Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 27, Volumen XXVIII, 1991

Continuación - Sábado: crónica de un seminario democrático

Semanario costumbrista, columnas periódicas como ésta de Mario Ibero.

Unas de las secciones de mayor continuidad fueron "la risa en el mundo" y "la poesía a su alcance "

UN DIALOGO NACIONALISTA

Es claro que Sábado no creó ni reunió una generación. No hablo de la generación como un concepto cronológico de periodización, sino del concepto de comunidad espiritual nucleada en torno a unos principios o fervores esenciales. Esa cohesión nunca existió para los colaboradores habituales (en especial en la primera época) del semanario. Se trataba más bien de publicar un nombre y un texto —de colaboración— de cierta calidad. Sin embargo, dos aspectos permiten unificar el grupo: el rechazo dcl fanatismo y el interés o la indagación en la realidad nacional. Esos requisitos —no exigidos— contribuyeron a afianzar el sello democrático de la publicación. A diferencia de sus congéneres Mito o Crítica, en Sábado no tienen su iniciación los escritores jóvenes; el semanario parte de la existencia de unas "generaciones" (ahora sí el criterio cronológico) y las cita a sus páginas como a una mesa de negociaciones. Por banal y fatigosa que resulte la "polémica de las generaciones", tan apetecida por los colombianos, ella iba muy acorde con la necesidad de seguir repensando nuestra posible tradición cultural; por eso, y por lo "interesante" que resultaba para un amplio público, Sábado la alentó, empezando por reunir a los cabecillas o representantes de cada facción.

Como redactores aparecieron en los primeros números (y esa figura desapareció bien pronto) Hernando Téllez, Luis Enrique Osorio, Rafael Maya, Luis de Oteyza y Edgardo Salazar Santacoloma. La diferencia menos notable entre ellos sería la cronológica. Ni qué hablar de las diferencias literarias o ideológicas. Por otra parte, su función en el semanario o con respecto a él también era muy diversa. Osorio era el reportero de planta, Oteyza algo así como un columnista y Maya un simple colaborador (que bien temprano dejó de colaborar). Una lista provisional de colaboradores medianamente habituales, de una y otra época, nos permitirá corroborar las ideas de dispersión, democracia y nacionalismo: Eduardo Carranza, Baldomero Sanín Cano, Silvio Villegas, Antonio García, Andrés Holguín, Belisario Betancur, Abel Naranjo Villegas, Víctor Aragón, Jáime Ibáñez, José Constante Bolaños, José Jaramillo Giraldo, Julio César Turbay Ayala, Rafael Azula Barrera, Agustín Rodríguez Garavito, Alberto Brum.

EL SEMANARIO LITERARIO

Una de las dos orientaciones centrales de Sábado, hemos dicho, fue la literaria. Dentro de lo que suele llamarse "publicación cultural" debía serlo, y ese era uno de los propósitos de Plinio Mendoza Neira y Armano Solano cuando concibieron su proyecto de semanario liberal. El periódico no podía prescindir, nunca prescindió, salvo en sus últimos años, cuando no había espacio ni siquiera para ello, de la ligera noticia de actualidad literaria, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. El noticiero, la crónica y las encuestas fueron los géneros predilectos para mantener viva una tradición cursi según la cual los escritores son seres curiosos pero importantes, de cuyas vidas todo el mundo quiere enterarse. Así, en lo noticiario se informaba de la próxima coronación de la reina de belleza de Bogotá por el poeta Jorge Rojas o del nombramiento de Alvaro Mutis como ejecutivo de la empresa aérea Lansa. En la crónica, Jorge Zalamea hacía una vívida presentación de "Los escritores del Café Victoria" (León de Greiff, el decano de los cafés, Luis Vidales, Abelardo Forero, Alberto Lleras, Arturo Camacho Ramírez, entre otros). Y las encuestas fueron siempre el plato fuerte, en lo literario y lo no literario, del estilo de Sábado; para el caso: ¿por qué se hizo escritor?, ¿cuál fue su primer discurso?, ¿cuál es su frase más feliz?, ¿cuál es su defecto que más estima? y vanidades por el estilo que los escritores respondían con muy buen ánimo.

