al investigador de hoy la posibilidad de recoger no sólo las expectativas de un lector de época, sino de realizar un mapa aproximado de la formación y labor del intelectual y del escritor como tipo social.

Historia y literatura eran géneros de escritura que en su siglo no siempre estaban claramente delimitados —opuesto a como suele pensarse hoy— y que se encuentran fusionados en géneros análogos como las memorias, las (auto)biografías, las crónicas, los recuerdos y las reminiscencias. De esta diversa gama de géneros análogos estará conformada la Revista Literaria.

La Historia de la Nueva Granada, escrita por J. M. Restrepo como continuación de su historia dc Colombia, va a ser publicada por entregas. Tanto en este texto de tipo histórico, como en otros con similares propósitos, se verifica la intención, por parte de los autores, de estar contribuyendo con su trabajo a presentar únicamente una parte de la historia, la que sólo a generaciones posteriores corresponderá completar, analizar y juzgar. Así, se encuentran también las sencillas anotaciones elaboradas por Soledad Acosta de Samper en su cuadro histórico "La mujer española en Bogotá"; "Los recuerdos de la guerra de 1840", por Venancio Ortiz, "La crónica de los Comuneros: Insurrección de 1781" de Pedro María Ibáñez, entre otros.

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