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Boletín Cultural y Bibliográfico , Número
29, Volumen XXIX, 1992
Continuación
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Leo S. Kopp
con los socios de Bayana: Crónida Mujica, Emjl Kopp, Carlos Castello, Leo S. Kopp y Pablo
Lorent (Fotografta de ¡salas Caacino, 1886).
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Emil Kopp
(Fotografla de Gavassa, Socorro, 1886).
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Una de estas empresas
particulares, fundamental para el comercio, es la de los caminos. En la Gaceta del Estado
Soberano de Santander aparecen muchos contratos sobre la construcción de caminos
entregados a particulares, después de la invitación hecha por el secretario general del
Estado, don Miguel Leonidas Gutiérrez, desde Socorro, el 2 de abril de 1863, para
construir o arreglar caminos obteniendo, a cambio, el privilegio sobre ellos. Lengerke es
uno de los que aceptan la invitación y emprende las siguientes obras: el camino de
Zapatoca al Magdalena, el de Cañaverales (entre Bucaramanga y Rionegro) a Puerto Botijas
(sobre el río Lebrija), el de Girón a La Ceiba, el que unía el camino de Sogamoso con
el de Barranca, y el de Girón a Puerto Marta en el río Sogamoso. Con los años, el
capital privado descubrió que el negocio de los caminos no resultaba rentable. La quiebra
de Lengerke al final de su vida se debe en gran parte a los dineros gastados en las obras
de construcción del camino al Magdalena, entre ellas el puente colgante sobre el río
Suárez, inaugurado por el propio Solón Wilches, presidente del Estado. Lengerke tuvo
problemas con el cabildo de Zapatoca por el mantenimiento de esta vía, que los indios
hicieron intransitable. El cabildo lo multó con dos mil pesos y él respondió
renunciando al privilegio, aduciendo que no contaba con la fuerza para contener a los
indios, y que el gobierno no hacía nada frente a ellos: "ni acabarlos ni
domesticarlos".
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General
Solón Wilches (Galería de notabilidades colombianas de José Joaquín herrera.
Biblioteca Luis-Angel A rango).
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Copia de la
partida de nacimiento de Geo von Lengerke quien nació en Alemania, el 31 de agosto de
1827,
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Resulta más rentable
contratar, entonces, con los arrieros el transporte, y dejar en sus manos la elección del
camino y la entrega del producto en los puertos, que construir las vías y mantenerlas.
Sin embargo, durante el tiempo que trabajaron en la construcción de los caminos, los
alemanes alcanzaron tal poder que llegaron a tomarse atribuciones que jurídicamente no
poseían, causando malestar entre los nacionales. Tener ejércitos propios o liberar a
prisioneros que el gobierno les entregaba para la construcción de los caminos eran sólo algunas de ellas
3
. En la hacienda de Montebello, refugio de
Lengerke, construido y decorado a la manera de un castillo alemán, se acuñaba moneda
propia, y con ella se realizaban transacciones internas. Los domingos, día de pago, se
izaba la bandera alemana y se cantaba el himno de Alemania, al mismo tiempo que Lengerke
disparaba un cañón que había hecho traer de Europa.
De tal manera
crecieron con la presencia extranjera las actividades comerciales que el 7 de diciembre de
1872 se creó el Banco Santander, cuyo primer gerente fue el alemán Guillermo Schrader y
que inicialmente contó con un capital de doscientos ochenta y ocho mil pesos y con 55
socios. El año siguiente se fundó el Club de Soto, que en 1876 recibió el nombre, que
aún tiene, de Club del Comercio. Aunque al principio no tuvo socios alemanes,
posteriormente fueron ingresando los más destacados de ellos. El club tenía como
objetivo "estrechar las relaciones sociales y ventilar los intereses comerciales y
literarios del departamento".