Ahora veamos el caso de la poesía. Durante los catorce años de la existencia de Sábado, el país poético presencia la consolidación de una nueva —respecto del modernismo— y juguetona estética. Ese fenómeno se llamó piedracielismo y durante muchos años fue considerado, sin duda, la nueva poesía. Sábado parte de ese reconocimiento, pero no regala sus espacios a los jóvenes poetas. Antes bien, fomenta el choque generacional, del que hemos hablado, y finalmente, si la frecuencia de aparición es un indicador de preferencias, le da su respaldo a la vieja poesía nacional, representada por los llamados "modernistas" y, sobre todo, por Los Nuevos. Todavía, en un artículo sobre Rafael Maya, José Ignacio Bustamante se pregunta quién será el sucesor de Guillermo Valencia, que para Sábado sigue siendo un ídolo indestronable. En los avisos comerciales de librerías y editoriales, se deja sentir el auge, en el plano de la promoción, de poetas que empezaban a ser olvidados por el público juvenil de los piedracelistas:  todavía dos románticos, José Eusebio Caro y Julio Flórez; el staff "modernista":  Guillermo Valencia, Víctor M. Londoño, Eduardo Castillo y Max Grillo (poco Silva y "Tuerto" en los avisos; nada de Barba); y entre Los Nuevos el más viejo:  Alberto Angel Montoya. Las encuestas populares arrojaban resultados más ecuánimes: uno para el "modernismo" (Valencia), uno para Los Nuevos (Maya) y uno para los piedracelistas (Carranza).

El semanario publicó en uno de sus primeros números un artículo de Fernando Charry Lara titulado "Presentación y defensa de los pospiedracielistas". Allí quizá se escucharon por primera vez algunos nombres de poetas, acaso más piedracielistas que otra cosa, pero que cronológicamente parecían fatalmente destinados a no pertenecer a esa ‘generación". En todo caso, esos nombres no serán repetidos muchas veces en el semanario. En 1955, se le dedicará la página de "Antología" a Jorge Gaitán Durán: será también una aparición meteórica. Y entre los jóvenes, las jóvenes, que ven publicados sus poemas más por la sección femenina —que será otro de los ejes de la publicación casi hasta el final— que por secciones de poesía. El decenio de los cuarenta sc constituyó en nacedero de las que hoy son nuestras poetisas más conocidas; Sábado publicó a algunas e ellas: Josefina Lleras Pizarro, Meira Delmar, Maruja Vieira, Laura Victoria, Carmelina Soto e Isabel Lleras de Ospina, entre otras.

Además de los poetas nacionales, el semanario ofrece una muestra bien limitada de exponentes "universales": Pablo Neruda, Amado Nervo, José Santos Chocano, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Federico García Lorca. En los cincuenta, y en medio de la aridez política, se realizó la serie "Los poetas de Hispanoamérica", presentada por países, con muestras de muy dudosa selectividad e inclusión de nombres de segundo orden.

Lo que se inició como semisección titulada "La poesía al alcance de todos" no merece ser reseñado aquí sino en el aparte sobre costumbrismo.

En un segundo nivel de importancia para el semanario literario figura la sección "Ensayos y ensayistas". Ella se mantuvo hasta cerca del final. Aquí consideramos también todas las publicaciones ensayísticas independientes, que constituyen el verdadero soporte cultural del semanario. La sección "Ensayos y ensayistas" presentó buenos y malos textos. Se manejaba una noción demasiado vaga del género y, al lado de lúcidos y penetrantes artículos, fueron publicados bodrios líricos insufribles. La sección no promovía el ensayismo nacional: o bien aparecían allí textos de autores extranjeros, algunas veces consagrados, o bien artículos remotos de escritores nacionales que se pretendía rescatar. Pocas veces el ensayista colombiano "en ejercicio" se tomó ese espacio. Independientemente de la sección, el semanario publicó algunos textos de gran calidad en su factura y de hondura de pensamiento; no hay que olvidar que algunos de sus colaboradores están entre nuestros mejores ensayistas: Baldomero Sanín Cano, de quien se publicó un artículo extenso y confesional sobre el liberalismo; Armando Solano, en especial con su serie "Geografía literaria de Colombia"; Hernando Téllez, quien publicó varias de sus "Bagatelas" y el excelente ensayo "Barbarie y civilización de la gula"; de Luis López de Mesa fueron publicados fragmentos de su Evolución de la cultura en Colombia. Esos cuatro nombres aprestigian el semanario y lo hacen contemporáneo para el ratón de biblioteca o de hemeroteca de hoy. Aparte de ellos habría que mencionar los nombres de Antonio García, Juan Lozano y Lozano y Eduardo Caballero Calderón. El venezolano Mariano Picón Salas, ya en la segunda época, colaboró también con ensayos de interpretación histórica que redimieron eventualmente la censurada y colaboracionista publicación durante los gobiernos dictatoriales.

