Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 27, Volumen XXVIII, 1991


Continuación - Tres revistas colombianas de  fin de siglo

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Laureano Garcìa Ortiz y Baldomero Sanín Cano codirectores con Maximiliano Grillo de la Revista Contemporánea (tomada de El Grafico, Bogotá, junio 8 de 1918 y colección de miniaturas en la Biblioteca Luis-Angel Arango

Torres, Rivas Groot, por sólo citar a algunos colombianos. Pero el "apoliticismo" es sólo interno. En 1895, la revista publicó una carta de adhesión al movimiento independentista cubano, en la que escritores colombianos de todos los colores políticos invitan a participar en una colecta para ayudar al pueblo cubano. En ese mismo año, la revista publica un preciso ensayo de Carlos Arturo Torres sobre "Cuba ante América" que concluye con estas frases: "Los publicistas, oradores, poetas, periodistas americanos, deben hacer de sus inteligencias una sola fuerza y una sola luz para ponerlas al servicio de la causa de todos los pueblos y de todos los siglos" (año III, entregas 8 y 9, pág. 212). Max Grillo agregó a la adhesión un trabajo complementario en el que reprocha, sin razón, a Rafael M. Merchán el que en el cuarto de siglo que vivió en Colombia no hubiera informado sobre el movimiento independentista cubano. No es difícil suponer que los directores y algunos colaboradores de la Revista Gris estaban mejor informados sobre la literatura hispanoamericana de su tiempo que una gran mayoría de los escritores colombianos del presente y no sólo colombianos. Un artículo de Maximiliano Grillo sobre la "Literatura peruana" delata un conocimiento de lo que se producía en el país hermano que muy pocos de las recientes generaciones tienen sobre ella. Pero esta comprobación y las colaboraciones de poetas argentinos (Calixto Oyuela, Rafael Obligado), centroamericanos (Facio), peruanos (Santos Chocano, entre otros), cubanos (E. Piñeyro, Martí, Heredia), plantean otra pregunta: ¿por qué y cuándo se suspendió la intensidad de la comunicación intelectual americana, pese a que hoy los medios de comunicación son más favorables que entonces? El crecimiento de la producción literaria, el establecimiento de una industria editorial, es sólo una posible causa. Más segura es la supervivencia desesperada y sangrienta de los llamados "Estados Nacionales" que atomiza, "descomunica" interior y exteriormente y acaba por convertir a las "republiquetas" NACIONALES en un cuartel, cuyo gobierno sólo puede ser una dictadura de militares, formados o bien según normas prusianas (Chile, Colombia) y norteamericanas (Latinamerica today): tradición nacional.

La Revista Gris fue una empresa de "amigos". Esta comprobación plantea un problema tanto de sociología como de historia social de la literatura: el de los grupos" literarios, el de su formación y fundamento. Este "problema" exige una revisión radical de la llamada teoría de las generaciones, que no atiende a factores sociales como el de la "amistad", más decisivos para la vida literaria que la edad y experiencias históriças comunes. Pues los "grupos" de amigos o de iniciados son agentes concretos de la institución literaria, tienen una visión determinada de sus propósitos, representan una dirección estética precisa. Así, por ejemplo, en la literatura alemana el grupo románticos de Iena, el revolucionario de la Joven Alemania, el Círculo de Stefan George o, en España, el grupo del 27, como se llama hoy a lo que antes se llamó la generación del 27.

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Contracubierta del núm. 1 de la Revista Contemporánea. Actas de ¡a sociedad publicadas en ¡a Revista Contemporánea, núm. 6, septiemlwe de 1905.

La Revista Gris fue moderna, pero no desechó otras tendencias. Entre los colaboradores extranjeros figuran Emilia Pardo Bazán y Leopoldo Alas (Clarín), José María de Heredia y Julián del Casal, el krausista español Urbano González Serrano y Núñez de Arce. Enrique Gómez Carrillo presenta el parnaso francés, pero hay frecuentes traducciones de Horacio por Francisco Vergara Barros. Armando Palacio Valdés comparte las páginas de la revista con Jacinto Octavio Picón y Ramón de Campoamor. Los lectores de la revista intentaron dar un panorama tan representativo como posible de la literatura hispánica contemporánea desde la remota Bogotá.

