Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 27, Volumen XXVIII, 1991

Enrique Restrepo. En las tertulias de su casa nació la idea de Voces (Galería de notabilidades colombianas).

Ramón Vinyes, catalán, quien junto con Julio Gómez de Castro hizo realidad la publicación de Voces (Tomado de: Selección de textos, Ramón Vinyes, Cotcultura, Bogotá, 1980, vol. 1).

El juicio cualitativo de la historia ha relievado la gran percepción apreciativa del grupo de Voces en la ponderación de muchos escritores cuya obra ha trascendido. Un ejemplo notorio es la amplia acogida a León de Greiff, con el seudónimo de Leo Legrís, por entonces proscrito de muchas publicaciones similares. En 1918 Voces empieza a publicar sus poemas, y en la revista 19—20 Ramón Vinyes dice de él: "Leo Legrís es un muchacho exagerado, con rasgos de genio y aislamientos místicos en la literatura. Nunca llora ni grita. Sonríe siempre: nunca ríe. Y ríe de todo, para sí. Es el más original entre todos los de la nueva generación".

"Voces sigue adelante en lo que considera su misión de descubrir y dar a conocer los nuevos valores literarios nacionales, algunos de ellos que apenas empiezan a surgir", dice el escritor Germán Vargas en la introducción a su selección de textos de Voces, publicada por la subdirección de comunicaciones culturales de Colcultura en 1977. De él tomamos la lista de los "nuevos escritores nacionales que en el país merecían ser señalados" 3 y de quienes la revista barranquillera publicó colaboraciones: Luis Carlos López, Gregorio Castañeda Aragón, José Félix Fuenmayor, Víctor Manuel García—Herreros, Germán Pardo García, Tomás Rueda Vargas, Fernando de la Vega, Luis Tablanca, Efe Gómez, y ensayos y notas críticas sobre las obras de Tomás Carrasquilla, Guillermo Valencia, Caro, Rafael Núñez, José Eustasio Rivera, Luis López de Mesa, Max Grillo, el padre Félix Restrepo, Francisco Rodríguez Moya. Y en el resto del ámbito hispanohablante, textos de los españoles Eugenio d’Ors, José Carner, Carlos Riba, José Moreno Villa, Enrique Díez Canedo, Antonio Machado; de los peruanos José María Eguren, Percy Gibson, Abraham Valdelomar; de los mexicanos Carlos Pellicer y José Juan Tablada; del argentino José Ingenieros; del ecuatoriano Gonzalo Zaldumbide; de los chilenos Vicente Huidobro y Gabriela Mistral, y del uruguayo José Enrique Rodó.

De la literatura europea se tradujeron al castellano por primera vez, para ser publicados en Voces, textos de André Gide, Aloysius Bertrand, Gilbert K. Chesterton, Coventry Patmore, Jacques Riviere, Iules Renard, Pierre Reverdy, Max Jacob, Friedrich Hebbel, Paul Fort, Henri Bergson, R. B. Cunninghame Graham, Emile Verhaeren, Jens Johannes Jorgensen, Lafcadio Hearn, Hugo von Hoffmannsthal, Máximo Gorki, Guillaume Apollinaire. La lista anterior ha sido tomada también de la introducción de Germán Vargas a su selección de textos de Voces, en donde este escritor agrega: "Hay todo un número de Voces, el 42, dedicado por completo a los movimientos de la vanguardia poética europea, número íntegramente preparado por Ramón Vinyes, quien tradujo y glosé a los poetas posfuturistas y presurrealistas franceses e italianos" 4 .

