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Boletín Cultural y Bibliográfico , Número
27, Volumen XXVIII, 1991
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Portada del semanario corres
pondiente al número 2 de julio
24 de 1943.
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Sábado: crónica de un semanario democrático
OSCAR TORRES DUQUE
Trabajo fotográfico:
Leonor
Pinzon Posada
CATORCE ANOS DE SILBADOS CRITICOS
SABADO APARECIO POR PRIMERA
VEZ el 17 de julio de 1943; es
decir, en el comienzo del ocaso de la República Liberal. La ubicación viene al caso
porque, si bien muy lejos del espíritu partidista y del sectarismo, el semanario surge
como manifestación
del entusiasmo democrático del liberalismo gobernante. Un entusiasmo
no compartido en el ejercicio político, y menos por el presidente Alfonso López
Pumarejo. Pese a ello, sus fundadores, Plinio Mendoza Neira y Armando Solano, dos
liberales doctrinarios, plantean más un liberalismo cultural que un liberalismo
político. Infortunadamente, ese proyecto de liberalismo cultural, más realizable que
definible, tenía que sufrir las contingencias de un período de nuestra historia en
extremo convulsionado, política y socialmente violento. Más que un analista crítico de
la violencia, Sábado irá padeciendo y reflejando, cada vez más evidentemente, la
represión que dio al traste con ese proyecto liberal inicial.
Aunque es posible establecer una evolución en la vida de Sábado, una
verdadera declinación, si la consideramos desde la óptica del aludido y ya pronto
especificado liberalismo cultural, podemos determinar dos épocas no del todo arbitrarias:
son las marcadas por los respectivos directores, Plinio Mendoza para la primera (Solano se
retira en 1945) y Abelardo Forero Benavides, quien toma la dirección del semanario desde
el 14 de junio de 1947. Darío Samper, el último director, no hizo más que dar las
últimas patadas del ahogado gobiernista, defendiendo el régimen de Rojas Pinilla (Samper
dirigió desde junio de 1955), que era
la tónica lamentable y efectiva desde el golpe militar de Rojas en 1953. El semanario
dejó de salir en abril de 1957.
Epocas no del todo arbitrarias, he dicho, aunque no son los directores
los que hacen la totalidad de una publicación periódica. En realidad, el semanario no
decayó inmediatamente en su actividad cultural con la llegada a la dirección de Forero
Benavides; de hecho, una lectura minuciosa y cronológica de la primera época de Sábado
nos revela lagunas de alta politización, caracterizadas por el desplazamiento de los
espacios de discurso literario o artístico en beneficio de las notas de actualidad, o
simplemente un desplazamiento voluntario de los colaboradores habituales hacia otros
medios con recepción más especializada. Esas lagunas comienzan hacia finales de 1944,
cuando es evidente, dada la disidencia de Jorge Eliécer Gaitán, que cl liberalismo
atraviesa una crisis, bien pronto electoral. Pero la existencia de lagunas o períodos de
eclipse no significa ni el olvido del liberalismo cultural (que excluye el sectarismo) ni
la desvinculación de sus colaboradores literarios (que supuso la inclusión de nuevos
colaboradores políticos), dos características que definen la segunda época, que
en rigor, pero debido a la misma gestión de Forero Benavides, comienza
en 1949, bajo la innegable presión luego censura del gobierno conservador.
Armando Solano y Plinio Mendoza Neira eran dos boyacenses
representantes de un fugaz liberalismo utópico que dominó buena parte del pensamiento
político colombiano de la primera mitad del siglo. Solano, un ensayista, a veces denso,
que se había consagrado a definir los rasgos constitutivos de nuestra cultura, disfrutaba
de gran prestigio en el medio literario; Mendoza, un político nato, era ante todo un
divulgador de las ideas liberales, a las que consideraba, como Germán Arciniegas, una
cultura antes que una política. Dos tendencias de un mismo pensamiento que se unen para
fundar y dirigir un periódico eminentemente cultural, pero enmarcado dentro de las
realizaciones y proyecciones del gobierno liberal de López Pumarejo. Ese espíritu queda
reflejado en el lema titular de Sábado: "Un semanario para todos al servicio de la
cultura y la democracia en América". En los años correspondientes a su dirección,
Mendoza se encargaría de mostrar qué entendía él por democracia, procurando ceder la
palabra a "todos" y llegar a un público lector indiscriminado. Una concepción
no demagógica de la palabra pueblo, ese interpretable demos griego, era lo
que se imponía: mantener cierto nivel cultural sin caer en lo elitista; algo así como
crear el hábito del intelectualismo en la sociedad colombiana (¿o acaso explotarlo?).
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Armando Solano, director. Dibujo de Franklin, publicado en el núm. 32 del 19 de
febrero de
1944.
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Plinio Mendoza Neira. Dibujo de Franklin. Sábado, octubre 3 de 1943.
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Creemos que, dentro de su idea de democracia (sinónimo de
liberalismo), Plinio Mendoza orientó Sábado a plena satisfacción de sus objetivos. Una
revisión del contenido del primer número nos revela esa orientación: una semblanza
extensa de Antonio Gómez Restrepo, el liberal legendario que en los cincuenta se
convertirá en bandera del semanario; un editorial ocupado de la sitl4ación y las
implicaciones presentes de la segunda guerra mundial, artículos literarios de Hernando
Téllez, Eduardo Carranza, Eduardo Caballero Calderón y Rafael Azula Barrera, la sección
"Ensayos y ensayistas", con textos de Maitre Renard y Juan Lozano y Lozano, un
poema inédito de Pablo Neruda, la sección de Luis de
Oteyza "Vulgarizaciones y algo más. La historia
anecdótica", un artículo del general Robinson sobre minucias técnicas y
logísticas de la guerra, una página económica con textos notables de Esteban Jaramillo
y Luis Eduardo Nieto Arteta, la sección "Tipos populares bogotanos" de Mario
Ibero, que se iniciaba con "Pomponio" y la página también sección
de "La risa en el mundo" y "La poesía al alcance de todos", título
que, por supuesto, no era para tomar en serio y que es uno de los infaltables del
semanario durante toda su primera época. Dos tendencias, que abarcan la casi totalidad de
este primer número, atravesarán a Sábado desde 1943 hasta 1957: la literaria y una que
podemos llamar costumbrista, en un sentido que explicaremos adelante. La tendencia
política aparecía apenas como pensamiento y no como expresión de partido o ejercicio
político, como sucederá bajo la dirección de Forero.
En todo caso, lo que patentiza y explica el proyecto de
"liberalismo cultural" es el carácter abierto y no sectario del semanario, en
el que también van a colaborar importantes intelectuales conservadores y de extrema
izquierda (Silvio Villegas y José Francisco Socarrás, para poner dos ejemplos
eminentes). Ello no sólo se verifica en el campo político (el gran reportaje de primera
página en el segundo número estuvo dedicado a Laureano Gómez, y no precisamente para
zaherirlo y provocar la furia del "monstruo"), sino también en el literario y,
obviamente, en el social. Diferentes generaciones literarias y diferentes grupos sociales
se dan cita o mejor, les dan cita en Sábado, por lo menos en su primera
época, anticipando un tipo abierto de publicación cultural, fundamentado en el diálogo
nacional, del cual será el ejemplo más noble y logrado la revista Mito, fundada en 1955.
CONTINUAR
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