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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
28, Volumen XXVIII, 1991
Perdido
en
Manizales
Manizales
en la dinámica colonizadora
Albeiro
Valencia Llano
Universidad
de Caldas, Manizales, 1990.
La
historia de Manizales está vinculada a la colonización antioqueña que bajó hacia el
sur de Antioquia por Caldas, Risaralda, Quindío, Valle y zonas del norte del Tolima
durante la segunda mitad del siglo pasado. Desde que el geógrafo estadounidense James
Parsons abriera el camino de la investigación sobre este proceso colonizador, la
migración antioqueña no ha dejado de llamar la atención de historiadores, sociólogos,
antropólogos y politólogos. Recientemente mostré, por mi parte, la importancia
decisiva
de Manizales en las guerras civiles de 1860 y 1876, las cuales decidieron ciento veinte
años de historia nacional, y que publiqué en el libro Ensayos sobre historia de Colombia, editado por la
Biblioteca de Escritores Caldenses.
El
libro del profesor Albeiro Valencia se inscribe dentro de la tradición historiográfica
sobre la colonización antioqueña, no agotada en su riqueza histórica. Parte, para su
estudio, de las fuentes más conocidas de Fabo y Londoño, pero recurre a fuentes
inéditas de los archivos historiales de Antioquia y Manizales, con el detalle suficiente
para hacer de su
libro
un cuidadoso recuento de los hechos más significativos en la historia de Manizales.
Se
trata de una crónica escrita con estilo ameno y refinamiento histórico. Hace un rápido
relato acerca de los pobladores indígenas anteriores a la llegada de los españoles para
entrar en seguida a referirse a los iniciadores de la colonización antioqueña y a la
organización de los primeros pobladores. Narra los conflictos iniciales de los colonos
con los herederos republicanos de las concesiones realengas de la colonia y el desarrollo
urbano del poblado.
Muy
novedosa resulta su narración de las guerras de 1860, con las peripecias del general
Mosquera para superar sus dificultades militares y convencer a los generales conservadores
de que pactaran con él la famosa esponsiÓn de
Manizales que le abrió el camino de la victoria contra el gobierno de Ospina Rodríguez y
al país las puertas de la Convención de Rionegro hacia la Constitución de 1863.
Igualmente aporta muy interesantes detalles sobre las características religiosas de la
guerra de 1876, como la misiva del corresponsal de Aquileo Parra en la que le decía:
el partido conservador tiene su fe i esperanza en el
Estado conservador de Antioquia pues así lo rebela la prensa de Medellín que tiene
treinta mil fusiles para repartirlos a los conservadores de los demás Estados, porque los
antioqueños son mui ilusos i cualquiera los compromete, la masa del pueblo es mui
ignorante i en el púlpito, aún cuando sea un disparate lo creen todo, advirtiendo que
el clero antioqueño aunque tiene virtudes es ignorante i fanático, por eso es que estos
clérigos ahora en estos días por exigencia de un señor Manuel Briceño que dicen es de
Bogotá han calumniado al gobierno liberal desde los púlpitos, i que precisamente hai que
derribar a ese gbno. impío, ereje i ateo; estas son las prédicas en el pueblo de la
frontera que llaman Manizales. [pág. 140].
El
capítulo dedicado a las vías de comunicación tiene la virtud de lograr una descripción
de los tres caminos principales que conducían de Manizales al río Magdalena por la vía
de Mariquita. No debe olvidarse, como lo hace notar también el profesor Valencia, que
Manizales era un centro comercial de primera categoría, debido, entre otras cosas, a que
se convirtió rápidamente después de la fundación en la vía favorita de comunicación
del occidente del país con la capital y con el comercio exterior. Al final del capítulo
menciona la construcción de los cables aéreos y la revolución que ellos produjeron en
la economía de la región. Manizales siempre tuvo poca esperanza de ver el arribo del
ferrocarril a una montaña tan escarpada e inaccesible como en la que estaba localizada.
El cable transformó esa desesperanza en una posibilidad concreta que se vio muy pronto
coronada. No creo que sea suficiente insistir en la contribución de los cables aéreos al
proceso de transformación de la economía caldense en economía cafetera de arraigo tan
perdurable.
Lo
más novedoso del libro tiene que ver con el capítulo dedicado a la formación de las
fortunas económicas y al proceso de acumulación de capital en la región, así como al
desarrollo de las empresas de cultivo y transformación del café. Allí se encuentra
referido el proceso inicial de cada una de las familias más ricas de la ciudad y la forma
como su fortuna fue amasada. Además, se muestran los intentos de industrialización que
se operaron en Manizales, como
parte
del desarrollo económico de la ciudad.
Es
una lástima que esta excelente crónica, elaborada con gran cuidado y tan detalladamente
investigada, caiga en las deficiencias de la llamada historia regional, hoy
tan de moda entre los investigadores. Uno se encuentra en cierta forma perdido en
Manizales, aislado del proceso general del país y sin conexión alguna con la
articulación a la historia exterior que le da su contexto y le permite examinar su
inserción en el mundo, más allá de la parroquia. Las guerras civiles del 60 y del 76,
como ya señalé, cuyo centro fue Manizales, definieron, en gran medida, siglo y medio de
historia de Colombia. El proceso de acumulación de capital operado en la región formó
parte de las mismas guerras civiles de carácter nacional, de la articulación de las
finanzas manizaleñas a los grandes bancos de la época y del comienzo del sector
financiero internacional en nuestra patria. No menos extraordinario fue el significado
nacional de las luchas por la tierra que tuvieron como escenario la Concesión Aranzazu y
la de sus herederos. ¿No constituyó el triunfo de los colonos y de los municipios
recién fundados un modelo revolucionario de reforma agraria, no importa que no hubiera
sido comprendido como tal por los liberales radicales que dirigían el país? Pero
podrían mencionarse también, como parte del período cubierto por la crónica del
profesor Valencia, la repercusión del canal de Panamá en la situación
estratégica de Manizales; la incorporación de la ciudad a la llamada
danza de los millones, después de los incendios, con miras a su
reconstrucción; la formación de fortunas y su relación con el capital extranjero
durante los primeros auges de la exportación de café. No creo que pueda explicarse la
historia de Manizales sin tener en cuenta de manera explícita su relación directa con la
historia nacional en su conjunto. Esta es la falla de la historia regionaly en
ella, infortunadamente, cae el profesor Valencia.
Preservar
la objetividad del historiador no riñe con la necesidad del análisis y de la
sistematización de los
hechos
más allá de su escueta plasmación. Echo de menos estos dos elementos esenciales del
estudio histórico en la crónica del profesor Valencia. Indudablemente, la misma
selección de los datos rompe de por sí la objetividad presumible del historiador. Pero
la sistematización analítica e interpretativa de los hechos es un requerimiento de la
historiografía para que la historia no simplemente reproduzca artificialmente los
acontecimientos sino que contribuya a sacar de ella la experiencia del pasado para
afrontar el presente.
JOSÉ FERNANDO OCAMPO T.
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