Numerosas páginas de Voces se ofrecieron al debate filosófico. Las preocupaciones del neokantismo, entonces en boga, se expresaron allí con amplitud y sentido crítico. Con ello, Voces se vinculó a las corrientes filosóficas de la época, ligadas en mucho al problema del conocimiento científico, en medio de la crisis de anteriores concepciones, ,como las del optimismo mecanicista, desatada por el surgimiento de la física cuántica y la teoría de la relatividad. Extensos artículos de Enrique Restrepo y Julio Enrique Blanco, uno de este último autor sobre la filosofía de las ciencias biológicas, y traducciones también suyas de los Prolegómenos de la metafísica de Kant, además de un artículo sobre las ideas de Haeckel, constituyen muestra del interés de Voces por la filosofía imperante entonces.

La revista no se destacó por su apariencia editorial, que era, según decir de Enrique Restrepo, "feisima, execrable" 5 , y según Alfonso Fuenmayor, más consideradamente, "de presentación más bien modesta" 6 , Constaba invariablemente de 48 páginas atiborradas de texto y unas cuantas de publicidad. En la entrega especial, con los números 49 y 50 se publicaron las primeras y únicas fotografías que aparecieron en Voces, alusivas a una representación teatral en Barranquilla. En el número 46 se anunció un cambio en la portada. Allí se decía:  "La carátula que lleva este número es absolutamente provisional, pues estamos en espera de la que pedimos a nuestro Artista Nacional Rendón de quien tenemos la promesa ‘algo bueno"’. Se referían, sin duda, al famoso caricaturista Ricardo Rendón, quien no alcanzó a cumplir su promesa, ya que Voces dejó de circular cinco meses después, hasta último momento con la misma portada que la acompañó desde sus comienzos.

Voces se publicó con una regularidad de cada diez días, pocas veces interrumpida, entre ellO de agosto de 1917 y el 30 de abril de 1920; en total, sesenta números. Fue una revista especializada, con artículos de gran profundidad que abarcaban numerosas páginas. También contenía varias secciones permanentes de crítica y comentarios. De algunos de estos últimos se colige que llegó a ser considerada por algunos como pretenciosa y pedante. Su epígrafe, una máxima en francés de La Rochefoucauld, era todo un desafio: "Los espíritus mediocres generalmente condenan todo lo que está fuera de su alcance".

Un comentario de Hipólito Pereyra, en el número doble 19—20, ilustra la incomprensión hacia Voces.

Voces —dice el burgués— es una... promesa 
de indigestión. Voces —dice la colectiva 
estupidez, frase de Luis Carlos López— 
es algo que no se entiende. Voces —oye, 
Hipólito Pereyra, me dice un
distinguido 
escritor— oye, ¿quieres que te haga un 
elogio? En Voces sólo se entiende lo que 
tú escribes... —Lo sabía, respondo: ¡lo mismo 
me ha dicho la cocinera de mi casa!

Voces —dice la Curia—, perdóneseme la 
cobardía que me embarga y que me impide 
consignar el adjetivo calificador: ‘No 
manden más la revista" —dice. Voces es 
algo exótico —dice la generalidad.

Cambia el diseño de la cubierta (Voces, nüm. 18, febrero 29, 1918).

Contra cubierta de la revista en donde se especifican las condiciones para publicar en ella.

Para comprender el carácter de Voces, hay que diferenciar sus objetivos de la tendencia actual de muchas publicaciones que pretenden nivelar por lo bajo, en un intento de abarcar los más diversos sectores del público, para terminar por no complacer a ninguno. Voces sirvió adecuadamente a todos aquellos espíritus selectos que anhelaban conocer lo último y mejor de la literatura universal y procuraban romper el estrecho mareo en que parecía haberse postrado la crítica literaria en el país.

