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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
28, Volumen XXVIII, 1991
La lectura
de un malentendido
Compañeros
de viaje
Luis Fayad
Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1991,
373 págs.
Cuando se ha seguido con
atención la trayectoria de un autor, el lector espera que el último y nuevo título le
brinde la posibilidad de acercarse como a una totalidad a cada uno de los textos que
integran su obra; el lector busca, en el conjunto de títulos, un diálogo, la propuesta
de un proyecto o la continuidad de una búsqueda estética; y espera, en últimas, que se
cumplan las expectativas suscitada por la(s) obras(s) anterior(es).
Compañeros de viaje, la más
reciente obra de Luis Fayad, aparece ahora, trece años después de publicada su primera
novela, Los parientes de Ester. La aparición de
esta última, en el contexto de la narrativa colombiana, constituyó el primer proyecto
importante de novela urbana; suponer entonces que las obras siguientes de Fayad sentarían
así mismo un precedente, no parecía ser un despropósito: si su primera novela se había
convertido en obligada referencia, ¿por qué Compañeros
de viaje
no habría de hacer lo propio? Sin embargo, el último libro de Fayad, no
sólo no marca un hito dentro de la novelística colombiana, sino que además aporta poco
o nada ala valoración de la totalidad de su obra.
Compañeros de viaje desdibuja en
parte lo que el autor había consolidado en. escritos anteriores: el eje de la tensión
narrativa se fundaba, ya en sus narraciones iniciales, en una relación indivisible entre
la atmósfera, el espacio, el ambiente y la interioridad del personaje. A partir de la
descripción fiel del espacio, se definía y matizaba la psicología del ser humano que
encarnaría cada uno de los personajes de Fayad: la descripción del calor, el polvo, las
paredes cuarteadas, el aspecto de la tienda, la estrechez, el estado de una cama que ha
recibido por quién sabe cuántos días y noches a los clientes de una prostituta, define
y marca ah policía de pueblo, al campesino ingenuo que busca en la ciudad un futuro mejor
y que se pierde, aún más; ala prostituta que no deja de esperar en vano a quien algún
día habrá de llevarla a un mejor lugar; al empleado público que perderá siempre la
partida con el absurdo. La atmósfera se convertía en algo consustancial al personaje: lo
movía o lo enclaustraba; de una manera casi absurda lo determinaba; la condición social
y la descripción del entorno iban señalando la fatalidad que poco a poco se iría
tomando la existencia del ser humano.
Fayad centraba la tensión
narrativa de sus obras, justamente, en aquel elemento que se supone funcionaría en su
detrimento: la descripción. Siempre se ha creído, en especial si se trata de narraciones
cortas, que la presencia de la descripción resta concreción, síntesis y, sobre todo,
tensión a la obra. Este proceder, entonces, además de original, resultaba riesgoso. No
obstante, para Fayad constituía la clave de la fuerza de sus personajes y la base de la
tensión de sus narraciones.
En sus primeras publicaciones (cuentos cortos que datan de 1968), el
personaje de la obra de Fayad comienza a vislumbrarse. Se encuentra marcado, desde
entonces, por una especie de sino trágico que jamás habrá de abandonarlo. Su existencia
se debate entre la desesperanza, o la falsa ilusión; la paciencia extrema, el
conformismo, o bien la búsqueda desenfrenada de algo que se sabe desde el comienzo un
imposible; entre una condescendencia resignada con la vida, o bien una perseverancia que
resulta a todas luces inútil. Los personajes de Fayad están anclados en las
circunstancias, en el estrecho límite de sus vidas; cualquier movimiento que pretenden no
es otra cosa que un paso en falso, pasos en falso con respecto a la trama de sus vidas y
aciertos con respecto a la tensión narrativa de la novela o de los cuentos. No parecen
ser cosa distinta de la encarnación de lo inútil, de lo absurdo, del sinsentido, por lo
que en ocasiones, las más, llegan a convertirse en la parodia de su propia existencia.
Compañeros de viaje no quebranta
este esquema.
Por
el contrario, si se
b
atiende tan sólo a los
rasgos esenciales de sus personajes, podría afirmarse que, junto con Los parientes de Ester, las dos novelas forman
parte de una misma familia; han pasado unos cuantos años, hay nuevos nombres o nuevos
miembros pero la familia, vista por Fayad, permanece intacta: el jefe de la casa, o es un
modesto empleado público que con extrema dificultad ve por la educación de sus hijos y
que sueña, aunque en el fondo ha perdido la esperanza, con tener un día su propio
negocio (Gregorio Camero, en Los parientes de
Ester), o es un hombre que como único bien tiene un modesto almacén cuyas ganancias
apenas alcanzan para cubrir los gastos de su familia (Compañeros de viaje); la madre será siempre un
ama de casa; los, hijos, si pequeños, irán al colegio si es que han cancelado sus
pensiones a tiempo (Los parientes de Ester) o
a la universidad pública, por supuesto, si son mayores, y seguirán con
preferencia las carreras de derecho o medicina (Compañeros
de viaje). No falta la muchacha dcl servicio que ha trabajado desde siempre con la
familia y que se ha convertido, a fuerza de lealtad, en un miembro más. Y luego, los
tíos; el vividor; el que trabaja en algún ministerio; las tías brujas, el tío holgado
o el millonario cuya muerte los familiares anhelan en silencio.
Las mismas aspiraciones, la
misma frustración. Sin embargo, Compañeros de
viaje introduce un nuevo elemento. Y en él se pierde. Las circunstancias externas al
ámbito familiar y la atmósfera que circunscribe a sus miembros ya no desempeñan el
papel de antes; la fuerza que solían imprimir al personaje ya no existe. La familia
Lucerna es protagonista, a medias; los estudiantes de la Universidad Nacional y Camilo
Torres, a la cabeza de la lucha estudiantil, son protagonistas, pero a medias. Así
Matilde, Gilberto y Manuel (los tíos y el primo), así la familia Gómez y, en especial,
el hijo menor, Eladio; éste metaforiza lo que le ocurre a la
novela: cuando aparece, el
lector supone que se encuentra ante un personaje bien complejo; pero, lo que hubiera
necesitado de toda la obra para encontrar un justo desarrollo, de pronto, de una página a
otra, se resuelve con la mayor simpleza. Y con la mayor simpleza se resuelve
¿se
resuelve? o sencillamente se diluye la posición de la familia, la lucha y el
conflicto del estudiante y el conflicto mismo.
A lo anterior se suma esa forma tan clásica de narrar que, por lo pronto, a
Fayad ha dejado de funcionarle. La presencia del narrador omnisciente, por ejemplo, aquí
es opresora, aplastante; el personaje y la narración nunca logran ser. Cabría hacer la
siguiente pregunta: ¿acaso el clasicismo de las narraciones de Luis Fayad dificilmente
sobrevive a un momento en el que la novela, como género, como forma, se construye a
partir de una continua reflexión sobre ella misma? Pero entonces, ¿qué decir de Los parientes de Ester?
En efecto, Compañeros de viaje no era la clase de novela a
la que el lector se acercaría desprevenido. Con más de una expectativa, pasa la primera
página, y la segunda y la siguiente; no encuentra y sigue, y no encuentra; llega a la
última y cierra el libro con la impresión de haber terminado de leer un malentendido
(1)
.
CLAUDIA CADENA SILVA
1 A los problemas
intrínsecos a la obra, se suma la descuidada e irresponsable edición de la que fue
víctima esta novela: no hubo la más elemental corrección de textos; la impresión deja
qué desear y, luego, si los personajes no se Sostienen, aún menos las páginas donde se
encuentran.
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