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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
28, Volumen XXVIII, 1991
A instancias de su hermana, Páez, ya jefe civil y militar, lo envió
a Caracas bajo la tutela de Tomás Lander, quien
como periodista y político propagó el
pensamiento liberal en Venezuela, a través de
libros que importaba; y como agricultor difundió
el uso de tecnologías foráneas para la
actividad rural. Carmelo Fernández pasó
del vivac y del ambiente pueblerino al refinamiento
caraqueño de los primeros años de la república.
Sus tutores, conscientes del atraso de su educación,
lo matricularon en una escuela particular de primeras
letras y, gracias a su talento, lo inscribieron en la
academia de dibujo del francés Lessabe (18211823),
antiguo capitán de artillería de Napoleón.
Al igual que los hijos de Lander, partió para
Nueva York a recibir una educación más
completa. Su llegada al opulento país y el ingreso
al Colegio Washington N.Y. a los 14 años (23
de noviembre de 1823-enero de 1827), a comienzos del
invierno, marcaron aun más el rápido cambio
de su vida. El colegio era dirigido por el intelectual
mexicano Mariano Velásquez de la Cadena, y el
profesor de dibujo era un italiano de apellido Pinistre.
Entre jóvenes nobles de azúcar
cubanos, señores colombianos
y dones puertorriqueños, pasó
momentos de amargura, particularmente a la hora del
encuentro con sus primos, los hijos de Páez,
a quienes halló abandonados y sucios, y a quienes,
él, todo un provinciano, debió enseñar
a comer y asearse. Pero la mayor penuria la proporcionó
la quiebra de la casa Lander. A causa de la ruina, a
todos les fue suprimida la alimentación y a Carmelo
se le suspendieron las clases de dibujo. Regresó
a Venezuela en la pequeña goleta Lady Thomkins,
encargado de buscar el dinero que se adeudaba y de remitirlo
a la escuela, donde habían quedado sus primos
y demás compañeros como rehenes. A pesar
de todas las aventuras y desvelos, y aunque este capítulo
de su educación haya culminado de manera tan
azarosa y dramática, fue en esta época
cuando Carmelo tuvo el primer contacto con el dibujo
académico y la acuarela, técnicas que
llegó a dominar a la perfección.
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| Bolívar
en el Chimborazo. Pañuelo de seda, 70
x 70cm, 1842, Carmelo Fernández. Litografía
Thierry Freres, París. Museo Quevedo,
Zipaquirá. |
A su regreso a Caracas vivió de cerca los homenajes a Bolívar (1827)
y los honores que éste le hizo a su tío,
al regalarle la espada con piedras preciosas. Por esta
época, orientado por Páez, intentó
dirigir su actividad hacia el comercio en Puerto Cabello;
sin embargo, en contra de la voluntad de aquél,
se hizo oficial al contemplar el aparato militar
de aquella plaza y porque en aquel tiempo
el ejército libertador, victorioso en Colombia
y el Perú, ofrecía un prospecto halagüeño;
y muchos jóvenes que podían aspirar a
un lucido porvenir, abrazaron la carrera militar
(3) . Esto, aunado a su inclinación por las ciencias y el arte, le llevó
a tomar cursos de geometría con el comandante
Casares (1827-1828).
En su condición de militar,
conoció el territorio colombiano (1828). En sus
diversas misiones oficiales pudo darse cuenta de los
fenómenos naturales, del mal estado de los caminos
y recorrió gran parte del país de sur
a norte y de oriente a occidente. Así distinguió
la topografía de Cúcuta a Bogotá,
el volcán del Puracé, las particularidades
de Popayán, las salinas de Zipaquirá,
el torrentoso río Nare, la navegación
por el Magdalena, los desfiladeros que se utilizaban
coto caminos, los callejones de Ocaña, los páramos
cercanos a Pamplona y la vertient del Chicamocha. En
los momentos en que la división entre militares
venezolanos y colombianos tomó el aspecto de
partido político, vivió las revueltas
de occidente del país, vio agonizar a José
María Córdova y sirvió de guardia
Bolívar en dos oportunidades.
En una de las ocasiones en que estuvo en Bogotá (1829), trató con
personalidades del Congreso Admirable, como Antonio
José de Sucre, Juan García del Río
Eusebio María Canabal y otros. Fui presentado
días después, por el corone Wilson, edecán,
al Libertador, el cual me preguntó que cómo
venía yo a se sobrino de Páez. Yo le contesté
que por ser hijo de una hermana de él. ¿Cómo
se llamaba esa hermana? -repuso Bolívar con viveza.
-Luisa, le contesté yo.
-Ah, la conocí en Achaguas en 1820 (4) . De nuevo pudo Fernández contemplar
al Libertador de cerca y hacer bocetos mentales de sus
rasgos. Posiblemente durante esa época entró
en contacto con el pintor José María Espinosa,
porque comenta que vimos en aquellos días
al Gran Mariscal Sucre, cuando el artista, Espinosa
hizo su último retrato
(5) . Igualmente debió de tener noticia de los últimos bocetos,
miniaturas y pinturas que el artista bogotano hizo el
Libertador antes que éste partiera, enfermo y
desilusionado, de Bogotá.