SABATINAS Y
VIOLINES STRADIVARIUS
La colonización alemana
en Santander presenta dos aspectos diferentes e incluso contradictorios: el comercio y la
educación. Mientras el comercio contribuye a la ruina del artesanado, al poner a competir
a la pujante industria europea con la manufactura local, la Misión Educativa Alemana
patrocina la creación de una Escuela de Artes y Oficios en la cual se forme al pueblo
para la producción artesanal de calidad con miras a exportar.
Aunque la Misión
Educativa Alemana, presidida por Teodoro Hoffmann, se dirige a varias regiones del país,
sólo vamos a fijarnos en sus efectos en Santander. Los primeros en llegar son Carlos
Uttermann y Alberto Blume, destinados a la Escuela Nacional de Varones del Socorro, sin
duda el foco de ideas culturales y políticas más importante de Santander. Uno de sus
primeros egresados, don Nepomuceno Serrano, fundó en Bucaramanga el Liceo de Soto,
llamado en su tiempo Club Cultural, donde se educaron varias generaciones de
santandereanos. En 1873, Alberto Blume fue nombrado profesor de la Normal de Señoritas
del Socorro. El 5 de septiembre de 1875, bajo la dirección de Nepomuceno Serrano y
la tutela del profesor Blume, se publicó el primer número de un periódico llamado El
Pestalozziano, órgano informativo de la Sociedad Didáctica de Santander, cuyo lema era:
"Instrucción profunda y buena educación generalizadas: no podemos concebir una más
bella esperanza para la humanidad"
4
.
Se trataba de un periódico científico en el cual se abordaban temas de
pedagogía, instrucción pública, literatura, historia, matemáticas, música, teodicea y
didáctica, entre otros. En él se propuso la creación de las sabatinas, actividades
culturales en las cuales los profesores o aspirantes a serlo disertaban sobre un tema de
su elección. Presentaba análisis formales y temáticos de los poemas y cuentos
publicados. Era como un gran texto escolar que servía tanto a educadores como a alumnos;
aparecían allí semanalmente notas sobre cómo hacer ejercicios gramaticales a partir de
un texto literario; en sus páginas se incluían programas académicos actualizados sobre
literatura y matemáticas. Tenía una columna sobre la formación en las escuelas rurales
alemanas. En sus editoriales se po~iIa con frecuencia como modelo de desarrollo industrial
a los Estados Unidos; también se hablaba del valor de la religión, sin referirse
expresamente al catolicismo, pero se afirmaba que más importante que la creencia
religiosa y su práctica es el trabajo honrado de los hombres. Editado en la imprenta de
Sandalio Cancino, llegaron al público treinta y un números, hasta que la guerra civil y
los problemas con el clero llevaron a su cierre definitivo. Un cura de Tunja quemó frente
al atrio de su iglesia varios ejemplares de El Pestalozziano y lo acusó de liberal,
anticlerical y ateo. El periódico tenía como marco ideológico el pensamiento de Johann
Heinrich Pestalozzi (1746-1827), educador suizo, autor, entre otras obras, de Las
veladas de un ermitaño y El libro de las madres. En estas obras, Pestalozzi
afirma que la tarea del hombre es conocerse para alcanzar la felicidad, que consiste en la
satisfacción, primero, de sus necesidades físicas y, después, de sus necesidades
espirituales. Desde este marco ideológico, el periódico insistió en la necesidad de una
educación que diera herramientas prácticas a los hombres (santandereanos) para la
satisfacción de sus necesidades materiales, y también contribuyera a su desarrollo
espiritual. Detrás de las ideas de Pestalozzi está la concepción protestante del
bienestar y la cultura. El valor fundamental es el trabajo, un trabajo honrado que permita
a los hombres progresar económicamente. Sólo cuando esta primera necesidad esté
satisfecha queda el espacio para los placeres de la cultura, que son como el adorno de la
vida.
CONTINUAR
3 Pedro Gómez Valdenama,
La otra raya del tigre. Bogotá, Siglo XXI Editores, 1977, págs. 123-124. (regresar3)
4 El Pestalozziano,
periódico científico, núm. 1, 3 de septiembre de 1875. (regresar4)
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