Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 28, Volumen XXVIII, 1991

Gabinete ministerial de José Manuel Marroquín, del que hizo parte Ferreira como ministro de Hacienda en 1903. (Tornado de: Ministros colombianos del siglo XX, Andrés González Presidencia de la República, 1982). 

El gobierno de José Hilario López (1849-1853) abolió la esclavitud y reformó la estructura de las rentas, en especial los estancos coloniales. Se iniciaba la era radical, marcada por una gran inestabilidad política, expresada en las continuas revueltas y guerras civiles (7) . La institucionalización del ideal radical se consiguió con la Constitución de 1863, que estableció el régimen federal y reafirmó la separación entre la Iglesia y el Estado. El “problema religioso” fue la principal fuente de conflictos políticos entre los partidos, y propició medidas de destierro, desamortización de bienes y persecución religiosa. Según Alvaro Tirado, “el pueblo en general era fanático católico y el asunto teórico de debate era promovido por una pequeña elite que sabía convertir la controversia sobre el asunto espiritual en algo más concreto representado en poder político, burocracia y apropiación de tierras (8) .

EL PRIMER INGENIERO COLOMBIANO

La llamada “Revolución del medio siglo”, y en particular las medidas de José Hilario López, crearon una atmósfera “liberal y romántica”, poco propicia para la universidad, tal como señala Jaime Jaramillo Uribe (9) . Se eliminó la exigencia de un título universitario para ejercer profesión, porque se trataba de una limitación inaceptable a la libertad individual; así mismo, las universidades fueron convertidas en colegios.

Cinco lustros después, y con base en un proyecto presentado por José María
Samper, el Congreso aprobó la creación de la Universidad Nacional el 22 de
septiembre de 1867. Fue reglamentada en 1868 por decreto del presidente Santos
Acosta. Este gobernante dio especial impulso a la educación técnica, toda vez
que se requería personal capacitado que contribuyera al tendido de los telégrafos y las ferrovías, a sí como a la dotación de servicios públicos urbanos, proyectos que formaban parte del afán progresista de los radicales.

Mariposas y flor, acuarela, siglo XIX. (Tomado de: Álbum de Ruperto Ferreira, col. Museo de Antioquía)

Cualquier aspirante a las carreras profesionales que ofrecía la universidad -jurisprudencia, medicina, ingeniería- debía primero recibir el diploma de bachiller en filosofía y letras. Este diploma se obtenía en un colegio de enseñanza media, incorporado a la universidad, conocido como la Escuela de Literatura y Filosofía. Cinco años duraba el bachillerato, donde el alumno estudiaba un total de 19 cursos, que incluían idiomas antiguos y modernos, castellano y matemáticas, entre otras materias (10) .

Ruperto Ferreira obtuvo en 1868 el grado de bachiller en literatura y filosofía, el mismo año en que fue reglamentada la Universidad Nacional. De inmediato ingresó a la facultad de ingeniería, ubicada en el sector de la Candelaria. La carrera contaba con cinco cursos, cada uno con un conjunto de materias diversas que duraban cinco años en total. Antes de graduarse, Ferreira desempeñó, hacia 1866, el cargo de ayudante de la oficina central del Cuerpo de Ingenieros Agrimensores Nacionales, bajo la jefatura del doctor Indalecio Liévano. Luego fue nombrado subdirector del Observatorio Astronómico Nacional, dirigido por José María González (11) .

La carrera, que tardaba cinco años, fue cursada en todas las materias en tan sólo dos años por Ferreira, quien se graduó el 29 de noviembre de 1870, obteniendo calificaciones sobresalientes por decisión unánime de los jurados. Tenía entonces 25 años (12) .