La poesía y el ensayo, presididos por el ligero sondeo al gusto popular, son los dos frentes literarios en que basé Sábado su programa cultural. Irrelevantes resultan otros frentes, manejados sin criterio o fuera del horizonte de intereses de los directores: el cuento, que se intentó fijar en sección permanente varias veces ("Maestros del cuento", "Un cuento a la semana", "Los mejores cuentos fantásticos") no revela una atención particular a la creación nacional. Cuentos mediocres y espontáneos comparten la galería con Poe, Kafka, Maupassant, Villiers de L’isle—Adam, Andréiev. Esporádicas reseñas bibliográficas delatan la carencia de una sección permanente, infaltable en toda publicación cultural que pretenda tener alguna proyección nacional. En cuanto a novela, no encontramos un solo artículo que se ocupara de su caso en Colombia; fragmentos de Los ele gidos de Alfonso López Michelsen y de una mala novela de Jaime Ibáñez hacen manifiesta la apatía respecto del género.

 

UNA PUBLICACION COSTUMBRISTA

Cuando se plantea una publicación cultural al servicio de la democracia no queda otra alternativa que pensar en un periódico propagandístico o populachero. Los directores de Sábado, sin embargo, pensaban en términos estrictamente políticos, esto es, en crear una publicación que hiciera eco a las voces de los grupos más representativos de la vida nacional. Esos grupos, tan disímiles y difíciles de seleccionar —los liberales, los conservadores, los bogotanos, las mujeres, los artesanos, los economistas, los antioqueños, los literatos, los "chinos" de la calle— terminaban, como siempre, convirtiéndose en masa. ¿Cómo hacer un periódico de interés para todos, un periódico no de noticias sino cultural? Pues convirtiendo en cultura los intereses de todos; y así, "Un semanario para todos al servicio de la cultura y la democracia...". Esa noción de cultura, eminentemente social, está en la base de lo que aquí llamo costumbrismo. Se trata de hacer de los hábitos y gustos sociales un canon, un patrón o una tipología en que se reconozca lo colombiano como un valor. Ello explica que la crítica literaria o el artículo filosófico estén marginados del semanario; en lugar de analizar al poeta que se antologa, se le hace una encuesta justo con las preguntas que el morbo popular quiere ver respondidas. Incluso los ensayos "serios" que hemos mencionado caben dentro de esta socialización, en la medida en que, por norma general, ellos se ocupan de asuntos de verdadero interés nacional: los partidos políticos, la "raza indígena", nuestros grandes héroes, la vida en el campo, etc. No de otra manera "todos" se divierten con las impecables y exquisitas narraciones de García Márquez. Costumbrista es, pues, lo típico, y lo típico, en la medida en que es un recorte, una caricatura, es divertido. Lo que avergüenza se supera si es típico, lo que repugna se vuelve chiste y con ello es conjurado el asco. Hagamos, de nuevo, el inventario correspondiente.

Habría que empezar por mencionar la sección "Tipos populares bogotanos", del cronista Mario Ibero. Inaugurada en el primer número de Sábado, desapareció por algunos años y volvió a aparecer brevemente en los cincuenta. El propósito de esta sección era dibujar el perfil cuasiliterario de unos personajes concretos de la picaresca bogotana del momento: Pomponio, Violeta, Cuchuco, Chivas, Coroto y muchos más. Pero también "El señor agente", "La beata", "El comisionista", "El penado", etc., es decir, no personajes concretos pero sí casos típicos de la vida diaria bogotana. La presentación del personaje se ambientaba en su medio, a veces de manera recargada, y se transcribía una conversación, real o ficticia, con el "tipo". Toda una reactualización del cuadro de costumbres. Y además un divertimiento que, además de ofrecer una visión muy acertada —por lo representativa— de la capital de entonces, no distaba mucho del pintoresquismo con que se presentaba, por ejemplo, a los escritores e intelectuales, las anécdotas de "La clientela del Asturias" o el estudio lingüístico sobre "Los pies, las orejas y las narices en la poesía popular de Boyacá". No muy distante, si atendemos a la charla de Ibero con Cuchuco, célebre rimador, sobre sus "colegas" Guillermo Valencia, Víctor M. Londoño y Angel María Céspedes.

Caricatura de Franklin, ilustrando un cuento de Guy de Maupassant.

El diseno del semanario tuvo pocos cambios en sus 14 años de vida
(Sábado, nunm,
662, 22 al 29 de diciembre de 1956).

Como "tipos populares" colombianos podrían leerse también las series "Criminales de Colombia" y "Vida de bandidos", por atroces que fueran las anécdotas allí relatadas.

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