Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 28, Volumen XXVIII, 1991
   

Callejones de Ocaña, ca. 1851, acuarela sobre papel, 30.3 x 21.3 cm. (Tomado de Memorias de Carmelo Fernández y recuerdos de Santa Marta. Biblioteca de la Academia Nacional de Historia, Caracas, 1973).  

La parte artística en esta etapa de su vida se evidenció cuando, una vez que se marcharon de Barranquilla las tropas enfrentadas de bolivarianos y liberales, lo, dejaron abandonado y olvidado: “Yo quedé en aquel pueblo sin otro recurso para vivir que mi habilidad en hacer retratos, lo cual me ha servido después en circunstancias muy críticas, como me sirvió entonces cuando me dejaron en Soledad” (8) . Otra referencia que denota su permanente interés artístico consistió en la adquisición que hizo en Cartagena de un retrato en miniatura de Bolívar, realizado por Antonio Meucci. María Teresa Tinoco, la hermosa joven de quien se enamoró en Bogotá, fue la destinataria de dicha prenda (9) .

Piedra grabada de Gámeza, provincia de Tundanza, ca. 1851, acuarela sobre papel, 20.1 x 28.3 cm.

Su actividad militar lo llevó de nuevo a lo largo del país, hasta Ibarra (Ecuador), a otro reconocimiento topográfico, al asombrado paso por puentes de bejuco y a la vivencia de la confusa historia en momentos en que ser venezolano en Colombia no debía de resultar placentero. Regresó a Valencia, donde, según narra, vivió “en aquel tiempo de los retratos que hacía [...] en miniatura, bien que tenía con mi madre recursos para la comida y otros gastos (10) .

Se puede afirmar que el primer arte que practicó Carmelo Fernández fue la exquisita técnica de la acuarela sobre marfil. Aunque se ignora cómo conoció este particular sistema de trabajo, no puede dejar de mencionarse que en Bogotá los mejores artistas practicaban la miniatura asiduamente y que fue éste el arte propio de la naciente república. De esta época sólo se le conoce actualmente el retrato del capitán León Cazorla, obra en que se observa su dominio del oficio y su experiencia en este tipo de retrato, directo e Intimo, lejano de la academia.  

Vista del terreno en donde se dio la acción de Boyacá, ca., 1851, acuarela sobre papel, 25.5 x 37.3 cm.

3. NOVIEMBRE 17 DE 1842-DICIEMBRE 1842 REGRESA A COLOMBIA COMO REPORTERO GRA FICO DEL TRASLADO DE LOS RESTOS DE BOU VAR A CARACAS

Instalado en Valencia desde 1833, se afirma que ese mismo año se inició en Caracas como docente -actividad a la que siempre estuvo ligado-. Allí, un encuentro con el geógrafo militar italiano Agustín Codazzi alteró su vida. Codazzi lo invitó a trabajar en el Atlas físico y político de Venezuela. Los proyectos se multiplicaron al lado del entusiasta italiano, quien, convertido en promotor del país vecino, supo despertar el idealismo venezolano y encontró apoyo y mecenas para sus proyectos, entre ellos al general Páez.

Así nació el A das físico y político de Venezuela y el Resumen de historia de Venezuela, de Baralt y Díaz. La ambiciosa empresa debía utilizar la mejor tecnología. Para lograrlo viajaron a París Agustín Codazzi, quien fue laureado por la Academia de Ciencias de esa capital; los editores Rafael Maria Baralt, Ramón Diaz, Alejandro Benítez; y el dibujante, Carmelo Fernández (1841). Los dibujos de Fernández debían ser enaltecidos por la litografía, el más avanzado proceso de impresión del momento. En Paris encontró su verdadera escuela, el renombrado taller de los hermanos Thierry. También conoció a artistas académicos de cierto prestigio, como Pierre Roch Vigneron -quien en dicha oportunidad hizo el retrato de Codazzi que conserva el Museo Nacional de Colombia con el registro

224-. El Atlas ... traía impresa en la cubierta la famosa viñeta de Fernández conformada por los símbolos de Venezuela: la patria como una mujer de raza indígena, la libertad como un potro cerril, la riqueza del suelo significada en 14 ceiba y otros árboles, en los animales y en el Orinoco, todo aquello junto a la bandera y al escudo, este último también creación de Fernández. Sus bocetos fueron elogiados por el naturalista francés Sabino Berthelot, quien comentó: “Este tomo será ilustrado con una serie de dibujos originales, que ejecutó con gusto y maestría Carmelo Fernández” (11) .