 

2

 

En 1905 se fundó la Revista Contemporánea, dirigida por Baldomero Sanín Cano y, como redactor en jefe, Max Grillo y Laureano García Ortiz, como consejero. En un país como Colombia, tan dado al "parlamentarismo", no podían faltar los suplentes: Antonio Gómez Restrepo, Víctor M. Londoño y Julio C. Rodríguez. Además del secretario, Ricardo Hinestrosa Daza, el equipo contaba con dos revisores, Emilio Fergusson y Diego Uribe. La publicó la Sociedad de la Revista Contemporánea, con los debidos registros legales. Con todo, la empresa, que denotaba "profesionalismo" (índice de autores, índice de materias), no resulté ser más atractiva que la Revista Gris. La primera entrega no se detiene en una declaración de propósitos y en una queja heroica sobre la dificultad extrema con la que tropiezan los escritores y las empresas publicísticas en Colombia.

Consciente de su profesionalidad, Baldomero Sanín Cano la inaugura con una réplica a una opinión de Juan Valera sobre la "ingratitud" de los países hispanoamericanos frente a la Madre Patria, que se manifiesta en su desapego del castellano y en su afán de imitar otras lenguas. La opinión de Valera era, en realidad, una variación de su juicio sobre Azul... de Rubén Darío; esto es, de la acusación ambigua (precisa contra su voluntad, como en la fábula del burro y la flauta) de "galicismo mental". La réplica es de un "profesional" Sanín Cano argumenta con ejemplos gramaticales y políglotos para demostrar que el lenguaje no es un monolito, que es histórico, que se enriquece con las contaminaciones de otras lenguas. Cuando se refiere al castellano, asegura que es "idioma poco movible. De Jovellanos, a Ganivet la lengua apenas da señales de haberse transformado" (pág. 9). Más adelante, Sanín Cano devuelve a Valera el reproche de que la imitación de los extranjeros por los hispanoamericanos les merece el calificativo de decadentes. El español "académico y universitario de nuestros días", esto es, el que defiende Valera, es "decadente: carece de iniciativa y está encenagado en la imitación de los viejos modelos" (pág. 10). Esto es precisamente lo que había comprobado críticamente José Maria Blanco White en una de sus Letters from Spain (1822; en la selección castellana de la Obra inglesa de Blanco White por Juan Goytisolo, Buenos Aires, 1972, pág. 309) y lo que más sarcástica y justamente dijo Valle—Inclán en su obra teórica La iómpara maravillosa (1916; cap. V de la sección "El milagro musical"). La réplica fue irónica y "respetuosa", de "académico a académico", y eso la privé de la certeza crítica y del valor artístico que tiene el ensayo de Manuel González Prada sobre Valera (1894; en Pájinas libres). Aunque en ese artículo critica Sanín Cano a la Academia y a los académicos como conservadores y agentes de la defunción del lenguaje, se impone preguntar si el gesto académico que él criticaba no constituía para él un peligro muy fuerte implícito en su propia naturaleza o, mejor, derivado de su autodidactismo.

La dirección de Sanín Cano dio solidez al estilo intelectual de la revista, consciente de su actualidad y de la necesidad de abrir las puertas del público lector a otras literaturas. Pero la solidez sofocó la fluidez artística que tenían de modo ejemplar los artículos de Manuel González Prada, no menos cosmopolita que Sanín Cano. La revista se quedó en mitad de camino: no llegó a ser del todo "revista de pensamiento" ni revista puramente literaria. Fue una "miscelánea" en la que predominé el cosmopolitismo de Sanín Cano, enmarcado en la crítica tenuamente gris del director.