  

EN LA VANGUARDIA DE LA IRREVERENCIA

En su orientación, Voces no adquirió compromisos ideológicos ni estéticos. En uno de sus primeros números se consigua: "Esta revista no tiene programa político alguno, ni seguirá determinada ruta partidarista". Para el grupo de la revista barranquillera prevaleció por sobre todo la consideración al objeto de arte, aislado de vínculos convencionales y del prestigio personal, efímero en muchos casos. Esta posición inflexible le atrajo enemigos en una época en la cual en nuestro país se había ligado la valoración literaria al éxito político y a los rangos de alcurnia, y cuando la adulación había conformado una cerrada e intocable sociedad de mutuos elogios. Voces aclara:

VOCES AVANZA. Ya tiene amigos y enemigos; ya es comentada con elogio y ya es comentada con desagrado [...] Nosotros no hemos hablado de los autores sino de sus obras. Nunca nos ha preocupado ni la vida ni la profesión de un literato; ni si era rico ni si era pobre; ni si sus días se deslizaban angustiosos o se deslizaban plácidos. [...] Voces no es una revista sistemáticamente iconoclasta. Voces tiene criterio propio y un gran amor por el arte [...] Voces ha protestado contra los señores que le deben a la política un excesivo nombre literario; contra los críticos incomprensivos y cerrados; contra los que han levantado cenáculo para un intercambio de elogios; contra los cantores que mutuamente se coronan, mutuamente se publican los retratos y mutuamente se llaman eminencias [...].

Aunque los realizadores de Voces practicaron la ecuanimidad, sus comentarios críticos desataron más de un temporal. Fue el caso de la estimación literaria de Rafael Núñez, para la cual publicaron sendas colaboraciones con pareceres encontrados. Y como el autor de las estrofas de nuestro himno nacional tenía su pedestal en la crítica de la época, el cúestionamiento a su valor poético suscité revuelo. Algo de él se ventilé en el número 10 de la revista, en el que se reproduce la reacción del periódico El Derecho, de Barranquilla, en alusión a un comentario de Voces sobre la crítica de Gómez Restrepo. "Voces que ayer nos neutralizó a Núñez, nuestra gloria poética, nos neutraliza hoy a Gómez Restrepo, nuestro gran crítico. Entre la necesidad espiritual de leer a Voces y el miedo de que nos arrebate una gloria nacional, nos sucede, a cada nueva entrega, lo mismo que cuando sentimos la necesidad del remedio y le tememos al médico algún diagnóstico fatal".

Varios de los comentarios críticos que aparecieron en extensos artículos eran colaboraciones de personas no pertenecientes al personal de planta de la revista. Pero quizá lo que más identificó a Voces y le imprimió su sello característico fueron las secciones permanentes escritas por Vinyes. Una, bajo el título de Pretextos, comprendía ficción, referencias a autores y a las ciudades que visitaba por el mundo. La otra sección, Notas, la dedicaba a comentarios críticos, la mayoría de ellos osados e irreverentes, así como a presentar los artículos publicados en la revista.

El humor era fino ingrediente en la crítica de Voces, en la que tampoco hubo consideraciones para miembros académicos. En Pretextos del número 46, el catalán se deleita con el discurso de recepción a un elegido por la academia de letras francesa:

[...] Y nos angustia una risa ímportuna que, en el momento más patético y más grave del discurso, nos retoza en los labios. ¿Será clara noción de lo ridículo o será que se ha desviado nuestro recto sentido de lo cómico? [...] Y nos imaginamos a Louis Barthou de pie, con su espadín, con su frac verde bordado de palmas, escuchando, serio e inmóvil, las informaciones que Maurice Donnay le da de su familia, admirablemente documentado y sin omitir detalle, tal como en los discursos académicos debe ser de rigor [...] ¡Basta!... ¡No más! ¡Hay que tomar en serio lo que es serio!... Por fortuna creemos que el destino no se burlará de nosotros llevándonos a la Academia.

 

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3 Germán Vargas, selección de textos y prólogo, 14,ces, 1917—1920, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1977, pág. 14.(regresar3)

4 Ibid., pág. 15. (regresar4)

5 "Una hora con Enrique Restrepo’, en Lecturas Dominicales de El Tiempo. Bogotá, núm. 168, 26 de septiembre de 1926. (regresar5)

6 Alfonso Fuenmayor, op. cit., pág. 16. (regresar6)