El lunes 8 de mayo de 1830, día en que Bolívar dejó la capital
para siempre, fu4 una fecha trágica para sus
seguidores, y es posible que Fernández haya[
imaginado escenas que le sirvieron posteriormente de
tema para sus cuadros,5 dada su inclinación a
la pintura histórica. Así como se le atribuyen
los retratos de Bolívar durante el desembarco
de Ocumare de la Costa (6 de julio de 1816), en uno
solo y en el otro rodeado de Carlos Sublette, Pedro
Briceño Méndez, Gregor Mac Gregor y Luis
Brión, escena que de niño debió
de oír narrar; se podría aventurar atribuirle
una pintura que ha figurado como anónima, la
cual representa al Libertador en un champán por
el río Magdalena. La figurar recuerda el retrato
de Ocumare, con el sombrero y la cara alargada; Fernández
conocía esa expresión y había navegado
en el vapor Libertador por el Magdalena, rumbo a Puerto
Ocaña; es decir, conocía el paisaje y
al modelo.
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| El
edificio de la Filarmónica. Carmelo Fernández.
Litografía, 1849. El Neo-Granadino, Bogotá,
julio de 1849 |
La división entre bolivarianos (serviles) y liberales (demagógicos)
y entre militares venezolanos y granadinos trajo como
consecuencia la movilización de tropas y afectó
la vida del subteniente Fernández, quien dio
por terminada esta jornada en el territorio colombiano
y se instaló en Valencia. El parentesco con Páez
en momentos en que éste lideraba la separación
de Venezuela le causó a Fernández alteraciones
en su profesión militar tanto en su patria como
en Colombia.
Terminada esta primera etapa, es fácil concluir que, con relación
al arte del dibujo y la pintura, su formación
fue mínima, hasta el punto que casi se le puede
declarar autodidacto. Sus tres profesores: Lessabe,
Pinistre, Casares, no fueron notables, ni figuran en
diccionarios de artistas. Como dice Juan Calzadilla,
Carmelo Fernández no fue formado en la
tradición religiosa del siglo XVIII, como lo
fue Juan Lovera. Se explica así que su obra no
hubiese desembocado en la pintura de retratos al óleo.
Tampoco fue un artista derivado del sistema de enseñanza
que implementó una academia que adoptó
patrones europeos para orientar a los nuevos artistas
hacia la pintura de género y el retrato civil
(6) Carmelo Fernández, artista de formación pragmática, primero
reconoció el territorio y los protagonistas en
su momento histórico. Razón por la cual
de esta época solamente aparecen reseñadas
las muestras que le enviaron a Páez del colegio
Washington N.Y., para indicar sus adelantos, y un mapa
de Colombia muy notable que, según el historiador
Ramón de La Plaza, le fue encomendado cuando
se encontraba de guarnición en Bogotá
(1829-1830), en la sección de topografía,
de que era el jefe el teniente coronel italiano
Montebrune
(7) .
2. 1830-1833 REGRESA
A VENEZUELA PERO LA SITUA ClON POLITICA
LO EXPULSA DE NUEVO A COLOMBIA
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Embarco de los restos del Libertador en la Bahía de Santa Marta. Carmelo
Fernández. Litografía, 1843.
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A Valencia regresó cuatro meses antes de la muerte de Bolívar (agosto
de 1830). A esta ciudad apareció vinculado en
diversas oportunidades. Allá encontró
a su madre y a antiguos conocidos, como el
profesor Casares. De nuevo su vida militar
se vio afectada por el parentesco con Páez, quien,
revelado contra Bolívar,no soportaba la veneración
del joven oficial hacia el Libertador y trata de impedir
el normal desarrollo de su carrera.
Fernández salió de Valencia misteriosamente (enero de 1831); este
gusto por desaparecer se convirtió a lo largo
de su vida en una actitud. Cuando llegó a Cartagena,
vía Curazao-Santa Marta, tuvo contacto con la
plana mayor del bolivarianismo. Una vez en la ciudad
heroica, se vinculó a la actividad militar, a
la sección de caballería, en un momento
en que las revueltas de los liberales contra la dictadura
de Rafael Urdaneta tenían al gobierno local en
ascuas. En esa pequeña guerra actuó contra
los revolucionarios, a pesar de lo cual sufrió
los cambios de la situación política de
sus propios jefes y terminó prisionero, en ¡Soledad
(Atlántico) (marzo de 1831).
(continuar)
3
Ibid.
(regresar 3)
4
Ibid.
(regresa r 4)
5
Ibid.
(regresar 5)
6 Juan Calzadilla,
Carmelo Fernández Testigo de lo irreal y de la
historia, (catálogo), Caracas, Galería
de Arte Nacional (GAN), 1983.
(regresar 6)
7 Ibid.
(regresar
7
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