Aunque todos los retratos del Resumen ... no proceden de la mano de Fernández -algunos fueron tomados de iconografías famosas, como aquellos de la reina Isabel la Católica y de Francisco de Miranda-, los de su autoría denotan no solamente habilidad manual sino una exteriorización de sus vivencias de la época de militar. Cuando la mayoría de los artífices del proyecto -Codazzi prolongó su permanencia en París-, regresaron a Caracas en la fragata Hermione con 14 baúles en que se transportaba la obra, todo inspiraba tal orgullo nacional que fueron saludos con júbilo por la prensa.     

Con su bien adquirido prestigio, impartió cursos de dibujo en el Colegio de la Paz, pero ya no el relacionado con la ingeniería, como anteriormente lo había enseñado en Valencia. Prueba de ello es que entre sus alumnos figurara Martín. Tovar y Tovar, uno de los más notables pintores de historia de Venezuela. Por esta época el gobierno venezolano empezó a plantearse la necesidad de llevar a cabo la voluntad del Libertador, y trasladar sus restos a Caracas. A Codazzi descuidando un tanto la dirección del proyecto de la Colonia Tovar, “se le encargó de ocuparse en París con los preparativos de la ceremonia fúnebre: hacer instalar el catafalco a bordo de una nave de guerra venezolana, disponer la construcción del arco de honor en la plaza principal de Caracas y la decoración, allí también, de la catedral primada” (12) . Su participación en estas reuniones explica la vinculación de Fernández al proyecto. Fermín Toro, encargado de las, celebraciones por el gobierno, solicitó que “se hiciera una cuidadosa descripción . de los actos que han de tener lugar en Santa Marta, La Guaira y Caracas” (13) exigencia que determinó el seguimiento gráfico que Fernández debió hacer cuanto sucedía.       

Cuando Carmelo Fernández pisó nuevamente territorio colombiano (1842), eh país era diferente del que había dejado como militar, a pesar de que. acababa de librarse otra guerra civil -la guerra de los Supremos- Ya no era delito honrar al Libertador ni en Colombia ni en Venezuela. Los partidos tradicionales estaban prontos a definirse, y la reflexión sobre la muerte de Bolívar propiciaba la paz.

Esta vez llegó Fernández a Colombia como un artista conocedor de la técnica de la litografía. Simón Camacho, el relator del viaje, lo describió en plena actividad, como si se tratara de un fotógrafo: “En un rincón del gran patio, bajo un toldo improvisado estaba el primer teniente de caballería Carmelo Fernández, enviado por el gobierno de Venezuela para tomar las vistas de los lugares en que murió y fue sepultado el Libertador. En aquel momento sacaba la vista de la Quinta” (14) .

El grupo de obras de Fernández con motivo de estas ceremonias se divide en tres: el registro de las ceremonias, el retrato del Libertador y los retratos de los comisionados de Colombia y Venezuela.

(continuar)

8 Carmelo Fernandez y Simón Camacho, op. cit. (regresar 8)

9 Pilar Moreno de Angel, “Estampa del venezolano Carmelo Fernández. militar y pintor en la Nueva Granada “, en Lámpara, Bogota, núm. 81, 1981. (regresar 9)

10 Carmelo Fernández y Simón Camacho, op. cit.   (regresar 10)

11 Agustín Codazzi, Memorias, Bogotá, Banco de la República, 1973. (regresar 11)

12 Hermann A. Schumacher. Codazzi. Un forjador de la cultura, Bogotá, Empresa Colombiana de Petróleos, 1988. (regresar 12)

13 En El Venezolano, Caracas, 27 de diciembre de 1842. (regresar 13)

14 Carmelo Fernández y Simón Camacho, op. cit . (regresar 14)