Lagarto, acuarela y lápiz XIX. (Tomado de: Álbum de Ruperto Ferreira, col. Museo de Antioquía)

Para ese momento, la universidad contaba con un total de 132 estudiantes. El 38% estaba matriculado en medicina, el 33% en ciencias naturales, el 22% en ingeniería y el 6% en jurisprudencia. Del total de los 29 estudiantes de ingeniería, Ruperto Ferreira fue el primer colombiano en obtener el titulo de ingeniero civil y militar. Por tal motivo, el rector, don Manuel Ancízar, uno de los más destacados y multifacéticos intelectuales de la época por sus amplios conocimientos en ciencias naturales y humanas y exmiembro de la Comisión Corográfica, presidió el acto de graduación, que tuvo gran solemnidad. Asistieron numerosos catedráticos y distinguidas personalidades, muchas de ellas ateas y enemigas de la religión católica (13) . Estando en pleno examen de grado, resolviendo en el tablero un problema de cálculo, se oyó en la calle la campanilla que anunciaba el paso de un sacerdote llevando la comunión; “sin vacilar, sin afectación, puso el señor Ferreira a un lado la tiza y el cepillo, extendió el pañuelo de bolsillo en el suelo, se hincó sobre él, juntó las manos y cerró los ojos. El público no imitó su ejemplo, pero nadie interrumpió al valeroso joven; reinó en la sala profundo silencio y no hubo siquiera una sonrisa burlona en los labios de los asistentes. Cuando dejó de oírse la campana, el señor Ferreira se levantó y continuó la demostración interrumpida (14) .

Este episodio, muy sonado en la época, revela tanto la personalidad y el carácter de Ferreira como la firmeza de sus convicciones religiosas, a pesar del clima hostil a las manifestaciones religiosas, imperante en los medios políticos e intelectuales. Su acendrada fe ya lo había llevado a participar un año antes, en 1869, en una controversia con los anticatólicos sobre la Inquisición y la religión en la Edad Media, mediante un escrito publicado en La Caridad (15) .  

E l primer cuerpo docente y administrativo de la Universidad Nacional, aparte del rector Ancízar, lo integraban: Leopoldo Arias Vargas, secretario; Rafael Eliseo Santander, tesorero; José María Quijano Otero, bibliotecario; el decano de ingeniería era el coronel Antonio de Narváez, y como profesores estaban Manuel Ponce de León, Tomás Cuenca, y el ingeniero estadounidense John May, quien, estando al servicio del gobierno colombiano en misión de exploración enla Guajira, descubrió en 1865 las minas que denominó El Cánel, hoy conocidas como El Cerrejón (16) .

Paisaje a lápiz sin titulo, siglo XIX. (Tomado de: Album de Ruperto Ferreira, col. Museo de Antioquia).

(continuar)  

7 Melo, op. cit., págs. 146 y sigs. (regresar 7)
8 Alvaro Tirado, Colombia, siglo y medio de bipartidismo, en Colombia hoy, Bogotá, 1982, pág. 123.
(regresar 8)

9 Jaramillo Uribe, op. cit., págs. 308 y 309. (regresar 9)

10 ibíd., págs. 309, 310 y 311. (regresar 10)

11 Bateman, op. cit., pág. 338. (regresar 11)
12 Jaramillo Uribe, op. cit., pág. 311; Barman, op. cit., pág. 337 (regresar 12)

13 Safford, The ideal of the practical, citado por Jaramillo Uribe, op. cit., pág. 310, Bateman, op. cit., pág. 337; Ospina, op. cit., pág. 792; Carrasquilla, op. cit., págs. 474 y 475. (regresar 13)

14 Carrasquilla, op. cit., pág. 475. La anécdota esta también referida por Marco Fidel Suárez en “El sueño de los Godos”, en Sueños de Luciano Pulgar, t. VIII, Bogotá, 1954, págs. 264-265. (regresar 14)

15 Una síntesis de la argumentación de Ferreira en defensa de la Iglesia, a pesar de sus actividades durante la lnquisición, se encuentra en Marco Fidel Suárez, op. cit., págs 265 y 266. (regresar 15)

16      Jaramillo Uribe, op. cit., pág. 313. El informe de May sobre el descubrimiento de las minas de carbón en la Guajira se encuentra publicado en el Diario Oficial, núm. 471, Bogotá, 1865, pág. 1.843. (regresar 16)