La intención docente del director se manifiesta en las Notas de la redacción, en las que son menos frecuentes las noticias universitario—sociales y en general sociales que abundaban en la Revista Gris. Una felicitación del presidente Rafael Reyes a la fundación de la revista no llama la atención en el número 2 de la revista: era normal en la Atenas suramericana. Más que el conciso saludo, sorprende el breve comentario que lo pone de relieve. Innecesariamente, elogia a Rafael Reyes —quien no felicita a la revista como presidente, sino a título personal, como lector, por el celo de... etc. etc.—. ¿Se asomaba en el profesional Sanín Cano, que en el artículo contra Juan Valera deducía de la historicidad del lenguaje, de la participación decisiva del pueblo en su dinámica, la necesidad, la fatalidad histórica del socialismo, ese "ocasionalismo" que Carl Schmitt criticó a los intelectuales románticos alemanes, esto es, su relación venal con el poder político reinante? El elogio plantea de nuevo un eterno problema que ejemplificó Quevedo, ya mucho antes que Karl Mannheim lo condensara en una fórmula que ha entrado a formar parte de la sociología del saber para caracterizar al intelectual: "inteligencia libremente oscilante", es decir, el de la relación entre intelectual y poder político. No fue problema de los universitarios de la Revista Gris, que expresamente se deslindaron de la política. Aunque en el número 2 del año II la dirección de la revista se distancia de la necrología política que con motivo de la muerte de José Camacho Camacho Carrizosa publicó Laureano García Ortiz, no lo hizo para mantener una neutralidad, sino para manifestar su disconformidad con el juicio político de su compañero de redacción. Sanín Cano fundamentaba con la frecuencia posible su socialismo, y por eso resulta insólita la nota a la necrología. Con todo, tiene su explicación. En una nota que se refiere a la crítica de un periódico —que no menciona—, cuyo autor invoca el descontento de algunos suscriptores, cita Sanín algunas frases del contrincante, quien llama al irritado crítico Director Supremo. De las actas de las reuniones de la Sociedad, que aparecen en los últimos números del año II de la revista, es fácil deducir que la Redacción y la Sociedad de la Revista Contemporánea tenían una constitución presidencial, por así decir. Su presidente era Sanín Cano. Pero era una "presidencia" claramente autoritaria, muy diferente de la "carismática" que, según recuerda José Gaos, ejerció Ortega y Gasset en la redacción y en las tertulias de redacción de la Revista de Occidente.

Si de la lectura de la Revista Gris puede concluirse que la constitución de su redacción era "amical", cabe preguntar de modo general por los tipos de constitución de las redacciones de las revistas, es decir: por el reflejo del talante social en esas empresas o por la oposición, tácita o expresa, a ese talante. Karl Kraus escribió la gran mayoría de los artículos de su revista Die Fackel que entre 1899 y 1936 publicó 922 números: 37 años de satírica oposición a la sociedad comunitaria y autoritaria que aboné el campo para el advenimiento del nacionalsocialismo. La revista del círculo de Stefan George, Bldtter fiir die Kunst, era la de una curiosa comunidad de adeptos sumisos al exclusivismo dominante del poeta, quien era realmente dueño de la vida y la carrera de sus monjes y quien postuló un "Nuevo Reino", a semejanza de su comunidad en la que él, como poeta y gracias a ese carisma, era el Conductor. Reflejaba, de modo sublimado, las estructuras mentales de la llamada gran burguesía culta alemana, que prepararon, en parte, el advenimiento del Conductor, del dueño de la vida y la carrera de los alemanes, del Tercer Reino. Cuando éste surgió, Stefan George rechazó las insinuaciones de incorporarse al Reino que le hicieron los bastos realizadores de su idea "imperial—policíaca". ¿Qué talante social reflejaba el "Director Supremo" de la Revista Contemporánea?

En el número 2 del segundo año, la dirección de la revista dejó constancia —para decirlo en el lenguaje presidencial de la dirección y de la sociedad de la revista— de que "si la Contemporánea acaba poco de lo que había deseado, estará siempre orgullosa, aún después de su muerte, de haber asistido a la iniciación del pensamiento en cerebros tan curiosos como los de estos jóvenes que en sus páginas han descifrado a Mallarmé II...] y han renanizado con suprema elegancia y distinción sobre temas que tiene arrastrados por el arroyo la frase del gacetillero irreverente" (pág. 192).

Sería preciso conocer la prensa colombiana a la que se refiere indudablemente Sanín Cano, para comprobar los "gacetilleros irreverentes" que arrastraron por el arroyo el impresionismo, a Mallarmé, a Leopoldo Lugones, la arquitectura en Bogotá, Juan Montalvo, Lafcadio Heam, Omar Jayyam, Marccl Schwob, el espiritismo, el peligro amarillo, el primer curso de clínica quirúrgica de la facultad de medicina, la psicología zoológica, como la de la mariposa, a Joaquín Dicenta, etc., etc. La pesquisa sería probablemente estéril. Pero justamente por eso significativa para interpretar la frase docente del director. ¿Se refería con ello, una vez más, al crítico de la revista, que además del descontento de ciertos suscriptores mencionaba su causa, esto es: "ideas que les sugieren escrúpulo de una posible propaganda" (año 1, núm. 3, pág. 262)? Muy probablemente, la "posible propaganda" del socialismo no era para Sanín propaganda sino ciencia. Pero la reacción fue significativamente intolerante. En su polémica permanente contra el periodismo y ciertos periodistas que lo atacaban, Karl Kraus respondió siempre con aniquilante elegancia: les mostraba las inconsecuencias de su expresión.

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